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La caída de Humaitá

El coronel Martínez no tenía opciones reales. Las provisiones en la Fortaleza eran ya alarmantemente escasas y la guarnición no tenía forma de reponerlas. Consciente del desafío que enfrentaba, el Coronel sabía que seguir resistiendo era inútil y, sin embargo, no podía capitular sin la autorización del Mariscal. Sus instrucciones previas solamente le permitían evacuar a los heridos y no combatientes, de los cuales todavía se podían encontrar unos 300 dentro del recinto de Humaitá(1).

(1) Resquín afirmó que, en esta tardía etapa, todavía había 900 mujeres en Humaitá, pero es el único que da una estimación tan alta del número de no combatientes en ese momento en la Fortaleza. Ver: Francisco I. Resquín, “La guerra del Paraguay contra la Triple Alianza” (1996), p. 93. El Lector: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Incluso a estas alturas, los paraguayos controlaban un pequeño reducto en la orilla chaqueña opuesta a la Fortaleza y, por varias noches, después del 11 de Julio, muchas personas cruzaron en canoas por ese lugar. Martínez no podía saber si alguno de ellos tuvo oportunidad de pasar las líneas de Rivas, pero sus movimientos en el río no pasaron inadvertidos para los acorazados brasileños, que reportaron a Caxias que una evacuación estaba en proceso.

Cuando supo esto, el Marqués juzgó que había llegado el momento del asalto final. Había aún 2.000 hombres en la guarnición de Humaitá y, si no se rendían, debían ser destruidos.

A las 2 de la tarde del 15 de Julio, los piqueteros paraguayos dieron la alerta al distinguir un gran movimiento de tropas a lo largo de la línea de San Solano. Era una señal del ataque que Martínez tenía previsto. El estado de alerta general fue declarado en cada compañía, batallón y regimiento, instando a todos a tomar su lugar asignado en los parapetos.

Con sus 30.000 hombres, los Aliados podían haber avasallado la línea entera, pero el Coronel supuso que se limitarían a un ataque principal contra el flanco nordeste de sus trincheras y ordenó a los cañoneros que quedaban, disparar sólo balas esféricas, reservando las bombas para el momento en que el enemigo penetrase en los abatis.

Esta presunción -no era más que eso- probó ser exactamente correcta. Antes que lanzar el asalto con todo su Ejército, Caxias asignó el honor de encabezar el ataque al Tercer Cuerpo brasileño solo. Esto ponía al renuente general Osório a la vanguardia, junto con sus 12.000 veteranos, quienes saborearon de antemano la oportunidad de ser los primeros en entrar al santuario del Mariscal(2).

(2) Osório había expresado reservas sobre el plan de ataque, pero indicó su disposición a obedecer, fueran cuales fuesen, las órdenes que recibiera. El general Vitorino Carneiro Monteiro, en cambio, expresó una oposición mucho más fuerte al plan, señalando, con buena razón, que Humaitá ya no tenía mucho valor militar y que los Aliados deberían concentrarse en perseguir al Ejército de López antes que perder vidas y recursos en capturar una posición de tan escasa importancia. Ver: Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 8: 390, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La caballería avanzó primero y encontró poca o ninguna oposición. Como el escritor alemán Albert Amerlan remarcó, el aire en ese momento se llenó con el aroma de la victoria:

La infantería estaba formada en columnas atacantes; una brigada de artillería y un batallón de pioneros [sic - voluntários] fueron ubicados en los espacios libres entre las columnas y una brigada de caballería quedó como reserva.
Con las bandas tocando y los colores flameando al viento, los brasileños avanzaron de forma majestuosa, como en un desfile. Cobraban más confianza en la victoria a cada paso.
Ciertamente, Humaitá era suya, ya que habían cruzado el cordón del rango de los rifles y los abatis sin un solo tiro de los paraguayos. Era evidente que [estaban perdidos] y se rendirían incondicionalmente [...].
Esos eran los pensamientos que agitaban los pechos de los soldados atacantes(3).

(3) Albert Amerlan, “Nights on the Río Paraguay (Scenes of War and Charactersketches)” (1902), pp. 115-116. H. Tjarks: Buenos Aires; ver también: “Ocorrencias do Combate Proveniente do Reconhecimento feito nas Trincheiras Paraguaias no forte de Humaitá em 16 [sic] de Julho de 1868”, en: Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Río de Janeiro, lata 335, documento 23; y “The Battle of Humaitá”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 23 de Julio de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Las tropas de Osório habían comenzado a entrar a la segunda línea defensiva cuando, como de la nada, una tormenta de granadas y bombas paraguayas lanzadas desde cañones de 68 y 32 libras barrieron sus filas. Los cañoneros de Martínez no estaban en absoluto derrotados. La descarga fue tan feroz, tan constante y tan inesperada, que Osório no tuvo tiempo de ordenar la retirada(4).

(4) “Parte Oficial do General Osório”, Parecué, 20 de Julio de 1868; y Osório a Estimada Mãe, Parecué, 17 de Julio de 1868, en: Joaquim Luis Osório y Fernando Luis Osório filho, “História do general Osório” (1915), pp. 441-445, 447-451, (2 volúmenes). Pelotas; “El Semanario”, (Luque), edición del 19 de Julio de 1868; Count Joannini, el ministro italiano en Buenos Aires, señaló que este enfrentamiento hizo declinar la reputación de Caxias y crecer la de Osório, y que “todos desean que [éste último] asuma el Comando Supremo”. Ver: Joannini a ministro Exterior, Buenos Aires, 27 de Julio de 1868, en: Archivio Ministero degle Esteri [extraído por Marco Fano]. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Dos de sus caballos murieron debajo de él y, mientras luchaba por montar en un tercero, sus hombres se detuvieron y se desbandaron en una apresurada huida. Dejaron cerca de 2.000 camaradas muertos y heridos en el campo de batalla(5). El Mariscal y su Coronel debieron sentir satisfacción por su impresionante rechazo de lo que parecía un asalto incontenible.

(5) Una carta presumiblemente enviada a Estados Unidos desde Río de Janeiro señala que la “estimación más baja de las pérdidas [Aliadas] en este ataque las calcula en 600 muertos y heridos. Algunas Divisiones fueron casi partidas en pedazos y gran número de hombres están desaparecidos”. Ver: “New York Times”, edición del 2 de Septiembre de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Martínez, sin embargo, no se podía dar el lujo descansar mucho tiempo. Sus circunstancias eran tan desesperantes como lo habían sido la semana anterior. Por lo tanto, resolvió completar la evacuación de la guarnición y, la noche del 24 de Julio, comenzó a enviar hombres a través del reducto en el Chaco.

Tenía treinta canoas disponibles para esta tarea y en ellas unos 1.200 hombres alcanzaron la orilla opuesta en ocho horas. Dado que esta evacuación era previsible y que tres acorazados brasileños más habían forzado para entonces las baterías de Humaitá, era desconcertante, casi criminal, que nadie tomara nota de tanto tránsito en el río(6).

(6) “The Standard”, (Buenos Aires), en su edición del 1 de Agosto de 1868, comparó la evacuación de la Fortaleza con la de Sebastopol en la década previa, notando que la última fue considerada un logro “magistral” del conflicto de Crimea; pero, “¿qué fue en comparación con la táctica del Comandante descalzo de Humaitá, que llevó la totalidad de su Fuerza bajo las mismas narices de los sitiadores, cruzó rápidas corrientes del río Paraguay y llegó a la orilla opuesta antes de que Gelly -el despabilado Gelly- escuchara siquiera hablar de ello?”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Al amanecer del día siguiente, el coronel Martínez disparó un saludo de 21 cañonazos en honor del cumpleaños del Mariscal, una clara indicación de que todo estaba bien dentro de la Fortaleza. Había ordenado a su banda militar entrar en las trincheras y tocar su música marcial como alegre prueba de la obstinación del Ejército.

Mientras tanto, preparaba a los restantes miembros de la guarnición para huir al otro lado del río. Como en años anteriores, la fecha fue celebrada con danzas y fiestas y, los Aliados, no tenían indicios de que algo pudiera ser diferente en esta ocasión. La música paró alrededor de la medianoche del 26 y siguió una última ronda de mosquetes y ruidosos gritos por López y la nación paraguaya. A las 5 de la mañana, después de que la mayoría de los cañones hubieran sido perforados e inutilizados, el último hombre dejó Humaitá(7).

(7) “Anglo-Brazilian Times”, (Río de Janeiro), edición del 22 de Agosto de 1868; Leuchars dice que 60 de los 180 cañones quedaron todavía suficientemente operables para ser usados más tarde contra sus dueños originales. Ver: Christopher Leuchars, “To the Bitter End: Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), p. 187. Greenwood Press: Westport. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Martínez y la totalidad de su Fuerza ocuparon Isla Poí, un pequeño rincón de tierra boscosa enfrente de la Fortaleza. Todavía tenía que forzar un paso hasta Timbó, donde Caballero, presumiblemente, lo estaba esperando. Pero las unidades de Rivas estaban en el camino, en Andaí, y sería imposible dirigir un ataque directo con sus debilitadas tropas.

Martínez decidió intentar un rodeo con las canoas que había dejado en la costa y remar hasta la ribera norte de la laguna Verá, a unos tres kilómetros de distancia. Cualquier movimiento en la laguna los ponía bajo fuego enemigo y, después de varios intentos de cruzarla de día con sangrientos resultados, Martínez resolvió que cualquier nueva tentativa tendría que ser de noche.

Sin embargo, Rivas estaba preparado para eso. Pidió refuerzos y en unos cuantos días unos 10.000 hombres más habían desembarcado. Parte de ellos tomaron posición en el lado oeste de la laguna, desde donde podían disparar a los paraguayos con relativa facilidad.

Mientras tanto, varios buques Aliados entraron a la laguna desde el canal principal del río y agregaron sus cañones a los que ya estaban dispuestos contra Martínez. Rivas ahora contaba con once cañones en Andaí y varios miles de mosquetes que podían alcanzar Isla Poí o cualquier otro punto de la laguna Verá, de día o de noche.

Pese a los barcos enemigos en la laguna, las canoas paraguayas continuaron su paso nocturno y hubo combates mano a mano en casi cada ocasión. Algunas de las canoas fueron remodeladas como chatas y trataron de devolver el fuego, pero los esfuerzos dieron pobres resultados(8).

(8) Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 132-133, (4 volúmenes). El Lector: Asunción; “Relación de un viejo Sargento”, en: “El Paraguayo Ilustrado”, (Asunción), 2 de Agosto de 1896 [el viejo Sargento era, de hecho, un todavía joven Emilio Aceval, quien sirvió como presidente del Paraguay de 1898 a 1902]. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Cada vez que los remeros conseguían esquivar al enemigo y depositar a sus pasajeros en tierra firme, gritaban de satisfacción. Luego, cumpliendo sus órdenes, regresaban una vez más en medio del asesino fuego Aliado para traer más hombres.

Alén llegó vivo al otro lado de la laguna Verá junto con un gran número de heridos. Pero Caballero tenía pocas posibilidades de ayudar a sus compatriotas, más allá de recibir a la mayor cantidad posible en el extremo de la laguna (y enviar algunas provisiones). Los paraguayos celebraban cada vez que sus canoas atravesaban las aguas, pero ninguno pensaba que podrían hacerlo para siempre. Quizás unos mil soldados habían logrado cruzar a la otra orilla para cuando la última canoa paraguaya fue hundida por los cañones en los días finales del mes(9).

(9) “Noticias del Ejército. Ataque a Timbó. 400 prisioneros”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 2 de Agosto de 1868; “Testimonio de Pedro Gill (Asunción, 24 de Abril de 1888)”, en: Museo Histórico Militar, Asunción, Colección Zeballos, carpeta 137, n. 10. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Percibiendo que el fin de la guerra estaba cerca, Rivas eligió el 28 para cargar contra las tropas paraguayas que quedaban en Isla Poí. Martínez tenía unos pocos cañones pequeños de 3 libras y, cuando se le terminaron las municiones, tomó los mosquetes de los muertos y rompió sus mecanismos para usarlos como granadas.

Increíblemente, estas famélicas y exhaustas unidades detuvieron a sus atacantes. La noche siguiente trajo una frustrante sucesión de confusiones para Rivas. Dos batallones imperiales que retornaban por separado se dispararon uno contra otro en la oscuridad. Más de cien hombres murieron antes de que alguien se percatara del error(10).

(10) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 275. Longmans, Green, and Co.: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El 2 de Agosto, Rivas continuó sus atolondrados esfuerzos pidiendo a sus bravos enemigos que se rindieran, pero Martínez ordenó a sus tropas disparar contra la bandera de tregua que el general argentino les extendía(11).

(11) Rivas a Caxias, Chaco, 4 de Agosto de 1868, en: Jorge Thompson, “La guerra del Paraguay” (1869), pp. CIX-CXI. Imprenta Americana: Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Dos días después, Rivas lo intentó de nuevo y recibió la misma respuesta. “¡A la pucha!”, estos paraguayos sí que eran tercos. Se habían comido al último de sus caballos y ahora subsistían con frutos silvestres y un poco de aceite de cañón y, pese a ello, seguían defendiendo su posición, quizás con la esperanza de que algunos todavía pudieran escapar nadando por la laguna(12).

(12) Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 134, (4 volúmenes). El Lector: Asunción. Resquín, sugiriendo que Martínez se había dado por vencido antes de lo que era estrictamente necesario, afirmó que 300 de los paraguayos en Isla Poí alcanzaron a nado a las tropas de Caballero en Timbó el mismo día de la rendición. Ver: Francisco I. Resquín, “La guerra del Paraguay contra la Triple Alianza” (1996), p. 93. El Lector: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El general Rivas estaba perplejo. Los paraguayos tenían una firmeza pétrea, no había duda de ello, pero era parte de la definición normal de la valentía el deponer las armas cuando cualquier resistencia se volvía vana. Como muchos oficiales del Ejército Aliado, Rivas hacía una mística de la proeza paraguaya, pero no podía creer que continuaran obstinadamente en estas circunstancias. ¿Por qué se negaban a ver que estaban acabados?

Martínez parecía un buey atrapado en un cerco, a punto de ser devorado por pumas por delante y por detrás, sin poder morder a unos ni patear a otros. Someterlo en este momento con toda la Fuerza con la que contaba no difería mucho del homicidio y, Rivas, no era un hombre que se sintiera cómodo con el traje de asesino.

Decidió intentar otra táctica. Envió al Padre Ignacio Esmerats, un capellán catalán empleado en el Hospital brasileño, a las líneas paraguayas, para iniciar negociaciones. Como reportó el corresponsal del “New York Times” en Buenos Aires, el cura enfrentó una misión tan atemorizante como trágica:

Se llevó con él, no solamente la bandera de tregua, sino la Cruz, símbolo de la fe común entre él y ellos. Sujetándola frente a él, entró a su Campamento en la jungla y les recordó los valientes sacrificios que ya habían hecho por su país, la inutilidad de continuar la resistencia, el coraje y sufrimiento de sus mujeres, el hambre de sus niños.
Les mostró que los Aliados solamente tenían que dispararles para convertir su Campamento en un matadero, y les suplicó, en nombre de su común humanidad y del emblema de la misericordia que llevaba consigo, que se rindieran y ahorraran más sufrimiento.
El cura luego alzó la Cruz, la mantuvo sobre su pecho y declaró que el símbolo sagrado era una protección que ni las balas ni las bombas podían atravesar(13).

(13) “An Episode of the War”, en: “New York Times”, edición del 24 de Septiembre de 1868; una intrigante -y no del todo fantasiosa- imagen de las negociaciones de rendición apareció primero como, “Le Réverend Pere Esmerata”, en: “L’Illustration”, (París), 26 de Septiembre de 1868; y, luego, como “The War in Paraguay: Pere Esmerata Persuades Paraguayans to Surrender”, en el “London Illustrated Times”, (Londres), edición del 3 de Octubre de 1868. La imagen, al parecer, fue proporcionada a la prensa por el Barón de Rio Branco, quien estaba entonces visitando las capitales europeas como diplomático imperial. Ver: Roberto Assumpção, “Rio-Branco e ‘L’Illustration’” (1946), en: “Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro”, n. 188, pp. 10-13. Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Esmerats no podía creer que las esqueléticas criaturas que había encontrado postradas sobre los pocos islotes secos, fueran seres humanos y no fantasmas. Habló con palabras suaves a los dos clérigos paraguayos presentes y distribuyó entre los hombres la pequeña porción de pan y vino que había traído del campamento Aliado. Se dio cuenta de que estos maltrechos soldados ya no tenían fuerzas y estaban entregados a su destino.

El exhausto coronel Martínez se adelantó. Había estado con López desde el principio y había sido asistente del Mariscal en la preparación de la conferencia de Yataity Corá, de 1866, con Mitre y Flores. El Coronel encontraba terriblemente difícil, incluso ahora, tocar el tema de una rendición honorable, pero sus oficiales ya habían aceptado la idea, farfullando como en un coro que ya no quedaba nada que él pudiera hacer(14).

(14) Los prisioneros paraguayos fueron divididos entre los Ejércitos Aliados y se les permitió elegir su lugar de cautiverio. La mayoría eligió Buenos Aires. Ver: “La visita de nuestro corresponsal a Humaitá”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 30 de Agosto de 1868; y Rivas a Caxias, Cuartel General, 5 de Agosto de 1868, en: Jorge Thompson, “La guerra del Paraguay” (1869), pp. CXIV-CXVI. Imprenta Americana: Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Al día siguiente, el 5 de Agosto de 1868, Esmerats llevó a Martínez junto al general Rivas, quien se sintió profundamente acongojado por la apariencia de su adversario. El uniforme del Coronel estaba hecho jirones y, dado que no había comido nada en cuatro días, su rostro estaba enjuto y comenzaba a adquirir un tono lívido. Apenas podía hablar cuando saludó al General, y sus piernas temblaban notoriamente.

En cierto momento no pudo mantenerse en pie y solamente se salvó del bochorno de una caída porque dos oficiales se apresuraron a sostenerlo. Uno de ellos era el igualmente demacrado y espectral Pedro Gill. Martínez fue interrogado por sus captores Aliados pero rehusó cooperar con ellos, aun cuando lo trataron con respeto y cortesía.

En Octubre, dirigió una carta al presidente Domingo Faustino Sarmiento, recordándole que se había acordado un mejor trato para los hombres que se rindieron con él y que en ese momento todavía estaban privados de su libertad en Retiro y la Patagonia. Esta exigencia fue cumplida, lo que puso a Martínez de un ánimo más cooperador.

El 18 de Enero de 1869, finalmente, realizó un breve relato de sus actividades en Humaitá ante un juez en Buenos Aires. En esa ocasión, censuró la severidad y la crueldad del mariscal López, quien para entonces había desatado su furia contra la familia del Coronel(15). La ex guarnición de Humaitá, o lo que quedaba de ella, con 99 oficiales y 1.200 soldados, un tercio de ellos heridos, todos horriblemente consumidos por falta de alimento, capituló(16).

(15) Ver Martínez et al. a Sarmiento, Buenos Aires, 19 de Octubre de 1868, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 31 de Octubre de 1868; “Exposición del coronel paraguayo Francisco Martínez”, en: “Album de la guerra del Paraguay”, n. 2 (1894), pp. 205-207. Las reminiscencias del capitán Gill de la última resistencia, en Isla Poí, fueron reunidas por su descendiente Juan B. Gill Aguinaga en: Juan Bautista Gill Aguinaga, “Un marino en la guerra de la Triple Alianza” (1959), pp. 16-18. Imprenta Paragua-y:Asunción.
(16) Carlos Pereira, “Francisco Solano López y la guerra del Paraguay” (1953), p. 123. San Marcos: Buenos Aires. El corresponsal del periódico de Mitre estimó en 1.400 los paraguayos prisioneros. Ver: “Teatro de la guerra”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 11 de Agosto de 1868. El coronel Agustín Angel Olmedo, testigo de la rendición, habló más tarde de la triste escena que presenció cuando trató de conversar con los paraguayos que había encontrado: “sólo podían mirar al frente y murmurar: ‘quiero comer’”. Ver: Agustín Angel Olmedo, “Guerra del Paraguay (Cuadernos de Campaña. 1867-1869)” (2008), p. 264 (entrada del 5 de Agosto de 1868), en: Academia Nacional de la Historia: Buenos Aires.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Entregaron sus banderas y los 800 mosquetes que les quedaban con todo el orgullo que el trance les permitía. Unos pocos soldados parecieron en ese momento sacudidos por una irreprimible reacción de dignidad herida, pero no pudieron mantener la furia mucho tiempo en sus rostros. Rivas saludó con un abrazo la gallardía de Martínez, envolviéndolo con su propio y suntuoso poncho y diciéndole que nunca había peleado contra un adversario tan valiente(17).

(17) Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 134, 3: 135, (4 volúmenes). El Lector: Asunción; y “Rendição da guarnição de Humaitá e sucesos posteriores”, (Humaitá, 6 de Agosto de 1868), en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco, I-30, 29, 24, n. 2. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Es posible que el Comandante paraguayo respondiera con una sonrisa a esta observación, pero un torrente de emociones encontradas casi con seguridad debió embargarlo cuando levantó la vista y se topó con la aún provocativa ferocidad de sus derrotados camaradas. Sus estómagos estaban vacíos, pero encontraron energía suficiente para mantener sus cabezas altas.

Podían enorgullecerse del hecho de que nunca habían tolerado ninguna confraternización con el enemigo. No había habido treguas de Navidad, ni muestras espontáneas de mutua admiración, ni flaqueza ante el llamado del deber. Habían peleado por el Mariscal, por la Nación paraguaya, por sus familias y, sobre todo, los unos por los otros.

Rivas les permitió a Martínez y a los demás oficiales conservar sus pistolas. El General prometió que ninguno de ellos sería obligado a servir en los Ejércitos de los enemigos de su país. Resuelta esta cuestión, los soldados paraguayos subieron callada y ordenadamente a bordo de los transportes Aliados, que los llevaron a un lugar seguro de detención(18).

(18) Rivas a Mitre, Curupayty, 8 de Agosto de 1868, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 12 de Agosto de 1868. Algunos de estos prisioneros volvieron y se quedaron en Paraguay, pero una buena cantidad de ellos terminó trabajando en Buenos Aires. Contratos entre comisionados policiales y patrullas privadas en la Capital argentina muestran varios cientos de hombres empleados para este menester (se registran nombres, salarios y terminación del contrato); ver: Archivo General de la Nación, Buenos Aires, X 32-5-6 (para 1866 a 1871). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Allí recibieron copiosas comidas diarias, ropa limpia y el respeto inquebrantable de sus captores. El confort material del que gozaron después de la rendición habría sido imposible de imaginar en las trincheras de la vieja Fortaleza. La mayoría de los hombres capturados en Isla Poí vivieron para ver de nuevo a sus familias.

Sin embargo, tampoco en esto el destino de los defensores de Humaitá fue del todo feliz ya que, en los meses anteriores a la paz, muchos horrores se apoderaron de su patria. Cada madre, cada padre y cada niño tendría una historia de terror que contar a los veteranos que volvían a casa.

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