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GOBIERNO DE SANTIAGO BAIBIENE. LOS PRIMEROS SEIS MESES

El 25 de Diciembre de 1868 fueron elegidos: gobernador el doctor José Miguel Guastavino y vicegobernador, el teniente coronel Santiago Baibiene, ejerciendo el primero el mando hasta el 12 de Febrero de 1869, fecha en que se ausentó del territorio por asuntos de grave interés público.

Ejerció el Gobierno delegado el vicegobernador hasta el 27 del mismo mes, en que reasumió el mando el doctor Guastavino. Este último presentó su renuncia el 30 de Septiembre de igual año, que no fue aceptada hasta el 13 de Octubre, después de haber expedido un decreto, el 11 de Octubre de 1869, poniendo en posesión del mando al teniente coronel Baibiene.

Era la segunda vez -desde que fue electo vicegobernador de la provincia- que ejercía las funciones de gobernador. La primera duró quince días: del 12 de Febrero al 27 de Febrero de 1869; la segunda será hasta el final del trienio iniciado a fines de 1868

Dos días después del citado decreto, el 13 de Octubre de 1869, la Honorable Legislatura acepta la renuncia del doctor Guastavino y el vicegobernador Baibiene -por la misma cadena de mando y poder otorgado por la Constitución de 1864- se convierte, a los 31 años, en el 20mo. gobernador constitucional de la provincia de Corrientes.

- Perfil del gobernador

Nació en Goya, el 7 de Septiembre de 1838. A los 15 años, huérfano y con hermanos menores, se dedicó al comercio, montando con el andar del tiempo una gran fábrica de tejidos y artículos de punto que llamó “Los Andes”.

También fundó en su provincia “La Esperanza”, órgano de prensa que dirigió personalmente(1).

(1) Citado por el capitán de fragata Jacinto R. Yabén. “Biografías Argentinas y Sudamericanas”.

En Noviembre de 1861 asistió como Subteniente de Infantería a la batalla de la Laguna Larga, en el Departamento Goya, librada entre las fuerzas del Gobierno y las de la insurrección que estalló entonces como una repercusión de la batalla de Pavón.

El 14 de Abril de 1865 llegaba a Goya la noticia de la invasión paraguaya que había tenido lugar en la capital de la provincia unas horas antes. Esta novedad provocó una reunión de la juventud de aquella ciudad, resolviéndose en ella que se convocaría a las milicias del Departamento para acudir en defensa de la patria, resolución que fue resistida por el Jefe Político, so pretexto de que no había ya tiempo de oponerse al paso de la invasión poderosa e incontrastable como era.

La reunión se llevó a cabo a pesar de esta oposición, dándose organización a la caballería e infantería, con la intervención obligada del mismo funcionario.

El día 17 del mismo mes, a las 10:00, todas las milicias del Departamento -que llegaban a 700 hombres de caballería y 150 infantes- se pusieron en marcha hacia San Roque, punto de reunión designado por el Gobierno Provincial para las milicias de la región norteña de Corrientes.

Baibiene marchó como Teniente de la Compañía de Granaderos del pequeño batallón de infantería reunido por él, supliendo de lo necesario a los soldados que lo necesitaban, para ponerse en campaña.

Con este Cuerpo, que se denominó “1ro. de Corrientes”, asistió a la Guerra del Paraguay, permaneciendo durante tres meses en el Ejército de Vanguardia -al mando del general Manuel Hornos- y asistiendo, por consiguiente, a las guerrillas y escaramuzas diarias que tuvieron lugar, hasta que por Orden Superior fue su Cuerpo incorporado al Ejército de Línea, a las órdenes del general Wenceslao Paunero.

Se encontró en la batalla de Yatay, el 17 de Agosto de 1865, formando su Cuerpo brigada con el Regimiento 1ro. de Caballería de Línea. Asistió al sitio y rendición de Uruguayana, el 18 de Septiembre de igual año.

Participó en el pasaje del río Paraná por Paso de la Patria y en el ataque a las fortificaciones de Itapirú, el 16-17 de Abril de 1866, habiendo sido promovido a Capitán por despachos del 5 de Febrero de aquel año.

Asistió a la batalla de Estero Bellaco el 2 de Mayo, donde su batallón tuvo un rol visible así como, igualmente a la sangrienta del 24 del mismo mes, en Tuyutí. Se encontró en los combates de Yataity Corá, el 10 y 11 de Julio de 1866, donde Baibiene, con su Cuerpo, actuó en primera línea.

Después de la acción del 24 de Mayo, organizado el Campamento General en Tuyutí, el batallón “1ro. de Corrientes” hizo el servicio de avanzada en las trincheras paraguayas de Curupayty, el 22 de Septiembre y, después de éste malaventurado suceso, hasta Abril de 1868, en que pasó del Campamento de Paso Pucú al Chaco, por Orden Superior; no faltó Baibiene a ningún hecho de armas.

Por su actuación en Curupayty fue promovido a Sargento Mayor, graduado el 6 de Octubre de 1866 y puesto al mando de su batallón. Asistió al sitio de Humaitá y a la lucha en los campos de Tuyú Cué y el Chaco, y a los combates de reconocimiento en que tomó parte su Cuerpo.

- De la carrera militar deriva la política

El quiebre en la vida de Baibiene se registrará cuando liberales correntinos alienten la candidatura de Sarmiento para presidente.

Eran jóvenes oficiales que rodeaban a Mitre en los campamentos del Paraguay y de gran predicamento sobre el líder militar. Entre otros, el fundador del partido liberal de Corrientes, doctor Juan Eusebio Torrent (32 años), actuaba como secretario del Jefe de todas las Fuerzas de la Triple Alianza; Daniel Artaza (20 años), tío, futuro vicegobernador en 1893, en cuyos brazos murió Dominguito Sarmiento en la batalla de Curupayty; Desiderio Sosa (36 años); Plácido Martínez (23 años); y, por supuesto -junto a los nombrados y otros más- Baibiene, en ese entonces de 27 años.

La oficialidad castrense resuelve postular como presidente al embajador argentino en Washington, Domingo Faustino Sarmiento. La iniciativa surge de charlas que mantenían en el campamento aliado de Tuyú Cué, en Paraguay, donde el coronel Lucio V. Mansilla escucha a los jóvenes correntinos y luego se constituye en vocero e instrumentador de la promoción del sanjuanino.

El único competidor serio que quedaba en el camino a la presidencia era Adolfo Alsina, pero éste finalmente consideró oportuno llegar a un acuerdo con sus sostenedores y de una gran alianza resultó la fórmula Sarmiento-Alsina. Los alsinistas prestaron al sanjuanino todo el apoyo del partido autonomista y de los electores porteños.

Tanta participación tuvieron los jóvenes correntinos en esta decisión de apoyar a Sarmiento que, para dar más solidez a su determinación, terminaron destituyendo al gobernador federal correntino Evaristo López -quien era amigo de Urquiza- para asegurarse los electores que eran muchos por entonces y decisivos en toda elección nacional.

Se aproximaban las elecciones para elegir presidente de la Nación y era imprescindible contar con el Gobierno de Corrientes para sostener con los electores correntinos la candidatura de un candidato presidencial afín. Es que de continuar Evaristo López en el poder, los liberales descontaban que su influencia se volcaría a favor de su amigo Urquiza que pretendía volver al poder, en tanto que el candidato preferido de los “celestes” era Domingo Faustino Sarmiento.

Por lo tanto, los militares mitristas se propusieron destituir del cargo al gobernador López.

El 26 de Mayo de 1868, Baibiene desembarcó en Corrientes y, el 27, acompañado de algunos amigos, depuso al gobernador Evaristo López, colocando en su lugar al presidente de la Legislatura, Francisco M. Escobar.

Al día siguiente salió a campaña con 200 hombres de infantería y 50 de caballería de la capital y a las dos leguas y media -en Pirayuí- batió al coronel oriental Santos Correa, que con 600 hombres amagaba a la ciudad.

Siguió a marchas forzadas en la noche, hacia San Luis del Palmar, vadeó el Riachuelo con sus fuerzas y sometió al comandante de las milicias del Departamento con las cuales, en número de 400, acampaba a orillas del pueblo.

Marchó enseguida, al sur de la provincia, a incorporarse a los coroneles Reguera y Ocampo; y en busca del general Nicanor Cáceres que, auxiliado eficazmente desde Entre Ríos, reunía un Ejército en Curuzú Cuatiá para sofocar la sedición, del 27 de Mayo.

El 31 de Julio de 1868 asistió a la batalla de las Puntas del Arroyo Garay, en la frontera entrerriana, batalla en que actuaron -por una parte- 3.000 correntinos obedientes al Gobierno Nacional, a las órdenes del coronel Ocampo; y, por la otra parte, 4.000 entrerrianos y 1.500 correntinos mandados por Cáceres, López Jordán y Justo J. de Urquiza.

La caballería del movimiento insurrecto del 27 de Mayo fue sangrientamente destrozada después de dos choques sucesivos y la infantería, compuesta del batallón “Guardia Provincial” -a las órdenes de Baibiene- y una compañía más, salvó los restos del pequeño Ejército, formando cuadro y efectuando una retirada de cuarenta y tantas leguas, hasta incorporarse a las nuevas fuerzas rebeldes que habían de cooperar al triunfo definitivo del movimiento.

Pese a esta derrota, finalmente, el objetivo será alcanzado: el 12 de Octubre de ese año 1868, asumió Sarmiento la presidencia de la Nación habiendo sido -por lo tanto- militares correntinos en campamentos paraguayos, los primeros en adherir a la candidatura del sanjuanino.

Después de estos sucesos, el presidente Sarmiento, recientemente recibido del mando de la República, ascendió a Baibiene a Teniente Coronel, el 19 de Febrero de 1869, y el pueblo de Goya le regaló una espada de honor, conmemorando la batalla de Arroyo Garay y la retirada referida.

- Cambios políticos bajan de Buenos Aires. Los partidos políticos

Urquiza y Mitre habían sido Jefes de Estado y, a la vez, cabeza de los dos principales partidos de la República. Sarmiento, en cambio, llegaba a la Primera Magistratura sin partidos; federales y nacionalistas -con sus candidatos vencidos- se situaron en la oposición y el partido autonomista era conducido por el nuevo vicepresidente, Adolfo Alsina. La situación de Sarmiento no podía ser más incierta.

Las fuerzas del partido federal habían decrecido en el Interior, pero aquél seguía constituyendo una agrupación respetable. El partido nacionalista articulaba, en el Interior, grupos de élites, como en Santiago del Estero, donde se identificaba, además, con la vieja oligarquía provincial.

En Buenos Aires, donde había nacido, era considerado el partido de la “gente decente”, aunque no le faltaban adherentes en los aspectos populares. En cambio, el partido autonomista tenía apoyo popular. Alsina se consideraba el “tribuno de la plebe”, aunque el núcleo de su fuerza no residía en elementos populares sino en la pequeña burguesía formada por los empleados públicos, comerciantes menores y algunos profesionales.

La identificación social de los partidos tenía valor en su época. Pero basta pasar revista a los notables del partido autonomista y sus militantes para comprender que, pese a la repercusión popular de sus actos y de su programa, sus conductores no tenían ninguna diferencia social apreciable con los del partido nacionalista.

Aquellos notables no eran, sino, Bernardo de Irigoyen, Vicente F. López, Tomás Guido, Saenz Peña, Terrero, Anchorena, Quintana, Pinedo, Saldías. Junto a ellos, los jóvenes Roque Saenz Peña, Carlos Pellegrini, Aristóbulo del Valle y una figura de origen menos “calificado”: Leandro Alem. No había distancia social, pues, con el partido de los Mitre, Elizalde, Gutiérrez, Riestra.

- El presidente y su programa

Sarmiento es un presidente sin partido, pero no sin programa. Ha repetido que quiere gobernar para hacer efectiva su prédica de treinta años: “Educar al Soberano”, había dicho, años antes, en síntesis feliz.

Al asumir el mando anunció economías, moralidad administrativa, distribución equitativa de la tierra pública, hacer llegar la inmigración al Interior para que no se concentre en las costas, colonización, etc.

Menos Gobierno que Vd.; más Gobierno que el general Mitre; he aquí mi programa”, escribe a Urquiza. Custodió celosamente el principio de autoridad, cuidando hasta las formas exteriores: concurría a los actos oficiales en una carroza imponente y con escolta. Era coronel, pero no usaba uniforme pues, como presidente, era Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

Al recibir el Gobierno tenía 57 años, había madurado, y si bien seguía siendo el hombre temperamental y explosivo de siempre, se había tornado más profundo y había dejado atrás muchos de los odios y las pasiones que expusiera años atrás en el periodismo y la función pública.

Ya no desprecia el gauchaje y lo ve como una víctima de la ignorancia y la miseria de su medio, dando “lo único que posee, que es la vida, pues ni un nombre tiene en el pueblo anónimo que, en la guerra, se llama soldado(2). Quería convertirlo, en fin, en “ciudadano útil”, como dijo en Chivilcoy.

(2) “Oración a la Bandera”, pronunciada al inaugurarse la estatua de Belgrano, en 1873. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), tomo II, capítulo XXVII: “Los Años de Transición”. Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

No era fácil la posición de Sarmiento. Se sentía condicionado por la influencia de Alsina -a quien debía el único soporte partidario- y debió enfrentar la actitud del mitrismo, cuya consigna fue “voltear el ministerio”.

El "ministerio" exhibía, sin embargo, figuras con predicamento: Vélez Sársfield (Interior), Gorostiaga (Hacienda), Mariano Varela (Relaciones Exteriores), Avellaneda (Justicia e Instrucción Pública) y Martín de Gainza (Guerra y Marina). No era un blanco fácil para la crítica, que se ensañó -en cambio- con la persona del presidente. Pero éste demostró cuánto había cambiado desde los tiempos de la campaña contra Peñaloza.

- Acercamiento con Urquiza

Fue prudente y optó por contemporizar. Esto sorprendió a los contrarios y lo salvó. Inició una correspondencia de acercamiento con su anterior enemigo, Urquiza, notable por su franqueza, y logró un acuerdo que se materializó durante su visita a San José.

Cuando abrazó a Urquiza y dijo: “Ahora sí que me creo presidente”, no emitió una frase de anecdotario; vio claro que contar con el apoyo político y militar de aquél, significaba recuperar el papel de árbitro, que hizo posible su elección presidencial.

Y Mitre, que años antes había enfrentado las peores críticas por dar un paso similar, salió de su papel de opositor para saludar lo que ahora veía como “una presidencia histórica”.

- Situación política correntina en 1870

La ascención al poder del vicegobernador Baibiene en Octubre 11 de 1869, dio el triunfo completo a la fracción que sostuvo su candidatura para gobernador. El equilibrio político desapareció en consecuencia. El, sin embargo, inició su Gobierno con promesas de concordia.

Fueron sus ministros:

* doctor Lisandro Segovia, Gobierno, Octubre 14 a Mayo 1 de 1871;

* doctor Juan Lagraña, Gobierno, Mayo 1 a Diciembre 25 de 1871;

* Juan Vicente Pampín, Hacienda e Instrucción Pública, Octubre 14 de 1869 a Junio 22 de 1870;

* Valentín Virasoro, Hacienda e Instrucción Pública, Junio 22 a Agosto 24 de 1870;

* doctor Juan Esteban Martínez, Hacienda e Instrucción Pública, Agosto 24 a Diciembre 25 de 1871(3).

(3) Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XXVI: “Período Constitucional (1870-1880)”, parágrafo 254. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

"El equilibrio de las fracciones quedó realmente destruido con la elevación del comandante Baibiene. Sin embargo, él quiso mantener la unidad del partido liberal y constituyó su Ministerio con representantes acentuados de las fracciones. Su intención -perfectamente cumplida en los primeros tiempos- fracasó por la inconveniente designación del ministro de Gobierno y la dócil complacencia del magistrado a las exigencias de sus amigos.
"El carácter díscolo, vanidoso y altanero del ministro fue, poco a poco, reflejándose en los actos gubernativos y el predominio de los primitivos partidarios del vicegobernador creció tanto, cuanto se prescindía de los demás. La Administración se hizo de círculo y la política oficial de horizontes estrechos.
"Una prevención amistosa al principio; luego, cargos fundados; más tarde, oposición; después, enérgica protesta y excusación de toda solidaridad en la marcha del gobernante; tal fue la actitud de una de las fracciones liberales con relación al Gobierno del comandante Baibiene"(4).

(4) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

La Administración caminaba sola, bien montada y servida. A los pocos meses fue visible la inclinación parcial del mandatario. Una prevención amistosa, a los principios de la oblicuidad; luego, cargos fundados y reclamaciones atendibles; más tarde, oposición franca; después, enérgica protesta y excusación de toda solidaridad en la marcha del gobernante, tal fue la actitud de la fracción liberal conservadora que concurrió por transación al nombramiento de Baibiene y a la que éste hostilizó desde el poder con el concurso de la que le repudió.

A mediados de 1870, las posiciones estará netamente definidas; la oposición no daba cuartel en la prensa y el Gobierno la contrarrestaba apretando la mano con pasión. De ambos lados hubo intemperancia. De ambos lados hubo exceso.

Si los que combatían la Administración de círculo y la política oficial de exclusivismo y horizontes estrechos, se mostraron intransigentes, el mandatario no lo hizo menos, correspondiendo a éste mayor responsabilidad por su posición y sus deberes oficiales.

Adversarios históricos no se habrían hecho guerra más cruda. Un peligro común de mayores males inmediatos que el recíproco destrozo para seguro daño futuro de todos y calamidades provinciales, dejó empero libre el campo al Gobierno desde el segundo tercio de 1870 hasta fines del primero de 1871; la oposición se retiró.

Es que el movimiento encarado por Sarmiento debía necesariamente repercutir en las acciones de los hombres de Corrientes. Mitrista puro, los primeros meses de gestión de Baibiene estarán marcados por una gran inestabilidad política. El gobernador con sus ministros, de Hacienda, Juan Vicente Pampín; y de Gobierno, doctor Lisandro Segovia, no habían visto con buenos ojos la vinculación afectiva creada entre el presidente y el general Justo José de Urquiza, verdadero jefe del partido federal.

A poco más de un mes de sustituir definitivamente a Guastavino, Baibiene decidió viajar a la campaña con el objeto de efectuar la visita a los Departamentos de la frontera sur, restablecer la concordia en los ánimos y el respeto a la autoridad en Curuzú Cuatiá, centro del poder del partido federal desde hacía ya muchos años atrás. Acompañáronle los ministros Segovia y Pampín, mientras el presidente de la Legislatura, el correntino Pedro Igarzábal, quedaba en ejercicio del Poder Ejecutivo.

Hay que recordar que cuando estalló la insurrección liberal de 1868, el general Nicanor Cáceres mantuvo por varios meses la mitad sur de la provincia rebelde a la autoridad de los insurrectos que gobernaban desde la capital, con el apoyo de jefes federales de Entre Ríos, especialmente del general Ricardo López Jordán. Cáceres errotó a sus enemigos en la batalla de las Puntas de Arroyo Garay, el último día de Julio, y comenzó el avance sobre la capital.

Pero el presidente Bartolomé Mitre decidió reconocer al Gobierno insurgente correntino y envió en su ayuda varias divisiones del Ejército Argentino, separándolos del frente paraguayo. Cáceres fue obligado a replegarse hacia el sur para terminar exiliado en Entre Ríos(5).

(5) En muchos textos de historia, esta guerra civil aparece como una rebelión de Cáceres, pero éste buscaba reponer al gobernador constitucional Evaristo López, elegido constitucionalmente, y el presidente respaldaba al jefe que lo había derrocado.

Cáceres participará en la insurrección de López Jordán de 1870, pero pronto se exiliará en el Uruguay, de donde nunca volvería, ya que fallecería en Diciembre de ese año en la Ciudad de Salto.

La ausencia de Baibiene de la ciudad capital se extenderá desde el 21 de Noviembre de 1869 hasta el 8 de Enero de 1870.

Pero poco después la situación se tornará más incierta. Grato a su colaboración eleccionaria, el presidente Sarmiento resolvió visitar al vencedor de Caseros en su Palacio de San José y, el hecho, revestido de la mayor trascendencia, soldó una amistad que tradujo un brindis trascendental para los argentinos: que el 3 de Febrero -dijo Sarmiento- sea siempre un talismán para acercar a los argentinos que las agitaciones políticas pudieran separar.

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