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El asesinato de Urquiza

El 11 de Abril de 1870 el general Justo José de Urquiza fue asesinado en el Palacio San José, Entre Ríos, mientras se desempeñaba como gobernador de esa provincia.

Urquiza fue aliado político de Juan Manuel de Rosas durante 15 años pero, en 1851, reasumió el manejo de las Relaciones Exteriores de su provincia, formó una Alianza con la provincia de Corrientes, el Brasil y el Gobierno de Montevideo y venció a Rosas en Caseros.

Fue presidente de la Confederación Argentina entre 1854 y 1860 que, desde Septiembre de 1852, se encontraba separada de Buenos Aires. Tras la batalla de Pavón y la posterior incorporación de Buenos Aires a la Nación, la estrella de Urquiza comenzó a eclipsarse.

Su negativa a apoyar los levantamientos federales de los montoneros de Angel Vicente Peñaloza y Felipe Varela contra la política del puerto de Buenos Aires y al apoyo a las fuerzas del general Mitre en la Guerra del Paraguay no hicieron más que aumentar su desprestigio y generar fuertes rechazos entre sus comprovincianos, sin olvidar la destitución de Evaristo López de la gobernación correntina en 1868.

En este año se presentó como candidato a presidente pero fue derrotado por Sarmiento quien, a poco de asumir, apoyó su nombramiento como gobernador de Entre Ríos y lo visitó en su provincia. El abrazo con Sarmiento, el principal responsable de la muerte de Peñaloza, sería la gota que colmaría el vaso que había comenzado a llenarse tras la extraña retirada de Pavón y con el apoyo a Mitre y a la guerra fratricida con el Paraguay.

Se reproduce a continuación un fragmento del libro de Mario César Gras. “Rosas y Urquiza (sus Relaciones después de Caseros)” (1948), donde se narran los sucesos que tuvieron lugar tras la batalla de Pavón, que condujeron a la muerte de Urquiza:

"En Pavón, Urquiza termina -prácticamente- su vida militar e inicia el eclipse de su carrera política (...). Su sacrificio al retirarse del campo de batalla -no obstante el triunfo de su caballería- no logra pacificar los espíritus ni conciliar los viejos enconos entre unitarios y federales, porteños y provincianos, que el resultado de la acción, lejos de apaciguar, ha exacerbado.
"Personalmente, no ha quedado bien ni con unos ni con otros; los primeros seguirán desconfiándole y denostándole y, los segundos -especialmente los entrerrianos, que se sienten defraudados y heridos en su amor propio- perderán su fe en el viejo conductor y le acusarán de haberlos traicionado, para facilitar los planes políticos de Mitre (...).
"Lo cierto es que el episodio de Pavón cambia fundamentalmente el panorama político del país. La Confederación se desploma (...). Sus cartas a Mitre, de Enero de 1862, se juzgan humillantes y le enajenan las simpatías de la juventud pensante de Entre Ríos, que es numerosa y milita en las filas del partido federal que, desengañado de Urquiza, ha encontrado un nuevo líder en el general López Jordán, el bizarro jefe de la caballería entrerriana que batió a la de Mitre en los campos de Pavón.
"Urquiza ha dejado de ser -para sus comprovincianos- el caudillo indiscutido y amado. Se le obedece y se le acata, pero ya no se le quiere. Sus más adictos lugartenientes ya no se muestran tan sumisos y algunos hasta se permiten pequeñas rebeldías (...).
"Numerosas publicaciones de la época y tradiciones lugareñas demuestran cuánto había declinado el ascendiente de Urquiza entre los entrerrianos a raíz de su conducta en Pavón:
"'Hoy no hay en Entre Ríos un solo paisano, por sencillo que sea -escribía en 1866, don Juan Coronado- que no esté penetrado de que el general Urquiza ni es ni ha sido federal ni unitario, sino mercader de sangre humana...'"(1).

(1) “Misterios de San José”, publicado en Buenos Aires, Imprenta de la Sociedad Tipográfica, Tacuarí 65/67, en 1866; y reeditado por Juan Palumbo, Buenos Aires, 1911. La cita corresponde a esta última edición, pp. 311 y sigtes. // Citado por Mario César Gras. “Rosas y Urquiza (sus Relaciones después de Caseros)” (1948), Buenos Aires.

"Urquiza ... parece no advertir el creciente desapego de su pueblo", prosigue Grass
"A partir de 1864, nuevos acontecimientos contribuyen a ahondar su impopularidad. En Abril de ese año Urquiza termina su período gubernativo y, como su reelección es imposible por impedirlo una cláusula constitucional, el pueblo se apresta a nombrarle reemplazante. La candidatura de López Jordán está en el ambiente, apoyada por la juventud y por lo más conspicuo del partido federal, pero no cuenta con el apoyo de Urquiza, quien impone la de su ministro, don José María Domínguez...
"Ese mismo año (1864), una encarnizada guerra civil está desangrando la vecina República Oriental (...) los entrerrianos quieren intervenir decididamente en el conflicto para apuntalar al Gobierno amigo y contribuir -con su sangre- al sostenimiento. Urquiza los contiene, aconsejándoles calma y prudencia. Esta actitud los desconcierta e indigna.
"Ellos no admiten la pasividad de su caudillo y, a despecho de sus advertencias, cruzan el Uruguay por centenares para incorporarse a las filas del ejército blanco. "Las cosas empeoran aún. El Gobierno brasileño, para proteger a Flores y desalojar a los blancos del Gobierno de Montevideo, invade el territorio oriental y ocupa el río Uruguay con una poderosa escuadra. Urquiza, cuyo auxilio ha recabado el Gobierno uruguayo, se niega a intervenir, invocando la neutralidad argentina...
"La Guerra del Paraguay, consecuencia forzosa de la intervención brasileña en los asuntos orientales, le dará oportunidad para demostrarle hasta dónde ha llegado el desafecto.
"Varios de sus más adictos partidarios y servidores se alejan de su lado y algunos van a vocear sus agravios en libelos y periódicos, diciéndose defensores del pueblo entrerriano, oprimido por su despotismo y esquilmado por su avaricia (...) El doctor Evaristo Carriego(2) que ha sido su panegirista y volverá a serlo después cuando, desaparecido el prócer, reconozca hidalgamente su error y aprecie con serenidad, su inmensa labor constructiva, publica en “El Pueblo” una serie de violentos artículos que contienen cargos lapidarios contra el vencedor de Caseros (...)".

(2) Hijo del coronel Evaristo Carriego, de larga actuación pública en Entre Ríos y abuelo del poeta del mismo nombre y apellido, llamado -con justicia- “el Cantor del Suburbio”. // Citado por Mario César Gras. “Rosas y Urquiza (sus Relaciones después de Caseros)” (1948), Buenos Aires.

"Carriego, que era entrerriano, hablaba en nombre de los entrerrianos, y sus escritos fueron los fermentos más eficaces que prepararon la explosión del 11 de Abril de 1870.
"(Urquiza) se hace elegir nuevamente gobernador de Entre Ríos, en reemplazo de su antecesor José María Domínguez, que termina su mandato el 24 de Abril de 1868 y que ha desarrollado su gestión gubernativa trabado por la influencia absorbente del caudillo supremo. Los entrerrianos se sienten atados por un nuevo período de cuatro años al yugo personal de Urquiza (...) que lleva ya 29 años consecutivos de dominio en la provincia...
"La insurrección que culminará en la tragedia del 11 de Abril comienza a gestarse entonces como la única solución posible (...). La idea del asesinato de Urquiza flotaba en la atmósfera como una obsesión latente, alimentada por el rencor de sus adversarios.
"La incitación de Sarmiento en su famosa carta a Mitre: 'No deje cicatrizar la herida de Pavón. Urquiza debe desaparecer de la escena, cueste lo que cueste. Southampton o la horca' gravitaba -como consigna siniestra- sobre la vida del prócer, a quien llegaban continuamente prevenciones más o menos fundadas de sus amigos.
"En 1863, el autor del 'Martín Fierro' en su ya recordado opúsculo 'Vida del Chacho', había escrito estas palabras que resultaron proféticas:
"'La sangre de Peñaloza clama venganza, y la venganza será cumplida, sangrienta, como el hecho que la provoca, reparadora como lo exige la moral, la justicia y la humanidad ultrajada con ese cruento asesinato.
'La historia de los crímenes no está completa. El general Urquiza vive aún y el general Urquiza tiene también que pagar su tributo de sangre a la ferocidad unitaria, tiene también que caer bajo el puñal de los asesinos unitarios como todos los próceres del partido federal.
'Tiemble ya el general Urquiza; que el puñal de los asesinos se prepara para descargarlo sobre su cuello, allí, en San José, en medio de los halagos de su familia, su sangre ha de enrojecer los salones tan frecuentados por el partido unitario'"(3).

(3) José Hernández. “Vida del Chacho” (1947), p. 114. Antonio Dos Santos, editor. // Citado por Mario César Gras. “Rosas y Urquiza (sus Relaciones después de Caseros)” (1948), Buenos Aires.

"Ya hemos visto cuántas tentativas de asesinato se han frustrado después de Caseros:
"'Podríamos llenar libros -dice Vásquez- reproduciendo artículos periodísticos publicados desde Caseros hasta después de Pavón en los cuales se clama, se pide y se exige por patriotismo el asesinato de Urquiza...
“Fue esa propaganda metódica, persistente, de todos los días, la que dio tradición al asesinato. Era una sentencia a muerte sin plazo fijo pero que se cumpliría, tarde o temprano, inexorablemente.
"'¿Por qué Urquiza, en lugar de hacer escribir biografías -decía Evaristo Carriego en 1867- no tiene el buen sentido de morirse una vez siquiera? ¿Piensa acaso no dejarnos desahogo nunca?'"(4).

(4) “Antecedentes para el Proceso del Tirano de Entre Ríos” (1867), p. 11. Imprenta Republicana, Buenos Aires. // Citado por Mario César Gras. “Rosas y Urquiza (sus Relaciones después de Caseros)” (1948), Buenos Aires.

"El 2 de Marzo de 1869, el doctor Vélez Sársfield, ministro del Interior de Sarmiento, escribe una extensa carta a Urquiza en que desliza algunas advertencias que hacen suponer que el astuto cordobés presentía -en aquellos momentos- la eliminación del general. Dice la carta:

"'Buenos Aires, Marzo 2 de 1868.
'Excmo. Sr. Capitán General, don Justo J. de Urquiza.
'Estimado señor y amigo:
'He tendido la satisfacción de recibir las dos últimas cartas de V. E. con varias comunicaciones que las acompañan. Ellas me han confirmado en la creencia íntima que tenía, de que no era posible que fuerza alguna pasase del Entre Ríos a revolucionar la república vecina.
'Yo había presenciado la completa armonía de los jefes del litoral oriental con V. E. y me persuadía que ningún grupo de consideración se animaría a un acto hostil a V. E. y a las autoridades orientales.
'Todo el secreto o, más bien, la causa de esos rumores es, a mi juicio, el deseo de tantos hombres perdidos que hay en nuestra República y en la vecina, de ver aparecer a V. E. de Entre Ríos para crear un caos que sirve siempre a las malas aspiraciones.
'Dalmacio Vélez Sarsfield'"(5).

(5) Carta publicada por Julio Victorica... // Citado por Mario César Gras. “Rosas y Urquiza (sus Relaciones después de Caseros)” (1948), Buenos Aires.

"Urquiza no cree en estas advertencias. Piensa -como Quiroga en vísperas de Barranca Yaco- que no ha nacido el hombre que lo ha de matar.
"Mientras tanto, el acercamiento entre Urquiza y el presidente Sarmiente se intensifica, día a día, con el consiguiente desagrado de los entrerrianos que ven en ello un nuevo e imperdonable renunciamiento del viejo caudillo:
"'Esta reconciliación -anota Vásquez- se consideró en Entre Ríos que no se apeaba a sus rencores ni se entibiaba en su pasión provincialista, como la entrega definitiva a la política de la metrópoli'"(6).

(6) Aníbal S. Vásquez. // Citado por Mario César Gras. “Rosas y Urquiza (sus Relaciones después de Caseros)” (1948), Buenos Aires.

"Un nuevo trascendental acontecimiento viene a exacerbar los ánimos y a precipitar el desenlace del drama que está viviendo, desde hace años, el recalcitrante localismo de los entrerrianos.
"Con el objeto de sellar su definitiva reconciliación con Urquiza, Sarmiento resuelve visitarlo en San José para celebrar juntos el 18vo. aniversario de Caseros. "A tal efecto y acompañado de brillante séquito, se embarca en Buenos Aires a bordo del vapor de guerra 'Pavón' y arriba al puerto de Concepción del Uruguay en la noche del 2 de Febrero de 1870 desembarcando a la mañana siguiente.
"Urquiza y Sarmiento se abrazan en el puerto y el sanjuanino pronuncia aquella frase zalamera y efectista que la historia ha recogido: 'Ahora sí que me siento presidente de la República, fuerte por el prestigio de la ley y el poderoso concurso de los pueblos'.
"Urquiza, correspondiendo a tan significativas demostraciones de cordialidad, echa la casa por la ventana para agasajar a su encumbrado huésped. El sentimiento provincialista sufre así un rudo y afrentoso golpe que lo hiere en lo más íntimo, pulverizando los últimos restos de su antigua devoción por Urquiza (...).
"Para colmo, Sarmiento ha tenido el mal gusto (no quiero usar otra expresión) de realizar el viaje a bordo de un vapor de guerra cuyo nombre 'Pavón' significa una afrenta para los entrerrianos y para el general Urquiza en particular.
"¿No disponía la Armada Nacional de otro buque de nombre menos agraviante? ¿No constituía una innecesaria provocación a los sentimientos localistas del pueblo, presentarse en un buque que traía pintado en su casco un nombre que evocaba la única acción de guerra en que el orgullo provincial quedó abatido? "¿No importaba un insulto al gobernador de Entre Ríos y una desconsideración a la magnífica hospitalidad del general Urquiza, visitarlo a bordo de una nave que ostentaba el nombre de la única batalla por él perdida?
"Broma trágica, inadvertencia inexplicable o ensañamiento premeditado, la presencia del 'Pavón' en el puerto de Concepción del Uruguay debió excitar los ánimos, harto preparados para la insurgencia.
"De este modo y, como si cumpliera un designio fatal de la providencia, Sarmiento, que había propiciado el asesinato de Urquiza en 1861, venía a precipitarlo ahora, no armando materialmente el brazo homicida, pero sí encendiendo la chispa que lo hará inevitable.
"Dos meses después, la insurrección contra Urquiza, largamente gestada y a duras penas contenida, estalló violenta, haciendo su primera víctima en el ilustre organizador de la República"(7).

(7) “La decisión con que el general Urquiza, ya sea en el puesto de gobernador de Entre Ríos o como personalidad política, de gran prestigio en el país, se puso al servicio de la autoridad nacional, presidida por el general Mitre primero y por el señor Sarmiento después, fue la causa, principal o única, de la conspiración contra su vida, cuyo desenlace fatal se consumó en la noche del Lunes Santo, 11 de Abril de 1870”. (Julio Victorica). Newton, por su parte, confirma: “El atentado que culmina con la muerte de Urquiza es una consecuencia inmediata de la visita de Sarmiento”. // Citado por Mario César Gras. “Rosas y Urquiza (sus Relaciones después de Caseros)” (1948), Buenos Aires.

"En el atardecer del 11 de Abril de 1870 una partida de 104 hombres armados, al mando del coronel Robustiano Vera, hicieron ruidosa irrupción en San José. Venían a apresar al gobernador y caudillo a los gritos de: “¡Abajo el tirano Urquiza! ¡Viva el general López Jordán!”
"Un grupo de cinco, a las órdenes del coronel Simón Luengo -cordobés y protegido del General- se encamina a las dependencias privadas del dueño de casa. Integran el grupo Nicomedes Coronel, capataz de una de las estancias de Urquiza, oriental de origen; el tuerto Álvarez, cordobés; el pardo Luna, oriental; y el capitán José María Mosqueira, entrerriano, nacido en Gualeguaychú.
"El General -que está tomando mate debajo del corredor- se incorpora, sorprendido por el bullicio y, comprendiendo que se trata de un asalto, grita: '¡Son asesinos!' y corre a proveerse de un arma. Los asaltantes se acercan.
"'¡No se mata así a un hombre en su casa, canallas!', les espeta, haciendo un disparo que hirió en el hombro a Luna.
“Alvarez, entonces -explica el coronel Carlos Anderson, ayudante de Urquiza- y Jefe de la Guardia del Palacio, testigo presencial de los sucesos- le tiró con un revólver y le pegó al lado de la boca: era herida mortal, sin vuelta.
"'El general cayó en el vano de la puerta y, en esa posición, ‘Nico’ Coronel le pegó dos puñaladas y tres el cordobés Luengo, el único que venía de militar y que lo alcanzó cuando ya la señora Dolores y Lola -la hija- tomaban el cuerpo y lo entraban en una piecita, en la cual se encerraron con él yendo a recostarlo en la esquina del frente, donde se conservan -hasta ahora- las manchas de sangre en las baldosas'".
"El mismo día y casi a la misma hora eran ultimados, en Concordia, Justo y Waldino Urquiza, hijos del General.
“Este sacrificio inútil, para el cual no es posible encontrar ni intentar atenuantes, fue fatal para la limpieza de la bandera revolucionaria. Manchó una causa que, siendo legítima y patriótica, pudo redituar fecundas y provechosas consecuencias.
“La insurgencia triunfa. A pesar de la prosapia de las ilustres víctimas, Entre Ríos no da ninguna muestra de reacción. La mayoría de las situaciones departamentales con sus respectivos Jefes de Policía y demás autoridades, se adhieren al movimiento.
“Hay un silencio que no es de conformidad con el crimen pero sí con la revolución que más tarde se rubrica con la sangre sobre las cuchillas entrerrianas”(8).

(8) Aníbal S. Vásquez. // Citado por Mario César Gras. “Rosas y Urquiza (sus Relaciones después de Caseros)” (1948), Buenos Aires.

"La Legislatura de la provincia elige gobernador constitucional al general Ricardo López Jordán, jefe de la oposición a Urquiza y del movimiento sedicioso triunfante.
"Producido el drama de San José, el presidente Sarmiento -quizá para sosegar su conciencia que lo acusaba como remoto instigador del crimen- quiso vengar la muerte de Urquiza, arrojando sobre la heroica Entre Ríos todo el peso de su poder.
"16.000 hombres -que luego organiza en tres Ejércitos- invaden su territorio. Son las tropas veteranas que regresan de la guerra del Paraguay. Sarmiento presidente, lleva a cabo su propósito de no economizar sangre de gauchos (...). La guerra será larga y cruenta pero, en definitiva, los Remington’s y cañones del Ejército Nacional vencerán a las lanzas y tercerolas del valiente Ejército de López Jordán.
"La provincia quedó sometida, la sangre de sus hijos corrió a raudales y el odio a Sarmiento se hizo una religión entre los nativos (...).
"Los autores materiales del asesinato de Urquiza han sido oportunamente identificados; los autores morales permanecen en la penumbra. Existen inculpaciones pero faltan pruebas. Ni a los entrerrianos ni al general López Jordán puede responsabilizarse con seriedad del nefando crimen. Los primeros jamás fueron ... proclives a esa medida extrema. Lo prueba el hecho de que entre sus cinco ejecutores sólo había un entrerriano, el capitán Mosqueira, quien, en su indagatoria manifestó “que nunca creyó que se asesinara al general Urquiza”, lo que evidencia que sólo estaba en sus propósitos apresar al General, nunca ultimarlo.
"En cuanto a López Jordán, ni existen pruebas que lo condenen ni es verdad que se responsabilizara del crimen como lo afirma enfática pero arbitrariamente Julio Victorica; se solidarizó con el movimiento insurreccional, que es cosa distinta, pero lamentó públicamente aquel exceso.
“He deplorado que los patriotas que se decidieron a salvar las Instituciones no hubieron hallado otro camino que la víctima ilustre que se inmoló”, dijo al prestar juramento del cargo de gobernador de la provincia, con que lo invistió la Legislatura en la sesión del 14 de Abril".

- ¿Muerte accidental o crimen premeditado?

El Lunes 11 de Abril de 1870 -inicio de la Semana Santa de ese año- una partida de cincuenta hombres, encabezada por el cordobés Simón Luengo, formada por correntinos y orientales y un solo entrerriano -José María Mosqueira- irrumpía violentamente en el Palacio San José, residencia del gobernador constitucional de la provincia, general Justo José de Urquiza, y lo asesinaba -a tiros y puñaladas- en presencia de su esposa y varios de sus hijos, algunos de ellos de corta edad.

El hecho se inscribía en el marco de una rebelión iniciada en la provincia y que encabezaba Ricardo López Jordán, protegido de Urquiza y, hasta ese entonces, algo así como la segunda figura política de Entre Ríos.

El trágico suceso sugiere algunos interrogantes e invita a algunas reflexiones:

Varios historiadores sugieren lo primero: “muerte accidental”. Parten de la base de que no existe documento escrito alguno del jefe de la revuelta que acreditase tal propósito.

Es cierto: no hay, ni podría haber un documento expreso donde López Jordán reconociese haber dado la orden de matar al general Urquiza. Es absurdo sólo suponerlo. Pero sí existe lo que los abogados llaman indicios “graves, precisos y concordantes” para afirmar -con un enorme margen de certeza- que el crimen fue premeditadamente decidido por los insurrectos encabezados por Ricardo López Jordán.

Hay un trabajo del doctor Martín Ruiz Moreno que afirma que en las reuniones del Comité Revolucionario don Ricardo se opuso a la muerte de Urquiza. Pero la mayoría así lo decidió y él -López Jordán- acató tal decisión. No puede pensarse seriamente que las órdenes de los matadores fueran “apresar a Urquiza y a su familia y llevarlo ante López Jordán”, como lo sostiene por ejemplo Aníbal S. Vázquez.

Y es que, a la misma hora que asesinaban a Urquiza, los rebeldes hermanos Mariano y Carlos Querencio -lugartenientes de López Jordán- mataban en Concordia -en forma muy parecida a su padre- a los hijos de Urquiza, Waldino y Justo Carmelo. Y se escapaban por muy poco su otro hijo, Teófilo -Jefe Político de Concepción del Uruguay- y su yerno Victorica, quien se refugió en un barco español anclado en el puerto uruguayense, salvando así su vida.

El doctor Rómulo Baltoré, secretario de Urquiza, al declarar en la causa “Mosqueira...” refiere que la partida que asesinó al General lo llevó a él prisionero y, a poca distancia del Palacio San José se encontraron con López Jordán que aguardaba. Al producirse el encuentro y referirle los matadores los sucesos ocurridos “se escuchaban fuertes carcajadas”.

Las personas que estaban en el Palacio -la esposa, la suegra, la cuñada y las hijas mayores de Urquiza, los sirvientes y colaboradores- al declarar ante el juez que investiga la muerte, son todas coincidentes en que los asesinos afirmaban “tener órdenes de López Jordán para matar a Urquiza”.

Una muerte -la de Urquiza- puede ser accidental, pero tres -además de don Justo, las de Waldino y Justo Carmelo- no. Pero también es evidente que resultaba imposible dejar vivo a Urquiza: era el gobernador legal de Entre Ríos y, aunque deteriorado, todavía conservaba un prestigio y ascendiente importante. Además, el Gobierno Nacional inmediatamente tomaría medidas para reponerlo en el cargo. Sólo muriendo Urquiza podía López Jordán ascender al puesto de gobernador que ambicionaba.

Es cierto que en el proceso respectivo José María Mosqueira, el único entrerriano participante, fue absuelto del cargo de homicidio. Era natural que así sucediera, pues él sólo participó en la toma de la guardia del Palacio San José y no en la muerte de Urquiza.

Pero sí surge del expediente de su causa que, al ser Mosqueira tomado preso en Tala por el coronel Wenceslao Taborda, declaró que “Urquiza estaba muerto por orden de López Jordán, que era el nuevo gobernador”. Taborda no le creyó y lo metió preso. López Jordán le dio órdenes de liberarlo, orden que Taborda no cumplió y entregó el prisionero a las autoridades nacionales.

Al hacerse cargo del Gobierno de facto de la provincia, Ricardo López Jordán deplora la “víctima ilustre que se ha inmolado” aunque no dice quién es. Pero algunos párrafos antes habla que ha derrocado “la tiranía” rodeado del pueblo.

En otra Proclama menciona que la libertad de Entre Ríos se ha logrado porque “el tirano yace en su tumba”. Si Urquiza era un “tirano”, no hay por qué llamarlo “víctima ilustre” ni deplorar su muerte que, en definitiva, sería una bendición para Entre Ríos (es como si los Aliados al ganar la Segunda Guerra y terminar con la tiranía nazi llamaran “víctima ilustre” a Hitler y deploraran su muerte).

El historiador Aníbal S.Vázquez sostiene que López Jordán dio orden de apresar pero no de matar a Urquiza. A los ejecutores, dice, “se les fue la mano” (¿?) . Y agrega: “es lo que sucede con los testaferros y guardaespaldas”. De acuerdo a esto, López Jordán tiene -por lo menos- culpa al elegir la gente a la que encarga tan delicada misión...

Pero es que además, López Jordán, una vez en el poder (de facto), no manda investigar el crimen, ni castiga a los asesinos: por el contrario, los llama “patriotas que han salvado las instituciones”, los asciende y promueve a altos cargos.

- ¿Defensa de la autonomía?

Diversos autores -por ejemplo Fermín Chávez- han ensalzado a López Jordán como “defensor de la autonomía entrerriana”. Para hacernos una idea más aproximada a la realidad, es bueno leer un trabajo poco conocido, pero muy bien documentado, que editara años atrás la Academia Nacional de la Historia, de autoría de un señor, Pedro Santos Martínez. Se llama “La Revolución Jordanista y el Brasil”.

A través de él nos enteramos de los planes de López Jordán y su gente encaminados a segregar las provincias de Entre Ríos y Corrientes y ponerlas bajo el protectorado del Imperio del Brasil.

El secretario de López Jordán, José Hernández -futuro autor del “Martín Fierro” - redacta un Manifiesto dirigido al barón de Río Branco, que el propio suegro de López Jordán, don Manuel Puig, entrega personalmente en la Corte de Río de Janeiro.

El Imperio del Brasil -en aquella época una monarquía- auxilió con armas, barcos y provisiones la rebelión de López Jordán y, de no ser por la rápida intervención de las fuerzas nacionales mandadas por el presidente Sarmiento, la separación de estas provincias -Entre Ríos y Corrientes- y su anexión al Brasil hubiera sido un hecho.

Anteriormente, López Jordán quiso hacer lo mismo con el Paraguay de Solano López y con ese motivo fue uno de los promotores de los motines de Basualdo y Toledo que desbandaron las tropas entrerrianas que debían marchar al frente paraguayo.

“En el archivo de la correspondencia de López Jordán -Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires- se han encontrado cartas muy interesantes al respecto. Entre otras, una donde, al conocerse el resultado de la batalla de Curupayty, donde mueren cerca de 9.000 soldados argentinos, López Jordán lo festeja con las palabras: ‘¡hip, hip, hurra!'"(9).

(9) Todo citado por la “Asociación Justo José de Urquiza”, con sede en Concordia, Entre Ríos (página web).

Ver: El cadáver de Urquiza: 80 años oculto de todos

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