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LA BATALLA DE ÑAEMBE

Dos días después de la llegada a Goya del gobernador Baibiene y de las fuerzas y recursos que sacara de la capital, arribaba al mismo puerto el invencible batallón Goya, comandado por Plácido Martínez, que la autoridad nacional desprendía de Paraná ante la evidencia de los planes de López Jordán(1).

(1) Citado por Hernán Félix Gómez. “Ñaembé (Crónicas de la guerra de López Jordán y de la epidemia de 1871)” (1937), Buenos Aires.

Con ellos abandonó Baibiene la ciudad del sur correntino en dirección a Paso Borda, del río Corriente, hacia donde hizo contramarchar al Ejército de la provincia acantonado en Mocoretá a las órdenes del coronel Calvo.

Iniciada su marcha a Paso Borda, hacía el norte de la Ciudad de Goya, Baibiene contramarchó hasta las proximidades de Goya, al recibir Informes del coronel Borges -jefe de las fuerzas de Paraná- de que Arredondo se había movido en seguimiento de Jordán y que llegaban a Goya -de refuerzo- el regimiento 7mo. de línea a las órdenes del teniente coronel Julio A. Roca y cuatro piezas de artillería comandadas por el capitán Apolinario Hipola.

Baibiene donde recibió el refuerzo del batallón 7 de línea -Cuerpo nuevo no fogueado- y las cuatro pequeñas piezas de artillería mandadas por un capitán de línea, el citado Hipola.

Sola la vanguardia -formada por la brigada de caballería de Curuzú Cuatiá, el regimiento de Monte Caseros y los piquetes de infantería de ambos puntos- con un total de 800 soldados, quedó a las órdenes del teniente coronel Valerio Insaurralde para operar a retaguardia del invasor y custodiar los Departamentos del Uruguay.

Baibiene se proponía atraer al enemigo hacia el centro de Goya y alejarlo de su base, para que el general Arredondo -con fuerzas nacionales- pudiese cortar a López Jordán de Entre Ríos y coincidir luego en una ofensiva simultánea.

La doble invasión del jordanismo se había producido. Una columna, penetrando por Esquina, tomó el camino de la capital mientras otra, a las órdenes del caudillo en armas, avanzaba por Basualdo en dirección al “Paraíso”.

El movimiento de Arredondo hacía imposible el plan de Baibiene; López Jordán jamás pasaría el río Corriente con un Ejército a retaguardia, capaz de cortarlo de sus bases y, entonces, el gobernador correntino contramarchó situándose en la costa de la Laguna Ñaembé, lugar estratégico desde el cual protegía a Goya amenazada por partidas de merodeadores.

El 24 de Enero de 1871 se incorporará también el batallón “Brigada de Artillería”, llegado el día anterior de Paraná, tomándose las disposiciones para el combate.

Previo Consejo de Guerra, ocupó posición estratégica en las proximidades de la Laguna Ñaembé, a espera de López Jordán, cuyas guerrillas se tiroteaban con las guardias lejanas desde el día 23. Tenía el vicegobernador 2.800 hombres de las tres armas, la mayor parte de ellas precipitadamente organizadas.

La superioridad numérica del enemigo estaba compensada -en parte- por la posición, pero en el caso de predominar López Jordán en el ataque, el aniquilamiento era seguro. Se imponía, pues, la defensiva.

Ñaembé(2) quiere decir “plato”, en guaraní. Su nombre induce la topografía del lugar: es una de las partes bajas de un llano ondulado poblado de palmeras, con la particularidad de que en torno, en una extensión de media legua, éstas no existen. Las palmeras están en las crestas de las lomas vecinas, con especialidad al sudeste, en que forman un monte poblado.

(2) En guaraní se escribe: ña’ẽmbe.

Alargada, curva como una hoz, Ñaembé ofrece una ensenada con una pequeña laguna hacia la izquierda del frente. Fuerzas reducidas podían hacer inexpugnable esta situación, desde que los flancos y la retaguardia tienen defensa natural y porque el atacante, de acuerdo a la topografía del campo a su disposición, veríase obligado a reducir su frente ofensivo.

Con el bosque de palmeras a la derecha y la pequeña Laguna Pucú a la izquierda, Baibiene colocó sus fuerzas dando la espalda a la ensenada de Ñaembé. En el centro situaron dos piezas de a 6 a las órdenes del capitán Hipola; el batallón 5to. de campaña del sargento mayor José Martínez; y el 3ro. de la capital, del mayor doctor Juan Lagraña. Actuaba el centro bajo el comando del teniente coronel Francisco Silva.

El ala derecha estaba formada por el regimiento de caballería del Uruguay, del teniente coronel Francisco Galarza; el de la misma arma “27 de Mayo’’, del valiente teniente coronel Félix Leyes; el 4 de campaña del sargento mayor Enrique Romero; la compañía de cazadores de Corrientes, del sargento mayor José Toledo; y dos piezas de artillería del teniente Juan Frutos.

Las fuerzas de infantería y artillería las comandaba el teniente coronel Desiderio Sosa. Cerraban este costado los regimientos Esquina y Sauce, a las órdenes del coronel Cecilio Carreras y comandante Celedonio Ojeda, escalonados en compañías y apoyados en un ángulo de Ñaembé.

El batallón “Brigada de Artillería”, del sargento mayor Domingo Viejobueno y los tiradores de los regimientos San Martín, Concepción y Caá Catí, a las órdenes del comandante Gervasio Aguirre, formaban la reserva de esta ala.

La izquierda constituíanla el regimiento General Paz, del comandante Olegario Alemí; el escuadrón Mercedes, del comandante Lorenzo Verón; el batallón Goya, del sargento mayor Plácido Martínez; dos piezas de artillería del alférez Juan N. Benítez; el regimiento Concepción, del sargento mayor Luciano Enrique; el San Martín, del coronel Francisco Ayala; el Cáa Catí, del teniente coronel Aniceto Monzón; y el escuadrón Exploradores, del capitán Claudio Martínez, toda ella apoyada en otro ángulo de la laguna.

A retaguardia del centro fue situado el batallón 7mo. de línea, del teniente coronel Julio Argentino Roca; y el escuadrón Escolta del sargento mayor M. Sosa, a las órdenes del primero.

El parque fue concentrado en el seno formado por la laguna, con la guardia de los Cazadores de Mercedes, del sargento mayor Gabriel Miño.

La tienda de campaña del General en Jefe colmábase de oficiales. Desde el 24 de Enero se esperaba en esta formación la batalla y el enemigo no aparecía. El capitán Martín Solís, enviado por Baibiene a informarse, traía noticias concluyentes: la columna invasora de López Jordán se había unido con la que penetrara por Esquina y las fuerzas estaban acampadas como a una legua de Ñaembé.

- “Sr. gobernador; viene el teniente coronel Sosa”.
- “Que pase”.

Sonriente, franco en su porte, avanzó el veterano del Paraguay.

- “Hoy es el día de la victoria. He comprobado, señor gobernador, que el Ejército de Jordán está malísimamente acampado. Una ofensiva nuestra sería decisiva”.
- “Pero señor teniente coronel. Sé que el enemigo cuenta con 5.000 soldados entrerrianos y más de 2.000 correntinos de Evaristo López. Nosotros apenas contamos con 2.800 ... y una ofensiva...”.
- “Sí, ya lo sé; pero sé también que está muy mal acampado. Lo he constatado en persona”.

Baibiene no cedió. Tampoco Sosa. Puesto al habla con el coronel Fermín Alsina y el teniente coronel José Félix Leyes, coincidieron en los puntos de vista.

La opinión de Alsina, por el grado y la consideración de que gozaba, era respetable pero, la de Leyes, era decisiva. El valiente jefe de las milicias de Saladas tenía todo el afecto de sus compañeros de armas, poseídos de su valor.

Lo que Leyes decía, podía hacerse, estaba en el límite del esfuerzo humano y fundando este sentir general recordábanse días de su pasado.

El era el único oficial que en el mismo día y por dos actos heroicos fuera ascendido por el general José María Paz en el sitio de Montevideo. En los fogones comentábase un episodio concluyente; después de Arroyo Grande, derrotado el Ejército correntino-uruguayo por las fuerzas de Juan Manuel de Rosas, marchaba Leyes solo, agotado de fatiga, a la altura de Mandisoví.

Buscaba el refugio de su suelo natal, la línea de frontera. Al cruzar un bosque, la voz de ¡ríndase! de un soldado de Rosas, centinela del campamento de una partida, lo arrancó de la crisis de su espíritu y, al ir a entregarse, vibró en lo hondo de su energía la reacción.

Dio con su lanza contra el rosista y como el empuje de su ataque lo encimara a la partida de enemigos, se orientó hacia el Uruguay, llevándose en ancas a una criollita luminosa que los sorprendidos tenían secuestrada.

Y cruzó el río en su caballo, a nado, para escribir en la guarnición de Montevideo nuevas páginas de heroismo.

Con estas opiniones, el plan de Sosa se impuso. Los jefes, reunidos en Consejo, resolvieron el ataque, dándose el comando de la derecha a Alsina; el de la izquierda a Calvo; y conservando Baibiene el del centro.

La batalla(3) fue librada el 26 de Enero de 1871 por la mañana. Trabados los primeros combates de guerrillas, el enemigo fluctuó para embestir, entonces Baibiene se lanzó temerariamente a la ofensiva con tanto ímpetu y felicidad de sus batallones y regimientos milicianos, que el Ejército invasor quedó destruido en menos de dos horas, con pérdida total de su infantería y artillería.

(3) Véase el libro del doctor Mantilla: “Plácido Martínez” (1887). Imprenta Europea. Editor. Buenos Aires. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XVI: “Período Constitucional (1870-1880)”, parágrafo 255. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El historiador Hernán F. Gómez elata detalles de la batalla:

"Honda emoción. Se dieron las órdenes y el Ejército avanza de frente, con sus reservas establecidas. Para la simultaneidad del choque, se adelantan los artilleros y los infantes y el batallón Goya es el primero en coronar la loma y enfrentarse al enemigo, auxiliado por el 7 de línea, que se desbanda por el horror del fuego.
"Su jefe, el teniente coronel Roca, se exalta y clama por las filas en desorden. Látigo en mano increpa, castiga, ordena, pero se reacciona con debilidad. Faltan las cargas severas, que castigan como un ariete y deciden el triunfo, para sostener al Goya en las posiciones conquistadas.
"Los clarines ordenan el avance a gran galope para lograr un choque simultáneo con la línea enemiga. El viejo coronel Calvo desfila con sus seis regimientos bajo el fuego de las artillerías y los despliega en batalla a trescientos pasos de los cañones.
"Después avanza. La tierra tiembla con el golpe de los cascos de la caballería; uno a uno. como rayos, los seis regimientos se adentran como cuñas en la línea enemiga. La grita de las cargas es imponente: “¡Por Corrientes! ¡Por Corrientes!” Y como nada puede el cañón, el centro de Jordán flaquea.
"Es como la aurora de la victoria. De pronto llega al Estado Mayor una noticia que puede poner en peligro a los soldados del orden: la derecha del Ejército de Jordán, libres sus infanterías de enemigos, reacciona; hasta avanza como para cerrarse en ángulo sobre el centro.
"Ordenes rápidas, y corre el ayudante del comando hacia el batallón de exceptuados que sigue las huellas del Goya.

- “Mayor Lagraña; órdenes del coronel Baibiene; que flanquee las infanterías de la derecha enemiga...”.
- “¡Soldados! Paso de trote...”.

"El batallón cambia de frente y se corre como una tabla. Tiene libre el camino; las caballerías del viejo Calvo han llevado la confusión a la línea central. Sin embargo, esa marcha paralela al frente enemigo tiene todos los caracteres de un sacrificio en que nadie cede en el esfuerzo.
"Del Estado Mavor se contempla con admiración a los guerreros y se aplaude cuando en el mismo centro de la derecha maniobran los valientes.

- “¡De frente! ¡A la bayoneta!”

“Y sin disparar un tiro, el batallón avanza. Va hacia los cañones que rugen; la metralla hace estragos, pero las líneas se cierran. Ya llegan ... es como una inundación; el enemigo retrocede y sus propios cañones precipitan -esta vez, por héroes manejados- la derrota.
“El Goya, entretanto, con Plácido Martínez, ha vencido a las infanterías del centro y Calvo ya se pierde a lo lejos sableando a las caballerías en derrota.
“En la derecha, la misma victoria afirmaba sus laureles. El teniente coronel Sosa, al frente de sus infantes, desfila bajo el fuego enemigo en rededor de una laguna y toma, reorganizadas sus columnas, la fuerte posición enemiga situada en espeso naranjal.
“Como tres mil jordanistas, cortados, sin apoyo, son fáciles para las caballerías del coronel Alsina, que los sablean y dispersan.
“El espectáculo es soberbio; el bosque de palmeras poblado de gritos e imprecaciones, es como un infierno que se aleja; los pequeños incendios producidos por los tacos de los disparos son apresuradamente combatidos; hay cien heridos hermanos; todos son argentinos; y el afán se traduce en poner orden donde se desencadenó la pasión y el heroismo.
“Diez banderas, prisioneros a montones, toda la artillería y el parque íntegro del poderoso Ejército de López Jordán, han quedado en el campo de batalla".

- Siete Arboles

Y como si el destino hubiese querido inmortalizar en los fastos del orden a ese día, casi a la misma hora la vanguardia a las órdenes del coronel Valerio Insaurralde -que abandonó sus operaciones a retaguardia de Jordán ante una nueva invasión iniciada por Monte Caseros- derrotaba a los enemigos en el combate de Siete Arboles, poniendo broche de oro a la liberación de la provincia.

En Siete Arboles, el coronel Insaurralde batió una columna de rebeldes que entró por la costa del Uruguay. La insurrección de Entre Ríos terminó. Corrientes alcanzó la gloria de pacificar la República cuando el caudillo entrerriano había ya cobrado fuerte impulso.

Baibiene atribuyó con justicia el lauro al patriotismo del pueblo:

“El sentimiento de los deberes para con la patria común, el amor a la libertad y a las Instituciones de la República -decía- explican la energía de este pueblo generoso. Ñaembé y Siete Arboles son triunfos del patriotismo y de la virtud cívica sobre el caudillaje alzado”(5).

(5) Baibiene. Mensaje a la H. C. L., Agosto 6 de 1871. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XVI: “Período Constitucional (1870-1880)”, parágrafo 255. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

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