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El presidente niega la Intervención Federal. Guerra civil

El 1 de Febrero de 1872, el gobernador Agustín Pedro Justo se presentó en Buenos Aires, solicitando de nuevo la Intervención Nacional, que le fue negada por “altas razones de conveniencia pública”.

La falta de una ley que autorice la movilización de las milicias sin dar lugar a recriminaciones y conflictos de atribuciones y consideraciones derivadas de circunstancias locales, aconsejaron al Poder Ejecutivo dejar librada a su propia acción las disensiones de Corrientes, producidas por elecciones de dudosa legitimidad, para no comprometer las rentas y la paz de la Nación(1).

(1) Véase el mensaje del presidente de la República presentado al Congreso en Mayo de 1872. // Citado por Antonio Abraham Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas”.

"Estas doctrinas, cuán bellas son en teoría, estaban en abierta oposición con la práctica, pues afecciones de dudosa legitimidad hubo no pocas -si no todas- desde 1810 hasta la fecha, sin exceptuar la época de Rosas", reflexiona Zinny, y agrega:

"Este había juzgado conveniente exonerar al pueblo de la carga de emitir su propio voto sobre los candidatos que no fuesen la expresión de su voluntad. Era, pues, un medio cómodo y económico de practicar elecciones.
"En la época del dictador -como en todas las épocas- para llenar las formas legales, basta que el pueblo haga ostentación del ejercicio de su derecho concurriendo el día señalado por la ley o por el Gobierno a depositar cada ciudadano su voto; si el resultado de la votación no es la expresión de la oligarquía o el deseo o aspiración del líder de la fracción política que contara con el apoyo oficial, no hay necesidad de tener en cuenta el voto del ciudadano.
"El hecho fue que las altas razones de conveniencia pública prolongaron la guerra civil en Corrientes, con todo su séquito de desastres".

- Baibiene se arma

Mientras el presidente Sarmiento daba la callada por respuesta a las solicitaciones del doctor Justo -de que interviniese a la provincia- el coronel Santiago Baibiene tomaba sobre sí la tarea de reponer el régimen político mitrista.

Reuniendo en Goya una fuerte columna, casi toda de infantería, arma considerada decisiva a raíz de la experiencia en la guerra del Paraguay, marcha hacia Curuzú Cuatiá convencido del triunfo final.

Las caballerías de milicianos, mal armados, nada podrían ante la técnica cuidadosa que él ponía en sus operaciones, tanto más cuanto los sediciosos sólo contaban con el batallón de la Capital, como fuerza experta y veterana.

En sus cálculos, la reconquista de la Ciudad de Corrientes -sujeta al régimen militar provisorio del coronel Sosa- era de fácil ejecución, desde que aquél jefe no saldría a campaña; dominados los Departamentos, la capital caería con esfuerzo fácil.

- El Triunvirato provisorio

Sus cálculos fueron erróneos. El coronel Sosa fue, en efecto, el jefe militar del movimiento, pero lo fue antes que por ambición personal, por despecho a quienes no consideraron su personalidad respetable.

Sin aspiraciones, sabiendo que un régimen militar no contaría con la adhesión del pueblo, ni de los partidos y, sobre todo, que no cabía dictadura ahí donde se hablaba de reconquista de la soberanía, organizó por decreto del 12 de Enero de 1872 un Gobierno provisorio, entregando el poder a tres ciudadanos, representativos de las tres tendencias que integraban el fusionismo: fueron Gregorio Pampín, liberal; Tomás Vedoya, nacionalista o federal; y el doctor Emilio Díaz, partidario del grupo de Guastavino, desplazado por Baibiene.

Sosa salió de la capital con las fuerzas que pudo reunir, congregando a los jefes departamentales que, con enorme entusiasmo, se habían declarado por la insurrección. El coronel Reguera, avecindado en sus establecimientos ganaderos de San Roque, fue uno de los primeros en ponerse en armas, arrastrando a todo ese Departamento.

El coronel Marcos Azcona -una de las lanzas formidables de Corrientes- se pronuncia en Mercedes, mientras los de igual grado, Manuel Vallejos (a) “el Pájaro”, y Manuel Serapio Sánchez, levantan los vecindarios de Itatí y San Cosme.

La situación estratégica de estas localidades convertía a estos pronunciamientos -con Curuzú Cuatiá, donde el coronel Insaurralde ya estaba en armas- en algo así como los hitos de un levantamiento generalizado.

- Guerra civil. Derrota y prisión del vicegobernador Calvo

El 11 de Enero de 1872 los coroneles Reguera y Juan C. Romero cayeron sobre el caudillo baibienista coronel Acuña, derrotándolo en Paso del Medio. Pocos días después, el mismo Reguera, con la cooperación de otros jefes sediciosos, como Ocampo, Duarte, Méndez, Núñez y Salas, encerraba en un círculo infranqueable al coronel Calvo, jefe de las milicias del norte del río Corriente y vicegobernador, rindiéndolo en Laguna Candé.

Calvo fue tomado prisionero junto con los coroneles Eustaquio Acuña, Leyes y Verón, el comandante Aguirre y cerca de 300 oficiales y soldados.

Estas pequeñas victorias animaron a los rebeldes. Reunidos los jefes militares, el 1 de Febrero, en el campo de Ibaviyú, designaron al coronel Reguera, Jefe del Ejército.

El coronel Desiderio Sosa, acampado en las proximidades del Oratorio de Rolón, no vio con buenos ojos el nombramiento. Su grado militar obtenido en acciones de guerra, su carácter de jefe militar de la insurrección del 9 de Enero y, más que todo, el saberse no muy bien querido en las filas del “fusionismo”, pusieron en su espíritu una nota de amargura.

Se dirigió hacia Goya a establecer nuevas autoridades -foco del poderío de Baibiene- llevando el Cuerpo de veteranos de la capital, dos piezas de artillería -a las órdenes del coronel Artaza- y el Cuerpo formado con los presos de la capital, con la jefatura del coronel José Toledo, sacado por los insurrectos de la cárcel.

- San Gerónimo

Allí supo la derrota de San Gerónimo. El Ejército insurrecto de Reguera y el legalista de Baibiene habían chocado -por sorpresa- en ese punto, situado como a tres leguas de Curuzú Cuatiá, el 6 de Febrero de 1872, aprovechándose el último de la topografía al ocupar un bosque fragoso, del que dispersó a buena parte de las fuerzas comandadas por Reguera.

Un fuerte de 3.000 hombres -de las fuerzas reaccionarias- se enfrentaron a 4.000 -respondiendo al gobernador legal- al mando del citado coronel Santiago Baibiene(2).

(2) Citado por Antonio Abraham Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas”.

Las divisiones de Insaurralde y Azcona habían salvado con escasa pérdida, incluso dos pequeños pero bravos batallones de infantería. San Gerónimo dejó un saldo 100 hombres muertos entre las fuerzas de la insurrección.

El desaliento cundió en las filas de la sedición y de todas partes se contempló al coronel Sosa como el jefe experto y de escuela que podía dar formas regulares a la resistencia y vencer en estrategia al coronel Baibiene.

La rivalidad personal de estos dos veteranos de la guerra del Paraguay pondría en el drama el sello del esfuerzo individual máximo y, era, para el levantamiento, prenda de fidelidad completa.

- Sosa en el mando supremo de las fuerzas reaccionarias

Sosa respondió al reclamo general. Con los mayores Artaza y Toledo, llevando todas las existencias del parque, sale de Goya hacia Paso Santillán, del río Corriente; se vuelve hacia Cafarreño, en el Departamento de Santa Lucía, y ahí incorpora las fuerzas derrotadas en San Gerónimo, de Reguera.

Se mueve hacia Cerrito, se le agregan las caballerías de Insaurralde y, con el Ejército en reorganización, va hacia San Roque.

Baibiene con sus fuerzas, estaba en seguimiento de los insurrectos; Sosa vio la necesidad de retardarlo en su marcha, en espera de valiosas incorporaciones y de pertrechos que se enviaban desde la capital y, como los insurrectos eran superiores en caballería, la guerra de recursos, de sorpresas, de emboscadas, de arreo de ganado, de cuánto se imagina para perturbar las columnas en el camino y en la paz de los vivaques, fue ejercitada con amplitud.

Así llegó el Ejército -que Sosa comandaba- con el título de 2do. Jefe, y cuya jefatura nominal era de Reguera, hasta el Rincón de Mantilla, en el Departamento de Empedrado, donde ya ajustados sus resortes, distribuido y mejorado el armamento y elevado su número a tres mil quinientos combatientes, se lo creyó en condiciones de disputar el triunfo con probabilidades de éxito.

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