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La insurrección mitrista de 1874

La insurrección mitrista de 1874 significó uno de los últimos intentos del partido nacionalista de imponerse en el Gobierno Nacional. Su razón aparente fueron las prácticas fraudulentas en las elecciones a diputados nacionales, pero muchos historiadores han afirmado que se trató solamente de una excusa para lanzarse a la sedición.

La derrota de los Ejércitos de los generales Bartolomé Mitre y José Miguel Arredondo selló la suerte del partido nacionalista, que nunca recuperaría el poder frente a la hegemonía de más de 40 años del Partido Autonomista Nacional.

- Antecedentes

La derrota del partido federal se completó en la Argentina con las victorias del Gobierno Nacional, de claros antecedentes centralistas en dos campañas en las provincias:

* la primera fue la del federalismo del Interior, derrotada definitivamente con el fracaso de la llamada “Revolución de los Colorados”, en 1868. La resistencia del Interior cesó casi por completo con las dos derrotas de Ricardo López Jordán, en 1871 y 1873.

Pero el partido liberal -gobernante en Buenos Aires- se había dividido en dos:

- uno que seguía a los líderes provinciales y al vicepresidente Adolfo Alsina, llamado partido autonomista.
- el otro grupo, que permaneció leal al ex presidente Bartolomé Mitre y algunos seguidores del Interior y a los oficiales de origen uruguayo de su Ejército, pasó a la oposición a partir del comienzo del Gobierno de Domingo Faustino Sarmiento, en 1868.

Durante este Gobierno, los "liberales” se mantuvieron enfrentados más retóricamente que en la práctica, debido a la Guerra del Paraguay y a la rebelión jordanista pero, cuando ésta fue totalmente vencida, en 1873, comenzaron a enfrentarse más abiertamente.

Lógicamente, la primera causa de enfrentamiento serían las elecciones presidenciales: el mandato de Sarmiento terminaba en Octubre de 1874. Los seguidores de Mitre decidieron dar batalla en algunas provincias pero, claramente, la clave era la provincia de Buenos Aires, la más grande y aquélla en la que tenían un apoyo más notable.

Era su gobernador Mariano Acosta, autonomista, por lo que allí se daría la batalla electoral decisiva. El 1 de Febrero de 1874 se realizaron las elecciones para diputados nacionales en Buenos Aires.

Los candidatos mitristas eran Eduardo Costa, José María Gutiérrez y Norberto Quirno Costa, entre otros; por el partido autonomista iban monseñor León Federico Aneiros, obispo de Buenos Aires; Leandro N. Alem, Carlos Pellegrini, Bernardo de Irigoyen...

Los mitristas anunciaron que habían vencido en todos los distritos, pero que el fraude electoral le había arrebatado algunos. Unas semanas más tarde, la Legislatura porteña aceptaba las modificaciones de las autoridades electorales a las Actas y proclamó la victoria del partido autonomista.

Ante la evidente comisión de fraude y olvidándose de que ellos mismos habían organizado fraudes contra sus opositores en Buenos Aires y otras provincias, los mitristas anunciaron que se desconocían las elecciones y a los diputados surgidos de ellas.

Pero no se levantaron contra el Gobierno, porque todavía faltaban las elecciones de presidente; éstas se realizaron el 12 de Abril de 1874. Los autonomistas ganaron en casi todas las provincias, menos en Buenos Aires, San Juan y Santiago del Estero. Por 146 electores contra 79, fue declarado presidente Nicolás Avellaneda, acompañado por Mariano Acosta.

Entonces sí, Mitre y sus partidarios se lanzaron a la conspiración abierta, desconociendo incluso la autoridad presidencial de Avellaneda que, dicho sea de paso, poco tenía que ver con las elecciones de diputados en Buenos Aires.

Mitre mismo no estaba convencido y pidió que no hubiera alzamientos antes del 12 de Octubre, fecha en que debía asumir Avellaneda. Semanas más tarde, anunció que “la peor de las votaciones legales vale más que la mejor de las revoluciones”.

Pero el 18 de Julio de 1874, cuando la Cámara de Diputados aprobó las elecciones de diputados porteños, se pronunció por la insurrección. El resto de la conspiración se desarrolló sin Mitre, dirigida políticamente por Eduardo Costa, Rufino de Elizalde y Norberto Quirno Costa.

A favor de Mitre se esperaba que se pronunciaran los Gobiernos de Corrientes, San Luis, Santiago del Estero y San Juan, pero la mayor parte del éxito se esperaba de las milicias de los pueblos de la provincia de Buenos Aires.

- Estalla el levantamiento en Buenos Aires

El presidente Sarmiento sabía que se tramaba un levantamiento, por lo que decidió alejar a los jefes mitristas de las fuerzas que los podrían seguir. Ordenó al coronel Francisco Borges entregar las tropas de su mando; obligado por el compromiso de respetar al presidente que consideraba legal, Borges las entregó, pero cuando ordenó al comandante Erasmo Obligado entregar su nave, éste inició la insurrección.

Era el 23 de Septiembre de 1874: no habían esperado a la salida de Sarmiento.

Las dos naves -al mando de Obligado- se trasladaron al centro del Río de la Plata. Al día siguiente, el diario de José C. Paz, “La Prensa”, anunció el inicio del levantamiento. Ese mismo día, Mitre se trasladó al Uruguay.

Los jefes de la insurrección en Buenos Aires se trasladaron al Interior de la provincia de Buenos Aires, dedicados a reunir las milicias de gauchos de las estancias. Entre los civiles que se trasladaron al Interior se contaban Paz, Estanislao Zeballos y Francisco Ramos Mejía .

Los jefes militares solicitaron la baja antes de reunirse al embrión del Ejército rebelde: eran los generales Ignacio Rivas y Juan Andrés Gelly y Obes, los coroneles Juan Carlos Boerr, Julián Murga y Francisco Borges. Este último fue el único que esperó al 12 de Octubre.

Los jefes del Ejército Nacional eran los generales Martín de Gainza y Julio de Vedia, y los coroneles Julio y Luis María Campos, que se limitaron a tratar de ubicar al Ejército de Rivas, sin poderlo acorralar.

Este se retiró hacia el sur de la provincia de Buenos Aires, combatiendo en una serie de encuentros menores en que la ventaja estuvo -en general- del lado del “Ejército constitucional” de Ignacio Rivas.

Tras reunir todos los grupos del Ejército, éste avanzó hacia el Tuyú (actual General Lavalle), donde desembarcó el general Mitre, que se puso al frente del improvisado pero numeroso Ejército.

Pocos días después, lanzaba una Proclama explicando su posición. Sarmiento la refutó por medio de la prensa el mismo día que la recibió.

Desde allí avanzó hacia Tandil. Sus tropas eran algo más de 5.000 hombres, casi todos de caballería y con la infantería armada con fusiles anticuados y en mal estado. Llevaba, además, unos mil auxiliares indígenas.

- La insurrección mitrista en Corrientes

El país entero estaba absorbido por la lucha presidencial. El 24 de Septiembre de 1874 estalló en Buenos Aires un movimiento armado en contra de las autoridades nacionales -dirigido por el general Mitre- y, llegada la primera noticia a la provincia, de nuevo el coronel Aniceto Monzón se pronunció en armas contra el P. E., en el Departamento de Caá Catí.

Refugiado en los bosques de la zona, inició la reunión de elementos ayudado de otros jefes .como él procesados. por la rebelión de 1873 ante el Juzgado Federal.

El coronel Reguera, con una fuerte división, marchó a dominarlo, volviendo al orden a esa rica zona tan castigada por la montonera, mientras Monzón huía para Ituzaingó dañando cruelmente la propiedad privada.

Desde el 25 de Septiembre de 1874 la provincia estaba en estado de sitio. Con mano de hierro, el gobernador buscó los procedimientos eficaces para serenar la opinión y escogió el de silenciar a la prensa, que era toda militante en política.

Habiéndose movilizado a la Guardia Nacional, se usó del acuartelamiento de tropas para que tipógrafos y redactores no pudiesen dedicarse a sus actividades y los periódicos cesaron en su propaganda. Poco después, decretaba la creación (14 de Octubre de 1874) de dos divisiones de caballería de 1.000 hombres cada una, puestas a las órdenes de los coroneles Azcona y Reguera, para el sur y norte del río Corriente, respectivamente, y se creaban algunos acantonamientos en espera de órdenes del Gobierno Nacional.

- El estallido en Goya

Los hombres que seguían la política del general Mitre en la provincia resolvieron secundar este movimiento subversivo que, en caso de triunfo, podía cambiar la situación política de Corrientes.

Plácido Martínez, guerrero del Paraguay, jefe del celebrado batallón Goya durante la campaña jordanista que epilogó Ñaembé, fue encargado de la Jefatura Militar del movimiento, uno de cuyos focos debía ser la Ciudad de Goya, donde el prestigio del designado era evidente.

A las medidas preparatorias de la insurrección siguieron las precaucionales del Gobierno. Gelabert dispuso que el Jefe Político de Goya, Antonio Méndez, licenciase la Guardia Nacional de la localidad, conservando exclusivamente el piquete veterano, cuya fidelidad era indiscutible, desde que conocía los prestigios de Martínez y el peligro de una fuerza popular en que sus amigos debían ser numerosos.

Méndez desoyó al gobernante y fue así como Plácido Martínez -trasladado a Goya, con un grupo reducido de amigos, incluso su hermano el doctor Juan Esteban Martínez- asaltó por la noche el local de la Jefatura Política y con su valor indiscutido, autoridad moral y la cooperación de buena parte de la Guardia -pronunciada a su favor- pudo adueñarse del Cuartel y luego de la ciudad y su zona inmediata.

Con los fondos reunidos entre sus partidarios y los de la Receptoría Provincial y Aduana Nacional, acumuló algunos recursos, congregando a las milicias de los Departamentos de Goya, Lavalle y Esquina en número de 1.500 hombres, con la cooperación del coronel Cecilio Carreras, ilustrado jefe de la epopeya contra Juan Manuel de Rosas.

El numeroso armamento que la provincia tenía en depósito en aquél punto hizo respetable al Ejército rebelde.

Mientras el gobernador Gelabert enviaba el batallón Guardia Provincial que, desembarcando en Lavalle, se ponía en condiciones de atacar, el presidente de la República disponía que algunas unidades de Santa Fe, puestas a las órdenes del coronel Manuel Obligado, Jefe de la Frontera del Chaco, marchasen a la provincia, bajo cuyo Comando General quedaron estas unidades.

Carreras y Martínez no presentaron batalla; después de remontar sus fuerzas hasta 2.000 hombres, abandonaron Goya, dirigiéndose hacia el centro de la provincia; vadeado el río Corriente en Paso Borda, establecieron el Campamento en las Puntas del Villanueva en espera de incorporaciones que no se produjeron.

Una de ellas era la del célebre coronel Azcona, jefe de las fuerzas del sur del río Corriente, trabajado por los liberales nacionalistas, quien no se pronunció por constarle que dos escuadrones y parte de la infantería a sus órdenes no lo secundarían en sus propósitos.

El P. E. destituyó, el 24 de Noviembre de 1874, a este jefe de la división del sur quien, después de entregar el comando al coronel Reguera, se presentó siguiendo Instrucciones del P. E. al coronel Obligado, siendo enviado preso a Buenos Aires.

Avanzando el coronel Obligado sobre el campamento Villanueva, el Ejército sedicioso atravesó el Paiubre, vadeó el Corriente por Capitá Miní y pareció dirigirse hacia la capital. El coronel Aniceto Monzón, en Caá Catí; el comandante Sandoval, en Concepción; el mayor Ojeda, en Itatí; y varios jefes subalternos de Saladas, se pusieron en armas para incorporarse a los insurrectos.

Las autoridades locales no fueron depuestas y, por el contrario, sirvieron con eficacia a los intereses del Gobierno. Cuando Martínez vio que las fuerzas de Obligado seguían sus huellas, se dirigió hacia Concepción, cruzó ese Departamento, los de San Miguel e Ituzaingó, salió en Candelaria (actual Misiones) y, despuntando el Iberá volvió costeando el río Uruguay por Santo Tomé, La Cruz, Paso de los Libres y Monte Caseros.

En La Cruz hubo de sufrir un ataque de sorpresa de las milicias locales y, desde Paso de los Libres, la hostilización de las fuerzas de los coroneles Juan C. Romero y Valerio Insaurralde que lo obligaron a cruzar el río.

- En el centro del país

En tanto, el general José Miguel Arredondo, veterano de las luchas contra los federales -aunque de origen uruguayo- era el líder de la insurrección en el Interior. Sublevó la frontera sur de la provincia de Córdoba, acto en que causó la muerte de su superior, el general Teófilo Ivanowski.

Tras asegurarse la alianza del gobernador de San Luis, Lindor Quiroga, se dirigió hacia el Norte. En su búsqueda salió el coronel Julio Argentino Roca, con las escasas fuerzas que logró trasladar desde Villa María.

Ante la superioridad numérica y de armamento de Arredondo, Roca lo dejó pasar hacia Córdoba. Arredondo ocupó la ciudad, donde aprovisionó generosamente a sus tropas y logró incorporar algunos soldados útiles.

Pero ocupar la Ciudad de Córdoba no significaba mucho, si eso lo alejaba de las fuerzas rebeldes de Buenos Aires. Es que había ido a buscar la alianza del caudillo santiagueño Antonino Taboada.

Fuera por una antipatía personal o porque no quería dejarle el mando a Arredondo, Taboada le negó toda ayuda, de modo que Arredondo partió el 7 de Octubre de 1874 nuevamente hacia el sur, buscando la ayuda de Quiroga o la unión con el Ejército de Mitre.

Roca maniobró cuidadosamente, interponiéndose entre las fuerzas rebeldes y los caminos a Buenos Aires, de modo que Arredondo llevó su Ejército a San Luis.

Desde allí partió hacia el Oeste al frente de 2.500 hombres, entre los cuales iban los ex gobernadores puntanos Juan Barbeito y Quiroga y el gobernador José Rufino y Sosa.

Se dirigió hacia la provincia de Mendoza, sin que quedara nada claro qué buscaba allí que sirviera a un movimiento que intentaba atacar al Gobierno Nacional. Al entrar a Mendoza le salió al cruce el jefe de las milicias mendocinas, teniente coronel Amaro Catalán, que fue rápidamente vencido en la primera batalla de Santa Rosa, el 29 de Octubre de 1874, y pagó su lealtad al Gobierno con la muerte en combate.

El gobernador Francisco Civit huyó a Chile y Arredondo ocupó la capital mendocina.

- La Verde

Mitre avanzaba hacia el Norte, tratando de reunir sus tropas a las de Arredondo, ante la imposibilidad de ocupar Buenos Aires con tropas tan mal armadas. En el arroyo Gualicho, cerca de Las Flores, derrotaron al regimiento de milicias del coronel Liborio Muzlera. Desde allí siguieron hacia el norte, esquivando a las tropas de Luis María Campos.

José C. Paz se trasladó con unos cuantos soldados hacia el Tuyú, donde se embarcó en las naves rebeldes y pasó a Montevideo, donde pensaba reunir armas. En el camino había logrado destruir un campamento del Ejército Nacional, pero en Montevideo fracasó completamente.

El 16 de Noviembre de 1874, Obligado entregaba sus naves en esa misma ciudad.
Mientras tanto, Mitre se sacó de encima al cacique Cipriano Catriel y al coronel Santiago Avendaño; éstos fueron tomados prisioneros por el coronel Lagos y los entregó al hermano de Catriel Juan José Catriel, que los hizo asesinar y asumió el mando de su tribu.

El Ejército de Mitre siguió avanzando hacia el norte al frente de sus casi 5.000 hombres. Al llegar cerca de Chivilcoy se enteró de que el teniente coronel José Inocencio Arias se había atrincherado en la estancia La Verde, cerca de Nueve de Julio, al frente de 900 hombres del Regimiento 6 de Infantería de Línea y armados con fusiles Rémington.

Mitre podía pasar de largo, seguro de que no podrían perseguirlo con solo infantería, pero decidió no dejar enemigos a su espalda: se dirigió a La Verde e intimó rendición a Arias. Este había preparado la estancia, con cercos y zanjas, para resistir un asalto desde cualquier dirección.

Compensaba su debilidad numérica con una mayor capacidad de fuego, la excelente posición defensiva y la disciplina profesional de sus soldados del Regimiento 6 de Infantería de Línea. De modo que rechazó la exigencia de Mitre.

El 26 de Noviembre de 1874, Mitre ordenó un ataque en masa de su caballería pero, tras cuatro horas de lucha, perdió unos 260 hombres -incluyendo varios oficiales superiores- entre los cuales el más destacado fue el coronel Borges, de quien se dice que se hizo matar al ver que eran derrotados(1).

(1) Jorge Luis Borges. “El Hacedor” (1960), Buenos Aires; y “Atlas” (1984), Buenos Aires.

Los oficiales de Mitre habían vencido a todos los caudillos federales por su superioridad en la infantería; ahora eran vencidos por la misma razón.

La derrota obligó a Mitre a seguir su camino con su Ejército completamente desmoralizado, hasta rendirse el 3 de Diciembre de 1874 en Junín. Las condiciones que exigió Mitre, de correr él solo con toda la responsabilidad, fueron dejadas de lado. Los oficiales de Mitre fueron arrestados y dados de baja del Ejército.

- Santa Rosa

Arredondo exigió al gobernador sanjuanino Gómez que se uniera a la sedición. Ante su negativa, ocupó San Juan el 3 de Noviembre de 1874 y nombró gobernador al unitario Sandalio Echevarría. Reunió contribuciones, requisó fondos de la Aduana, y aumentó sus efectivos.

Por su parte, Roca lo seguía de lejos, reuniendo todos los refuerzos que podía. Al saber que éste estaba por entrar en Mendoza, Arredondo regresó al lugar de la batalla anterior, Santa Rosa.

Allí adoptó una posición fortificada, inundando además el campo en que debía maniobrar Roca; éste llegó frente a la posición de su enemigo, pero no atacó de frente, sino que estudió detenidamente el campo de batalla. Con la más absoluta lógica, se negó a atacar de frente. Justamente al revés de lo que había hecho Mitre.

Esa noche, un baqueano guió las fuerzas de Roca por el único sendero que podía esquivar la posición de los sediciosos. Estos estaban demasiado confiados para creer que eso se pudiera hacer.

A la mañana siguiente, 7 de Diciembre de 1874, Roca atacó por la retaguardia enemiga, sorprendiendo a las fuerzas de Arredondo en la segunda batalla de Santa Rosa. Pese a que se defendieron valientemente, fueron pronto superadas por las leales al Gobierno.

Roca encontró al desorientado Arredondo, que aún creía que el grueso de las fuerzas enemigas atacarían por el frente, y lo obligó a rendirse. La totalidad de las fuerzas vencidas fueron tomadas prisioneras o muertas.

Arredondo fue sometido a Consejo de Guerra pero, ante las amenazas de que podría ser fusilado, fue liberado y huyó a Chile. Se dijo que fue el mismo Roca quien lo ayudó a huir(2).

(2) Carta de Julio A. Roca a Miguel Juárez Celman del 24 de Febrero de 1875: “esa fuga me ha hecho quebrar con Civit y otros exaltados que pareciera que estuvieran en el año 1840; tal es el furor que manifiestan contra sus enemigos y contra los que creen que les han arrebatado la presa”.

- Plácido Martínez disuelve su Ejército

Una larga cruzada de veintiséis días la efectuó el Ejército insubordinado bajo la presión del legalista, tanto que cuando Martínez disolvía el suyo en el Rincón de San Gregorio (Departamento Monte Caseros) para cruzar el Uruguay, el coronel Obligado ocupaba Paso de los Libres.

Por otra parte, la insurrección estaba vencida en la Nación; el presidente había triunfado en La Verde y Santa Rosa, y todo volvía a la tranquilidad bajo la presión poderosa de los intereses económicos vulnerados.

La insurrección de 1874 terminó por la disolución de sus autores en el Rincón de San Gregorio, sin haber obtenido otra ventaja que la toma de Goya.

- Consecuencias

Con la rendición de Mitre, el levantamiento estaba totalmente vencido y la derrota final de Arredondo terminaba de cerrar el episodio que costó cerca de 5.000 vidas(3).

(3) Charles Edward Chapman. “Colonial Hispanic America: a history” (1938), p. 333. The Macmillan Company Press, Nueva York.

Avellaneda fue reconocido universalmente como presidente y el Partido Autonomista Nacional pudo gobernar sin sobresaltos y mantener de hecho su hegemonía, a pesar de cuatro insurrecciones en su contra, hasta 1916.

Las indecisiones de Mitre, la traición de Taboada, la incapacidad para reunir sus fuerzas y controlar la Marina, la decisión de no marchar sobre Buenos Aires o iniciar allí un foco de la insurrección fueron algunas de las causas del fracaso del movimiento.

Las diferencias en organización y armamento fueron otras. El embajador norteamericano Thomas Osborn, en su Informe manifestaría que el movimiento sedicioso había sido “vencido por el ferrocarril, el telégrafo y los Remington”.

En efecto, durante la insurrección de 1874, el control de la red de telegrafía eléctrica para su uso político y militar ya era una prioridad, siendo la primera campaña militar en que las operaciones se basaron en su uso.

Ya el 28 de Septiembre de 1874, cuando Julio Argentino Roca se encontraba en Villa María y era nombrado Comandante de los Ejércitos del Norte, mantuvo una larga conferencia telegráfica con el presidente Sarmiento para establecer el plan de campaña.

Pero esto era reconocido por ambos bandos. Una de las primeras medidas del general insurrecto José Miguel Arredondo fue poner gente de confianza a operar el telégrafo, justificada rápidamente cuando Sarmiento enviaba un telegrama -el 23 de Septiembre- ordenando a su subordinado Teófilo Ivanowsky que lo vigilara en previsión del cercano estallido sedicioso(4).

(4) Con candor y lealtad a su oficial superior y amigo antes que a su Comandante en Jefe, Ivanowsky mostró ésta y las posteriores misivas a Arredondo, hasta su trágica muerte. Iniciada la insurrección el 24 de Septiembre de 1874, Sarmiento envió un nuevo telegrama ordenando a Ivanowsky la detención de Arredondo, pero el operador Cevallos -telegrafista de Villa Mercedes- controlado por un oficial, llevó el mensaje a Arredondo, quien se acercó a la estación y haciéndose pasar por Ivanowski respondió a Sarmiento solicitando Instrucciones para el caso de resistencia, a lo que el presidente respondió: “fusílelo sobre el tambor, sin trámite, por traidor”, a lo que Arredondo respondió: “pues váyase al diablo viejo loco”.

Cuando el general Ignacio Rivas marchó sobre Chivilcoy, una de sus medidas fue despachar una columna al mando del sargento mayor Pedro Michemberg para cortar las comunicaciones del Gobierno cortando los hilos telegráficos e inutilizando las vías del Ferrocarril del Oeste.

- Bibliografía

* Omar López Mato. “Historia de la Revolución Olvidada” (1874). Ed. Olmo, BuenosAires, reedición en 2005.
* Félix Luna. “Nicolás Avellaneda”. Ed. Planeta, Buenos Aires.
* Guillermo H. Gassio y María C. San Román. “La Conquista del Progreso (Memorial de la Patria)” (1984), tomo XIV. Ed. La Bastilla, Buenos Aires.
* Juan Carlos Vedoya. “La Magra Cosecha (Memorial de la Patria)” (1984), tomo XIII, Ed. La Bastilla, Buenos Aires.
* Félix Luna. “Soy Roca” (1989). Ed. Sudamericana, Buenos Aires.
* Antonio Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas” (1987). Ed. Hyspamérica.
* Miguel Angel Scenna. “Mitre contra Avellaneda” (1974), en revista “Todo es Historia”, Nro. 167.

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