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La insurrección mitrista de 1874

La insurrección mitrista de 1874 significó uno de los últimos intentos del Partido Nacionalista de imponerse en el Gobierno Nacional. Su razón aparente fueron las prácticas fraudulentas en las elecciones a diputados nacionales, pero muchos historiadores han afirmado que se trató solamente de una excusa para lanzarse a la sedición.

La derrota de los Ejércitos de los generales Bartolomé Mitre y José Miguel Arredondo selló la suerte del partido nacionalista, que nunca recuperaría el poder frente a la hegemonía de más de 40 años del Partido Autonomista Nacional.

- Antecedentes

La derrota del Partido Federal se completó en la Argentina con las victorias del Gobierno Nacional, de claros antecedentes centralistas en dos campañas en las provincias:

* la primera fue la del federalismo del Interior, derrotada definitivamente con el fracaso de la llamada “Revolución de los Colorados”, en 1868. La resistencia del Interior cesó casi por completo con las dos derrotas de Ricardo López Jordán, en 1871 y 1873.

Pero el partido liberal -gobernante en Buenos Aires- se había dividido en dos:

- uno que seguía a los líderes provinciales y al vicepresidente Adolfo Alsina, llamado partido autonomista.
- el otro grupo, que permaneció leal al ex presidente Bartolomé Mitre y algunos seguidores del Interior y a los oficiales de origen uruguayo de su Ejército, pasó a la oposición a partir del comienzo del Gobierno de Domingo Faustino Sarmiento, en 1868.

Durante este Gobierno, los "liberales” se mantuvieron enfrentados -más retóricamente que en la práctica-, debido a la Guerra del Paraguay y a la rebelión jordanista pero, cuando ésta fue totalmente vencida, en 1873, comenzaron a enfrentarse más abiertamente.

Lógicamente, la primera causa de enfrentamiento serían las elecciones presidenciales: el mandato de Sarmiento terminaba en Octubre de 1874. Los seguidores de Mitre decidieron dar batalla en algunas provincias pero, claramente, la clave era la provincia de Buenos Aires, la más grande y aquélla en la que tenían un apoyo más notable.

Era su gobernador Mariano Acosta, autonomista, por lo que allí se daría la batalla electoral decisiva. El 1 de Febrero de 1874 se realizaron las elecciones para diputados nacionales en Buenos Aires.

Los candidatos mitristas eran Eduardo Costa, José María Gutiérrez y Norberto Quirno Costa, entre otros; por el partido autonomista iban monseñor León Federico Aneiros, obispo de Buenos Aires; Leandro N. Alem, Carlos Pellegrini, Bernardo de Irigoyen...

Los mitristas anunciaron que habían vencido en todos los distritos, pero que el fraude electoral le había arrebatado algunos. Unas semanas más tarde, la Legislatura porteña aceptaba las modificaciones de las autoridades electorales a las Actas y proclamó la victoria del partido autonomista.

Ante la evidente comisión de fraude y olvidándose de que ellos mismos habían organizado fraudes contra sus opositores en Buenos Aires y otras provincias, los mitristas anunciaron que se desconocían las elecciones y a los Diputados surgidos de ellas.

Pero no se levantaron contra el Gobierno, porque todavía faltaban las elecciones de presidente; éstas se realizaron el 12 de Abril de 1874. Los autonomistas ganaron en casi todas las provincias, menos en Buenos Aires, San Juan y Santiago del Estero. Por 146 electores contra 79, fue declarado presidente Nicolás Avellaneda, acompañado por Mariano Acosta.

El 12 de Junio de 1874 se reunieron en las capitales de provincia los electores de presidente elegidos dos meses antes. Mitre y Torrent obtuvieron los votos de Buenos Aires, Santiago del Estero y San Juan; los demás electores, incluso uno de Santiago de Estero, sufragaron por Avellaneda y Acosta.

Entonces sí, Mitre y sus partidarios se lanzaron a la conspiración abierta, desconociendo incluso la autoridad presidencial de Avellaneda que, dicho sea de paso, poco tenía que ver con las elecciones de diputados en Buenos Aires.

Los nacionalistas resolvieron estorbar por las armas el triunfo de sus adversarios. Mitre se opuso en un principio a la violencia, declarando públicamente que la peor de las votaciones legales vale más que la mejor revolución; pero los ánimos siguieron caldeándose, sobre todo cuando se excluyó a la representación porteña del partido en la Cámara de Diputados, y Mitre terminó por decir que la revolución era un derecho, un deber y una necesidad(1).

(1) Mitre. Manifiesto (Octubre de 1874), en: Bartolomé Mitre, Arengas, t. II (Buenos Aires, Biblioteca de “La Nación”, 1902), p. 202. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XII: “Proceso electoral de 1874”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Antes de formular tal declaración, solicitó su baja absoluta del Ejército y se embarcó para Montevideo. El 24 de Septiembre, "La Prensa", en un artículo firmado por el redactor en jefe, José C. Paz, anunció al pueblo que los ciudadanos patriotas resolvían -a partir de esa fecha- emplear el último recurso, por lo cual clausuraba la sección editorial del diario(2)

(2) Nro. 1.431, Septiembre 24 de 1874. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XII: “Proceso electoral de 1874”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Algunos pocos políticos de esa tendencia, Rawson entre ellos, continuaron como opositores al movimiento.

Como se indicó, Mitre mismo no estaba convencido -al principio- y pidió que no hubiera alzamientos antes del 12 de Octubre, fecha en que debía asumir Avellaneda. Semanas más tarde, anunció que “la peor de las votaciones legales vale más que la mejor de las revoluciones”. Pero el 18 de Julio de 1874, cuando la Cámara de Diputados aprobó las elecciones de diputados porteños, se pronunció por la insurrección. El resto de la conspiración se desarrolló sin Mitre, dirigida políticamente por Eduardo Costa, Rufino de Elizalde y Norberto Quirno Costa.

A favor de Mitre se esperaba que se pronunciaran los Gobiernos de Corrientes, San Luis, Santiago del Estero y San Juan, pero la mayor parte del éxito se esperaba de las milicias de los pueblos de la provincia de Buenos Aires.

- Estalla el levantamiento en Buenos Aires

El presidente Sarmiento sabía que se tramaba un levantamiento, por lo que decidió alejar a los jefes mitristas de las fuerzas que los podrían seguir. Ordenó al coronel Francisco Borges entregar las tropas de su mando; obligado por el compromiso de respetar al presidente que consideraba legal, Borges las entregó, pero cuando ordenó al comandante Erasmo Obligado entregar su nave, éste inició la insurrección.

Era el 23 de Septiembre de 1874: no habían esperado a la salida de Sarmiento.

Las dos naves -al mando de Obligado- se trasladaron al centro del Río de la Plata. Al día siguiente, el diario de José C. Paz, "La Prensa", anunció el inicio del levantamiento. Ese mismo día, Mitre se trasladó al Uruguay.

En Buenos Aires, el general Ignacio Rivas inició las acciones bélicas sublevando la guarnición de Azul, prevalido de sus funciones de Jefe de Fronteras; el 2 de Noviembre, Mitre se colocó a la cabeza del movimiento en el partido de Tordillo; más de seis mil hombres se pusieron a sus órdenes, incluso una tribu de indios al mando del cacique Cipriano Catriel, a quien esa adhesión acarreó luego una muerte trágica.

Los jefes de la insurrección en Buenos Aires se trasladaron al Interior de la provincia de Buenos Aires, dedicados a reunir las milicias de gauchos de las estancias. Entre los civiles que se trasladaron al Interior se contaban Paz, Estanislao Zeballos y Francisco Ramos Mejía.

Los jefes militares solicitaron la baja antes de reunirse al embrión del Ejército rebelde: eran los generales Ignacio Rivas y Juan Andrés Gelly y Obes, los coroneles Juan Carlos Boerr, Julián Murga y Francisco Borges. Este último fue el único que esperó al 12 de Octubre.

Los jefes del Ejército Nacional eran los generales Martín de Gainza y Julio de Vedia, y los coroneles Julio y Luis María Campos, que se limitaron a tratar de ubicar al Ejército de Rivas, sin poderlo acorralar.

Este se retiró hacia el sur de la provincia de Buenos Aires, combatiendo en una serie de encuentros menores en que la ventaja estuvo -en general- del lado del “Ejército constitucional” de Ignacio Rivas.

Tras reunir todos los grupos del Ejército, éste avanzó hacia el Tuyú (actual General Lavalle), donde desembarcó el general Mitre, que se puso al frente del improvisado pero numeroso Ejército.

Pocos días después, lanzaba una Proclama explicando su posición. Sarmiento la refutó por medio de la prensa el mismo día que la recibió.

Desde allí avanzó hacia Tandil. Sus tropas eran algo más de 5.000 hombres, casi todos de caballería y con la infantería armada con fusiles anticuados y en mal estado. Llevaba, además, unos mil auxiliares indígenas.

- La Verde

Mitre avanzaba hacia el Norte, tratando de reunir sus tropas a las de Arredondo, ante la imposibilidad de ocupar Buenos Aires con tropas tan mal armadas. En el arroyo Gualicho, cerca de Las Flores, derrotaron al regimiento de milicias del coronel Liborio Muzlera. Desde allí siguieron hacia el norte, esquivando a las tropas de Luis María Campos.

José C. Paz se trasladó con unos cuantos soldados hacia el Tuyú, donde se embarcó en las naves rebeldes y pasó a Montevideo, donde pensaba reunir armas. En el camino había logrado destruir un campamento del Ejército Nacional, pero en Montevideo fracasó completamente.

El 16 de Noviembre de 1874, Obligado entregaba sus naves en esa misma ciudad.

Mientras tanto, Mitre se sacó de encima al cacique Cipriano Catriel y al coronel Santiago Avendaño; estos fueron tomados prisioneros por el coronel Lagos y los entregó al hermano de Catriel Juan José Catriel, que los hizo asesinar y asumió el mando de su tribu.

El Ejército de Mitre siguió avanzando hacia el norte al frente de sus casi 5.000 hombres. Al llegar cerca de Chivilcoy se enteró de que el teniente coronel José Inocencio Arias se había atrincherado en la estancia La Verde, cerca de Nueve de Julio, al frente de 900 hombres del Regimiento 6 de Infantería de Línea y armados con fusiles Rémington.

Mitre podía pasar de largo, seguro de que no podrían perseguirlo con solo infantería, pero decidió no dejar enemigos a su espalda: se dirigió a La Verde e intimó rendición a Arias. Este había preparado la estancia, con cercos y zanjas, para resistir un asalto desde cualquier dirección.

Compensaba su debilidad numérica con una mayor capacidad de fuego, la excelente posición defensiva y la disciplina profesional de sus soldados del Regimiento 6 de Infantería de Línea. De modo que rechazó la exigencia de Mitre.

El 26 de Noviembre de 1874, Mitre ordenó un ataque en masa de su caballería pero, tras cuatro horas de lucha, perdió unos 260 hombres -incluyendo varios oficiales superiores- entre los cuales el más destacado fue el coronel Borges, de quien se dice que se hizo matar al ver que eran derrotados(3).

(3) Jorge Luis Borges. “El Hacedor” (1960), Buenos Aires; y “Atlas” (1984), Buenos Aires.

El teniente coronel José Inocencio Arias, con unos setecientos soldados, derrotará a los sediciosos en el combate de La Verde y el 2 de Diciembre los obligará a capitular en el pueblo de Junín, sobre la base de la amnistía para los ciudadanos, el indulto para los soldados y el respeto para la vida de los jefes y oficiales -excluido Mitre- a quien alojó como prisionero en el Cabildo de Luján.

La Legislatura de la provincia había ofrecido solemnemente los medios necesarios para que se ejerciera, contra los perturbadores de la paz, todo el rigor de la ley(4).

(4) Declaración de Septiembre 30 de 1874, en: Florencio del Mármol, "Notas y documentos sobre la revolución de Septiembre de 1874" (Buenos Aires, M. Biedma, 1876), p. 541. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XII: “Proceso electoral de 1874”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Los oficiales de Mitre habían vencido a todos los caudillos federales por su superioridad en la infantería; ahora eran vencidos por la misma razón.

La derrota obligó a Mitre a seguir su camino con su Ejército completamente desmoralizado, hasta rendirse el 3 de Diciembre de 1874 en Junín. Las condiciones que exigió Mitre, de correr él solo con toda la responsabilidad, fueron dejadas de lado. Los oficiales de Mitre fueron arrestados y dados de baja del Ejército

Sometidos a consejo de guerra, Mitre y otros jefes serán condenados a destierro.

- En el centro del país

En tanto, el general José Miguel Arredondo, veterano de las luchas contra los federales -aunque de origen uruguayo- era el líder de la insurrección en el Interior. Sublevó la frontera sur de la provincia de Córdoba, acto en que causará la muerte de su superior, el general Teófilo Ivanowski, manchándose la insurrección con esta muerte alevosa.

En San Luis, Arredondo había sublevado las tropas de frontera apostadas en Villa Mercedes, de Ivanowski. El gobernador de la provincia, Lindor L. Quiroga, adhirió al pronunciamiento. Tras asegurarse la alianza del gobernador, Arredondo se dirigió hacia el Norte. En su búsqueda salió el coronel Julio Argentino Roca, con las escasas fuerzas que logró trasladar desde Villa María.

Ante la superioridad numérica y de armamento de Arredondo, Roca lo dejó pasar hacia Córdoba. Aquél ocupó la ciudad el 3 de Octubre, donde aprovisionó generosamente a sus tropas y logró incorporar algunos soldados útiles. Pero ocupar la Ciudad de Córdoba no significaba mucho, si eso lo alejaba de las fuerzas rebeldes de Buenos Aires. Es que había ido a buscar la alianza del caudillo santiagueño Antonino Taboada.

Hasta el 7 de Octubre esperó noticias de Taboada, cuya ayuda descontaba; pero el jefe santiagueño no auxilió a su antiguo rival y éste debió abandonar Córdoba, donde la sublevación carecía de ambiente. Fuera por una antipatía personal o porque no quería dejarle el mando a Arredondo, Taboada le negó toda ayuda, de modo que aquél partió ese 7 de Octubre nuevamente hacia el sur, buscando la ayuda de Quiroga o la unión con el ejército de Mitre.

Roca maniobró cuidadosamente, interponiéndose entre las fuerzas rebeldes y los caminos a Buenos Aires, de modo que Arredondo llevó su Ejército a San Luis. El 24 de Octubre, Arredondo y Quiroga abandonaron San Luis, dejando esta provincia a cargo del comandante Gregorio Guiñazú, y abrieron operaciones sobre el Oeste.

Al día siguiente entró en San Luis el coronel Carlos Panelo, jefe de vanguardia de una división que, al mando del coronel Julio A. Roca, marchaba al encuentro de los sediciosos, y realizó un acto de intervención en su Gobierno, pues instaló en él al presidente de la Legislatura.

Desde San Luis, Arredondo partió hacia el Oeste al frente de 2.500 hombres, entre los cuales iban los ex gobernadores puntanos, Juan Barbeito y José Rufino Lucero y Sosa, y el gobernador Lindor Quiroga.

- Santa Rosa

Arredondo se dirigió hacia la provincia de Mendoza, sin que quedara nada claro qué buscaba allí que sirviera a un movimiento que intentaba atacar al Gobierno Nacional. Al entrar a Mendoza le salió al cruce el jefe de las milicias mendocinas, teniente coronel Amaro Catalán, quien fue rápidamente vencido en la primera batalla de Santa Rosa, el 29 de Octubre de 1874, y pagó su lealtad al Gobierno con la muerte en combate. Las fuerzas rebeldes causaron cerca de ciento cincuenta muertos.

El gobernador Francisco Civit se ocultó y huyó a Chile y Arredondo ocupó la capital mendocina. Los rebeldes eligieron un gobernador provisorio. 

A San Juan había ido un agente insurrecto con la misión de levantar la provincia, gobernada por adictos al Partido Nacional; más, el gobernador Manuel José Gómez Rufino se opuso a sus planes. 

Arredondo exigió al gobernador sanjuanino Gómez Rufino que se uniera a la sedición. Entonces, el propio Arredondo se dirigió a San Juan y el 5 de Noviembre obtuvo la renuncia del gobernador y designó uno provisorio en su reemplazo. Había ocupado San Juan el 3 de Noviembre de 1874 y nombró gobernador al unitario Sandalio Echevarría. Reunió contribuciones, requisó fondos de la Aduana, y aumentó sus efectivos.

Por su parte, Roca lo seguía de lejos, reuniendo todos los refuerzos que podía. Al saber que éste estaba por entrar en Mendoza, Arredondo regresó al lugar de la batalla anterior, Santa Rosa

Allí adoptó una posición fortificada, inundando además el campo en que debía maniobrar Roca; éste llegó frente a la posición de su enemigo, pero no atacó de frente, sino que estudió detenidamente el campo de batalla. Con la más absoluta lógica, se negó a atacar de frente. Justamente al revés de lo que había hecho Mitre.

Esa noche, un baqueano guió las fuerzas de Roca por el único sendero que podía esquivar la posición de los sediciosos. Estos estaban demasiado confiados para creer que eso se pudiera hacer.

A la mañana siguiente, 7 de Diciembre de 1874, Roca atacó por la retaguardia enemiga, sorprendiendo a las fuerzas de Arredondo en la segunda batalla de Santa Rosa. Pese a que se defendieron valientemente, fueron pronto superadas por las leales al Gobierno. Roca ganó allí el ascenso a General. Al día siguiente, Civit reasumió el Gobierno de Mendoza.

Roca había encontrado al desorientado Arredondo, que aún creía que el grueso de las fuerzas enemigas atacarían por el frente, y lo obligó a rendirse. La totalidad de las fuerzas vencidas fueron tomadas prisioneras o muertas.

Arredondo fue sometido a Consejo de Guerra pero, ante las amenazas de que podría ser fusilado, fue liberado y huyó a Chile. Se dijo que fue el mismo Roca quien lo ayudó a huir(5).

(5) Carta de Julio A. Roca a Miguel Juárez Celman del 24 de Febrero de 1875: “esa fuga me ha hecho quebrar con Civit y otros exaltados que pareciera que estuvieran en el año 1840; tal es el furor que manifiestan contra sus enemigos y contra los que creen que les han arrebatado la presa”.

Por esa época, el agente que los sediciosos habían dejado en San Juan, fugaba para Chile, y unos veinte ciudadanos designaban gobernador provisorio al doctor Hermógenes Ruiz; Gómez Rufino rehusó volver al Gobierno, del cual, aunque violentamente, había salido con menos dificultades que en 1858.

El 12 de Mayo de 1875, Rosauro Doncel asumió el cargo de gobernador. Arredondo no recibió ningún castigo, porque -ya se dijo- Roca le facilitó la fuga.

- La insurrección mitrista en Corrientes

El país entero estaba absorbido por la lucha presidencial. El 24 de Septiembre de 1874, al estallar en Buenos Aires un movimiento armado en contra de las autoridades nacionales -dirigido por el general Mitre- y, llegada la primera noticia a la provincia, de nuevo el coronel Aniceto Monzón se pronunció en armas contra el P. E., en el Departamento de Caá Catí. Refugiado en los bosques de la zona, inició la reunión de elementos ayudado de otros jefes .como él procesados. por la rebelión de 1873 ante el Juzgado Federal.

El coronel Reguera, con una fuerte división, marchó a dominarlo, volviendo al orden a esa rica zona tan castigada por la montonera, mientras Monzón huía para Ituzaingó dañando cruelmente la propiedad privada.

Desde el 25 de Septiembre de 1874 la provincia estaba en estado de sitio. Con mano de hierro, el gobernador Gelabert buscó los procedimientos eficaces para serenar la opinión y escogió el de silenciar a la prensa, que era toda militante en política.

Habiéndose movilizado a la Guardia Nacional, se usó del acuartelamiento de tropas para que tipógrafos y redactores no pudiesen dedicarse a sus actividades y los periódicos cesaron en su propaganda. Poco después, decretaba la creación (14 de Octubre de 1874) de dos divisiones de caballería de 1.000 hombres cada una, puestas a las órdenes de los coroneles Azcona y Reguera -para el sur y norte del río Corriente, respectivamente- y se creaban algunos acantonamientos en espera de órdenes del Gobierno Nacional.

- El estallido en Goya

Los hombres que seguían la política del general Mitre en la provincia resolvieron secundar este movimiento subversivo que, en caso de triunfo, podía cambiar la situación política de Corrientes.

En Corrientes, por fin, la revuelta estalla en Goya el 20 de Octubre de 1874, impidiendo de paso la realización de los comicios gubernativos.

Plácido Martínez, guerrero del Paraguay, jefe del celebrado batallón Goya durante la campaña jordanista que epilogó Ñaembé, fue encargado de la Jefatura Militar del movimiento, uno de cuyos focos debía ser la Ciudad de Goya, donde el prestigio del designado era evidente.

A las medidas preparatorias de la insurrección siguieron las precaucionales del Gobierno. Gelabert dispuso que el Jefe Político de Goya, Antonio Méndez, licenciase la Guardia Nacional de la localidad, conservando exclusivamente el piquete veterano, cuya fidelidad era indiscutible, desde que conocía los prestigios de Martínez y el peligro de una fuerza popular en que sus amigos debían ser numerosos.

Méndez desoyó al gobernante y fue así como Plácido Martínez -trasladado a Goya, con un grupo reducido de amigos, incluso su hermano, el doctor Juan Esteban Martínez- asaltó por la noche el local de la Jefatura Política y con su valor indiscutido, autoridad moral y la cooperación de buena parte de la Guardia -pronunciada a su favor- pudo adueñarse del Cuartel y luego de la ciudad y su zona inmediata.

Con los fondos reunidos entre sus partidarios y los de la Receptoría Provincial y Aduana Nacional, acumuló algunos recursos, congregando a las milicias de los Departamentos de Goya, Lavalle y Esquina en número de 1.500 hombres, con la cooperación del coronel Cecilio Carreras, ilustrado jefe de la epopeya contra Juan Manuel de Rosas.

El numeroso armamento que la provincia tenía en depósito en aquél punto hizo respetable al Ejército rebelde.

Mientras el gobernador Miguel Victorio Gelabert enviaba el batallón Guardia Provincial que, desembarcando en Lavalle, se ponía en condiciones de atacar, el presidente de la República disponía que algunas unidades de Santa Fe, puestas a las órdenes del coronel Manuel Obligado, Jefe de la Frontera del Chaco, marchasen a la provincia, bajo cuyo Comando General quedaron estas unidades.

Carreras y Martínez no presentaron batalla; después de remontar sus fuerzas hasta 2.000 hombres, abandonaron Goya, dirigiéndose hacia el centro de la provincia; vadeado el río Corriente en Paso Borda, establecieron el Campamento en las Puntas del Villanueva, en espera de incorporaciones que no se produjeron.

Una de ellas era la del célebre coronel Azcona, jefe de las fuerzas del sur del río Corriente, trabajado por los liberales nacionalistas, quien no se pronunció por constarle que dos escuadrones y parte de la infantería a sus órdenes no lo secundarían en sus propósitos.

El P. E. destituyó, el 24 de Noviembre de 1874, a este jefe de la división del sur quien, después de entregar el comando al coronel Reguera, se presentó -siguiendo Instrucciones del P. E.- al coronel Obligado, siendo enviado preso a Buenos Aires.

Avanzando el coronel Obligado sobre el campamento Villanueva, el Ejército sedicioso atravesó el Paiubre, vadeó el Corriente por Capitá Miní y pareció dirigirse hacia la Capital. El coronel Aniceto Monzón, en Caá Catí; el comandante Sandoval, en Concepción; el mayor Ojeda, en Itatí; y varios jefes subalternos de Saladas, se pusieron en armas para incorporarse a los insurrectos.

Las autoridades locales no fueron depuestas y, por el contrario, sirvieron con eficacia a los intereses del Gobierno. Cuando Martínez vio que las fuerzas de Obligado seguían sus huellas, se dirigió hacia Concepción, cruzó ese Departamento, los de San Miguel e Ituzaingó, salió en Candelaria (actual Misiones) y, despuntando el Iberá, volvió costeando el río Uruguay por Santo Tomé, La Cruz, Paso de los Libres y Monte Caseros.

En La Cruz hubo de sufrir un ataque sorpresa de las milicias locales y, desde Paso de los Libres, la hostilización de las fuerzas de los coroneles Juan C. Romero y Valerio Insaurralde, lo obligaron a cruzar el río.

- Plácido Martínez disuelve su Ejército

Una larga cruzada de veintiséis días la efectuó el ejército insubordinado bajo la presión del legalista, tanto que cuando Martínez disolvía el suyo en el Rincón de San Gregorio (Departamento Monte Caseros) para cruzar el Uruguay, el coronel Obligado ocupaba Paso de los Libres.

Por otra parte, la insurrección estaba vencida en la Nación; el presidente había triunfado en La Verde y Santa Rosa, y todo volvía a la tranquilidad bajo la presión poderosa de los intereses económicos vulnerados.

La insurrección de 1874 terminó por la disolución de sus autores en el Rincón de San Gregorio, sin haber obtenido otra ventaja que la toma de Goya.

Llegado el 25 de Diciembre de 1874 sin que se hubiese designado nuevo gobernador, Gelabert transmitió el cargo al presidente de la Legislatura quien, al cabo de dos meses, lo entregó a Juan V. Pampín, electo gobernador propietario. A principios de Diciembre de 1874 se habían disuelto las fuerzas reaccionarias, sabedoras de los fracasos de Buenos Aires y Cuyo y sin haber tenido que empeñar ningún combate.

- Consecuencias a nivel nacional

Con la rendición de Mitre, el levantamiento estaba totalmente vencido y la derrota final de Arredondo terminaba de cerrar el episodio que costó cerca de 5.000 vidas(6).

(6) Charles Edward Chapman. “Colonial Hispanic America: a history” (1938), p. 333. The Macmillan Company Press, Nueva York.

Avellaneda fue reconocido universalmente como presidente y el Partido Autonomista Nacional pudo gobernar sin sobresaltos y mantener de hecho su hegemonía, a pesar de cuatro insurrecciones en su contra, hasta 1916.

Las indecisiones de Mitre, la traición de Taboada, la incapacidad para reunir sus fuerzas y controlar la Marina, la decisión de no marchar sobre Buenos Aires o iniciar allí un foco de la insurrección, fueron algunas de las causas del fracaso del movimiento.

Las diferencias en organización y armamento fueron otras. El embajador norteamericano Thomas Osborn, en su Informe manifestaría que el movimiento sedicioso había sido “vencido por el ferrocarril, el telégrafo y los Remington”.

En efecto, durante la insurrección de 1874, el control de la red de telegrafía eléctrica para su uso político y militar ya era una prioridad, siendo la primera campaña militar en que las operaciones se basaron en su uso.

Ya el 28 de Septiembre de 1874, cuando Julio Argentino Roca se encontraba en Villa María y era nombrado Comandante de los Ejércitos del Norte, mantuvo una larga conferencia telegráfica con el presidente Sarmiento para establecer el plan de campaña.

Pero esto era reconocido por ambos bandos. Una de las primeras medidas del general insurrecto José Miguel Arredondo fue poner gente de confianza a operar el telégrafo, justificada rápidamente cuando Sarmiento enviaba un telegrama -el 23 de Septiembre- ordenando a su subordinado Teófilo Ivanowsky que lo vigilara en previsión del cercano estallido sedicioso(6).

(6) Con candor y lealtad a su oficial superior y amigo antes que a su Comandante en Jefe, Ivanowsky mostró ésta y las posteriores misivas a Arredondo, hasta su trágica muerte. Iniciada la insurrección el 24 de Septiembre de 1874, Sarmiento envió un nuevo telegrama ordenando a Ivanowsky la detención de Arredondo, pero el operador Cevallos -telegrafista de Villa Mercedes- controlado por un oficial, llevó el mensaje a Arredondo, quien se acercó a la estación y haciéndose pasar por Ivanowski respondió a Sarmiento solicitando Instrucciones para el caso de resistencia, a lo que el presidente respondió: “Fusílelo sobre el tambor, sin trámite, por traidor”, a lo que Arredondo respondió: “Pues, váyase al diablo viejo loco”.

Cuando el general Ignacio Rivas marchó sobre Chivilcoy, una de sus medidas fue despachar una columna al mando del sargento mayor Pedro Michemberg para cortar las comunicaciones del Gobierno cortando los hilos telegráficos e inutilizando las vías del Ferrocarril del Oeste.

Las ideas sobre el régimen federal habían andado buen camino, y nadie pensó en intervenir en las provincias conflagradas al efecto del castigo de los rebeldes. El Ejecutivo los reprimió sin acordar intervenciones, y el Congreso se circunscribió a autorizar la movilización de milicias en toda la República, a efectuar los gastos pertinentes y a implantar el estado de sitio en las cuatro provincias litorales (ley Nro. 684),

El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina, reunidos en Congreso, etcétera, sancionan con fuerza de

LEY:

Art. 1.- Decláranse en estado de sitio por el término de sesenta días, las Provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes.
Art. 2.- Autorízase al Poder Ejecutivo, para movilizar en toda la República, las Milicias que crea necesarias para mantener el orden público.
Art. 3.- Autorízasele igualmente para hacer todos los gastos que demande la ejecución de la presente Ley.
Art. 4.- Comuníquese al Poder Ejecutivo.

Dada en la Sala de Sesiones del Congreso Argentino, en Buenos Aires, a los veinticuatro días del mes de Septiembre de mil ochocientos setenta y cuatro.

            ADOLFO ALSINA                                    LUIS SAENZ PEÑA
            Carlos M. Saravia                                       Bernardo Solveyra
         Secretario del Senado                 Secretario de la Cámara de Diputados

Departamento del Interior

Buenos Aires, Septiembre 24 de 1874

Cúmplase, comuníquese, publíquese y dése al Registro Nacional

SARMIENTO
Uladislao Frías

Estado de Sitio que luego extendió a todo el país (ley Nro. 685):

El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina, reunidos en Congreso, etcétera, sancionan con fuerza de

LEY:

Art. 1.- Declárase en estado de sitio todo el territorio de la República por el término de sesenta días.
Art. 2.- Comuníquese al Poder Ejecutivo.

Dada en la Sala de Sesiones del Congreso Argentino, en Buenos Aires, a los veintiséis días del mes de Septiembre de mil ochocientos setenta y cuatro.

                 ADOLFO ALSINA                                  LUIS SAENZ PEÑA
                 Carlos M. Saravia                                          Delfín Gallo
              Secretario del Senado                              Diputado Secretario

Departamento del Interior

Buenos Aires, Septiembre 26 de 1874

Cúmplase, comuníquese, publíquese y dése al Registro Nacional.

SARMIENTO
Uladislao Frías

El 12 de Octubre, Nicolás Avellaneda asumió el cargo de Presidente. Alsina le prestaba el apoyo de su popularidad. El mismo día 12, presidiendo el Congreso en pleno, se permitió aconsejarle que recorriera las leyes penales para saber cómo se castiga a los traidores(8).

(8) Senado, sesión de Octubre 12 de 1874. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XII: “Proceso electoral de 1874”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Acto seguido, aceptó la cartera de Guerra y Marina, como para rubricar con los hechos el compromiso contraído de palabra. Avellaneda dejaba así de ser el presidente impuesto a Buenos Aires por las provincias, ya que obtenía la colaboración del más genuino representante de los localistas porteños.

En medio de las maquinaciones y rencores, a los que el patriotismo del presidente sabría poner fin, el sentimiento de la unidad nacional se salvaba y afianzaba.

- Bibliografía

* Omar López Mato. Historia de la Revolución Olvidada (1874). Ed. Olmo, BuenosAires, reedición en 2005.
* Félix Luna. Nicolás Avellaneda. Ed. Planeta, Buenos Aires.
* Guillermo H. Gassio y María C. San Román. La Conquista del Progreso (Memorial de la Patria) (1984), tomo XIV. Ed. La Bastilla, Buenos Aires.
* Juan Carlos Vedoya. La Magra Cosecha (Memorial de la Patria) (1984), tomo XIII, Ed. La Bastilla, Buenos Aires.
* Félix Luna. Soy Roca (1989). Ed. Sudamericana, Buenos Aires.
* Antonio Zinny. Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas (1987). Ed. Hyspamérica.
* Miguel Angel Scenna. Mitre contra Avellaneda (1974), en revista “Todo es Historia”, Nro. 167.

* Luis H. Sommariva. Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias (1931), tomo I. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

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