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LA GUERRA CIVIL DE 1878

- Antecedentes internos

En 1874, la revolución de los mitristas, que no aceptaron el triunfo del doctor Nicolás Avellaneda en las elecciones presidenciales sobre el general Bartolomé Mitre, que aspiraba a un nuevo mandato, tuvo su correspondiente levantamiento en la provincia de Corrientes cuando los liberales mitristas, encabezados por Plácido Martínez, se pronunciaron contra el Gobierno de Manuel Victorio Gelabert que representaba al fusionismo, alianza del federalismo y un sector del liberalismo.

Finalmente, los insurrectos fueron vencidos en los órdenes nacional y provincial y, en Corrientes, con el regreso de la paz, el gobernador Gelabert, dando un ejemplo poco común en aquellos tiempos, mantuvo una elogiable prescindencia en materia electoral y no se pronunció a favor de ninguna candidatura.

Como los comicios de electores no pudieron realizarse en término, debido al levantamiento, y su período finalizó, entregó el Poder Ejecutivo al presidente de la Cámara de Representantes, Antonio Cabral, el 25 de Diciembre de 1874.

Por fin, las elecciones pudieron realizarse y resultó triunfante una fórmula de conspicuos fusionistas: Juan Vicente Pampín, liberal, y José Luis Madariaga, federal, que asumieron el 15 de Febrero de 1875.

A este Gobierno le cupo la tarea de llevar a cabo -en el orden provincial- la política de conciliación que, en el orden nacional, encaró el presidente Avellaneda. Se amnistió a los rebeldes de ayer, aunque se excluyó a Plácido Martínez por el proceso que se le seguía, por haber dispuesto de los fondos de la Aduana Nacional de la Ciudad de Goya y la amnistía no comprendía a los delitos conexos.

Pero Pampín apenas pudo gobernar un poco más de un año, pues falleció el 9 de Marzo de 1876, y quedó al frente de la provincia el vicegobernador Madariaga, que era miembro del partido federal que, paradójicamente, a pesar de la alianza, había hecho oposición a Pampín por medio del periódico “La Verdad”.

Varios proyectos, que el finado gobernador había querido llevar a la práctica, fracasaron a su muerte. Sin embargo, se pensó que podría volverse a la política de conciliación del fusionismo, pero los ministros liberales -recién designados- los doctores José Luis Cabral y Nicanor García de Cossio, renunciaron el 6 de Abril y fue nombrado Secretario General el doctor Severo Fernández, federal.

Este cambio obedeció a un curioso incidente que da una pauta del antagonismo político que existía, que hasta llegaba al terreno de la agresión personal.

Dirigiéndose el ex gobernador Gelabert a la Casa de Gobierno, fue atacado por un grupo de personas entre las que se encontraba un ex Jefe de Policía de Pampín. El agredido fue oportunamente defendido por el capitán Solís, que casualmente se encontraba en el lugar, y consiguió conservar su integridad física.

Llegado Gelabert a la Casa de Gobierno requirió la intervención de la fuerza pública y, airadamente, solicitó al gobernador que se castigara a los autores del atropello.

Pero ahí no terminaron las cosas y el procedimiento de intimidación por parte de los opositores también se extendió al Secretario General, doctor Fernández, quien fue agredido en la vía pública, revólver en mano, por una eminente figura del liberalismo, el doctor Manuel Florencio Mantilla.

También Fernández fue oportunamente salvado, aunque esta vez por dos distinguidas señoras, Dolores Hidalgo de Toledo y Luisa Blanco que, enérgicamente, se interpusieron entre el agresor y el agredido(1).

(1) Hernán Félix Gómez. “Los Ultimos Sesenta Años de Democracia y Gobierno en la Provincia de Corrientes. 1870-1930” (1931), p. 105. Ed. L. J. Rosso, Buenos Aires. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

El gobernador repudió estos ataques, llevados a cabo por adictos al ex gobernador Pampín que se sentían desplazados por la nueva situación, produciéndose así el alejamiento del Gobierno de los liberales fusionistas, que pasaron decididamente a la oposición y tuvieron como vocero al periódico “El Argos” del que era copropietario el doctor Mantilla.

A mediados de 1876 se produjo en Entre Ríos el tercer levantamiento de Ricardo López Jordán, el caudillo que había regresado por segunda vez desde el exilio para enfrentar al Gobierno de su provincia y al de la Nación y, de acuerdo con el decreto nacional que establecía el estado de sitio en las cuatro provincias litorales, el Gobierno correntino lo declaró el 28 de Noviembre pero, como la oposición, justo en esos momentos tan álgidos, arreció en su violenta campaña, se tomaron medidas contra ella, siendo clausurados sus órganos periodísticos “El Argos” y “La Campaña” y, a raíz de su violenta prédica, Mantilla fue puesto preso en seis oportunidades.

Pero, finalmente, la política de conciliación del presidente Avellaneda posibilitó que se aplacaran los ánimos en la provincia.

- Elecciones paralelas en Corrientes

Desde el 2 de Abril de 1877 ocupó el Ministerio de Hacienda de la provincia el doctor Manuel Derqui, jefe del partido federal, quien renunció el 12 de Noviembre, de ese mismo año, para ocupar el primer término de la fórmula gubernamental del partido autonomista, denominación que había adoptado el partido federal en las elecciones que se avecinaban.

La oposición de los nacionalistas (mitristas) y los liberales reapareció nuevamente y el doctor Mantilla fundó el periódico “La Libertad”, sosteniendo de esta manera su posición netamente opositora:

Estamos mal y pronto estaremos peor. La fatalidad hizo dueño del poder a un partido funesto en los anales de nuestra historia y consecuencia de ese hecho imprevisto e inevitable -se refería a la muerte de Pampín- es el malestar profundo que reina social y políticamente...
Todo mi anhelo es ver por el suelo, por las vías legales, el grosero esqueleto que nos domina y con cualquiera y a favor de cualquiera estaré, con tal que sea contra la actualidad(2).

(2) Emilio Méndez Paz. “Periódicos Correntinos. 1825-1900” (1953), pp. 49-50, Buenos Aires. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

Mantilla levantó la bandera de la reconstrucción liberal y encontró eco en “El Constitucionalista”, órgano de los nacionalistas, fundado y dirigido por el doctor Miguel G. Morel, que definió así su posición en el primer número:

Es tiempo ya que trabajemos para destruir el despotismo que pesa sobre Corrientes (...). He aquí una de las fases de nuestro programa: la unión de todos los liberales...(3).

(3) Emilio Méndez Paz. “Periódicos Correntinos. 1825-1900” (1953), pp. 51-52, Buenos Aires. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

La divisa celeste convocaba otra vez a todos los liberales para unirse y embestir, como un toro de lidia, contra el rojo emblema de su inveterado enemigo.

El 11 de Noviembre de 1877 se realizó un gran acto de los autonomistas que integraban el Club Nacional, en la Ciudad de Corrientes, para proclamar la candidatura del doctor Derqui.

El entusiasmo partidario fue enorme y los oradores fueron interrumpidos en numerosas ocasiones por los vivas y sapukai de la multitud y, cosa curiosa, a esta adhesión popular se sumó un pronunciamiento de la mayoría de la juventud del Colegio Nacional que podría considerarse más consustanciada con el pensamiento y las prácticas de los doctores liberales.

Por su parte, en el sector liberal, llegando al límite de la actitud de enfrentamiento con el oficialismo, se aceptó un novedoso proyecto traído de las prácticas norteamericanas por el doctor Mantilla. Consistía en que, frente al aparato comicial del Gobierno, los liberales harían otros comicios paralelos, compitiendo con aquél en la atracción de los electores y garantizando su desarrollo con hombres armados.

De esta manera no habría lucha cívica, porque cada bando recibiría sus votos en sus propias urnas, realizaría su propio escrutinio, reuniría su propio Colegio Electoral y elegiría su propia fórmula sin oposición. Mantilla dijo al respecto:

Nuestra fórmula irá al Gobierno por la legalidad o, en su defecto, por la fuerza(4).

(4) Hernán Félix Gómez. “Toledo, el Bravo (Crónica de las Guerras Civiles del Período Oligárquico)” (1944), p. 12. Editorial Corrientes, Corrientes. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

Los liberales aceptaron este plan, a falta de una mejor proposición -no muy convencidos de sus bondades- y además pensando que en el futuro se podía revertir en su contra, cosa que efectivamente ocurrió(5).

(5) La repetición de los comicios paralelos se produjo el 28 de Marzo de 1909, siendo gobernador el liberal Martín Goitia, cuando debían renovarse los diputados y senadores provinciales de la Primera Sección Electoral de la provincia. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

La intención de este bando era que, ante el desquicio institucional que se produciría por haber dos gobernadores elegidos y proclamados, el Gobierno Nacional enviara la Intervención Federal a la provincia y llamara a elecciones nuevamente bajo su vigilancia.

El presidente de la República seguía atentamente la situación correntina y tenía la esperanza de que el acto eleccionario transcurriera por los carriles normales, sin saber, claro está, lo que se proponían los liberales. En una nota al gobernador del Chaco, teniente coronel Pantaleón Gómez, le decía:

No hay inconveniente en que V.E. se quede en Corrientes. V. E. conoce ya mi modo de pensar. Deseo ante todo que se verifique un acuerdo entre los partidos y si esto no fuese posible, espero que la lucha se mantenga en los límites de la legalidad y la moderación, sin que haya violencias ni abusos de parte de unos ni de otros(6).

(6) Periódico “La Verdad” del 15 de Noviembre de 1877. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

Para tratar de hacer realidad los deseos de Avellaneda, el gobernador del Chaco reunió el 14 de Noviembre, en la casa donde paraba, a los presidentes y secretarios de los clubes Nacional (autonomista) y Constitucional (liberal) a los cuales, aparentemente, logró poner de acuerdo para que se garantizara el orden en los comicios y la libertad de sufragio.

Al expresar su conformidad con las bases acordadas, Mantilla dijo que mediante ese arreglo, el partido que resultase vencido no habría de protestar, teniendo que conformarse con su suerte; y que era tal su satisfacción que desde luego deberían cesar los rencores del partidismo(7).

(7) Periódico “La Verdad” del 18 de Noviembre de 1877. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

Pero a pesar del presunto acuerdo, el 16 de Noviembre, fecha de los comicios de electores, fue de verdadera guerra en la provincia y, como no podía ser de otra manera, máxime que había Mesas de votos paralelas, los dos bandos se atribuyeron el triunfo.

Los liberales acusaron al oficialismo de fraude y al gobernador del Chaco de haber actuado de mala fe.

El 6 de Diciembre se reunió la Junta Electoral con 14 electores del partido nacional y 9 del constitucional (éstos eran los reconocidos por el oficialismo), eligiéndose presidente provisorio a Gelabert y vicepresidentes a Fernández y Gómez.

Los liberales, en un primer intento, quisieron hacer reconocer otros nueve electores, cosa que no prosperó, y cuando en la sesión citada para el 10 de Diciembre estos últimos quisieron ingresar en el recinto, el presidente los hizo expulsar por medio de la fuerza pública.

Los liberales protestaron airadamente, arguyendo que sus diplomas tenían la misma legalidad que los de los electores oficiales y que solamente la Junta Electoral podía resolver sobre ellos. Ante esta situación, se retiraron a la casa deshabitada perteneciente a la testamentaria de Juan V. Pampín, situada en la esquina de las calles Independencia y Salta.

Ahí, los dieciocho electores liberales, reunidos ese mismo día en su propio Colegio Electoral, con la presidencia de Raymundo Reguera y la secretaría de Valentín Virasoro, eligieron gobernador al doctor Felipe J. Cabral y vicegobernador a Juan Esteban Martínez.

Por su parte los autonomistas, reunidos en su Colegio Electoral el 15 de Diciembre, proclamaron el triunfo de su fórmula integrada por el doctor Manuel Derqui y el coronel Miguel Wenceslao Fernández.

Inmediatamente, el periódico liberal “La Libertad”, en su edición del día 19, expresó abiertamente, en un editorial titulado “La Intervención”, aunque sin decir explícitamente que eso era lo que se habían propuesto lograr y cuál era la solución para la situación planteada:

El Gobierno de la Nación no tiene intervención en los asuntos locales de los Estados más que en casos determinados y especiales que la Constitución de la República consagra (...).
El actual estado de las cosas en Corrientes es una de las especialidades cuya solución única depende de la Intervención Nacional (...). El Gobierno Nacional tiene que reconocer forzosamente a uno de los gobernadores; no puede quedarse con ambos, pero, ¿cuál será la regla de su criterio? ¿En qué se fundará para decir: Cabral y no Derqui; Derqui y no Cabral? (...)
El Gobierno Nacional está solicitado en estos momentos por la fuerza del poder oficial que sostiene a Derqui y por la fuerza popular que sostiene a Cabral (...) Para esto sólo la intervención es eficaz, el único medio legítimo de que puede echarse mano...(8).

(8) Periódico “La Libertad” del 19 de Diciembre de 1977. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

El doctor Cabral solicitó al gobernador Madariaga la entrega del mando, porque consideraba que había sido elegido por los legítimos electores.

Pero, como no podía ser de otra manera, su pedido no fue atendido y, por el contrario, el 25 de Diciembre el traspaso del poder fue hecho al doctor Derqui.

- Mediación de ministros nacionales e insurrección liberal

Ante el fracaso de su solicitud al gobernador Madariaga, Cabral se dirigió al presidente de la República urgiendo el envío de la Intervención Federal a la provincia.

Avellaneda, que seguía con la esperanza de que la cuestión se solucionara en forma pacífica y duradera, decidió enviar a Corrientes una misión de paz y conciliación integrada por sus ministros de Justicia, Culto e Instrucción Pública, doctor José María Gutiérrez, y de Hacienda, doctor Victorino de la Plaza, quienes llegaron a la capital correntina el 15 de Enero de 1878 y lograron una tregua en el enfrentamiento.

Lamentablemente, el periódico “La Libertad” no contribuía a calmar los ánimos, pues difundía noticias alarmantes para los liberales que, por su tremendismo, se hacían poco creíbles, pero no hay dudas de que en esa Corrientes, de ánimos alterados, causarían el efecto buscado.

En su edición del 26 de Enero decía que los situacionistas se habían reunido en la casa de Derqui y tratado la suerte de los opositores para después que se fueran los ministros nacionales. Expresaba que había quedado resuelto

que tan luego como los Sres. Ministros vuelvan a Buenos Aires, serían prendidos y desterrados los principales hombres del partido liberal, arrasados sus establecimientos y dispersado el partido...(9).

(9) Periódico “La Libertad” del 26 de Enero de 1878. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

Teniendo como base la permanencia del legítimo Gobierno de Derqui, la misión propuso varias fórmulas que, finalmente, no fueron aceptadas por los liberales. Los más intransigentes eran los nacionalistas, encabezados por el seudovicegobernador Juan Esteban Martínez, quienes mantenían gente armada en los campos y en los montes, estando al frente de ella el hermano de aquél, Plácido Martínez.

Por fin, fracasada la mediación y retirados los mediadores, estalló la sedición, a pesar de que en “La Libertad” se negaba terminantemente que ello fuera a ocurrir.

De acuerdo a los planes trazados con anterioridad, Plácido Martínez salió de los montes y al frente de 500 hombres sorprendió y tomó las Guardias que el Gobierno tenía en los pasos Chañaral y Borda -del río Batel- y Lucero y Caá Guazú, del río Corriente.

A sus fuerzas se unió el coronel Raymundo F. Reguera, jefe que antes se había distinguido por estar siempre al servicio del orden constitucional, que levantó a la campaña de San Roque y venció al coronel Soto, gubernamental, en Cañada Mala.

En Mercedes se pronunció a favor de la insurrección el coronel Marcos Azcona, seguido por varios jefes, quedando enfrentado al coronel Luciano Cáceres, jefe gubernamental en Curuzú Cuatiá.

En Empedrado, los rebeldes vencieron a los oficialistas que recién habían desembarcado, obligándolos a reembarcarse y volver a la capital. En Cerrito, del Batel, se concentraron las fuerzas rebeldes que sumaban en total 5.800 efectivos de varios Departamentos.

Por su parte, las fuerzas gubernamentales sumaban 2.500 hombres, aunque el número inferior se compensaba con la superior calidad de la infantería, al mando del mayor José Toledo, “el Bravo”.

El 17 de Febrero de 1878 las fuerzas insurgentes vencieron a las gubernamentales sobre el río Batel y, dos días después, en las Puntas de Ifrán se libró una batalla decisiva luego de que las fuerzas legalistas dejaron pasar inexplicablemente varias situaciones favorables para vencer al enemigo, cosa que quizá pueda atribuirse a la irregularidad e irresolución que había en ellas por tener doble comando a cargo de los coroneles Luciano Cáceres y Onofre Aguirre.

Estos dos jefes encontraron la muerte en esta batalla, luego de haberse batido valientemente al frente de sus tropas, inferiores en número a las que comandaba el coronel Reguera. Toledo, “el Bravo”, consiguió garantías de Reguera para retirarse con sus hombres y sus armas, embarcarse en Puerto Lavalle y salir de la provincia.

Pero vale la pena detenerse en esta épica acción para dar una idea de cómo se luchaba en Corrientes en esas infelices guerras civiles que eran iniciadas e impelidas, más que por las ideas y principios, por las ambiciones personales de los dirigentes políticos

Se seguirá el relato que hace de ella el distinguido historiador Hernán Félix Gómez:

En el frente de batalla sólo quedan las infanterías de Toledo, formadas en cuadro, y un escuadrón fuerte de cuatrocientos hombres. Es el regimiento de Juan Colorado, el guerrillero espléndido de coraje.
Cáceres toma su mando y carga; no tiene a su frente sino la división de la extrema izquierda que comanda Azula, porque el resto de la línea es entrevero y maldición, y a ella se dirige.
Los de Empedrado también atacan y el encuentro es rudo. Ceden los ‘colorados’ paso a paso; el valor de los jefes no claudica en la derrota; Cáceres es muerto por un soldado de Reguera; su lanza -rota en varios pedazos- es reconocida luego por una amable dedicatoria de amistad (...)
Aguirre también perece; no ha querido rendirse. Pero la nota inolvidable de Ifrán fue la infantería del coronel Toledo.
Los pocos cartuchos que se habían distribuido a los soldados, reclutados a la fuerza, fueron disparados sin tino, al aire, sin acertar. Y esto se transmitió al coronel por los oficiales y fieles. Eran éstos y los clases, los únicos amunicionados con abundancia y, por otra parte, los armados con Remington y afiladas bayonetas. Lo demás era un bosque de armas anticuadas.
Dispersa la caballería y derrotado el famoso escuadrón de ‘colorados’, las fuerzas liberales marcharon sobre los infantes de Toledo. Dio entonces la orden de formar cuadro y el cuadro fue organizado con regularidad maravillosa.
“- Pasó atrás los oficiales y clases.
“- Bandera de parlamento.
La división Reguera, que encabezaba la carga, sofrenó los potros y avanzó el mensajero de los oficialistas, don Desiderio D. Dante, forzado como tanto liberal a servir en sus fuerzas.
“- De parte del coronel Toledo. Va a retirarse del campo con la infantería en cuadro. Al primer amago, la oficialidad dará muerte a los soldados liberales de Goya (éstos eran prisioneros).
La masa de caballería había aumentado, pero también el terror de ese doble cuadro de infantes, en cuyo centro el coronel, pistola en mano, con el sable en la otra, tenía a todos pendientes de la orden.
El coronel Reguera propuso la solución. Concedíase garantía de vida al coronel Toledo y a los hombres que deseasen seguirlo. Los otros debían ser entregados. Podían conservar sus armas. Y sobre esa actitud generosa, lograda con arrojo, Toledo y sus leales se embarcaron en Puerto Lavalle hacia el exilio(10).

(10) Hernán Félix Gómez. “Toledo, el Bravo (Crónica de las Guerras Civiles del Período Oligárquico)” (1944), pp. 28-29. Editorial Corrientes, Corrientes. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

Después de los hechos anteriores, los liberales ocuparon la Ciudad de Goya y establecieron un Gobierno Provisorio ejercido por Juan Esteban Martínez como vicegobernador a cargo del Poder Ejecutivo, teniendo a Mantilla como Ministro General.

Además, los liberales vencieron a los gubernamentales en Yatay, cerca de Paso de los Libres, y en dieciocho Departamentos se establecieron autoridades insurrectas.

El Ejército insurgente se elevó a diez mil hombres, cosa que prácticamente les aseguraba la toma de la capital.

Por su parte, Derqui intentaba resistir en ella organizando tropas de infantería, pero mantenía su autoridad solamente en siete Departamentos.

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