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ORIGEN DEL MOVIMIENTO SEDICIOSO LIBERAL DE 1877/1878

El doctor Ricardo Harvey (1928-2011) -un hombre que ha dedicado gran parte de su vida a la función pública, al ejercicio de la docencia y a la investigación- hace una síntesis feliz de los hechos registrados en Corrientes en los años 1877 y 1878.

Su visión -junto a la de otros autores- difiere de la interpretación que el autor intelectual del movimiento, el doctor Manuel Florencio Mantilla, hará de los sangrientos sucesos registrados en esos días. Ya en la última década del siglo XIX, el autor de la estrategia desplegada por su partido no dudará en identificar al movimiento como una "revolución"(1), pero nada estuvo más lejos de ello.

(1) Ver: Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891), passim. San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Relata el doctor Ricardo Harvey:

"Al término de la gestión Madariaga, la provincia estaba dividida en tres sectores políticos claramente definidos: los federales gubernistas; los nacionalistas o mitristas, y los liberales, existiendo concomitancia entre estos dos últimos que, en el fondo, pertenecían a un común tronco liberal".

Tras esta introducción, Harvey señala:

"Ante los comicios de renovación gubernativa, el oficialismo y la oposición se aprestaron como para una contienda bélica y los actos de fuerza se multiplicaron.
"A instancias del doctor Manuel Florencio Mantilla, y siguiendo un precedente norteamericano, los liberales organizaron un comicio paralelo, atribuyéndose ambos sectores el triunfo, y organizando sus propios Colegios Electorales.
"El gubernista eligió como gobernador y vicegobernador a los federales Manuel Derqui y Wenceslao Fernández y, el de la oposición, lo hizo en las personas de los doctores Felipe J. Cabral y Juan Esteban Martínez.
"El proceso estaba concebido con el fin de provocar una situación de violencia institucional y con ello provocar la Intervención Nacional, que se esperaba pudiera favorecer a los opositores o, por lo menos, truncar la gobernación del partido federal.
"Poco interesaba, en este momento, la política de Conciliación que había sido iniciada por el presidente Avellaneda en Mayo de 1877 y concretada en un solemne acto cívico el 7 de Octubre de ese mismo año"(2).

(2) Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Gobernadores constitucionales de Corrientes que no concluyeron su mandato” - página electrónica.

- El contexto del movimiento

Otro historiador, el doctor Dardo Ramírez Braschi, brinda el contexto en el que se produjo el movimiento subversivo. Hablando de las consecuencias de la Guerra del Paraguay en los países Aliados y Corrientes en particular, éste dijo lo siguiente:

"La sucesión presidencial de los años siguientes a la contienda fue consolidándose. Cuestiones pendientes del Estado Argentino, como ser inmigración, producción, educación, dominio de los territorios nacionales ante el poblador original, transformaron rápidamente al país, solidificándose el Poder Central.
"A nivel político, el mitrismo soportó importantes consecuencias a raíz de la guerra: sus costos fueron altos y el más evidente fue que perdió el manejo político del país por el resto de la vida pública de su líder. Esta derrota del mitrismo dio lugar a otras fuerzas políticas, haciendo que los próximos presidentes argentinos -pese a ser oriundos del Interior- no tuvieran un carácter federal. La solidificación del roquismo sellará la derrota definitiva del mitrismo, aunque hay que decir que éste dejó huellas permanentes en el gen político argentino (...).
"Las presidencias consecutivas de Sarmiento, Avellaneda y Roca marcarán aquella política. Estos tres presidentes -en tiempos de guerra- estuvieron vinculados de una u otra manera al conflicto y, Roca, puntualmente, combatió como soldado en los campos de batalla paraguayos (Paso de la Patria, Estero Bellaco, Tuyutí, Boquerón y Curupayty).
"Hay que recordar también que años inmediatos a la guerra y una vez terminada ésta, el Gobierno argentino -alejada ya la guerra- centralizó sus prioridades en neutralizar las últimas rebeliones de caudillos como las de Ricardo López Jordán(h) -en los años 1870/1871- con la batalla de Ñaembé; e impidiendo que Felipe Varela intentase, desde Bolivia, un último alzamiento en Enero de 1869. El Gobierno Central apaciguó algunos focos rebeldes provinciales, lo que le valió al presidente Sarmiento fortalecer un proceso de unificación y solidificación institucional.
"Paradójicamente, en Corrientes, teatro de la guerra en 1865, ocurrió algo inverso a lo sucedido en el país: la contienda internacional dejó como consecuencia -y durante toda la década posterior- un incremento de las luchas políticas, en las que estuvo el Gobierno Nacional estrechamente involucrado.
"El mitrismo y el autonomismo se vieron representados a nivel local y el golpe de Estado se volvió normal: Evaristo López Soto, derrocado por el mitrismo (1868); Agustín Pedro Justo, derribado por el denominado 'fusionismo', nacido a fuego desde la política presidencial de Sarmiento (1872); luego el abatimiento de la Administración de Manuel Derqui, por fuerzas liberales-mitristas (1878); y, finalmente la caída del Gobierno de Felipe José Cabral a manos del Gobierno Nacional, encarnado por Avellaneda-Roca".

Ramírez Braschi dice después:

"Esta historia de fracasos institucionales implicó fracturas importantes severas en los bandos correntinos en pugna: liberales y autonomistas se asesinaron en los campos de batalla, logrando sólo el cercenamiento territorial. Aquéllos que formaron estrechas filas de un Ejército combatiendo en el Paraguay, después se desconocieron, luchando frenéticamente en disputas políticas provinciales"(3).

(3) Dardo Rodolfo Ramírez Braschi es un historiador oriundo de Esquina. Es el actual Presidente y Miembro de Número de la Junta de Historia de la provincia de Corrientes y Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina. Asimismo, Ramírez Braschi es Miembro Correspondiente en la provincia de Corrientes de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Abogado, Magister en Ciencias Políticas, Doctor en Derecho, sus principales actividades académicas se focalizan en la docencia universitaria. Autor de obras especializadas; hoy es un referente oligado de la historia correntina.

Finalmente, Ramírez Braschi sintetiza -en un párrafo- la consecuencias nefastas de estos desencuentros entre correntinos:

"En fin, Corrientes, se empequeñeció.
"Evidentemente, tras los destellos de la guerra del Paraguay, después de ella nada será igual y los cambios surgidos marcarán una nueva etapa para Corrientes y el país". 

Los conceptos son terminantes; hasta es probable que la insurgencia liberal correntina ni siquiera se haya gestado en la provincia, sino en Buenos Aires, ya que los motivos que la impulsaron estaban directamente ligados a hechos políticos de aquella ciudad.

En Corrientes, el liberalismo mitrista encontró a un hombre capaz, inteligente, ambicioso, que lideró el movimiento: Manuel Florencio Mantilla; el levantamiento logrará sus objetivos (derrocar al gobernador y recuperar para el mitrismo nacional una provincia), pero el movimiento sedicioso instigado hará derivar el proceso histórico en un choque frontal con las políticas sustentadas desde el Gobierno Central, lo que dañará profundamente a Corrientes, provocándole pérdidas irreparables (además de vidas y bienes), como lo será el cercenamiento del 40 % de su territorio.

- Antecedentes internos

En 1874, la insurgencia de los mitristas, que no aceptaron el triunfo del doctor Nicolás Avellaneda en las elecciones presidenciales sobre el general Bartolomé Mitre, que aspiraba a un nuevo mandato, tuvo su correspondiente levantamiento en la provincia de Corrientes cuando los liberales mitristas, encabezados por Plácido Martínez, se pronunciaron contra el Gobierno de Manuel Victorio Gelabert que representaba al fusionismo, alianza del federalismo y un sector del liberalismo.

Finalmente, los insurrectos fueron vencidos en los órdenes nacional y provincial y, en Corrientes, con el regreso de la paz, el gobernador Gelabert, "dando un ejemplo poco común en aquellos tiempos"(4), mantuvo "una elogiable prescindencia en materia electoral y no se pronunció a favor de ninguna candidatura"(5).

(4) Citado por Antonio Emilio Castello, “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglñia Ediciones, Corrientes.
(5) No todos piensan como el profesor Castello. Manuel Florencio Mantilla nos dice:
“Si Gelabert hubiera continuado al frente del Gobierno, como lo deseaba, no obstante la conclusión de su mandato, la lucha electoral habría degenerado en batalla sangrienta, por la usurpación del poder y cuanto por la resolución de aquél de imponer un candidato reaccionario (federal). Felizmente, la genial terquedad del hombre se detuvo ante la actitud imponente del pueblo”. // Citado en Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891), capítulo 1. San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Como los comicios de Electores no pudieron realizarse en término, debido al levantamiento mitrista y, su período finalizó, Gelabert entregó el Poder Ejecutivo al presidente de la Cámara de Representantes, Antonio Cabral, el 25 de Diciembre de 1874.

Por fin, las elecciones pudieron realizarse y resultó triunfante "una fórmula de conspicuos fusionistas: Juan Vicente Pampín, liberal, y José Luis Madariaga, federal"(6), que asumieron el 15 de Febrero de 1875.

(6) Citado por Antonio Emilio Castello, “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

Es probable que la apreciación de Castello no sea del todo exacta. Este historiador reproduce conceptos del doctor Hernán Félix Gómez, quien señalaba que, “la fórmula -surgida del ‘fusionismo’- estaba integrada por el jefe del liberalismo oficialista y uno de los más destacados del partido federal(7).

(7) Citado por Hernán Félix Gómez, “Los Ultimos Sesenta Años de Democracia y Gobierno en la provincia de Corrientes. 1870-1930” (1995), segunda edición. Ed. Sembrando Producciones, Corrientes.

Pero, parece ser que los hechos no fueron exactamente así.

- La elección de Pampín y Madariaga

Para comprender con mayor detalle los orígenes de la revuelta liberal de 1877/1878, hay que recurrir nuevamente a Mantilla, quien nos brinda pormenores de la elección de 1875 que encumbrará a Juan Vicente Pampín y José Luis Madariaga como gobernador y vicegobernador de la provincia, respectivamente.

Como se dijo más arriba, el 25 de Diciembre de 1874 asumió el Gobierno de la provincia el presidente de la Legislatura, Antonio Cabral, "en medio del mayor regocijo público, por la cesación del mal funcionario. Gelabert hubo de estallar de rabia ese día; vuelto a las filas del pueblo, bajo una rechifla general, parecía un enajenado furioso", dirá el opositor Mantilla, dejando en evidencia la antipatía manifiesta de los hombres que se aprestaban a la lucha electoral.

Cabral era "un hombre probo, de antecedentes honorables, que inspiraba confianza, a pesar de que los federales se permitían contarle por suyo, fiados en la influencia de familia de sus cuñados, Augusto Díaz Colodrero y Sebastián Alegre. Su elección, como presidente de la Legislatura había sido unánime".

Parece ser que cuando Cabral se hizo cargo del Gobierno, fue acosado por los grupos en pugna. Unos, como Gervasio Gómez (federal), le presentaban listas de candidatos para autoridades de campaña; otros, como Derqui, "lo azuzaban contra los mitristas y los liberales de la oposición a Gelabert"; y sus cuñados, por su parte, le pedían el nombramiento de Derqui como Ministro General

Cabral procedió "con tino y mesura", rechazando suavemente las influencias excesivas; inspiróse en el cumplimiento austero del deber, consultó los intereses legítimos del pueblo y, fiel a su juramento, sustrajo al Gobierno de la acción de los círculos, colocándose en el punto medio de todos.

Suprimió persecuciones políticas, hizo respetar la Constitución, dio acción amplia al pueblo para organizar libremente su Gobierno:

Conozco bien a los federales y no estoy loco para perderme en diez días de Gobierno y perder la provincia, haciendo causa con ellos”, decía al doctor Mariano Castellanos, su Ministro General.

Aunque después -1877- Cabral figuró pasivamente entre los partidarios de Derqui y, desde entonces, "ha quedado oscurecido, debemos reconocer y proclamar que, durante estuvo al frente de la Administración, respetó los derechos del pueblo, supo mantener el equilibrio del poder y no se mezcló en lo que la Constitución le prohibía mezclarse"(8).

(8) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Bajo el Gobierno provisorio de Cabral se efectuó la elección de gobernador, en 1875. Ella debió tener lugar en Noviembre del año anterior y, a sus efectos, los mismos centros políticos que actuaron en la elección de presidente, iniciaron anticipadamente sus trabajos.

Los nacionalistas entraron en un pacto con los alsinistas -disconformes de la unión de Avellaneda y Alsina- estipulando condiciones expresas, si bien de carácter transitorio. Dicha evolución, que fue denominada Liga, fracasó con la insurgencia armada de Septiembre de 1874. Los nacionalistas se abstuvieron como partido, después de su derrota en el terreno de las armas, siguiendo la voz de orden de sus correligionarios de Buenos Aires y, sus aliados, se distribuyeron en los partidos militantes.

Eliminados voluntariamente los nacionalistas, quedaban como únicos actores los liberales y los federales, abandonados a sus recursos propios.

Según Mantilla, "sin el Poder Oficial", era grande la desventaja de los federales y segura su derrota en una campaña electoral abierta. Aquí cabe decir que al estudiar el presente proceso histórico hay que subrayar que el Partido Nacionalista -a más de ser vigoroso en Buenos Aires- lo era en Corrientes, donde sus afiliados se llamaban “liberales”, justificada esta designación por la procedencia federal del Partido Autonomista, su adversario.

Es fácil colegir que nacionalistas o mitristas, y los liberales -existiendo concomitancia entre estos dos últimos que, en el fondo, pertenecían a un común tronco liberal- eran, unidos, una fuerza política de respeto. ¿Cuál podría ser la estregia de los federales al estar en minoría? En principio, a toda su estructura hizo participar en pos de la supresión del voto. Los liberales eran el problema y de allí sus acciones en, además, repartir dádivas y obsequios.

Por otro lado, uno de los jefes federales más conspicuos del momento era el doctor Manuel Derqui, quien buscó hilar la protección política del presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda, y del ministro de Guerra y Marina, Adolfo Alsina. Derqui se constituirá en una especie de agente de la Presidencia y su primer objetivo fue el de intentar acordar con la oposición y aunar una fórmula gubernativa común.

En principio, no se tejieron trabajos claros, abiertos, sinceros pero, en toda la provincia, corrió -en reserva y cautelosamente- la candidatura de Tomás Vedoya, en sustitución de la de Juan Vicente Pampín, sostenida por los liberales. No hubo acuerdo y esta experiencia electoral de 1875 tendrá decisiva influencia en la de 1877.

El resultado de la elección de Electores convenció a los federales de su impotencia. De los veinticinco ciudadanos nombrados popularmente para que, a segundo grado, eligiesen el gobernador, sólo cinco fueron federales: Juan Vedoya, por Itatí; Manuel F. Gómez, por Concepción; W. Fernández, por Curuzú Cuatiá; Cándido Borda, por Monte Caseros; y Miguel V. Gelabert, por Paso de los Libres.

Incluso, pese al resultado electoral decididamente adveso, los liberales denunciaron que estos hombres fueron electos, "en fuerza de la ingerencia oficial de las autoridades departamentales", lo cual originó acalorados debates en el Colegio de Electores y provocó medidas gubernativas de represión. Los liberales iban por todo, y sus adversarios no estaban dispuestos a concedérselos.

Juan Vicente Pampín era el jefe del liberalismo y había sido el alma -en Corrientes- de la candidatura de Nicolás Avellaneda. Manuel Derqui, que también era avellanedista, exploró -dada la circunstancia, al ver la dificil coyuntura- la posibilidad de obtener la vicegobernación para Nicasio Vedoya. El, Onofre Aguirre y demás partidarios, pusieron en juego todos sus recursos en ese sentido, sin olvidar hacer mérito con recomendaciones de Alsina y, "permitiéndose -algunas veces- amenazas"(9).

(9) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Pero todo fue en vano. Juan V. Pampín y José Luis Madariaga fueron elegidos gobernador y vicegobernador de Corrientes por el período constitucional de tres años, que se había iniciado el 25 de Diciembre de 1974. Los dos hombres eran de extracción liberal. La maniobras del ex gobernador Gelabert -jefe, en esos momentos, de los federales correntinos- y el apoyo del presidente de la Nación y del ministro de Guerray Marina, no tuvieron, por lo tanto, el poder de imponer un orden determinado en Corrientes. El liberalismo local impuso condiciones.

El desenlace de la cuestión local abrió un período de reparación a la provincia; la elección principal satisfizo a la voluntad pública. El nuevo gobernador era una personalidad política acentuada en el aprecio del pueblo, respetada de sus mismos adversarios; su elevación, era prenda de paz y libertad.

Miembro de una familia de élite, que había dado un mártir al país y dos gobernadores a Corrientes(10), venía designado -por la opinión- para la Primera Magistratura desde 1866, por sus servicios y cualidades.

(10) El hermano mayor de los señores Pampín, Fernando Ramón, murió gloriosamente en la batalla de Arroyo Grande, al frente de la División Saladas, de que era Jefe. José Manuel, fue gobernador [constitucional propietario] de Corrientes desde 1861 a 1863; y Gregorio María ocupará el mismo puesto en 1872 [éste en la condición de gobernador provisorio; todos eran hermanos] // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

En su juventud, Pampín cumplió los deberes cívicos, ingresando voluntario en los Ejércitos Libertadores, habiendo estado con Juan Lavalle en las batallas de Sauce Grande y San Cristóbal; con Joaquín Madariaga, en Vences; con Juan Benjamín Virasoro, en Monte Caseros.

Caído el dictador bonaerense Juan Manuel de Rosas, dejó la carrera de las armas. Como hombre civil, desempeñó puestos de importancia: fue Juez de primera instancia en lo Civil y Comercial; electo Vicegobernador de la provincia(11); Diputado Provincial, en distintas ocasiones; presidente de la Legislatura; Diputado Nacional, electo en 1869; Ministro de Hacienda, en la Administración del coronel Santiago Baibiene.

(11) Cuando el caudillo federal Nicanor Cáceres apadrinó a Evaristo López Soto por gobernador de Corrientes (1865), hizo nombrar vicegobernador a Juan Vicente Pampín, como una satisfacción a la opinión liberal -sobre todo de la Capital- y favorable a éste. Pampín renunció indeclinablemente. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

No era hombre de grandes conocimientos, ni poseía un talento distinguido; su instrucción era mediana, como la de los hombres de su época en general, pero su inteligencia despejada. Su Gobierno -a pesar de la brevedad- será fecundo en iniciativas. Tenía, como pocos hay, las cualidades de un político práctico y honrado; conocía a fondo la índole, necesidades y conveniencias del pueblo y sus personalidades.

Reposado sin abandono, manso por carácter, honrado a carta cabal, recomendábase a todos por su sinceridad y su desinterés. De sentimientos nobles, patriota, equitativo y justo con sus mismos adversarios, no abrigaba odios ni rencores, limitando siempre su oposición a un hecho o su desacuerdo con alguien, a la moderada defensa de sus ideas, sin incurrir en exageraciones irreparables.

"Ciudadanos de esta especie son los necesarios en el Gobierno de los pueblos, porque no obstaculizan el movimiento natural de la sociedad, ni corrompen las Instituciones", dirá Mantilla.

Fue por eso que Juan V. Pampín subió al poder con el aplauso de los hombres de su partido y de la oposición. Donde no hubo unanimidad fue en la elección del vicegobernador; su elección desagradó a muchos liberales, es decir, a hombres de su mismo partido. José Luis Madariaga era miembro del Partido Liberal -siguiendo su tradición de familia-, pero tenía afinidades estrechas con el doctor Alsina, por su hermano, el general Juan Antonio, y antigua amistad con el ex gobernador Gelabert.

Un grupo de liberales consideraron a estas máculas, "circunstancias graves, que no podían despreciarse"; además, no lo veían con cualidades de mando, "no gozaba de popularidad, ni era hombre serio, a pesar de sus canas".

Madariaga también pertenecía a una familia de élite, al igual que Pampín. De fuerte raigambre liberal, era hermano del 11mo. gobernador constitucional propietario, José Joaquín Madariaga y, su otro hermano, Juan Antonio, fue protagonista de hechos significativos para la provincia. Este último le llevaba muchos años, ya que había una gran diferencia de edad con su hermano menor: Juan Antonio tenía 66 años y se había asentado en la provincia de Buenos Aires ya hacía mucho tiempo. José Luis, en tanto, era el undécimo hermano. De 44 años, era aún un hombre joven.

Más allá de los amigos que eligió, esa “falta de popularidad” imputada por sus correligionarios detractores puede fundamentarse en haber realizado su actividad política en el sur, más precisamente en Paso de los Libres, muy lejos de los hombres que imperaban en la Capital. Lo que sí resulta significativo es la crítica que hace Mantilla sobre el estrecho acercamiento que tenía con su hermano Juan Antonio(12).

(12) Juan Antonio se había unido al ejército de Urquiza y dirigió una columna de caballería en la batalla de Caseros, registrada el 3 de Febrero de 1852. Después de la batalla permaneció en Buenos Aires, donde será electo Diputado Provincial. El 11 de Septiembre, junto al general José María Pirán, dirigirá el movimiento sedicioso que separará a Buenos Aires del resto del país. En Noviembre de ese mismo año, con la excusa de que los correntinos volvían a su provincia, fue enviado en una invasión doble a Entre Ríos. La otra columna la dirigía el general Manuel Hornos. Madariaga desembarcó en Diamante pero, a los pocos días, fue derrotado en Concepción del Uruguay por el coronel Ricardo López Jordán (h). De inmediato se reembarcó y sus soldados debieron alcanzar los barcos a nado [“muchos de sus hombres (todos correntinos) se ahogaron, golpeados por las palas de los vapores, porque Madariaga no los esperó”, señalará Fermín Chávez en su libro “Vida y muerte de López Jordán”]. Estos hechos significaron una bisagra para Juan Antonio en relación con su provincia natal. Permaneció en la provincia de Buenos Aires, luchó contra los indios del sur y participó en la batalla de Pavón, donde su caballería fue derrotada por los federales, aunque la victoria se decidió con el abandono de Urquiza del campo de batalla. El 24 de Mayo de 1862 asumirá -Mitre de por medio- el cargo de Senador Nacional por la provincia de Corrientes, cargo en el que permanecerá hasta el 30 de Abril de 1868. Cuando estalló la guerra del Paraguay, Madariaga marchó al frente como Ayudante del presidente Bartolomé Mitre; era la primera vez que regresaba a Corrientes en 18 años. Participó en la batalla de Yatay y en el sitio de Uruguayana. Prudentemente, desde Corrientes, le prohibieron acercarse a la Capital de la provincia, donde también se negaron a devolver sus bienes confiscados en 1847. Mitre lo enviará a Buenos Aires con los trofeos y los Partes de esas dos victorias.

Cuando la candidatura de Madariaga fue iniciada en el Colegio Electoral, se adujeron en contra las causas indicadas, oponiéndosela estas otras: conveniencia en dar representación en el Poder Ejecutivo al sur de la provincia [nació en Paso de los Libres como se indicó]; el carácter pasivo del puesto; utilidad en contemporizar con [Adolfo] Alsina; improbabilidad del caso de ejercer el Gobierno; las ideas antifederales del candidato.

"Hay preocupaciones o falsos mirajes que deciden un acto importante, contra intereses permanentes, por error ingenuo y bien intencionado. ¡La elección de Madariaga fue así!", sentencia Mantilla. Mirando corto, la hicieron los Electores, como si el segundo puesto del Estado fuera simple fórmula, o estuviera garantida absolutamente la vida de un gobernador.

La previsión de los autodenominados “exaltados(13), fue desoída por apreciaciones que no influirían en bien de la provincia, dejándose un germen de desconfianzas mortificadoras, trocadas poco después en verdad. No obstante, dominando en la solución la figura de Pampín, se apartó la vista del segundo término del problema, para saludar la aurora de una situación feliz.

(13) "Exaltados" era el apodo de los llamados opuestos a la candidatura de Madariaga y que seguramente fueron bautizados así por sus propios correligionarios. Fueron ellos: Daniel Artaza, Federico Roibón, doctor Emilio Díaz, doctor Manuel F. Mantilla, Tomás Appleyard, doctor Juan M. Rivera, Federico Gauna. "Este 'delito' pagáronlo caro después", dirá Mantilla // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

La candidatura del gobernador electo había sido acogida con simpatía por los nacionalistas; no se ingirieron, en 1a elección de Electores, en su capacidad política de partido, pero muchos de sus elementos coadyuvaron a la derrota de los federales, como sucedió en los Departamentos de Empedrado, Saladas, Caá Catí, San Miguel y, sus órganos en la prensa, con especialidad “La Patria”, el más caracterizado de ellos; juzgaron honrosamente al nuevo Magistrado, prometiéndose de él un Gobierno de concordia y de paz.

Estaba en el interés de ellos proceder así; la candidatura Pampín significaba reacción contra la intransigencia del anterior Gobierno de Gelabert y, ellos mismos, no podían haber elegido otro mejor para aquellos momentos, que reclamaban moderación y pulso conciliador. La idea era ir dejando atrás definitivamente, los efectos de la insurgencia mitrista de 1874.

El electo gobernador se había sustraído prudentemente a la política que engendró el movimiento de Enero de 1872 -que derrocó al gobernador Agustín Pedro Justo- ya por desacuerdo en los medios o por otros motivos, que nunca manifestó y, consecuente con esto, en nada apareció durante la Administración de Gelabert, calificada por él -desde un principio- "de calamidad".

Podían, en consecuencia, esperar de él (los nacionalistas), un Gobierno que reflejara sus cualidades personales y que, corriendo un velo sobre los últimos sucesos, sirviera de punto de partida a una regeneración, una nueva etapa, tanto en el orden administrativo como en el de las evoluciones políticas. Posible era, en verdad, que bajo un Gobierno simpático a todos los liberales, aparecieran -en el horizonte de la política local-, tintes de armonía entre ellos.

La necesidad de esa inteligencia dejábase ya sentir en las dos fracciones; en los unos, para levantarse; y, en los otros, para dominar la escena política y neutralizar a los federales.

No fueron defraudadas las esperanzas liberales. El programa inaugural del nuevo gobernador resumió sus pensamientos en esta solemne promesa: "gobernaré con los hombres de bien de todos los partidos". El Gobierno impuesto en 1875 no fue "fusionista", sino, ciento por ciento liberal, recuperando el poder desde el derrocamiento del gobernador Justo, en 1872. Todo parecía perfecto, pero el destino les jugará una mala pasada.

Hablar este lenguaje en aquellos momentos, cuando las pasiones hervían en la República; cuando los vencidos en los campos de la lucha armada eran tratados como de otro pueblo y de otra raza; cuando parecía eterno el abismo abierto entre los argentinos, era patriotismo y virtud cívica, condenación franca del extravío reinante.

El presidente Avellaneda concluyó también por la Conciliación, algunos dicen que impuesta por el miedo y los apuros de su ministro Alsina. Fue alabado en todos los tonos el paso.

¿Qué no pudo merecer el gobernador Pampín, por la espontaneidad de su política, más amplia y más sincera que la de la Conciliación más noble y patriótica que ella, porque nacía del corazón, y que la precedió en dos años y fue planteada en el momento que las heridas echaban aún sangre?

"Si no fuera tan oscura la existencia de los Gobiernos Provinciales en la República Argentina, a causa del indiferentismo con que son mirados desde el gran centro de Buenos Aires; si, como en otras partes, no se preguntase de dónde viene una idea buena para adoptarla, la política inaugurada por el gobernador de Corrientes, en 1875, hubiera quizás tenido eco en la opinión nacional, y evitado muchos desaciertos; pero se extinguió en los límites de la provincia, condenada por el presidente, por aquéllo de que los provincianos son incapaces para todo.
"Triste es la realidad de la política nacional argentina; está concentrada en el radio estrecho de la Capital; a los intereses de una Comuna, se subordinan todos los problemas; su prensa y sus hombres son los únicos escuchados; sus círculos o partidos son los que dan la ley al todo.
"La política que el gobernador de Corrientes prometía seguir, no podía, pues, tomar cuerpo en el país, porque no nacía de la gran fragua. Pero, si afuera de la provincia encontró el vacío, dentro de ella fue aplaudida y secundada"(14).

(14) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Estas ideas federales de Manuel Florencio Mantilla fueron publicadas hace 130 años. El alerta del político correntino no dio resultado. El centralismo porteño irá acentuándose año a año, convirtiendo a una provincia -otrora importante-, en un Estado periférico de la Nación.

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