El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Biografía de Mitre antes de asumir como presidente constitucional de la Nación

A 40 kilómetros de la desembocadura del río Negro, que lleva sus aguas al Atlántico, el puerto de Carmen de Patagones -con 400 habitantes- es, en 1827, la avanzada del país en el desierto. Las salinas próximas y la caza de mamíferos oceánicos le han dado alguna actividad comercial.
Allí reside, desde 1822, don Ambrosio Mitre, de ascendencia gallega y llegado a esas latitudes con el burocrático cargo de Tesorero del establecimiento(1).

(1) Juan Angel Farini. “Cronología de Mitre” (1964), publicaciones del “Museo Roca”, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La guerra con el Brasil, que ha hecho de Carmen de Patagones refugio seguro de corsarios que eluden el bloqueo brasileño, incita a la Escuadra del Imperio a intentar un sorpresivo golpe de mano...

Pero la flota brasileña es rechazada; ayudaron, es verdad, los bancos de arena que torcieron las proas enemigas y los vientos adversos que demoraron las velas de los navíos atacantes...

El pequeño Bartolomé, de apenas seis años, testigo de la hazaña, no olvidaría que fue el coraje de paisanos, improvisados combatientes anfibios, la razón fundamental del triunfo.

En Montevideo, a donde se ha trasladado su familia, Mitre es, desde 1836, alumno de la Academia Militar de esa ciudad. Sin embargo, su vocación literaria se evidencia en absorbentes lecturas y en la regular publicación de poesías en la cual figuran, con la más diversificada temática, el amor, la naturaleza, la música, los grandes de las letras (Byron y Cervantes, entre otros), artículos sobre aspectos del teatro, traducción de piezas escénicas (el “Ruy Blas”, de Víctor Hugo).

En 1840, no tiene veinte años, comienza a escribir “el diario de su juventud”; deja ahí anotado:

Mi objeto es enriquecer y perfeccionar mi espíritu, por la costumbre de la meditación y la comparación de los pensamientos”... “La perfección intelectual y moral es la aspiración más noble del corazón humano”.

Estrena su primera pieza “Cuatro Epocas”- drama en cinco actos, y escribe otra: “Policarpa Salvatierra”.

El año anterior ha participado de la batalla de Cagancha; en 1841 contrae enlace con Delfina Vedia. Los relatos del general De Vedia, padre de Delfina, encontrarán en Mitre un indagador curioso de lo mucho que su suegro conoce de esa historia vivida, cuando la Banda Oriental fue invadida por los lusitanos utilizando como pretexto las correrías de Artigas y sus gauchos...

Es Sargento Mayor de artillería en la batalla de Arroyo Grande perdida por Rivera, el aliado de los unitarios antirrosistas (Diciembre de 1842). Cuando en Febrero de 1843 los vencidos hallan en Montevideo, sitiada por Oribe, su mejor refugio, le corresponde a Mitre disparar el primer cañonazo de la ciudad sitiada.

Le nace la hija primogénita. En el mes de Mayo se funda en Montevideo el Instituto Histórico y Geográfico Nacional; Mitre figura entre sus primeros integrantes.

... No son ni argentinos ni uruguayos los habitantes de Montevideo; son los europeos que han tomado posesión de una punta de tierra del suelo americano...
Cubren la bahía sin número de bajeles extranjeros; navegan las aguas del Plata los genoveses como patrones y tripulación del cabotaje; sin ellos no existiría el buque que ellos han creado, marinan y cargan; hacen el servicio de changadores robustos vascos y gallegos; las boticas y droguerías tiénenlas los italianos; franceses son la mayor parte de los comerciantes de detalle.
París ha mandado sus representantes en modistas, tapiceros, doradores y peluqueros; ingleses dominan en el comercio de consignación y almacenes; los vascos -con sus anchas espaldas y sus nervios de fierro- explotan por millares las canteras de piedra; los españoles ocupan en el mercado la plaza de revendedores de comestibles; los italianos cultivan la tierra baio el fuego de las baterías, fuera de las murallas, en una zona surcada todo el día por las balas de ambos ejércitos...
Todos los idiomas viven, todos los trajes se perpetúan, haciendo buena alianza la roja boina vasca con el chiripá...(2).

(2) Domingo Faustino Sarmiento. “Viajes (de Valparaíso a París)” (1955). Editorial Hachette, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Pero este cosmopolitismo -con el cual convivió la juventud de Bartolomé Mitre- no impedía que la lucha llevara a organizar la defensa de tal manera que ella, invadiendo lo doméstico, hace que las armas estén en la habitación y que el soldado con familia sea racionado por el Estado.

... El paseo de la tarde -a falta de alamedas- se hace diariamente por la hermosa calle central de la parte nueva de la ciudad, de treinta varas de ancho y con aceras de cinco en cada costado la cual, partiendo de la antigua ciudadela, va hasta la trinchera actual y conduce al campo que divide las baterías avanzadas y a donde vienen a morir las balas enemigas.
En lugar de líneas de árboles, la hay en la tarde de soldados que acaban de ceder su puesto a la gran guardia que se apresta a salir a hacer su peligroso servicio nocturno en los puestos avanzados.
Las músicas de las bandas militares animan con sus melodías las calladas noches de la ciudad cercada. Por lo demás, el hábito ha hecho a esta población indiferente para con el rumor de los combates, siendo de buen tono no dar señales ni de temor ni de compasión.
Las camillas de los heridos entran en la ciudad sin llamar la atención. El valor de las mujeres se ha ejercitado noblemente en los hospitales de sangre, encomendados desde temprano a la solicitud de una sociedad de señoras y en los que sobre más de seiscientos heridos han derramado el tesoro de consuelos, solicitudes y auxilios.
Oprime el corazón ver por las calles centenares de mutilados...(3).

(3) Domingo Faustino Sarmiento. “Viajes (de Valparaíso a París)” (1955). Editorial Hachette, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La participación de Mitre en la lucha cotidiana que libra la ciudad sitiada no lo aleja de lo que esperanzado había escrito en su “Diario de Juventud”.

Montevideo sería, en verdad, la cuna intelectual de Mitre. Y no solamente por todo lo que allí leyó y escribió. Hay un mensaje que nos llega por los interlocutores y no es tiempo perdido cerrar los libros y dejar la pluma, si ello se hace para frecuentar ciertas tertulias...

En Montevideo, Mitre conoció a Garibaldi, quien le transmitió su pasión perdurable por el Dante; en Montevideo conversó con Echeverría, el jefe entonces doliente de la Generación del 37 por él acaudillada; en Montevideo trató a Juan María Gutiérrez y Juan Bautista Alberdi...

Por Montevideo pasó, gritando su orgullo y camino de Europa, el autor del Facundo; allí, en Montevideo, dialogó con José María Paz y con Manuel Derqui... Allí, en fin, Mitre retempló su esperanza en los altos horizontes de la libertad argentina, que contagiaba, lúcido profeta del mañana, la cultura de Florencio Varela...

Es de 1846 cuando publica en el periódico “La Nueva Era” su trabajo histórico: “La Montonera y la Guerra Regular”. Ese mismo año asciende a Teniente Coronel.

Un movimiento revolucionario lo obliga a abandonar la ciudad. El decreto que simultáneamente le da de baja del Ejército y le otorgaba el pasaporte, parecía una respuesta sarcástica al último artículo que él público en Montevideo: “Necesidad de la disciplina en las Repúblicas”...

Buscando esa disciplina, emplearía Mitre buena parte de su vida ... El destierro lo llevó a Corrientes, calculando incorporarse al Ejército de Paz; llegó tarde, pues las disidencias de Paz con los Madariaga lo habían obligado a marchar al Paraguay...

Luego Mitre aparece fugazmente en Río de Janeiro y entra en Bolivia. Aquí publicará -en folletín- una novela: “Soledad”; participará en las contiendas civiles bolivianas, lo nombrarán Jefe del Colegio Militar ... Pero no puede haber destino personal estable a contramano del constante altibajo que las contiendas internas desatan en la América española, y nuevas luchas en Bolivia le hacen retomar a Mitre el camino del destierro...

Alternativamente rechazado en el Perú y en Chile, termina sin embargo por anclar en este último país ... En “El Progreso”, periódico de Santiago de Chile que Sarmiento había fundado en 1842, publica poesías y escribe sobre temas administrativos del país hermano...

Por fin, producido el pronunciamiento de Urquiza contra Rosas, deja Valparaíso en Octubre de 1851, arriba a Montevideo e integrando el Ejército antirrosista, participa como Jefe de Artillería en la batalla de Caseros. Tiene treinta años.

Llega en hora para la nueva etapa que se inicia en la República. Lo eligen miembro de la Junta de Representantes y lo designan catedrático de Estadística. El hogar se instala en Buenos Aires. Y aunque las disidencias argentinas no han terminado, los hijos que nazcan no lo harán ya en el destierro...

Urquiza ha vencido en Caseros y, aceptando la realidad de los Gobiernos hasta entonces devotos de Rosas, celebra con ellos el Acuerdo de San Nicolás. Firma ese Acuerdo -en representación de la provincia de Buenos Aires- el gobernador designado por Urquiza, don Vicente López y Planes.

Mitre es en la Cámara de Representantes, durante los debates, una de las figuras destacadas en la oposición al Acuerdo. Inspira esta actitud el recelo de que se hayan delegado a Urquiza demasiadas atribuciones...

Dispuesto a no demorar sus planes de organización constitucional, Urquiza -para acallar la oposición- decreta resoluciones drásticas: a las 24 horas del debate, Mitre ha sido dado de baja del Ejército de la Confederación y a las 48 horas se dispone su destierro ... La Cámara es disuelta y en los primeros días de Julio Montevideo lo ve llegar a Mitre nuevamente como exiliado...

Esta vez, sin embargo, lo será por poco tiempo... En Septiembre, apenas se ha alejado Urquiza para Santa Fe donde deberá reunirse el Congreso Constituyente, una revolución -que estalla y triunfa el día 11- define el violento enfrentamiento de Buenos Aires con el vencedor de Caseros. La Legislatura disuelta se reinstala y Mitre, otra vez en Buenos Aires, reanuda su actividad de legislador y de periodista.

Pertenece precisamente a Mitre la redacción del “Manifiesto de la Legislatura”, que se envió a dos Gobiernos del Interior ... Pues, “no conforme con recobrar su autonomía, Buenos Aires no ocultaba su propósito de ser ella -y no Urquiza- quien organizara al país...

Reinstalada en el goce de su soberanía provincial y reivindicados sus derechos conculcados, la provincia de Buenos Aires se ha puesto de pie, con espada en mano, dispuesta a repeler toda agresión, a sostener todo movimiento en favor de la libertad, a combatir toda tiranía, a aceptar toda cooperación y a concurrir con todas sus fuerzas -después del triunfo- a la grande obra de la Organización Nacional”.

Pero la insurrección de Septiembre de 1852, frente a la cual Urquiza decidió no intervenir, pronto encontró una fuerte oposición en la campaña de la misma Buenos Aires y una fuerza militar, comandada por el coronel Hilario Lagos, descontenta con el Gobierno porteño, inició el sitio de la ciudad. Mitre participó activamente en la defensa y en esa ocasión protagonizaría un episodio nada común:

Se encontraba Mitre el día 2 de Junio de 1853 en los Potreros de Langdom (en las cercanías de la actual Plaza Constitución), en compañía de sus ayudantes, observando desde su caballo las fortificaciones enemigas, cuando lo sorprende un fuerte fuego de artillería que recibe de frente, hasta que una de las balas disparadas por las tropas de Lagos lo tocó directamente... dio en la escarapela del quepis y percutió en la frente a través del paño, que no fue perforado por el proyectil.
Aunque amortiguado el efecto del impacto por la escarapela y el paño, la contusión fue violenta. Rompió la piel y fracturó el frontal, hundiendo un fragmento en la cavidad craneana”, explica un experto cirujano.
Era una herida grave y, sin embargo, el coronel Mitre quería seguir a caballo la lucha pero, al notar la cantidad de sangre que salía, se apeó ‘para morir de pie como los romanos’”.

El doctor Hilario Almeida, sin anestesia ni otras precauciones técnicas de que disponía, extrajo el hueso que apretaba el cerebro.

Así se salvó de la muerte inminente, como lo diagnosticó el doctor Irineo Portela, médico y cirujano. Ante el dolor de la operación, dijo Mitré: ‘Ustedes me tratan peor que el enemigo’, y se desmayó.
Una semana después le fueron extraidas las últimas esquirlas, pero le quedó un agujero en la frente que poco a poco se cubrió de una membrana. La cicatriz tenía forma de estrella. Su frente quedó muy sensible. Desde entonces usaba sombreros blandos, preferentemente un chambergo, el cual llegó a ser tan habitual que, en su capilla ardiente, lo colocaron junto a su uniforme militar(4).

(4) Fernando Arturo Bidabebere: “Mitre diplomático” (1967), segunda edición, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Esa herida en la frente se nos ocurre hoy un símbolo de la vida que el país argentino y Mitre llevarían todavía largos años: la violencia destructora de la guerra, haciendo peligrar los planes de quienes se desvelan en busca de razones...

Se ahondan las diferencias; con la ausencia de Buenos Aires, las trece restantes provincias de la Confederación aprueban la Constitución Nacional y se instalan en Paraná, como capital. Urquiza no es ya el “Director Provisorio”, sino el presidente constitucional...

En las divergencias entre Buenos Aires y la Confederación, aunque Mitre aparece identificado con Buenos Aires, sería injusto olvidar que cuando la provincia segregada se dictó su propia Constitución, Mitre la objetó. Entendía que la provincia no podía considerarse un Estado y consiguientemente Buenos Aires carecía de las bases legales para legislar acerca de sus límites y sobre ciudadanía, asuntos éstos privativos del Congreso Nacional.

Vencido en la Asamblea que no atendió sus objeciones y aprobada la Constitución Provincial (Abril de 1854) Mitre, por razones de disciplina, creyó de su deber obedecerla.

En el Estado de Buenos Aires, Mitre sigue alternando sus actividades políticas, como miembro de la Cámara de Representantes, con el periodismo y la milicia... Reconocido en el grado de Coronel en Octubre de 1853, ya había sido en 1854 Inspector General del Ejército cuando, en Enero de 1855, es designado ministro de Guerra y Marina.

El Bartolomé Mitre que en Montevideo, empinándose sobre su fraternidad de poeta y sobre sus apenas dieciséis años, aseguraba en un artículo -lúcidamente profético- sobre Echeverría, que el “autor de ‘La Cautiva’ ha demostrado que es capaz de hacer una revolución literaria” ... ese Mitre, ahora debe ocuparse de cañones y fusiles para la guerra civil... ¡Signo de los tiempos!

Que no era la guerra su vocación íntima lo testimonia una página del historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna quien, recordando su encuentro con Mitre en el Buenos Aires de 1855, escribiría:

La última vez que lo había visto en Chile había sido en uno de los Cuarteles de San Pablo, donde un mismo destino de persecución nos retenía, y entonces, sin embargo, Mitre sólo hablaba del porvenir, de su fe en las ideas, de la justicia y de la santidad de la causa liberal de la América del Sur, única que podía rehabilitarla...
Bartolomé Mitre es un modelo. Si la América del Sur tuviera hoy día veinte hombres como él, la regeneración política de sus Repúblicas no se haría esperar largo tiempo en inútiles combinaciones.
Lo que la América necesita es convicción, honradez, conciencia política, no talentos astutos ni pasiones de partido que todo lo apagan o lo extravían porque no tienen por base la moral y la virtud.
En 1855 Mitre estaba en todo auge de su popularidad en Buenos Aires, y veíamos su retrato en todas partes, y todos pronunciaban su nombre de mandatario, no con ese respeto maquinal que inspira la autoridad, sino con la afección y el entusiasmo que nace de los hombres distinguidos por lo que son en sí mismos.
No abandonaba él ese aire modesto y reservado y un tanto distraido que le mereció en Chile (el país clásico de los sobrenombres, porque los hijos heredan los de su padres, y si su abuelo ha sido tuerto lo llaman a usted el tuerto tal ... sin más ni menos) el apodo, con que luego lo bautizaron los santiaguinos, del jote(5) Mitre.
En Buenos Aires, Mitre se acercaba más a este símbolo, porque andaba vestido como un verdadero jote, con un ‘frac’ azul todo raído, los mismos pantalones con que hacía sus campañas en la pampa y un sombrero de lana redondo a lo Garibaldi, que le tapaba la frente hasta las cejas.
En esta postura lo encontrábamos cuando se dirigía por la mañana al Ministerio.
Vimos también al coronel Mitre en su casa, varias veces, al lado de su joven esposa, persona de gran belleza y de los más distinguidos modales, hija del general oriental Vedia, y mientras la media docena de chicuelos que componen la familia del señor Mitre retozaba en la alfombra de su modesta y exigua sala de recibo, conversaba él con nosotros de Chile y de la América.
Es hermoso oír a este joven que se ha criado entre las balas, que fue hijo de un militar, que tuvo dos hermanos inmolados con las armas en la mano en las murallas de Montevideo, y que acaba de llegar de las pampas donde ha dejado de jefe de fronteras a otro hermano, el comandante Emilio Mitre; es hermoso oírle deplorar los males que la América del Sur debe a las armas.
‘Ya estamos hartos de glorias militares -decía-; ya no necesitamos probar la bravura de nuestra herencia, porque hemos estado medio siglo con las armas en la mano embistiéndonos los unos a los otros. Al contrario; los guapos son la ruina de este país ... y el peor mal de nuestras revoluciones armadas no está tanto en las ideas que engendran ni en el orden de cosas que dejan tras sí, sino en los hombres que levantan’. ¡Y esta última verdad tiene un alcance histórico inmenso!(6).

(5) Jote: en la significación de abandono y falta de garbo.
(6) Benjamín Vicuña Mackenna: “La Argentina en 1855”. // Todo citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Aunque en Mayo de 1857 deja el Ministerio de Guerra, es en nombre del Ejército que Mitre pronuncia, en Agosto de ese año, un discurso para recibir los restos repatriados de Bernardino Rivadavia.

Lo alude como al “último representante de nuestra grandeza militar”; “poseyó el secreto de hacer invencibles las intrépidas falanges de la República Argentina...".

Y porque Mitre mide, conscientemente, todo lo que ha destruido la anarquía y la tiranía, le hace al primer presidente un balance consagratorio: “Sin Rivadavia; sin los materiales de reconstrucción que elaboró su vasto genio con la clara noción del porvenir, la resurrección de la República Argentina habría sido imposible...”.

No era un juicio improvisado por las circunstancias... Ya para esa fecha y de manera definitiva habían tentado a Mitre los estudios históricos, a los cuales llegó por la más humana de sus rutas convergentes: la biografía. Fusionando el conocimiento de las vidas representativas y los hechos sociales de una época determinada, Mitre publica -en 1857- una “Historia de Belgrano”, primer estudio documentado acerca del creador de la bandera, encarado como personaje prominente de la independencia argentina.

Explicar las causas de esta independencia para mejor desentrañar los caminos del futuro, fue el íntimo deseo de Mitre. Aludiendo a ésto, es que ha podido afirmarse con acierto:

Su obra de político y de estadista brotó de un pensamiento claro, nutrido en el examen de la historia del país, cuyo desarrollo creyó que era necesario orientar y conducir de cierta manera.
Su acción cotidiana se insertó dentro de un plan a largo plazo, que hundía sus raíces en el examen de la realidad contemporánea y en un análisis de los procesos que la habían conformado.
Por eso fue al mismo tiempo, e indisolublemente, un político y un historiador. Estas dos vertientes de su personalidad son inseparables(7).

(7) José Luis Romero. Presentación de la “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina” de Bartolomé Mitre (1967). Eudeba, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La Revolución de Mayo: “el hecho más prominente de la historia argentina no ha sido narrado hasta el presente”, afirmaba Mitre en 1858. A un país que iniciaba su marcha de colectividad nueva, impregnada de inmigración, Mitre le señalaba los valores de su pasado.

Salvándole de su presunta orfandad sentimental y doctrinaria, Mitre hizo, con responsables y documentadas constancias, la explicación de un pretérito que debía merecer la gratitud de los argentinos.

Las páginas de esa historia, juzgadas según las concretas condiciones en que ellas se redactaron, deben ser estimadas como un importante instrumento de cohesión nacional... A partir de ese año, esa conjunción del político y del historiador jalonan, disciplinadamente, sus desvelos...

Vuelve a la Cámara de Representantes, y al Ministerio de Guerra; diversificando sus funciones de hombre público, en Junio de 1858 es designado ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores...

La Confederación -que agrupa a las otras trece provincias- ha logrado el éxito de sancionar la Constitución de 1853 e iniciar una marcha que concilia el aprendizaje de la legalidad con los resabios del caudillismo tradicional. Pero su fracaso en el terreno económico y financiero es inocultable, y es Buenos Aires, con su activo comercio y su fructífera Aduana, la que mejor sobrelleva la escisión sobrevenida después de la caída de Rosas...

Cuando las relaciones entre la Confederación -presidida por Urquiza- y Buenos Aires derivaron hacia la lucha armada, Mitre comanda las fuerzas de esta última, derrotadas por Urquiza en Cepeda (Octubre 23 de 1859); Mitre consigue, sin embargo, salvar una buena parte del Ejército vencido, embarcándolo en San Nicolás.

Cepeda obliga a iniciar negociaciones entre las partes y ellas conducen a la aceptación de un Pacto, el de San José de Flores. La llegada de Derqui a la presidencia de la Confederación, sucediendo a Urquiza (Febrero de 1860) y la elección de Mitre como gobernador constitucional de Buenos Aires, efectuada por el Senado y la Cámara de Representantes de la provincia (2 de Mayo), abren perspectivas halagüeñas: los días de la unificación nacional parecen muy próximos ... ¿Los contactos personales no acelerarían ese anhelo colectivo..?

Si los hombres dirigentes se tratan, las palabras tolerantes pueden reemplazar a las imprecaciones; los agasajos a los desafíos, el humo de los cigarros plácidamente saboreados al de los cañones que entran en batalla...

Por eso, pensándolo así, Mitre cree ventajoso -para escenificar la concordia iniciada por los Pactos de San José de Flores- invitar a Urquiza y Derqui para conmemorar juntos en Buenos Aires el 9 de julio de 1860, el aniversario de la Independencia proclamada en Tucumán...

Las esposas de los tres mandatarios agregaron al encanto de su juventud, la emulación de sus toilettes... Un solemne Tedeum, un gran desfile, un suntuoso banquete, todo es fraternalmente compartido. Tan fraternalmente que, cuando Urquiza, el vencedor de Caseros y Cepeda, muestra una espada es para hacer de ella un obsequio destinado a Mitre...

La masonería contribuye con sus ritos, sus símbolos y sus jerarquías a aproximar a estos hombres que expresan, con su coincidente presencia en Buenos Aires, haber hallado el camino de la concordia para avanzar por él...

Sin embargo, la violencia desatada en San Juan, con episodios sangrientos acerca de cuyas causas y consecuencias los hombres de Buenos Aires y de la Confederación no coincidieron, hizo reanudar las divergencias... Rotos los puentes del anterior entendimiento pacífico, otra vez se volvió a las batallas...

Como en Cepeda, las tropas de la Confederación -al mando de Urquiza- y las de Buenos Aires -al mando de Mitre- se enfrentaron de nuevo. Esta vez, sin embargo, ya se habían producido entre Urquiza y Derqui desavenencias... Y Urquiza no quiso, desalentado, continuar en Pavón, en Septiembre de 1861, después del inicial contraste, una posible resistencia.

Se volvió a Entre Ríos, mientras Derqui, tras algunos esfuerzos por hallar en Córdoba elementos bélicos, concluía por desistir y abandonar el cargo de presidente de la Confederación.

De ahí que considerando en receso al Gobierno Nacional, Mitre se encargara de él provisoriamente (Febrero de 1862). Lo hizo en su carácter de gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Información adicional