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La Conciliación de los partidos en Buenos Aires y Corrientes

Hubo un hecho de importancia nacional que contribuyó a un acercamiento entre las partes. En los momentos que los liberales de Corrientes trabajaban por su unión, la “política de conciliación” fue iniciada por el presidente de la República y aceptada por el partido de oposición(1).

(1) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Dicha evolución fue una transacción, que llevó al Gobierno y a sus opositores a un terreno pacífico y de concordia, dejando el uno su terrible opresión y, los otros, su actitud de conspiración permanente. Más, como no era el convencimiento de sus errores lo que movía a los hombres del poder, sino su miedo, su apurada situación, la conciliación no salió del radio donde se encontraban los intereses que por ella se proponían conservar.

- Consecuencias de la "conciliación" en Corrientes

Nació y dio frutos en Buenos Aires, llegando al resto de la República apenas el eco de las fiestas celebradas. En Corrientes, la conciliación no cabía en el programa del doctor Manuel Derqui, como tampoco cupo en el de ninguno de los otros mandones de las provincias, a pesar de ser hechuras del presidente o del ministro de Guerra, pero las fracciones de la oposición la abrazaron como un elemento concurrente a la obra que necesitaban llevar a cabo.

Disipadas todas las nubecillas que obstaculizaban la unión, tratóse de darle forma. Una comisión, compuesta de ciudadanos influyentes de las dos fracciones recabó, desde la Capital, el acuerdo de los Departamentos y, previa seguridad de su adhesión, convocaron al pueblo a reunión cívica, con el objeto de constituir un centro directivo y dar la constitución o programa del partido.

El uso y el asentimiento general indicaban este proceder. El 28 de Agosto de 1877, más de mil ciudadanos de todas las clases, ocurrieron al local designado para la reunión, que fue la Cancha de Pelota. Los gendarmes de policía, cumpliendo órdenes, pretendieron impedir el acto o, por lo menos, hacerlo ridículo por la escasa concurrencia, esparciéndose en la ciudad para detener la gente; pero nada consiguieron, porque mayor era en todos el deseo de contribuir con su asistencia y votos a la realización de un hecho que prometía un bien, que el temor al Gobierno.

En la reunión se discutió ampliamente cuánto concernía a la reconstrucción del partido y, a pluralidad de votos, quedó nombrado el personal de la comisión directiva permanente del club político, que todos los asistentes formarían en adelante. El significado y la importancia de ese acto, puede cualquiera deducir del Manifiesto que dirigieron al pueblo de la provincia los ciudadanos que intervinieron en él, suficientemente autorizados por sus correligionarios de la campaña; decía así:

La libertad constitucional de un pueblo democrático, no se afianza ni se desenvuelve mientras los gobernantes y los gobernados no ajustan su conducta a los principios fundamentales de su ley política.
Gobierno esencialmente de opinión, el Gobierno republicano requiere la fecundación constante del Derecho, y el Derecho no existe donde no impera la Ley, ni se respeta la Justicia. La República Argentina ha sido teatro de luchas crudas, por la intransigencia de sus partidos. El aprendizaje amargo, empero, ha puesto fin al error, presentando, ante todos, como única áncora de salvación, la tolerancia política y la garantía real de los derechos del ciudadano.
Nuevos horizontes se abren a la patria. La provincia de Corrientes debe responder al movimiento regenerador que se inicia, y ha sido para secundarlo que, en asamblea popular, hemos resuelto aceptar la política de conciliación. Y para hacerla práctica y fecunda, hemos convenido:
1.- Organizarnos cívicamente, en la ciudad y en la campaña, poniéndonos en comunicación fraternal con todos aquéllos que simpaticen con nuestro programa, y difundiendo los principios por medio de la prensa, a efectos de vivificar el espíritu público y tomar parte activa en la vida política, bajo los auspicios de la Constitución nacional y provincial;
2.- Concurrir a las elecciones populares, solicitando de los poderes públicos garantías positivas, y obteniendo de los partidos garantías recíprocas, para evitar la violencia, el fraude y la coacción, autorizando, al efecto, a la comisión directiva del club que establecemos en esta fecha, para entrar en arreglo con los últimos y reclamar de los poderes públicos el modo de hacer prácticas dichas garantías;
3.- Declarar ante la República y ante la Provincia, que nuestros principios son:
1ro. - Como partido político de antecedentes, las tradiciones históricas del gran partido de la libertad argentina, reconociendo solidaridad con él, en los trabajos que han hecho prácticos los derechos de todos y han consolidado la nacionalidad;
2do. - Como partido político de gobierno, reconoce como base fundamental la verdad del sistema republicano federal, según los preceptos constitucionales que aseguran al pueblo el ejercicio imprescriptible del propio gobierno;
3ro. - Como partido electoral, su bandera es la del sufragio libre, garantido a todos los ciudadanos individualmente y a todos los partidos, colectivamente, sin excepción alguna;
4to. - Como partido político de principios y de gobierno, protesta contra los Gobiernos electores y depresores de las libertades públicas, repudiando toda intervención oficial en sus trabajos;
5to. - Como partido político local, defenderá la autonomía de la provincia, cualquiera que sea la forma del ataque a ella, principalmente en lo que afecta a la integridad territorial del Estado(2).

(2) Este Manifiesto, con pocas alteraciones, era el mismo de principios dado por el partido nacionalista en Buenos Aires. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Por las declaraciones del Manifiesto, se ve que fue unión, formación de un solo partido, y no conciliación, que dejaba subsistente la división, lo que hicieron las fracciones liberales.

En Buenos Aires, los nacionalistas y autonomistas concretaron la solución conciliadora a ponerse de acuerdo para la elección de gobernador y demás funcionarios de elección directa, conservando, unos y otros, organización independiente pues, como queda dicho, Avellaneda y Alsina buscaban sólo un modus vivendi: el último, para rehacer su poder, minado por los republicanos; y, el otro, para desarmar a sus adversarios inmediatos, sin desmontar, por eso, la máquina de sus combinaciones.

En Corrientes inspiró un pensamiento más elevado; no se tuvo por móvil intereses personales ni combinaciones pasajeras, que no respondían ni al ideal, ni a un amplio sentido político. A ese sentido práctico, patrióticamente desenvuelto, debióse el nervio de la oposición y su poder colosal.

Cuando la falsedad de Avellaneda púsose en transparencia y fue necesario oponerle toda la energía de los partidos conciliados, la forma de la conciliación porteña debilitó la acción, facilitando el triunfo del presidente; mientras que la solución elegida por los liberales de Corrientes hizo vencer a Derqui, y también detuvo a Avellaneda.

El país hubiera ahorrado sacrificios de sangre y la vuelta al poder de la federación reaccionaria, si autonomistas y nacionalistas hubiesen cumplido con el fraccionamiento del partido vencedor en Pavón; desgraciadamente, en los primeros pudo más el interés de su caudillo, y las líneas divisorias y el antagonismo siguieron, a pesar de la conciliación.

Reconstrucción del partido liberal. Su diferencia de la conciliación

La reconstrucción del partido liberal fue un golpe mortal para los reaccionarios. El Gobierno y su círculo hicieron grandes esfuerzos para que fracasase. Tiempo perdido. El pueblo de la campaña secundó inmediatamente el suceso de la capital y se contituyeron en todos los Departamentos centros políticos, de las dos fracciones, en las mismas condiciones -de unión leal- que el Club Constitucional había realizado; dichos centros confirmaron, públicamente, el Manifiesto del Comité Central y delegaron en él la dirección superior del partido, previa sanción de un Reglamento interno que fijó la organización general del Cuerpo.

A la unión se agregó, pues, una constitución capaz de mantener compactas las filas, sin predominios personales. ¡Era de ver el entusiasmo! No quedó rezagado uno solo de los antiguos defensores de la libertad, ni hubo aldea en que se perdiera en el vacío la gran idea de salvar a Corrientes.

El doctor Derqui vio la montaña que le venía encima pero, en combinación con Avellaneda y Alsina, aferróse más a su sistema. Si los sucesos posteriores no hubiesen demostrado las reservas que se hicieron, al cambiar en Buenos Aires los medios de la política nacional, la conducta del doctor Derqui habría sido prueba evidente de la oculta deslealtad.

El, en efecto, no tenía raíces en Corrientes y se sostenía por el apoyo nacional únicamente; no era, en consecuencia, posible que aventurase su garantía, haciendo resistencia a la conciliación y llevando adelante sus atropellos, por el capricho de intransigente, si en el fondo no estaba de acuerdo con Avellaneda y Alsina.

Derqui el hombre asegurador por excelencia; el carácter más propio que se haya fundido para situaciones de intriga; el especulador político de menos conciencia que puede encontrarse; el político de cubiteles y doble fondo; antes hubiera renegado de sí mismo, que oponerse entonces al pensamiento íntimo de Alsina y Avellaneda.

Sin embargo, rechazó la conciliación, la atacó y esto importaba combatir la marcha de aquéllos; no obstante, siguió gozando de los mismos favores y de la misma protección. Una que otra frase presidencial, dicha con estudio, disfrazaba la complicidad en la situación de Corrientes.

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