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Elección de Electores. Actitud de la oposición

El enfrentamiento del oficialismo y la oposición fue en aumento y, cuando en 1877 se aproximaban las elecciones gubernamentales, el doctor manuel Florencio Mantilla hizo que sus correligionarios aceptaran un novedoso proyecto traído de las prácticas norteamericanas.

Consistía en que, frente al aparato comicial del Gobierno, los liberales harían otros comicios paralelos, compitiendo con aquél en la atracción de los electores y garantizando su desarrollo con hombres armados.

No habría lucha política, porque cada bando recibiría sus votos en sus propias urnas, realizarían sus propios escrutinios, reunirían sus propios Colegios Electorales y elegirían sus propias fórmulas sin oposición. Mantilla dijo al respecto:

Nuestra fórmula irá al Gobierno por la legalidad o, en su defecto, por la fuerza(1).

(1) Hernán Félix Gómez, “Toledo, el Bravo (Crónica de las guerras civiles del período oligárquico)” (1944), p. 42. Editorial Corrientes, Corrientes.// Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1991). Ed. Plus Ultra, Buenos Aires.

Los liberales aceptaron este plan no muy convencidos de sus bondades y además pensando que en el futuro se podía revertir en su contra, cosa que efectivamente ocurrió. La intención de los liberales era que, ante el desquicio institucional que se produciría por haber dos gobernadores elegidos y proclamados, el Gobierno Nacional enviaría la Intervención Federal a la provincia y llamaría a elecciones nuevamente bajo su vigilancia.

El presidente de la República, Nicolás Avellaneda, seguía atentamente la situación política correntina y tenía esperanzas de que el acto electoral transcurriera por los carriles normales, sin saber lo que se proponían los liberales.

Para tratar de hacer realidad las esperanzas de Avellaneda, el gobernador del Chaco, teniente coronel Pantaleón Gómez, reunió el 14 de Noviembre a los presidentes y secretarios de los clubes Nacional (autonomista) y Constitucional (liberal), a los cuales -aparentemente- logró poner de acuerdo para que se garantizara el orden en los comicios y la libertad de sufragio.

Al expresar su conformidad con las bases acordadas, Mantilla dijo que, mediante ese arreglo, el partido que resultase vencido no habría de protestar, teniendo que conformarse con su suerte; y que era tal su satisfacción que, desde luego, deberían cesar los rencores del partidismo(2).

(2) Periódico “La Verdad”, edición del 18 de Noviembre de 1877. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1991). Ed. Plus Ultra, Buenos Aires.

Pero, el 16 de Noviembre, fecha de los comicios, fue de verdadera guerra en la provincia y, como no podía ser de otra manera, al haber Mesas paralelas receptoras de votos, los dos bandos se atribuyeron el triunfo.

Los liberales acusaron de fraude al oficialismo y al gobernador del Chaco de haber actuado de mala fe.

El 6 de Diciembre se reunió la Junta Electoral con 14 Electores del Partido Nacional y 9 del Constitucional (estos eran los reconocidos por el oficialismo), eligiéndose presidente provisorio a Gelabert.

Los liberales, en un primer intento, quisieron hacer reconocer otros 9 electores, cosa que no prosperó y, cuando en la sesión citada para el 10 de Diciembre estos últimos quisieron ingresar al recinto, el presidente los hizo expulsar por medio de la fuerza pública.

Ante esta situación, los liberales se retiraron a una casa deshabitada y allí sus 18 Electores, reunidos ese mismo día en su propio Colegio Electoral, con la presidencia de Raimundo Reguera, eligieron gobernador al doctor Felipe J. Cabral y vicegobernador al doctor Juan Esteban Martínez

Por su parte los autonomistas, reunidos en su Colegio Electoral, el 15 de Diciembre proclamaron el triunfo de su fórmula integrada por el doctor Manuel Derqui y el coronel Miguel Wenceslao Fernández.

Inmediatamente el periódico “La Libertad”, en su edición del día 19, expresó abiertamente -aunque sin decir explícitamente- que eso era lo que se habían propuesto lograr, cual era la solución de la situación planteada:

El actual estado de las cosas en Corrientes, es una de las especialidades cuyo solución única depende de la Intervención Nacional (...).
El Gobierno Nacional tiene que reconocer forzosamente a uno de los gobernadores; no puede quedarse con ambos (...). Para esto, sólo la Intervención es eficaz, el único medio legítimo de que puede echarse mano...(3).

(3) Periódico “La Libertad”, edición del 19 de Diciembre de 1877. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1991). Ed. Plus Ultra, Buenos Aires.

- El relato de la oposición

"Llegó el día 16 de Noviembre de 1877, designado para la elección de Electores. Ella tuvo lugar bajo el terror y la coacción oficial más inicua. La máquina infernal montada por Derqui contra el ejercicio de la soberanía del pueblo, produjo su estallido mortífero, pero si mató el voto libre, no destruyó la virilidad del pueblo, que sacó fuerzas nuevas de defensa del criminal desenlace de la contienda electoral"(4).

(4) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

"El Partido Liberal había declarado en su Programa que se abstendría de la lucha si la libertad electoral no fuese respetada; más, cuando el poder público no se limitó a cohartar el sufragio, sino que invirtió completamente el orden institucional, conceptuó cobardía la abstención y, con plena conciencia de lo que sucedería, ocurrió a los comicios en actitud pacífica, como si lo esperasen urnas libres".

La cuestión electoral y las consecuencias políticas de ella habían degenerado en cuestión social, de vida o muerte, y si del primer punto de vista la abstención era una defensa, del segundo, en que las cosas estaban, era un deber la lucha.

La victoria popular era segura, aún combatiendo el poder según estaba resuelto a hacer; numéricamente, y ante los principios constitucionales, tenía la oposición con qué evidenciar su triunfo, y esto era lo importante, por más que el Gobierno lo desconociese, como parecía indudable que lo haría; porque, convertida en cuestión social la cuestión política, había resolución de seguirla hasta sus últimas consecuencias, en defensa legítima, pues si los hombres pueden, alguna vez, prescindir, obligados, del ejercicio de sus derechos políticos, jamás hacen lo mismo con sus derechos naturales.

Encaprichado, el doctor Derqui en ser gobernador de Corrientes, no podía esperar, la oposición, que respetase su triunfo; necesitaba, sin embargo, vencerlo, probar ante el país que la voluntad del pueblo le era hostil, para tener derecho a obligarlo y obligar a sus cómplices a someterse a la ley.

Según la oposición, "para el doctor Derqui, la elección de Electores era la conclusión de su campaña y para sus adversarios la base de su evolución futura. Por eso fue que el 16 de Noviembre agotó aquél los recursos de su sistema y los últimos se mantuvieron en los límites de una defensa enérgica, pero prudente, sin conprometer su causa".

- La elección, Departamento por Departamento

"Las escenas ignominiosas de aquel día memorable en los fastos electorales de Corrientes, merecen relacionarse con detalle, Departamento por Departamento, no sólo para que sean conocidas, como porque demuestran haber sido el resultado del plan puesto en ejecución por Derqui, desde su entrada al Gobierno, y dan la medida exacta de dicho político y de sus federales", prologa Mantilla al referirse a la situación política en la provincia en esos momentos.

A continuación se refleja el relato del doctor Manuel F. Mantilla, jefe de la oposición y alma mater de la insurrección que está a punta de desatarse. En bastardillas las palabras textuales de Mantilla, que reflejan, sin lugar a dudas, los fundamentos que sostendrá como bandera la oposición, hasta derrocar al gobernador Derqui.

* Capital

La Plaza en que debía tener lugar la elección fue ocupada en la madrugada del 16 por el “Guardia Provincial” y el Cuerpo de Vigilantes, acantonándose tropa en algunos edificios de ella; el Jefe de Policía, Rafael Gallino(5); los ayudantes del gobernador, Solís y Maidana; el Inspector de Armas, Acosta; los comisarios de Policía, Romero, Núñez, González, Alvarez, Toledo y Noguera; el primer Jefe de la Gendarmería, Avila; el del detall, Lovera; al frente, cada uno, "de grupos insignificantes", ocurrieron al atrio de la Iglesia del Rosario, lugar de la elección, provocando con mueras y otros insultos a la oposición.

(5) Mantilla dice de Rafael Gallino que "fue tan exaltado partidario del tirano del Paraguay, Solano López, cuando las fuerzas de éste ocupaban Corrientes, en 1865, que en un banquete dado en celebración del nacimiento del tirano, pronunció el siguiente brindis, disparatado pero significativo: “Señores: deseoso de hacer una pequeña manifestación de simpatía al Exmo. Sr. Presidente del Paraguay, hoy día de su natalicio, he tomado la palabra careciendo de este don; por consiguiente, seré breve, ofreciendo únicamente un brindis a la salud de este hombre, que tan bellas esperanzas ofrece a nuestra patria.
“Señores: brindo a la salud de ese hombre que a la lid nos guía y que, presuroso a nuestra libertad existe; hoy debemos a él cuánto existe, nuestra libertad, nuestro ser, nuestra armonía” (“El Independiente”, Nro. 132, veintisiete de Julio, 1865). // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Según Mantilla, "uno y otro hecho eran violatorios del acuerdo celebrado la noche anterior entre comisionados de uno y otro partido". El gobernador del Chaco, Pantaleón Gómez, había ofrecido, espontáneamente, su intervención, para impedir la efusión de sangre y hacer tranquila la elección del siguiente día que, según las apariencias, iba a ser una verdadera batalla; los liberales, "que ignoraban la clase de hombre que era el gobernador del Chaco", aceptaron la oferta, confiados en que, por su alto carácter, sería imparcial.

Reunidos, en consecuencia, representantes de uno y otro partido, en la casa habitación de Ramón Lusbín, donde paraba Gómez, presentaron los liberales, por orden, estas dos proposiciones, como medio de hacer tranquilo el acto:

1ro. - Formación de Mesa primaria mixta, cuyo presidente sería designado a la suerte;
2do. - Nombrar una Comisión mixta, presidida por el gobernador del Chaco, encargada de contar el número de votantes de cada parte, en la inteligencia de que, si resultasen con mayor número los federales, formarían ellos la Mesa Escrutadora y, si fuese la oposición, daría Mesa mixta.

Ambas propuestas "fueron rechazadas", según Mantilla.

Entonces, se convino echar a la suerte quiénes debían comenzar la votación y se nombró Comisionado Fiscalizador de la legalidad y tranquilidad del acto al gobernador Gómez. El primer reclamo hecho a Gómez fue, pues, por la presencia de la fuerza pública y la actitud asumida por los empleados militares y civiles. "No hizo caso".

Denunciósele luego que el gobernador de la provincia se encontraba a media cuadra del atrio, en la casa de José Bosano, cuartel general de los gubernistas, repartiendo dinero y caña y dando órdenes como magistrado. "Tampoco escuchó".

"El fiscalizador se tornó derquista en el terreno. La recepción de sufragios, para la formación de la Mesa Escrutadora, fue cerrada antes de la hora fijada por la ley, para que no votasen los de la oposición, a quienes tocaba el turno, y tuviesen mayoría; fueron recibidos como válidos votos de extranjeros, de no domiciliados en la Capital, de soldados disfrazados de individuos que ya habían sufragado, sin que a los reiterados reclamos de la oposición hiciera nada Gómez".

Lo que estamos presenciando -le dijo el doctor Luque a Gómez- es una traición indigna que, si no fuera nuestra palabra empeñada, la castigaríamos inmediatamente”.

¡Cómo, en efecto, podía atender los reclamos, “cuando había sido llamado por su amigo Derqui para asegurarle el triunfo”, según lo manifestó después él mismo!

Durante toda la elección, Gómez autorizó los escándalos que tenía el compromiso de honor de impedir y, no obstante el resultado neto del escrutinio, sin depuración de los votos falsos, "fue de 265 por el Partido Liberal y 267 por los gubernistas, quedando sin sufragar 335 liberales, lo que importaba, cívica y numéricamente, la derrota de Derqui pues, constatada la incapacidad de tres votantes aceptados, y eran más de cincuenta, quedaba la oposición con mayoría", según el testimonio de Mantilla.

Los liberales formalizaron su protesta en la misma Mesa Electoral, "pues había vencido con un género de victoria que sus adversarios no debieron permitirle: los obligó a deshonrarse".

* Lomas

Teodoro Maciel, Juez y Comandante Militar, "hizo arrear a los vecinos por comisiones de las fuerzas acampadas en el cuartel del Departamento, costa de Laguna Brava, y él mismo, seguido de una escolta de sesenta hombres", recorrió el Departamento para ordenar que “nadie votase contra el Gobierno y porque no le gustaba que hubiesen dos partidos”.

No satisfecho aún -relata Mantilla- "el 16, colocó guardias en los diversos pasos del Riachuelo, río caudaloso que cruza el Departamento, para capturar y conducir al cuartel a todo vecino que viniera a votar".

Prevenido Maciel, así, contra la oposición, "organizó militarmente a los ciudadanos arreados, por compañías, con oficiales armados a su frente; mandó desplegar, en guerrilla, un escuadrón de carabineros frente al Juzgado; rodeó el edificio de centinelas y, dentro de él, instaló la Mesa Electoral, presidida por él mismo, sable en mano y con un montón de boletas al lado".

Pero Maciel habría tomado una precaución más: "la guerrilla recibió orden de hacer fuego contra todo grupo que se aproximase a dos cuadras de ella", “porque no había más elector que él, y que los disconformes apelasen dónde quisieran

"¿Qué podía hacerse pacíficamente ante semejante forma de elección?", pregunta retrospectivamente Mantilla. Los opositores que, en número.de cuatrocientos, habían concurrido a ejercer su derecho, o tenían que abrirse paso a la fuerza, desobedeciendo las instrucciones del Club Constitucional, o retirarse burlados; su constancia y su decisión tenían por delante un atentado mayor aún que los sufridos hasta entonces.

Hicieron lo único que estaba a su alcance: mientras Maciel "practicaba su elección, a la distancia permitida de la guerrilla de carabineros", labraron un Acta-protesta, refiriendo lo ocurrido, expresando su voluntad de ser representados en el Colegio Electoral por el doctor Juan M. Rivera.

Esta fue la elección en Lomas. Tanto por lo dicho, cuánto porque el elector oficial, Antonio Ramayón, ¡era un menor de edad!, como lo demostró después en el Congreso el ministro del Interior, exhibiendo su Fe de Bautismo; "el acto fue doblemente nulo para el doctor Derqui", remata nuestro historiador.

* San Luis del Palmar

Benedicto Aquino, Jefe Militar, y Laureano Molina, Juez, "disolvieron por la fuerza los grupos de opositores que bajaron de la campaña y, colocando guardias en las cuatro esquinas de la plaza, consintieron la entrada en ella solamente a los partidarios del Gobierno".

El ministro, doctor Fernández, estuvo en San Luis dos días antes de la elección, y él, tal vez, aconsejó la medida. El elector nombrado fue Miguel V. Gelabert, presidente de la Legislatura, el cual no podía ser tal, por esta disposición terminante de la Constitución Provincial: Ningún Diputado ni empleado a sueldo del Poder Ejecutivo podrá ser Elector”.

* San Cosme

Los jueces Portillo y Alfonso y el Jefe Militar Sequeira, publicaron bandos a son de corneta, haciendo saber a los vecinos que la candidatura del doctor Derqui era la patrocinada por el Gobierno y que las autoridades estaban encargadas de reunir a los ciudadanos y dirigirlos el día de la elección.

La víspera del 16, "bajaron a San Cosme y Santa Ana los Jueces Pedáneos, Fiscales y Oficiales en comisión, con pelotones de enchalecados, destinados a votar por el ungido del poder, cuyos desgraciados, detenidos en los corralones de los Juzgados, bajo centinelas y algunos en el cepo, esperaron el día de la farsa para recobrar su libertad".

La Mesa Electoral se instaló en el atrio de la iglesia, rodeada de un círculo de soldados y, con el Juez y el Comandante en ella.

Los votantes eran sacados de los Cuarteles en número de cuatro, con custodia de un oficial y tres soldados y, conforme sufragaban, recibían su libertad. La oposición no podía votar, pero le fue reconocido el derecho de protestar, en la forma que eligiese; en esto, se mostraron más generosos que Maciel.

El diploma de elector oficial no llevó pues, un voto en contra en los Registros, pero en el acto de clausura de ellos se mencionó la protesta hecha por los liberales, semejante a la de Lomas.

El nombrado fue Segundo Ramírez, rechazado poco antes de la Legislatura, "por insolvente quien, por esto mismo, no llenaba las condiciones constitucionales para el cargo, pues las exigidas a un elector son las mismas que debe reunir un Diputado".

* Empedrado

El vicepresidente del Club liberal y dieciocho miembros más fueron "prendidos el 15 por la noche, habiendo escapado el presidente y otros, gracias a oportuno aviso", relata Mantilla.

Los hermanos Gómez -Eduardo, Jacinto y Valentín-, Juez de Paz, Subdelegado de Marina y Jefe Militar del Departamento; y los Fiscales y Jueces de campaña, "necesitaron sofocar, con las prisiones, la acción del pueblo, ante quien estaba perdido el candidato oficial"; y, siguiendo un procedimiento análogo al de Maciel, antes de la elección, "negaron el voto a la oposición el día del comicio", exactamente como lo habrían efectuado las autoridades de San Cosme.

Los opositores salvaron su derecho, protestando en número dos veces mayor que el de los supuestos sufragantes oficiales, y designando, en esa forma, el ciudadano que deseaban los representase.

* Bella Vista

El "famoso" Candia, "enemigo eterno de toda libertad, hombre feroz y temido, tuvo el triste mérito de la mofa descarada a las leyes", sentencia Mantilla. Citó las milicias, las organizó formando un campamento en las orillas del pueblo y, prohibiendo “emitir un voto contra sus órdenes”, colocó la Mesa Electoral en el salón del Juzgado de Paz, una compañía de cincuenta infantes frente al edificio y él, sentado en la única puerta por donde pasarían los sufragantes; "con un arreador en mano, daba a cada individuo la boleta que debía entregar al Juez de Paz, presidente de la Mesa".

* Saladas

Tres días antes del 16, el Jefe Militar, Casto Salas, movilizó la Guardia Nacional del Departamento, so pretexto de perseguir a cuatreros, siendo los perseguidos los miembros del Club Libertad.

El 16, José Pujol, Juez de Paz, acompañado de los Pedáneos, Fiscales, Jefe Militar y Oficiales de Policía, "encabezaba una turba de bandidos, reunidos ex profeso, de Saladas, San Roque y Mburucuyá, y recorría las calles del pueblo en las primeras horas de la mañana, insultando y provocando a la oposición pero, como no prohibió el voto, aquélla sufrió los insultos por llevar al atrio sus cuatrocientos afiliados".

Dominados inmediatamente, "los federales, recurrieron al crimen. Cuando el triunfo del pueblo estaba ya asegurado, el ayudante del Juzgado, Guillermo Rojas, y los homicidas Beato García y José Salas, apoyados en una compañía de soldados policiales, asaltaron la Mesa Electoral, se apoderaron de los registros y huyeron hacia el Cuartel".

Los soldados hicieron fuego sobre los ciudadanos que los persiguieron, hiriendo y matando a varios, pero sin detenerlos, pues, a pesar de la lluvia de balas, los Registros fueron rescatados.

El crimen interrumpió la elección por corto tiempo. Encerrado el Juez de Paz con soldados y secuaces dentro del Cuartel, temeroso de un justificado ataque, el pueblo siguió sufragando tranquilamente. Tal serenidad y resolución no podía consentir Pujol y, dando nueva forma a su consigna de triunfar a todo trance, pasó esta orden al presidente del Club Popular:

Para las doce horas de este día, disolverá Vd. la reunión de hombres armados y amotinados que tiene reunidos bajo su dirección. La falta de cumplimiento a lo ordenado, hará recaer sobre Vd. toda la responsabilidad”.

Tras la orden, los soldados y secuaces del Gobierno salieron del Cuartel armados con Remington y avanzaron sobre los votantes, hasta cierta distancia. Comprendió entonces el presidente del Club Libertad que había la resolución de hacer una carnicería y como tenía instrucciones de no comprometer ni aceptar combate, contestó al Juez en los siguientes términos:

La Comisión Directiva del Club que presido ha resuelto diga a Vd. que no es reunión de hombres armados y amotinados los que le constituyen, sino reunión de un pueblo desarmado que acaba de ser escandalosamente fusilado por la fuerza pública y los gubernistas encabezados por usted y su ayudante, por el solo hecho de haber ocurrido a ejercitar la más preciosa de sus libertades, el sufragio.
"A la coacción ejercida por Vd. y demás autoridades, se agrega ahora el incalificable fusilamiento de ciudadanos pacíficos, hace media hora, desde los portales del juzgado, y para evitar otros sucesos más desagradables, y para constatar, una vez más, sus atentados, la Comisión cumplirá la orden de Vd. de disolver la reunión, pero Vd. desarmará y licenciará la fuerza que tiene en actitud de pelea”.

La elección fue, en consecuencia, cerrada, consignándose en el Acta lo ocurrido. Sin embargo, el 14 de Diciembre, a última hora, apareció Antonio Pujol, hermano del Juez, como elector oficial por Saladas, para hacer quorum en el Colegio Electoral oficial.

El juez Pujol se vindicó ante el Gobierno, diciendo:

Los miembros del Club Libertad, en momentos que el pueblo se hallaba sufragando, atropellaron la Mesa y la han deshecho, provocando un conflicto enseguida, atacando y haciendo fuego sobre el pueblo, y también intentaron apoderarse del Juzgado. Pero fueron sofocados”.

Pero Mantilla señala: "Atribuyó a la oposición lo que fue obra suya, cual si su Nota del 16 no constatara su crimen".

* San Roque

Paulino Lafuente y Miguel Soto, Juez y Comandante Militar, "apuraron los resortes de la intimidación. Encarcelaron a muchos miembros del Club de la oposición; estaquearon y azotaron en el campamento de las orillas del pueblo; allanaron los domicilios de Amarilla, Sosa, López, Niz; ¡consintieron amplio desborde, a sus bandidos!"

Pero, todo fue inútil, "porque no suprimieron el voto. La oposición triunfó".

* Concepción

Wenceslao Lugo, Juez y Jefe Militar, se negó a instalar la Mesa en hora de ley, intimando retiro a los opositores, porque no habría elección.

Los ciudadanos permanecieron, sin embargo, en la plaza pública hasta las doce; cuando vieron que la autoridad cumplía lo anunciado, se retiraron al local del Club Pueblo Libre con el objeto de levantar su protesta.

Aprovechó esta ocasión Lugo para abrir la elección en el Juzgado, colocándose él con sesenta tiradores alrededor del edificio para que nadie penetrase hasta la Mesa Receptora de votos.

Cuando se supo esto, no obstante la ilegalidad de la instalación, volvieron a la plaza, con ánimo de votar, los que labraban su protesta pero, recibidos con armas preparadas, se vieron en la necesidad de terminar aquélla, en la misma plaza, bajo las armas abocadas sobre ellos, sin conseguir tampoco de la autoridad que la recibiera.

* Esquina y Sauce

Desde el 14, las autoridades despacharon citadores y partidas armadas que llevaron a los campamentos todo individuo capaz de votar y de cargar armas.

El 15, el campamento de Onofre Aguirre, en Esquina, tenía doscientos hombres bien armados; el juez, C. Zúñiga, toda la Policía y los infantes del pueblo, y llegaba a Sauce un Torres, teniente de Cáceres, con cien hombres; podía calcularse en más de cuatrocientos soldados la fuerza oficial con que se amenazaba al pueblo.

Este no se arredró; sin temor alguno, presentóse a ejercer su derecho. Para coartarlo, Zúñiga expidió esta Orden:

Noviembre 15 - Siendo mañana 16, día de elecciones, se previene al público que no se permite cargar armas. Queda encargado del cumplimiento de este Edicto y también de conservar el orden y sosiego públicos, el Jefe Militar del Departamento, don Onofre Aguirre”.

La oposición comunicó al Juez que estaba resuelta a no acatar el nombramiento del comisionado, por ser adversario declarado, pidiéndole, al mismo tiempo, que disolviera las fuerzas reunidas.

A la 1 a.m. del 16, una comisión de federales buscó arreglos con el pueblo, bajo la expresa condición de situar la Mesa en el Juzgado de Paz, lo que fue rechazado. El juez Zúñiga, entonces, ordenó a la Municipalidad que no instalase la Mesa, mandato acatado por el presidente Cipriano Argüello.

La Orden decía:

El Jefe Militar del Departamento me participa, en este momento, que fuerzas armadas se aproximan al pueblo y, como es probable que esto responda a planes subversivos, he creído que el señor presidente no debe instalar la Mesa primaria, suspendiendo la elección, porque puede hacerse sufrir un conflicto sangriento”.

El vicepresidente, señor Lecaros, desestimó la Orden e instaló el comicio. Era el único liberal del Cuerpo Municipal. Enfurecido, Zúñiga, prohibió directamente la elección por un edicto:

Se previene al público -decía- que por disposición del que firma, quedan suspendidas las elecciones que debían tener lugar el día de hoy, en razón de haberse presentado a inmediaciones de este pueblo, fuerzas armadas (¿las de Aguirre?), en actitud hostil”.

Esto se hizo (según un Parte de Zúñiga al ministro de Gobierno, sobre los sucesos del 16, publicado en el número 189 del Boletín Oficial, con los demás transcripto), después de “ordenar que se reuniesen los hombres que tenía el Jefe Militar, la Guardia Nacional de caballería, que se encontraba en el pueblo, y que la infantería se reuniere en el Juzgado”.

El ukase fue desobedecido por atentatorio al sufragio y falta de derecho en quien lo daba. La elección comenzó y siguió tranquila hasta las once. Los gubernistas no concurrieron. A esa hora, un escuadrón de caballería y una compañía de infantes avanzaron sobre los sufragantes, desplegados en guerrilla, sosteniéndolos Aguirre con el resto de sus tropas.

La amenaza puso al pueblo en actitud de defensa, sin abandonar la elección. Aguirre fluctuó; hizo parar las guerrillas, conservándose en actitud amenazante, hasta las cuatro p.m.

Una comisión del comercio extranjero medió con el Jefe Militar para que abandonase la idea de atacar al pueblo y, ya de miedo o por comprender la inutilidad del derramamiento de sangre, tocó retirada y volvió a su campamento.

En Sauce ocurrió algo parecido, pero también se impuso el pueblo a Torres y Martín Martínez.

* Goya

Tres días antes de la elección, las autoridades practicaron una rigurosa citación en la campaña, con el pretexto de reclutar hombres para reforzar la Guardia Policial. En la noche del 15, bajaron, de la frontera del Rey, ochenta soldados de línea, disfrazados de particulares, mandados por el coronel Obligado(6), a las órdenes de un Echevarría, cubano, cirujano de la frontera, aunque de nada entendía ni tenía título.

(6) Este Jefe Nacional escribió lo siguiente al Inspector de Milicias de la provincia, con fecha 10 de Octubre de 1877: “Desde que la oposición se ha puesto de pie, yo he hecho mis trabajos y combinado mi plan para batirlos aquí y en Esquina. ¡Aquí, Goya, estoy más seguro de triunfar o de que, por lo menos, no habrá elección, pues voy a echar el resto y, en último caso, concluirá la función a balazos. Hoy escribo a Zúñigá dándole coraje y animación. Sólo para vos he sido franco, pues para todos soy presidente y no quiero meterme en nada. No olvides mandarme algunos destinados”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Los gubernistas hicieron cuartel en la Jefatura Política. Llegada la hora de instalar la Mesa, la Municipalidad, que debía hacerlo, se negó a ello; exigidos los Jueces de Paz, se excusaron también, por orden del Jefe Político Angel Soto, a quien Gelabert había recomendado que “si no podían triunfar, impidiera la elección”.

Reducido el pueblo a la necesidad de tomar una resolución que salvara su derecho, organizó con las formalidades de ley las Mesa Receptora de votos, sorteando cinco vecinos de una lista de diez de los más respetatables de la población, como prescribe aquélla; sufragó pacíficamente.

El coronel Obligado, que había prometido ganar la elección a balazos, nada intentó; la imponente actitud del pueblo, a cuyo frente se encontraba el noble Plácido Martínez, dominó a soldados de línea y autoridades; Jefe Político, municipales y jueces, lograron sólo el ridículo de su vergonzosa conducta.

* Lavalle

No se respetaron ni los vínculos de sangre. Los trabajos oficiales de Mauricio y Pedro Pascual Méndez, Juez y Comandante Militar, fueron tan escandalosos, que Modesto Méndez, hermano de ellos, pero alma de la oposición, fue prendido y remitido a la capital, donde le dijo el gobernador Madariaga: No lo largaré sino después de las elecciones, ¡pues así me lo han pedido los amigos!

Con todo, el pueblo triunfó, porque pudo votar.

* Mercedes

El Gobierno no tenía más que sus malas autoridades en este Departamento, verdadero campamento general de la oposición en la provincia; hicieron, empero, cuánto de su parte dependió, para dar el triunfo al candidato oficial, pero estérilmente, pues no les pertenecía ni la fuerza pública.

Vencidas en la elección, mandaron asaltar la Mesa por un grupo, capitaneado por los sargento mayor Avalos y Romero, con el intento de romper los registros los que, siendo rechazados, buscaron asilo en el Juzgado de Paz, de donde habían salido.

El juez Zalazar, lleno de terror cuando el pueblo le exigió justicia, declaró, en un documento bajo su firma, que el ataque partió de los gubernistas.

* Curuzú Cuatiá

Cáceres tenía ordenado a sus inferiores que trajeran al "Paraíso", el día quince, todos los hombres que pudieran, sin admitir excusa de ningún género, y sin falta, para “recibir órdenes de él”.

Las comisiones destacadas para cumplir su voluntad, arrearon y prendieron a cuántos vecinos encontraron al paso, distinguiéndose la comandada por un oficial Montiel que, únicamente del establecimiento del coronel Celestino Araujo, llevó todos los peones atados codo con codo y unas cien cabezas de ganado vacuno.

Para la elección, introdujo Cáceres todas sus fuerzas en el pueblo y formó cantones en los edificios más dominantes, a fin de impedir la aproximación de la oposición. El y sus jefes estaban en la Mesa. El pueblo, reunido afuera de la plaza, no pudo conseguir que se le permitiera entrar en ella; distintas comisiones, mandadas ante el Juez de Paz, en solicitud del ejercicio del sufragio, fueron despachadas por Cáceres con amenazas de fusilamiento.

Todo esfuerzo pacífico fue completamente inútil y los ciudadanos no tuvieron otro recurso que protestar contra la violencia.

* Libres

Madariaga había munido con anticipación a las autoridades de las facultades extraordinarias del estado de guerra. El Juez de Paz hizo público, en consecuencia, dos días antes del 16, un telegrama del gobernador, ordenándole que tomase medidas de seguridad, porque el coronel Baibiene, que vivía en el Salto, invadiría la provincia.

Parece increíble que el Primer Magistrado hubiese podido llevar a ese extremo la impostura, en documentos oficiales y en momentos tan solemnes. Prevalido de la Orden, el juez reunió y acuarteló las milicias, teniendo cuidado de convocar, únicamente, a los ciudadanos liberales”.

A pesar de ésto, la oposición presentó en la elección una gran mayoría de sufragantes, pero fuele negado el voto, realizándose una farsa, igual a la de Lomas, San Cosme y Bella Vista.

Pantaleón Paiva, Araujo, Herrera y Ventura Montaña, estos últimos actores en la muerte de W. y Justo Urquiza, fueron los prohombres del escándalo, y Abelardo Torres, Fiscal del Tribunal de Libres, el elector inconstitucional nombrado contra la prohibición del artículo 55, de la Constitución.

* La Cruz

El Juez de Paz colocó un piquete de infantería frente al Juzgado, donde instaló la Mesa, y como la oposición reclamase, hizo prender a sus principales directores: Angel Acuña, comandante Alvarez, sargento mayor Berdum y Ortega.

Hecho esto, apareció el Jefe Militar, Benjamín Varela, con un escuadrón de lanceros, e intimó al pueblo que se disolviese; privado de sus directores y desarmado, abandonó la plaza para formalizar su protesta, en la cual constató el atentado y manifestó su voluntad de sufragar por Angel Acuña. La elección fue, pues, suprimida.

* San Miguel

Las autoridades confiaron imponer la candidatura oficial en la Mesa Electoral y por ello consintieron votar a la oposición; tenían fuerzas reunidas en las orillas del pueblo. Pero se llevaron un chasco.

Menos escrupulosos, los liberales de allí en observar las instrucciones del Club Constitucional, se prepararon a rechazar la fuerza con la fuerza, para lo cual fueron todos armados al comicio, de suerte que, cuando el juez Villordo y el jefe militar Esquivel pretendieron ejecutar su plan, se encontraron con hombres listos para la defensa.

Angel Igarzábal escapó de la Mesa, con el diploma del elector nombrado, en medio de una nube de balas, siendo perseguido por espacio de cuatro leguas y Lorenzo Rojas, Leoncio Fernández, Emiliano Sánchez, Romualdo Canteros y sus hijos, espiaron el triunfo del pueblo en el cepo, llevados presos del mismo comicio.

* Caá Catí

Análogos procedimientos a los practicados en los otros Departamentos, observaron el Juez de Paz, Pedro A. Esquivel, y Dámaso Sánchez Negrete, Jefe Militar, para la formación de un campamento militar de trescientos hombres.

Caá Catí da dos electores. La oposición disponía de inmensos elementos, favoreciéndola además, la influencia moral ejercida por su número y por su actitud valiente y resuelta.

El juez, que no era seguramente del temple de sus colegas, Maciel y Portillo, propuso practicar la elección con Mesa Escrutadora mixta, presidida por el médico Antonio Díaz de Vivar, federal.

El arreglo significaba garantir el triunfo del pueblo, por más que el Juez confiara en lo contrario, por la reserva del fraude. Así se hizo, y el pueblo quedó victorioso, no obstante una descarga de fusilería sobre los sufragantes, a las 31/2 p.m., ordenada de cuenta propia por el ayudante del Juzgado, Vicente López.

Los gubernistas falsificaron después los registros para lo que se prestaron los escrutadores de su color, que hacían mayoría; más, las precauciones tomadas por sus contrarios, en previsión de todo, hicieron estéril el recurso.

* Mburucuyá

Fueron "prendidos y obligados a trabajaren las calles, como presidiarios, el 15, los miembros todos del Club Liberal, quedando el juez Galarza y el jefe militar Chamorro en holgura plena para reclutar ciudadanos por la fuerza y suprimir la elección".

La Mesa fue puesta en el Juzgado de Paz, rodeada de soldados armados, única y exclusivamente para votar los individuos sacados del interior del Cuartel. La oposición protestó.

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