El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

El proyecto político opositor al liberalismo

El 12 de Octubre de 1874 ocupó la presidencia de la República el doctor Nicolás Avellaneda. El nuevo magistrado asumió el mando en medio de un levantamiento sedicioso, dirigido por el partido Nacionalista contra la presidencia expirante de Domingo F. Sarmiento aunque, en verdad, “su objeto fue impedir la elevación de Avellaneda, elegido por la coacción oficial y el fraude(1), según las causas invocadas por el historiador Manuel Florencio Mantilla.

(1) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Si bien Mantilla fue contemporáneo de los hechos, autores posteriores -en base a documentación y expresiones de Mitre- dieron otra explicación a la sedición de 1874. Uno de ellos fue Miguel Angel Scenna(2) quien dijo que

cuando Mitre asumió el mando del Ejército Constitucional en Los Médanos, sabía que la insurrección estaba militarmente vencida y así lo comunicaría al vizconde de Río Branco. Desde antes del estallido venía sofrenando al movimiento, quitándole impulso. Es que el General en ningún momento pensó en derrocar a Avellaneda y ocupar el poder.
Como lo dijo en la proclama insurreccional y lo repitió en varias oportunidades, sólo quería dar a la rebelión el carácter de protesta armada, respondiendo con la violencia a la violencia del fraude. Por eso se empleó a fondo y no tardó en tomar la decisión de capitular.
Lo anterior queda demostrado por lo ocurrido años después. Se acercaba la Navidad de 1893. Agonizaba el general Emilio Mitre. Don Bartolo acudió a casa del hermano, donde había varios visitantes. Se entabló conversación sobre la reciente insurrección en la provincia de Buenos Aires. De modo natural, se trajo a colación lo acontecido en 1874. Al tratar de su participación en la rebelión, Bartolomé Mitre dijo:

- ‘Fui a la revolución para desarmarla’.

Pocos movimientos insurreccionales han tenido tan mala prensa historiográfica como en el del 74. Los escritores antimitristas lo describen con horror y desprecio y los partidarios de Mitre pasan sobre él como sobre ascuas. El hecho de que Mitre, que cultivaba con esmero su imagen legalista, se convirtiera en jefe insubordinado, basta para aportar municiones a unos y avergonzar a los otros.
Para algunos autores, la insurrección del 74 fue una intentona fallida de repetir Pavón, es decir, devolver la primacía a Buenos Aires, en detrimento del Interior. En suma, sería un aspecto más de la puja entre porteños y provincianos, entre el puerto y el resto del país. Como toda explicación esquemática, posee un dejo de verdad, pero no toda la verdad. Como cualquier esquema, presenta la falencia de ser parcial, restrictivo. Casi digamos que es un boceto de la realidad, pero no un retrato de la misma.
En muchos autores persiste la errónea creencia de que la insurrección estalló porque Avellaneda ganó las elecciones presidenciales. Ello no es cierto. El movimiento se consumó porque la Cámara de Diputados aprobó los diplomas emergentes del fraude cometido el 1 de Febrero de 1874.
De haberlos rechazado, de haberse convocado a nuevas elecciones, no hubiera estallado la rebelión y Avellaneda hubiera asumido el poder en paz. Repetimos y reiteramos; como se desprende de la proclama insurreccional, como lo prueban los documentos de la época, el partido Nacionalista fue a la rebelión porque el Poder Legislativo consagró, canonizó, dio luz verde a una elección fraudulenta.
El hecho de que la insurrección del 74 trasciende del esquema simplista de porteños versus provincianos, se encuentra en las motivaciones y acciones del partido rebelde antes y después de la rebelión. Se va a la lucha en defensa de la verdad del sufragio; la bandera de guerra es la libertad de comicios.
Posteriormente al fracaso, se decreta la abstención revolucionaria, se considera de facto a los Gobiernos producto del fraude y se admite como lícita la salida sediciosa. Es decir que el partido Nacionalista se adelantó en 17 años a la Unión Cívica Radical, cuya plataforma ha de basarse precisamente en los mismos elementos”.

En el análisis que hace de la situación, Scenna agrega un concepto más que parece fundamentar lo que sucederá en Corrientes después de la gobernación de José Luis Madariaga:

El primero que emitió una condena global y terminante de la insurrección del 74 fue Carlos Pellegrini, en 1904. A treinta años de los acontecimientos dijo que fue ‘la revolución más culpable de las que se han realizado en la República’, y la acusó ‘de haber quebrado la educación democrática del pueblo y haber sembrado la semilla de la sedición permanente’”.

Es un concepto lúcido de Pellegrini. El no opina sobre cuáles fueron las causas del movimiento rebelde, sino de las consecuencias nefastas que dejó como ejemplo a la sociedad argentina. Y esto es comprobable; es dificil pensar qué hubiera sucedido si Mitre no hubiese liderado un movimiento armado subversivo. ¿Los liberales correntinos -con Mantilla a la cabeza- hubiesen elegido la sedición para solucionar un problema electoral, a lo que dieron en llamar la “revolución de 1878”?.

El movimiento de 1874 sin duda influyó e inspiró, especialmente a Manuel Florencio Mantilla, para liderar una guerra civil que tendría consecuencias nefastas para Corrientes.

- En busca de un nuevo ideario. Un proyecto político provincial (1868 - 1878)

A principios del ‘70, se insinúa, en un grupo de políticos de la provincia de Buenos Aires un pensamiento que se manifestó a partir de 1862, con motivo del frustrado proyecto del presidente Mitre de federalizar la Ciudad de Buenos Aires. Habían fracasado Bernardino Rivadavia -en 1826- y Justo José de Urquiza, en 1853, al incluir en la Constitución Nacional de Santa Fe dicha capitalización.

El pensamiento a que hemos hecho referencia se traduce en una manera nueva de enfocar la solución de los grandes problemas nacionales. En definitiva, una generación provinciana con clara visión y conciencia nacional.

Aspiramos a mostrar -a través del hilo conductor de lo que se dio en llamar partido Federal y su continuación, el autonomismo- en qué consiste el nuevo ideario. En primer lugar esto, que es conocido, sólo constituye la introducción.

Frente a la reiterada indiferencia por las manifestaciones populares, aparece un nuevo sector que busca su base de apoyo en la clase media y en la de los pequeños propietarios que, en cierta forma, representaban las clases populares. No intenta conseguirlo con ofrecimientos demagógicos, sino con soluciones hasta ese momento inéditas.

El movimiento se originó en Buenos Aires, pero 10 años prenderá fuertemente en un grupo numeroso de líderes correntinos.

Un primer ejemplo de presencia de este pensamiento lo da la resistencia a la ley del 17 de Octubre de 1862 propiciada por Mitre, con principios favorables al mantenimiento del latifundio.
La oposición -los futuros autonomistas- señala la presencia del grupo que rompió la unidad del partido Liberal -a la sazón en el Gobierno- que abandonó, a cambio de negarse a entregar la Ciudad de Buenos Aires para capital de la República, grupo que acentúa su oposición a la política centralizadora del Ejecutivo Nacional oponiéndose a votar la entrega del Banco de la Provincia de Buenos Aires a la Nación.
Estas y otras situaciones configuran un sector muy importante de la provincia de Buenos Aires de muy distintas tendencias y matices que muestran, en cierta medida, unidad y sistema. A esto último contribuye, entre otros ingredientes, su fervoroso provincialismo, su sentido popular buscando sustento en las bases de la opinión; su federalismo a ultranza como base de la solución institucional. A ello agrega un plan de desarrollo industrial que considera indispensable para llegar a la liberación nacional.
Esos principios hicieron carne en muchos hombres de Corrientes. Frente a las fuerzas económicas tradicionales que se traducen -en el orden interno- en el mantenimiento de la estructura ganadera, con su inseparable secuencia latifundista, y en el concierto internacional en su dependencia con Inglaterra, este nuevo sector, inspirado en algún momento en el ideario de Sarmiento, propicia una política de industrialización similar a la desarrollada por Estados Unidos cuando debió independizarse económicamente de Gran Bretaña.
Años después del período en estudio, Sarmiento dejará escrito el pensamiento autonomista que ya imperaba en los primeros años del 70. Severo con la irresponsable rutina de muchos de los grandes estancieros, señala estos conceptos:
“... No quieren saber nada de derechos, de impuestos a la hacienda. Quieren que el Gobierno, quieren que nosotros -que no tenemos una vaca- contribuyamos a duplicarles o triplicarles su fortuna a los Anchorena, a los Unzué, a los Pereyra, a los Luros, a los Duggan, a los Cano, a los Leloir, a los Pelero y a todos los millonarios que pasan su vida mirando cómo paren las vacas.
“En ese estado está la cuestión, y como resulta que las Cámaras están también formadas por ganaderos, veremos mañana la canción de siempre, el payar de la guitarra a la sombra del ombú de la pampa y a la puerta del rancho de paja”(3).
(3) “El Censor” del 9 de Enero de 1886. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.
“La industria ganadera, la única verdaderamente nacional, carece entre nosotros del gran desenvolvimiento que tiene en otros mercados más perspicaces y previsores. Nos hemos limitado a la cría de ganado sin otro horizonte que el saladero, fuera de los canales de abasto.
“La cruza y mejora de razas cuenta muy pocos años en nuestros mejores establecimientos. El estanciero criollo no tiene iniciativas, obedece a la tradición colonial de las procreaciones naturales, a la explotación primitiva de cueros y lanas, que todavía se exportan tal como resultan de la esquila.
“Tenemos datos sobrados para demostrar que la exportación en condiciones frigoríficas asegura la prosperidad del comercio que se consagre a ella. Pero se nos preguntará si ésta es una seguridad absoluta, por qué no se exponen los capitales interiores, los capitales excedentes de los mismos ganaderos, ricos, muy ricos, en su mayor parte.
“Nuestros hacendados no entienden jota del asunto y prefieren hacerse un palacio en la Avenida Alvear que meterse en negocios que los llenarán de aflicciones”(4).
(4) ‘‘El Censor”, Enero 21 de 1886. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.
Durante el período 1868 a 1878 un agitado debate de ideas conmoverá la sociedad argentina. El autonomismo -pujante como nunca en el centro del país- intenta ampliar sus bases incorporando al federalismo a sus filas. Aparece -en 1872- “Martin Fierro”, después de una prédica periodística de José Hernández desde el Río de la Plata (1869-1870), a favor de las grandes soluciones para la provincia de Buenos Aires con innegable incidencia nacional.
Foco de irradiación será la Asamblea Constituyente bonarense de 1870-1873 -reformadora de la Constitución Provincial de 1854- que permitió advertir la presencia de un grupo coherente de personas jovenes que, con alguna libertad, puede ser considerada como la generación de 1870.
Rafael Hernández, por no citar más que uno de los más brillantes del grupo, senala las insalvables diferencias con la llamada generación del 80. Ambas fueron progresistas. La última más que tocada, llevada a los mayores extremos por la filosofía positivista spenceriana, muestra en toda América Latina lo mismo que en argentina: un gran empuje progresista, con el signo del desprecio por la opinión popular, su descreimiento en cuanto a religión y su aceptada y hasta buscada dependencia con respecto a Inglaterra.
Leandro N. Alem, Aristóbulo del Valle y otros compañeros de lucha aspiran a un progresismo dentro de líneas más tradicionales y de absoluta independencia nacional. Algo de esto se percibirá a través del partido Republicano, formado por un grupo progresista perteneciente a la burguesía bonaerense -desglosado deí autonomismo- que en su postura se puso en contradicción con los componentes de su partido originario, los poderosos estancieros de Buenos Aires.
Fueron los republicanos quienes, siendo aún miembros del partido Autonomista, participaron resueltamente en las reformas llevadas a cabo durante el período que estudiamos; aquéllos que, ante la crisis del saladero, pensaron orientar el comercio ganadero sin tutelas foráneas; los que intentaron dar la tierra al que la trabajaba; fueron, en fin, los que quisieron cambiar la faz, primero en la provincia de Buenos Aires y luego a todo el país. Su fracaso en 1878, fue un fracaso del país todo y que en parte aún siente sus efectos.
Los hechos que inician el proceso político en el cual se destacará el grupo reformista y democrático son ajenos al proceso político de Corrientes:
1.- la citación de la convención constituyente de la provincia de Buenos Aires; y
2.- la finalización de la presidencia del general Bartolomé Mitre.
Pero antes de abordar estos puntos, veremos -en apretada síntesis- qué era la provincia de Corrientes desde el punto de vista socio-económico, en el período estudiado.
En Septiembre de 1869 se levantó un Censo General de la República. Algunos de los datos relativos a la provincia:
Población
Ciudad Capital 11.218
Departamento Lomas 3.230
Departamento Empedrado 5.300
Departamento Bella Vista 5.462
Departamento Lavalle 4.277
Departamento Goya 10.907
Departamento Esquina 8.028
Departamento Curuzú Cuatiá 10.386
Departamento Monte Caseros 3.731
Departamento Paso de los Libres 5.974
Departamento La Cruz 3.463
Departamento Santo Tomé 5.278
Departamento Itatí 2.229
Departamento San Cosme 3.620
Departamento San Luis 6.765
Departamento Caa Catí 8.211
Departamento San Miguel 3.326
Departamento Yaguareté Corá (Concepción) 3.766
Departamento Mburucuyá 4.155
Departamento Saladas 4.444
Departamento Mercedes 9.912
Departamento San Roque 5.341
Total: 129.023

En 1869 la provincia contaba con una población de 129.023 habitantes, de los cuales 11.218 (el 8,69 %) residían en la Ciudad de Corrientes. La cifra diferencial de los sexos favorecía a las mujeres en 7.002 habitantes, hecho que puede ser explicable por la historia de guerra que padeció la provincia casi permanentemente.
La proporcionabilidad entre población nacional y la extranjera era de 68 por mil, ocupando Corrientes el quinto puesto en relación a los demás Estados.
La edificación estaba representada por 3.648 casas de azotea y teja cocida, y 17.209 de madera y paja. Los oficios y profesiones tenían 167 variedades de trabajos.
Hacia la mitad de la década existían 158 escuelas oficiales y particulares, con 9.170 niños, servidas por 175 maestros, bien dotadas de útiles y mobiliario; funcionaban doce bibliotecas populares, con 8.025 volúmenes(5).
(5) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XXVI: “Período Constitucional. 1870-1880”, parágrafo 259. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Información adicional