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La Administración de 1865-1868, la nacionalización de la política y los agentes del Gobierno Federal

El inicio de la guerra fortaleció nuevamente los procesos de militarización local y otorgó a los jefes de los regimientos de la Guardia Nacional de la provincia un papel decisivo. El grupo ligado al gobernador Manuel Ignacio Lagraña, que había huido de la ciudad poco antes de la invasión, era sumamente débil y, en consecuencia, la organización de las fuerzas que iban a resistir la incursión paraguaya recayó en Nicanor Cáceres.

Las fuerzas paraguayas no llegaron, en su avance hacia el sur, a ocupar los partidos situados del otro lado del río Corriente y, por eso, fueron las milicias de esta región las que asumieron el control de la provincia. La elección del sucesor del gobernador Lagraña, efectivizada en Diciembre de 1865, fue manejada por Cáceres y sus milicias.

Evaristo López, allegado a aquél y antiguo Jefe Político de Goya, cargo que en algunos departamentos de la provincia -a principios de la década de 1860- había reemplazado al de Comandante Departamental, asumió entonces el Gobierno(1).

(1) Sobre la introducción de la institución del Jefe Político véase: Enrique Schaller. “La Jefatura Política en Corrientes” (1999), en: “XVIII Encuentro de Geohistoria Regional”, Resistencia. Sobre la figura y el Gobierno de Evaristo López, puede verse el texto de Dardo Ramírez Braschi. “Evaristo López (un Gobernador Federal)” (1997). Ed. Amerindia Ediciones Correntinas, Corrientes. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

El paso de Cáceres -una vez más- al primer plano de la política provincial, introdujo nuevos factores de división entre la élite política. Su ascenso implicó un desplazamiento de los liberales correntinos, aquellos hombres del núcleo urbano capitalino que gobernaban la provincia desde principios de la década del sesenta con el apoyo de los jefes departamentales cercanos al mitrismo y el fortalecimiento de los “federales” próximos a Justo José de Urquiza -como el mismo Cáceres- cuyos vínculos con el hombre fuerte de Entre Ríos se habían reanudado.

La oposición entre el grupo urbano, de raigambre liberal, y el nuevo gobernador se acentuó con el tiempo, denunciando -los miembros del primero- lo que consideraban una reinstalación del caudillismo en el Ejecutivo Provincial. De todos modos, como señalara Tulio Halperín Donghi, el peso de Cáceres fue suficiente para instalar en el Gobierno a López, pero no para otorgarle una sólida base política(2).

(2) Tulio Halperín Donghi. “José Hernández y sus Mundos” (1985), pp. 23 y sigtes. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Esto se evidenció en las dificultades que tuvo este último para ejercer el gobierno. En las resistencias, revueltas y conspiraciones que debió afrontar Evaristo López durante su mandato, había ahora un nuevo actor que cumplía un papel clave: se trataba de los agentes del Gobierno Nacional.

La incidencia de éstos se revelaría decisiva ya en los últimos años de esta década y los primeros de la siguiente. Que Cáceres no pudiese, finalmente, asentar el poder de su allegado, Evaristo López, se debió justamente al proceso de nacionalización de la política local.

La oposición de los liberales correntinos a Evaristo López fue permanente y tuvo lugar desde el comienzo de su gestión como gobernador. El Ejecutivo Provincial fue hostigado en forma continua a través del periódico “La Esperanza”. Además de ser acusado por su práctica autoritaria, se señalaba desde las páginas de esta publicación que el Gobierno de la provincia no respaldaba con la energía suficiente la causa de la Triple Alianza.

Desde “La Esperanza” se apoyaba públicamente al Imperio y se proclamaban sus virtudes ante la opinión pública local. El Gobierno hizo conocer sus posiciones durante esta época a través de “El Eco de Corrientes”, que contó como redactor a José Hernández. Las polémicas suscitadas desde ambas publicaciones muestran con claridad el papel que la posición ante la guerra desempeñó en la fractura y en la lucha entre las fracciones de la élite local.

Con el paso del tiempo, las polémicas desatadas desde la prensa se volvieron más virulentas acentuando las diferencias en el interior de la élite en el contexto de una cruenta lucha facciosa. En gran medida, la debilidad de la misma élite -provocada por estas disputas- acentuó el poder de los funcionarios federales.

Las mismas fracciones locales presionaron para involucrar a estos funcionarios en sus estrategias y hacer uso de su poder e influencia con el objeto de decidir el rumbo de la política local. Esta presión fue sistemática y permanente en los primeros años de la segunda mitad de la década de 1860 y afectó, entre otras dependencias, a la Justicia Federal.

En el contexto del debate entre los periódicos mencionados anteriormente, el juez federal con asiento en la capital de la provincia fue reiteradamente presionado para perseguir a distintos miembros de la élite local cercanos al Gobierno y que eran acusados de haber tenido una activa participación apoyando la invasión paraguaya(3).

(3) Los imputados pertenecían a las familias más renombradas de la élite local: Díaz de Vivar, Billinghurst, Igarzábal, Bedoya y Esquivel. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Desde la prensa que expresaba los intereses del Gobierno se defendió con vehemencia la actitud de ese mismo juez, remiso a iniciar los procesos por “traición a la patria”. Más allá de los argumentos puntuales desatados en la discusión, lo que ésta evidenciaba era la dificultad de los funcionarios federales para mantenerse -en este contexto- al margen de la política local.

La prensa oficial de aquellos años denunció además en forma permanente el accionar de los empleados de otras Oficinas nacionales que -se señalaba- conspiraban contra el Gobierno Provincial. Ya la conducta del administrador de Rentas Nacionales había provocado conflictos que tuvieron una repercusión particularmente importante.

En 1866, funcionarios nacionales adscriptos a la Capitanía de Puerto en Corrientes participaron en una revuelta contra el Gobierno local. También empleados de la Justicia Federal, como el procurador asentado en el juzgado de sección de la provincia, habían estado involucrados en el episodio y, por eso, desde la orovincia se pidió su alejamiento insistiéndose en que su condición inhibía su participación en la política local(4).

(4) “Decreto separando al doctor Benítez del cargo de Procurador Fiscal”, en: “Registro Nacional de la República Argentina que comprende los documentos expedidos desde 1810 hasta 1873” (1884), tomo V, p. 154. Ed. Imprenta La República, Buenos Aires. Se señalaba entonces que se destituía al procurador “a consecuencia de la participación que -de pública notoriedad- tomó en los últimos sucesos que han tenido lugar en dicha provincia, contrariando la recomendación que, por regla general, han sido hechas a los empleados nacionales, de no mezclarse en los asuntos internos de provincia”. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

En Julio de 1868 nuevamente el procurador fiscal del Juzgado Federal fue objeto de un pedido de destitución, acusado de conspirar contra el Gobierno Provincial. El entonces gobernador, lo denunció ante el ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación e, incluso, lo obligó a retirarse de la ciudad capital de la provincia. Esto, a la vez, dio lugar a un incidente entre el gobernador y el ministro mencionado(5).

(5) Al respecto véase: Abelardo Levaggi. “Judicatura y Política” (1997), p. 233. Ed. Ciudad Argentina, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Sin embargo, como era previsible, los principales problemas derivaron de la participación activa en la política interna de la provincia de los oficiales del Ejército Nacional. En este sentido, es preciso volver a recordar que Corrientes constituyó el lugar de asentamiento de los Ejércitos durante gran parte de la guerra y fue nudo de tráfico para el abastecimiento y sitio de instalación de los hospitales militares.

Todas estas circunstancias alteraron profundamente la vida de la ciudad y de la provincia. La participación de los oficiales del Ejército Nacional en la política local debe entenderse, además, en función de diferentes tipos de variables. En primer término, es necesario tener presente que muchos oficiales de las milicias locales -como se verificaba en el caso de Cáceres- habían sido incorporados en distintos grados en el Ejército Nacional. Estos antiguos jefes milicianos, convertidos ahora en oficiales del Ejército Nacional, tenían fuertes y concretos intereses en la política local.

La otra dimensión central del problema se vincula con la gravitación creciente que, en términos generales, adquirió el Ejército en la vida política e institucional argentina a partir de la misma Guerra del Paraguay que contribuyó -como se sabe- decisivamente a su consolidación y, consecuentemente, a la del Estado Nacional. Esto se evidenció en la participación que una parte importante de la oficialidad del Ejército tuvo en la elección de Domingo Faustino Sarmiento como sucesor de Bartolomé Mitre.

El vínculo entre las autoridades locales y los oficiales del Ejército Nacional fue conflictivo desde un principio. Ya Manuel Ignacio Lagraña, gobernador de la provincia en tiempos de la invasión, protagonizó diversos tipos de conflictos con Wenceslao Paunero, el primer general del Ejército Nacional que se hizo cargo de las tropas correntinas.

En este caso, la actitud de Mitre fue muy clara en su respaldo a Paunero. Sin embargo, a medida que la guerra se prolongó y el Ejército fue tomando una actitud cada vez más independiente del entorno mitrista, el presidente de la nación se mostró más renuente a dar respaldo incondicional a las intervenciones de los oficiales en la política local.

Así, entre 1867 y 1868, Mitre se manifestaba particularmente preocupado por la acción de estos últimos y de otros empleados nacionales, no sólo en la política correntina sino también en las cuestiones internas de otras provincias. Ya en 1866, cuando se produjo el primer conato de revuelta contra el Gobierno de la provincia, protagonizado por oficiales del Ejército Nacional, Mitre manifestó su disgusto al entonces ministro de Guerra, Juan A. Gelly y Obes(6).

(6) De Bartolomé Mitre a Juan A. Gelly y Obes, Cuartel General (Curuzú Cuatiá), Septiembre 15 de 1866, en: “Archivo del general Mitre, Guerra del Paraguay”, tomo III, pp. 94 - 95. Biblioteca de “La Nación”, 1911 - 1914, 28 volúmenes. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Mucho más severa fue la comunicación que volvió a cursarle en Junio de 1868, cuando éste se desempeñaba como General en Jefe del Ejército de Operaciones en el Paraguay, con motivo de nuevos incidentes insurreccionales en Corrientes. Entonces calificaba a la situación como escandalosa, particularmente por la participación de los jefes y oficiales del Ejército en operaciones.

Las quejas de Mitre tenían dos destinatarios: por un lado, los oficiales de origen correntino, particularmente el propio Cáceres; por otro, algunos de los oficiales del Ejército Nacional más vinculados a su propia persona. Eran muy duros, en este sentido, los cuestionamientos dirigidos a su hermano, Emilio Mitre, en ese entonces comisionado del Gobierno Nacional en la provincia, por la forma en que se había involucrado en la política interna correntina(7).

(7) Señalaba Mitre en carta a Gelly y Obes:
“Me parece que Emilio no ha hecho nada hasta ahora, ni se ha dado cuenta exacta de los objetos de su comisión y, aún creo que se ha mareado un poco con la política local que, como todas las políticas que se llaman locales, no es más que una explotación o una inmundicia que da repugnancia hasta mirarla de lejos.
“Sin aprobar la revolución y sin dejar de simpatizar en el fondo con sus aspiraciones, ya que ella ha tenido lugar, necesitamos proceder con tanta cautela como actividad y decisión, porque la cuestión de Corrientes puede convertirse en un nudo ciego, así para la política interna como para la guerra exterior en que estamos comprometidos.
“Escribo a Emilio sobre el particular, llamándole fuertemente su atención sobre puntos muy importantes y lo hago con alguna severidad, porque me parece que está muy distraído”. De Bartolomé Mitre a Juan A. Gelly y Obes, Buenos Aires, Julio 8 de 1868, en: “Archivo del general Mitre, Guerra del Paraguay”, tomo III (continuación), pp. 256 - 257. Biblioteca de “La Nación”, 1911 - 1914, 28 volúmenes. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

De este modo, el presidente de la nación hacía explícitas sus quejas por la independencia que habían adquirido los oficiales -y hasta Generales- cuyo ascenso él mismo había promovido. La politización e involucramiento del Ejército en los asuntos internos de la provincia aparecía como un proceso que escapaba a su control.

Advertía Mitre -además- el surgimiento, en el seno de las fuerzas militares, de un sentimiento contrario a su persona, que fue creciendo como resultado de las derivaciones de la guerra y que culminaría en el apoyo a la candidatura de Sarmiento. Por otro lado, en este mismo período, el grupo entonces gobernante en la provincia comenzó a denunciar con fuerza lo que entendía como una tendencia creciente hacia el unitarismo y que se verificaba a nivel nacional.

Esta tendencia, que se agudizaba a medida que se aproximaban las elecciones nacionales, era vehiculizada -se señalaba- por oficiales del Ejército Nacional, como el uruguayo José Miguel Arredondo y Juan Andrés Gelly y Obes.

Es así que las presiones contra Evaristo López estaban fuertemente motivadas por la voluntad de incidir en las elecciones nacionales. En este sentido, los comicios presidenciales de 1868 introdujeron nuevos factores de perturbación en la política local.

Domingo F. Sarmiento, Rufino de Elizalde y Justo José de Urquiza eran posibles candidatos, y la presencia de López -apoyado por Cáceres- hacía previsible para distintos sectores del liberalismo rioplatense el apoyo de los electores de la provincia a la candidatura de Urquiza. Los hombres del Ejército Nacional no podían, en este contexto, mantenerse neutrales.

En consecuencia, en Mayo de 1868, el Gobierno local fue derrocado por una insurrección encabezada por el comandante de la Guardia Nacional de la capital y por varios oficiales del Ejército de línea, correntinos de origen y vinculados directamente a la figura del presidente de la República.

La actitud de éste ante la revuelta fue ambigua: por un lado, la apoyó, ya que era fundamental controlar la provincia en su estrategia con vistas a las elecciones presidenciales; sin embargo, procuró mantener su apariencia de neutralidad y evitar la generalización de la guerra civil allí. En este marco, le interesaba impedir que se extendiese la influencia de muchos de los oficiales del Ejército de línea a los que, evidentemente, no controlaba.

Mientras tanto, el caudillo de Curuzú Cuatiá se retiró de su puesto de combate en el Paraguay para apoyar a Evaristo López y la guerra civil se instaló de lleno en la provincia. Cáceres se sostuvo en las fuerzas de la Guardia Nacional asentadas en la región del río Uruguay. Raymundo Reguera y Nicolás Ocampo -que habían ejercido una influencia decisiva en la sublevación de Noviembre de 1861- lideraban ahora las tropas afectas al liberalismo correntino.

Como en la década anterior, Cáceres trató de buscar apoyos en el norte de la provincia de Entre Ríos, pero la intervención del Gobierno Nacional puso un rápido límite a sus intentos. Finalmente, fue derrotado por las tropas nacionales que estaban al mando de Emilio Mitre. Su influencia en la provincia se extinguió en forma definitiva con este episodio.

La guerra y los funcionarios nacionales que llegaron con ella acentuaron entonces un proceso que durante la década de 1860 se volvía cada vez más nítido: la nacionalización de la política local. La política en la provincia se hizo por entonces cada vez más diversa y compleja, al mismo tiempo que se nacionalizó. Se hicieron entonces evidentes los límites que se imponía a cualquier intento de modificar la situación política provincial sin la complicidad tácita o explícita del Poder Federal.

El proceso que culminó con la elección presidencial de 1868 mostró así, finalmente, cómo los acontecimientos locales se subordinaban ahora a los de la política nacional.

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