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COMPLICACIONES CORRENTINAS Y FRACASO DEL GABINETE CONCILIADOR

El Partido Nacionalista, a más de ser vigoroso en Buenos Aires, lo era en Corrientes, donde sus afiliados se llamaban “liberales”, justificada esta designación por la procedencia federal del partido Autonomista, su adversario.

Pactada la conciliación porteña, los dirigentes correntinos no lograron arribar a ningún acuerdo. De ahí que a las elecciones gubernativas del 16 de Noviembre de 1877 se presentaran dos candidatos: el doctor Manuel Derqui, a quien apoyaban los autonomistas dueños del poder; y el doctor Felipe J. Cabral, sostenido por los liberales.

Los comicios adolecieron de las consabidas fallas, comportadas por la ley local, que no era mejor ni peor que las existentes en las demás provincias. En la Capital, donde actuó de juez el gobernador del Chaco -a pedido de las dos partes y aún de Avellaneda- dijo, dicho funcionario, que los sufragantes se condujeron con corrección, “emitiendo tranquilamente -sin bullicio, sin desorden y hasta sin altercados- todos los votos que les fue posible presentar en las cinco horas fatales y en la única Mesa que esa malísima ley habilita en una ciudad que puede presentar y presentó en aquel acto, más de mil ciudadanos intachables(1).

(1) Pantaleón Gómez. “Engaños pérfidos y errores trascendentales (Exposición de hechos y pruebas presentada a los partidos Nacional y Autonomista)” (1878), p. 16. Ed. “El Nacional”, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La Mesa, llamaba por riguroso orden alternativo a los afiliados de una y otra agrupación, de modo que el triunfo podía depender del último voto que se depositara. Ganaron los autonomistas por dos sufragios; y los liberales arguyeron que ello se debía a que el gobernador del vecino Territorio adelantó su reloj en un minuto.

Es presumible que en los pueblos de campaña los comicios no superasen a los de la Capital. Sea lo que fuere, recibieron sus diplomas quince electores autonomistas y siete liberales.

Reunidos todos en el local de la Legislatura, celebraron una primera sesión pacífica; pero en la segunda pretendieron participar algunos liberales derrotados, lo que determinó que se les negara el paso y que se constituyeran dos Colegios, que nombraron sendos gobernadores.

Derqui fue reconocido por el mandatario saliente y la Legislatura y el 25 de Diciembre tomó posesión de su puesto. Cabral quedó de gobernador in pártibus: no contando con autoridad real en la provincia ni con el auxilio vanamente solicitado de Avellaneda, continuó en el desempeño de una Diputación Nacional.

Fuerzas del Gobierno disolvieron a un grupo de setecientos liberales que se levantaron en el pueblo de Esquina.

El presidente temió que los sucesos correntinos causasen el fracaso de la Conciliación. Sabía que le estaba vedado Intervenir y lamentaba verse forzado a permanecer inerte en presencia de provincias anárquicas. Parecíale mal que hubiera que proteger a las autoridades locales y se careciera de medios para vigilarlas, dirigirlas o siquiera aconsejarlas.

La Constitución primitiva -meditaba- era más lógica, haciendo a los gobernadores responsables en la esfera nacional; pero la enmienda, borrando la cláusula, dejó en pie el contrasentido que es en verdad un inconveniente del sistema(2).

(2) Avellaneda. “Escritos y Discursos”, tomo XI, p. 185. Según lo declara el editor, Avellaneda escribió las citadas reflexiones en Diciembre de 1877, al margen de un documento político. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Rechazada la injerencia imperativa, resolvió que dos ministros de distinta tendencia, Plaza y Gutiérrez, se trasladasen a la provincia en procura de un arreglo y con carácter amistoso(3).

(3) Avellaneda. Telegrama al gobernador Madariaga (Diciembre 19 de 1877), en: “Documentos relativos a la Intervención en la Provincia de Corrientes” (1878), p. 6. Ed. Imprenta del Porvenir, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

A los pocos días, Irigoyen reconoció a Derqui como gobernador y, a mediados de Enero de 1878, llegaron a su destino Plaza y Gutiérrez. De parte del gobernador hallaron estos la mejor voluntad para reproducir la fórmula de la Conciliación porteña, sobre la base del acceso de los opositores a un cargo ministerial, a las representaciones nacionales y provinciales y a los puestos administrativos.

De la otra parte tropezaron con mayores obstáculos, pues casi todos exigían el retiro de Derqui. Pendientes las negociaciones, Gutiérrez obtuvo del gobernador ciertas medidas que -en su concepto- serenarían los ánimos, tales como la libertad de algunos procesados políticos y el licenciamiento de varias fuerzas de policía.

El 2 de Febrero, los principales dirigentes liberales abandonaron sigilosamente la Capital y se encaminaron al sur, proclamando la rebelión. Gutiérrez se embarcó en el acto para Buenos Aires y Derqui organizó dos Cuerpos, uno de dos mil hombres y otro de tres mil.

Este último, confiando en su superioridad numérica sobre los sediciosos, marchó bajo la dirección del coronel Luciano Cáceres al encuentro de aquéllos, que estaban a las órdenes de Marcos Azcona, Coronel del Ejército Nacional.

El combate de Ifrán, librado el 19 de Febrero, dio la victoria a los insurgentes y costó a Cáceres la vida. Al día siguiente, Derqui reclamó la Intervención.

El Ejecutivo la dispuso en el momento de serle solicitada. Alejado Roca del Gabinete por motivos de enfermedad, el decreto pudo ser firmado sin violencia tanto por Irigoyen como por Elizalde y Gutiérrez. Estimaba haber “llegado el caso determinado en el artículo 6to.”, pero sin consignar el petitorio del gobernador; nombraba Comisionado al ministro Plaza, autonomista nacional, aunque bajo la expresa mención de que se encontraba en la provincia, como dando a entender que tal circunstancia forzaba el nombramiento; ordenaba la disolución de “todas las fuerzas y grupos en armas”, abarcando quizás -en lo absoluto de la frase- no sólo a los opositores, sino tambiénalos gubernistas; declaraba que, pacificada la provincia, el Comisionado restablecería, “el régimen constitucional”, términos ambiguos que acaso no significaran sostener las autoridades; y postergaba, de hecho, la resolución para otra oportunidad, pues hablaba de instrucciones que se impartirían al Comisionado cuando correspondiese efectuar el restablecimiento(4).

* El decreto de Febrero 20 de 1878 es el siguiente:

Departamento del Interior

Buenos Aires, Febrero 20 de 1878

Habiendo llegado el caso determinado en el artículo 6to. de la Constitución Nacional,
El Presidente de la República

Acuerda y Decreta:

Art. 1.- Queda Intervenida la provincia de Corrientes.
Art. 2.- Todas las Fuerzas y grupos que se encontraren actualmente en armas, las depondrán en el acto de serles notificado este decreto y se disolverán pacíficamente.
Art. 3.- Nómbrase Comisionado del Gobierno Nacional para hacer efectivo este decreto al ministro de Estado, doctor don Victorino de la Plaza, que se halla actualmente en esa provincia.
Art. 4.- Todas las Fuerzas de Línea que se hallan situadas en Corrientes quedan a las órdenes del Ministro Comisionado.
Art. 5.- Queda éste igualmente autorizado para movilizar los Guardias Nacionales que sean necesarios para la ejecución de este decreto.
Art. 6.- Una vez que se haya hecho efectiva la pacificación, el Ministro en Comisión procederá al restablecimiento del régimen constitucional, con arreglo a las instrucciones que le serán comunicadas.
Art. 7.- Comuníquese, publíquese y dése al Registro Nacional.

AVELLANEDA
Bernardo de Irigoyen, Rufino de Elizalde, José M. Gutiérrez

Las subsiguientes actitudes de Avellaneda fueron aclarando sus miras. En carta a Derqui, expuso que el envío de los ministros conciliadores obedeció a sanos propósitos, cuales eran los de obtener una solución pacífica frente al alzamiento por él previsto.

Los resultados han podido ser diversos -concedía- pero la intención fue buena y amistosa para usted en el mayor grado”.

Y agregaba:

El error estuvo en el acto mismo, porque enervó al Gobierno y dio tal vez alas al pensamiento revolucionario”.

Tras esta confesión, añadía que su idea fundamental era impedir que la provincia cayese en poder de los sediciosos(4).

(4) Avellaneda. Carta al gobernador Derqui (Febrero 27 de 1878), en Avellaneda. “Escritos y Discursos”, tomo XI, p. 218. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

A estos les aconsejó el desarme, asegurándoles que debían confiar en el Ejecutivo que “juzgará con imparcialidad completa(5).

(5) Avellaneda. Telegrama (a Juan Rivera, Valentín Virasoro y Miguel G. Morel), Febrero 28 de 1878, en Avellaneda. “Escritos y Discursos”, tomo XI, p. 224. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Nadie advertía la solución, sin embargo; y Avellaneda evitaba precisarla, sabiendo que ella conduciría a una crisis.

Plaza se portó correctamente. El 28 de Febrero convocó a las milicias para que procediesen a la disolución de las fuerzas y grupos que en la provincia se hallaban en armas -términos todos del decreto- “contra el Gobierno de la misma”, añadidura que resolvió por su cuenta fijando a aquél un sentido constitucional y lógico(6).

(6) Plaza. Resolución, en “La Tribuna”, Nro. 8.257, Febrero 28 de 1878. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Enseguida pidió armamento y tropas a Buenos Aires y suplió, por lo pronto, con exhortaciones su falta de poder material. Hubo nucleos rebeldes que cumplieron las órdenes; no así el más importante, dirigido por Fernández Reguera, quien solicitó que, previamente, se estableciese la ilegalidad del Gobierno de Derqui.

El Comisionado adujo que dicha subsistencia era asunto ajeno a sus atribuciones, las cuales sólo podían ser modificadas por el presidente(7) y éste atemperó aquella respuesta con la solemne promesa “de juzgar las cuestiones pendientes con imparcialidad y con verdad(8).

(7) Plaza. Telegrama al doctor Morel (Marzo 7 de 1878), en: “Cámara de Diputados”, sesión de Junio 5 de 1878.
(8) Avellaneda. Telegrama al coronel Fernández Reguera (Marzo 8 de 1878), en Avellaneda. “Escritos y Discursos”, tomo XI, p. 226.
// Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Las seguridades ofrecidas por Avellaneda surtieron su efecto y Plaza quedó dueño de una enorme cantidad de tacuaras provistas de cuchillo en la punta, que tales eran las armas de los paisanos. Avellaneda se sintió satisfecho.

Una guerra civil queda suprimida -telegrafió a Plaza- habiéndose mantenido al mismo tiempo incólume la autoridad de la nación; le discierno los honores de la jornada, ya que no puedo hacerlo general sobre los campos de batalla...(9).

(9) Avellaneda. Telegrama al comisionado Plaza (Marzo 17 de 1878), en Avellaneda. “Escritos y Discursos”, tomo XI, p. 202. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La satisfacción presidencial fue efímera. Contra lo supuesto, el desarme había sido parcial. Plaza encomendó al teniente coronel Hilario Lagos que lo completase; y como resistieran la medida algunas bandas, las declaró rebeldes(10).

(10) Plaza. Resolución de Marzo 22 de 1878, en “La Tribuna”, Nro. 8.278, Marzo 28 de 1878. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Los procedimientos de Plaza habían esparcido honda inquietud entre los nacionalistas. A fines de Febrero, Elizalde y Gutiérrez plantearon la protesta a Avellaneda en términos categóricos y éste les anunció que, cumplido el desarme, reemplazaría a Plaza con el vicepresidente Acosta, propuesto por aquéllos(11).

(11) Elizalde y Gutiérrez. Manifiesto al pueblo (Abril 30 de 1878), en el diario “La Nación”, (Buenos Aires), Nro. 2.311, Abril 30 de 1878. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 8 de Marzo partían para Corrientes el coronel Arias -entonces mitrista-, veinte soldados de escolta y suficiente material bélico. Plaza recibiría así las fuerzas y pertrechos que había solicitado y también una carta confidencial, portadora del pensamiento de Avellaneda.

En dicha carta, el presidente admitía que los gobernadores son designados sin injerencia federal; sostenía que, aunque la elección de uno de ellos motive controversias, el Ejecutivo debe reconocerlo de plano, por no ser juez de la causa; y agregaba que la competencia para fallar existe sólo cuando se Interviene por requerimiento de las autoridades.

Las bases en que fundaba este criterio surgían un tanto confusas:

La garantía de la Nación -explicaba Avellaneda- es dada como fin a las instituciones provinciales (artículo 5to. de la Constitución) y tiene como medio de ejercitarse la Intervención en los asuntos domésticos, según los términos del artículo 6to.; pero es necesario que el medio se subordine al fin y que, reponiendo o no reponiendo, vengan a salvarse las Instituciones provinciales, que es lo garantido verdaderamente(12).

(12) Avellaneda. Carta al comisionado Plaza (Febrero 20 de 1878), en Avellaneda. “Escritos y Discursos”, tomo IX, p. 220. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Cualquiera atribuiría valor puramente circunstancial a estas ideas, nacidas del propósito de conservar la Conciliación y la paz pública; no así su autor que, luego de dos años, recomendaba, como fuentes de buena consulta en materia de Intervenciones, los discursos parlamentarios de Rawson y Quintana y el mensaje de Sarmiento sobre la Cuestión San Juan, aparte de su propia oración ante el Senado de 1869 y su carta a Plaza...(13).

(13) Avellaneda. “Escritos y Discursos”, tomo XI, p. 420. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Cuando Arias llegó a la provincia, los elementos refractarios depusieron toda hostilidad y se disgregaron. El presidente pidió entonces al Comisionado que retomase su puesto en el Ministerio. Los autonomistas desearon que la fuerza pública fuese confiada a Lagos; los liberales reclamaron el nombramiento de Arias.

Parece que Avellaneda se inclinaba al último y que algo insinuó en su favor. Fuese ello exacto o no, lo cierto es que Plaza designó a Lagos.

Esta medida precipitó la crisis. El presidente intentó detenerla, ofreciendo el cargo de Comisionado al doctor Manuel Quintana, pero éste lo declinó, al saber que Irigoyen imponía el mantenimiento del statu quo hasta tanto el Congreso resolviera lo que correspondiese(14).

(14) Elizalde y Gutiérrez. Carta al presidente Avellaneda (Abril 24 de 1878), en el periódico “La Nación”, (Buenos Aires), número 2.307, edición de Abril 25 de 1878. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Inmediatamente, Elizalde y Gutiérrez abandonaron sus carteras, convencidos de que la resolución del asunto por las mayorías autonomistas nacionales del Congreso y la acción de Lagos habrían de determinar la subsistencia de Derqui. Esto ocurrió el 20 de Abril. Aún después de retirarse los ministros nacionalistas, Avellaneda procuró conservar la Conciliación.

El 24 de Abril nombró Comisionado al doctor Vicente G. Quesada -sabiendo que éste no aceptaría- al solo fin de aprovechar el decreto para designar interinamente a Arias, so pretexto de ser el jefe más antiguo de entre los destacados en Corrientes.

El titular tendría la única misión de reunir diversos informes y, la del interino, era tomar “el mando de las fuerzas, encargándosele el mantenimiento de la paz y la efectividad de las garantías que se ofrecieron a los revolucionarios al deponer las armas...”.

Departamento del Interior

Buenos Aires, Abril 24 de 1878

El Presidente de la República,

Acuerda y Decreta:

Art. 1.- Nómbrase Interventor en la provincia de Corrientes al doctor don Vicente Quesada, para continuar la Intervención pendiente hasta remitir los informes que el Poder Ejecutivo necesita.
Art. 2.- Mientras llega el interventor, y siendo de los Jefes en actual servicio en aquella provincia el más antiguo, el coronel don José Inocencio Arias, queda éste al mando de las Fuerzas, encargándosele el mantenimiento de la paz y la efectividad de las garantías que se ofrecieron a los revolucionarios al deponer las armas.
Art. 3.- Comuníquese, publíquese e insértese en el Registro Nacional.

AVELLANEDA
Bernardo de Irigoyen, Julio A. Roca

El presidente dio otro paso, todavía más grave, cual fue el de manifestar que solicitaría del Congreso el derrocamiento de Derqui. Esta actitud colocaba en situación dificil a Irigoyen, que era incapaz de comprender cómo una Intervención requerida puede ejercerse con propósitos distintos de los señalados en las claras palabras del texto: sostener o restablecer.

El ministro del Interior dimitió el 30 del precitado mes, alegando hallarse fatigado su espíritu...(15).

(15) Irigoyen. Nota al presidente Avellaneda, en el diario “La Nación”, Nro. 2.319, edición de Mayo 9 de 1878. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 6 de Mayo se abrió el Congreso con la pompa de costumbre. El presidente -caso extraordinario- se presentó con el único ministro que le restaba, o sea, el de Hacienda. Entre loas a la tan quebrantada Conciliación de los partidos, Avellaneda reprodujo los conceptos de su carta a Plaza.

Apoderóse del manoseado argumento de que “la acción del interventor no puede ser mecánica ni ciega” Luego pronunció las palabras previstas:

En verdad y en conciencia, poniendo mi espíritu en una esfera superior a las combinaciones de los partidos, teniendo en cuenta las instituciones de Corrientes y la prosperidad y la paz de esta provincia, declaro que la provincia de Corrientes debe ser llamada nuevamente a elecciones para designar su gobernador, bajo los auspicios de la Intervención Nacional...”.

Y desde las desiertas bancas ministeriales, Plaza oyó decir a su jefe que arribaba a ese juicio aún cuando hubiese preferido verificar ciertos hechos en su propio teatro, valiéndose “de un Comisionado imparcial y recto(16).

(16) Avellaneda. Mensaje al Congreso (Mayo 6 de 1878), en: H. Magrabaña, “Los Mensajes (Historia del desenvolvimiento de la Nación Argentina redactada cronológicamente por sus gobernantes. 1810-1910)”, tomo III, p. 473. Buenos Aires, Comisión General del Centenario, 1910, (5 volúmenes). // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Terminada la ceremonia, el solitario ministro se retiró a su casa para redactar la renuncia. El Gabinete de la Conciliación desaparecía a los siete meses de constituido.

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