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PRIMER MANDATO DE MANUEL DERQUI

El 6 de Octubre de 1877 se convocó al pueblo para elección de Electores, que se produjo el 16 de Noviembre. El 15 de Diciembre de 1877 el Colegio Electoral eligió gobernador al doctor Manuel Derqui, quien se hizo cargo el 25 de Diciembre, siendo su vicegobernador el coronel Miguel Wenceslao Fernández(1). Derqui será el 25to. gobernador constitucional propietario de la provincia.

(1) Gabriel Enrique del Valle - "Los hombres que gobernaron Corrientes. Compendio de historia política" // Edición del Autor.

Ese día, el gobernador y vicegobernador electos, al tomar posesión de sus cargos, prestaron juramento ante la Junta de Electores, estando ésta reunida con los 18 electores oficialistas, en los términos siguientes:

"Yo, Manuel Derqui, juro por Dios Nuestro Señor y estos Santos Evangelios, desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de Gobernador de la Provincia, cumplir y hacer cumplir la Constitución y leyes de la misma y la Constitución y leyes de la Nación. Si así no lo hiciere, Dios y la Patria me lo demanden".

La misma fórmula usó el vicegobernador electo, coronel Fernández.

El novel gobernador nombró ministros a: Fidel Sáenz Cavia, Desiderio Rosas y José G. Ballesteros, hombres imbuidos de las ideas del Partido Autonomista.

Hasta ahí, parece todo normal. Pero no era así. El Partido Liberal era fuerte en Corrientes y, en momentos en que asume Derqui, la oposición era más enérgica que nunca y dirigía sus destinos hacia la sublevación generalizada. Se llamaban “liberales”, justificada esta designación por la procedencia federal del Partido Autonomista, su adversario.

La diferencia más notoria entre ambos partidos tiene que ver con sus orígenes y estos fueron la causa principal de esa marcada antinomia que, en muchos casos -como el de 1877- llegó a convertirse en un odio absurdo por el adversario político. Ambos tuvieron un tronco común: el federalismo, porque en Corrientes no hubo unitarismo.

Pero el federalismo en Corrientes se dividió en "liberal" y "rosista", siendo continuador del federalismo liberal el Partido Liberal, fundado a mediados de la década de los años 1850, que adhirió fervorosamente al mitrismo, posteriormente; y del federalismo rosista, y ulteriormente urquicista, el Partido Federal que, en la segunda mitad de la década de los años 1870 pasó a denominarse Partido Autonomista, embanderándose con el autonomismo alsinista primero y con el Partrido Autonomista Nacional después(2).

(2) En 1983, la provincia será gobernada por el Pacto Autonomista-Liberal que, desde 1961, unió a los partidos Autonomista (conservador) y Liberal (en muchos aspectos tanto o más conservador que el otro), los dos más antiguos del país que, en el siglo XIX y hasta la década de los años 1940 -en el siglo XX-, estuvieron enfrentados muy duramente, llegando, en algunas ocasiones, a la lucha armada y también, en algunas ocasiones, a alianzas electorales entre autonomistas y algunas de las fracciones en que generalmente se dividieron los liberales. El Pacto gobernará Corrientes hasta el año 1999, en que se iniciará un proceso con supremacía radical. Los orígenes del radicalismo correntino se remontan hasta fines del siglo XIX, como un desprendimiento del liberalismo mantillista. En las primeras décadas del siglo XXI, los dos partidos tradicionales se mimetizarán en sucesivas nuevas alianzas políticas. El Partido Radical correntino tiene fuertes raíces liberales desde sus orígenes y hasta se podría decir que el conservadorismo es transversal a todo el arco político correntino actual.

Pactada la Conciliación porteña, los dirigentes correntinos no lograron arribar a ningún acuerdo. De ahí que a las elecciones gubernativas del 16 de Noviembre de 1877 se presentaran dos candidatos: el doctor Manuel Derqui, a quien apoyaban los autonomistas dueños del poder; y el doctor Felipe José Cabral, sostenido por los liberales.

Los comicios adolecieron de las consabidas fallas, comportadas por la ley local, que no era mejor ni peor que las existentes en las demás provincias. Lo cierto es que Cabral solicitó entonces al P. E. Nacional que enviara la Intervención Federal y el presidente Nicolás Avellaneda decidió enviar a Corrientes una misión de paz y conciliación compuesta por sus ministros, doctores José María Gutiérrez y Victorino de la Plaza, quienes llegarán 20 días después de la toma de Gobierno. Los comisionados arribarán a Corrientes el 15 de Enero de 1878, y producirán una tregua en el enfrentamiento.

Teniendo como base la permanencia del legítimo Gobierno de Derqui, la misión propuso varias fórmulas que, finalmente, no fueron aceptadas por los liberales. Los que más intransigentes se mostraron en este bando fueron los nacionalistas encabezados por Juan Esteban Martínez, que mantenían gente armada en los campos y en los montes, estando al frente de ella el hermano de aquél, Plácido Martínez.

Por fin, fracasada la mediación y retirados los mediadores, estallará la revuelta, a pesar de que desde las páginas del periódico “La Libertad” se negaba terminantemente que ello fuera a ocurrir. ¿Por qué se llegó a esta situación?

Ninguno cuestionaba la República como sistema político, ni la estuctura representativa y liberal sonbre la que ésta se edificó. Las tensiones se referían a la definición de las relaciones entre el Poder Central y las Provincias, los liderazos provinciales o regionales, o aspectos formales del ejercicio del poder. En general, estos partidos no representaban a un sector económico o social en particular; articulaban a gran cantidad de sectores sociales, sobre todo, al momento de la elección.

La elección para gobernador y vicegobernador, de 1877, en Corrientes, fue muy disputada. No había regulaciones sobre cómo se constituían los candidatos, no existían reglas claras respecto de las candidaturas y el proceso de selección se fue definiendo a medida que se fue desarrollando el proceso. Naturalmente, esto otorgó a las elecciones una alta dosis de competencia e incertidumbre, ya que resultaba imposible predecir con anticipación el candidato triunfante, que se definió en el último momento.

A su vez, la noción de que Derqui expresaba a la comunidad toda y defendía el bien común, fue una herramienta utilizada para legitimar su propia candidatura y denostar al contrario, a quien se exponía como el obstructor del consenso y la unidad de opinión, denominando a los liberales como una "facción". La cualidad de "faccioso", es decir, "vocero de los intereses parciales en oposición a los intereses generales de la provincia", era uno de los peores insultos políticos de la época, aunque el más común.

Los opositores usaron el mismo artilugio. Se habían puesto de acuerdo en no acordar.

- Cómo llegó Derqui a la Primera Magistratura: entre la violencia y la movilización 

Manuel Derqui llegó a la Primera Magistratura tras sostener una dura disputa con sus opositores. Las críticas de sus adversarios, si bien siempre subjetivas, nos dan una idea de cómo fue la lucha por el poder. La disputa electoral de 1877 fue, sencillamente, despiadada.

¿Cuál fue la actitud del doctor Derqui desde su asunción como Ministro de Hacienda? ¿Por qué fue tan resistido? Era un hombre con una vida familiar ordenada. Padre de familia, no había nada que reprocharle. Hijo del primer presidente de la Nación, Santiago Derqui, por sus venas corría la pasión por la política. Por supuesto que su sólo apellido, despertaba pasiones no controladas en sus adversarios. Herederos de Pavón y de los que destituyeron al Gobierno de Paraná, no se podía esperar de ellos otra cosa.

Derqui, que pretextó independencia y desacuerdo, procedía, sin embargo, en perfecta combinación con ellos. Tanto ciega la ambición que, habiendo podido captarse las simpatías del pueblo correntino, Avellaneda y Alsina se la enajenaron para siempre, por Derqui, por ese Derqui capaz de venderlos y comprarlos, sin ellos darse cuenta”.

Estas palabras son de Manuel Florencio Mantilla, un severo opositor del gobernador. Sus conceptos pueden ser contradichos: nada que decir con respecto a la ambición de un político y sin olvidar que el Gobierno Nacional -desde la presidencia de Domingo F. Sarmiento- era opositor de los liberales y, en particular, de los de Corrientes.

La actitud de los liberales correntinos tenía por objetivo inmediato la elección del gobernador que reemplazaría a José Luis Madariaga y, la política del Gobierno tendía, igualmente, a garantir dicho puesto al doctor Derqui. Hecha la unión de los unos, y rota la Conciliación pregonada por el presidente Avellaneda, se agregará a la lucha abierta la circunstancia que la haría más encarnizada y terrible: los trabajos oficiales -calificados de “descarados” por la oposición- en favor del ministro de Hacienda.

El proceso electoral correntino de 1877 tendrá una particularidad: el candidato oficialista estuvo perfectamente definido de antemano. Pero la selección temprana de Derqui fue motivo de disturbios y enfrentamientos. Estos conflictos se desarrollaron en etapas previas a la elección. Hubo intentos de diálogo con el fin de lanzar una sola candidatura consensuada, pero estos fracasaron.

El doctor Derqui podía, en aquéllos momentos, elegir una Senaduría Nacional -que estaba vacante- o, el Gobierno. En principio, parece ser que Derqui era observado como “dueño -como era- de la situación”. La Senaduría Nacional pasó a manos del ex gobernador, Miguel V. Gelabert y, según Mantilla,

sus proyectos y sus compromisos no se llenaban con un puesto en el Senado, mucho más cuando -con el alejamiento de Corrientes- quizás perdiera la suma del poder, al paso que, gobernador de un Estado poderoso y rico, y gobernador a lo federal, se habilitaría para todo(3).

(3) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

La inexistencia de acuerdo entre oficialismo y oposición era evidente. Manuel Florencio Mantilla muestra la misma ambición que condicionaba a Derqui. Ambos querían ser gobernador de la provincia, aunque cabe decir que Derqui tenía sus ventajas: nadie se le oponía en el Partido Autonomista correntino, en cambio, el Partido Liberal ofrecía variantes.

Los Gobiernos son minas inagotables para ciertos hombres y en situaciones de fuerza mucho más; ellos han levantado las fortunas más pingües del país, sin que los ladrones del Tesoro Público y de la fortuna privada reciban de la sociedad el desprecio que merecen; ellos han impuesto los dos últimos Presidentes; ellos han formado un Senado de ex gobernadores y ex ministros; ellos han nombrado y nombran los sedicentes Diputados Nacionales; ellos han creado las oligarquías de familias privilegiadas, en las cuales se transmite el mando como un bien cualquiera, porque el pueblo ha sido declarado idiota; ellos, en una palabra, constituyen cacicazgos semejantes a los de la tiranía(4).

(4) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Hermosas palabras, las que también pueden ser aplicadas a dirigentes liberales. El triunfo de Sarmiento y Avellaneda sobre el liberalismo correntino fue letal y ahora Derqui aparecía en escena como representante del arco politico triunfante desde el derrocamiento de Agustín Pedro Justo, en 1872.

El doctor Derqui prefirió el Gobierno de Corrientes, para hacer lo que Iriondo en Santa Fe; Febre, en Entre Ríos; Civit, en Mendoza; Navarro, en Catamarca; Viso, en Córdoba”, rematará Mantilla nacionalizando la contienda electoral provincial.

- Derqui candidato

Bajo los auspicios de aquella perspectiva, no era posible que su candidatura cayese en el pueblo sin levantar en contra hasta las piedras. El líder de la federación, despreciado y desacreditado aún más que ella, ministro dictador de Madariaga y candidato oficial, no podía contar con un átomo de opinión libre.
Su candidatura fue pendón de guerra sin cuartel y desde que apareció, hasta su caída estrepitosa del poder que usurpó, fue realmente guerra la hecha al pueblo por las coaliciones oficiales”.

Mantilla es terminante. Su enojo esta dirigido contra sus opositores (en particular contra Derqui), pero también contra sus correligionarios. Reproches para Baibiene, imputaciones para un amplio espacio ocupado -incluso- por liberales. La imposición sarmientina de Miguel V. Gelabert; los 16 Electores que votaron a Avellaneda en 1874 para la Presidencia, en detrimento de la fórmula Mitre-Torrent; el “fatal” fallecimiento del gobernador Pampín y la llegada de Madriaga al poder, fueron jalones que adicionaron para explicar el rechazo visceral al flamante gobernador del Partido Autonomista.

¿Cuáles fueron medios que el doctor Derqui puso en juego para imponer su candidatura y a los cuales -para la oposición- formaron toda una escala de perversidad? “De no haberlos palpado, fueran increíbles”, subraya Mantilla.

1.- El Gobierno hizo bajar a la Capital los Jueces de Paz y Comandantes Militares de Lomas, San Cosme, San Luis, Itatí, Empedrado, Saladas y Mburucuyá, para darles órdenes e instrucciones electorales el gobernador y el ministro candidato.
2.-No se guardó reparo alguno en ocultar la reunión de los verdugos de la campaña; con cínico descaro se hizo gala de ella. Cuando regresaron a sus respectivos mandos, cumplieron fielmente la consigna oficial, comenzando por reunir violentamente a los vecinos, para prevenirles que:
En las elecciones, no habría más candidato que el doctor Derqui, y que todos estaban en la obligación de votar por él, en cumplimiento de orden superior”.

Se estaban prefigurando los tiempos de Roca: control electoral y exclusión de opositores; el uso de los instrumentos del Estado para dirigir los resultados comiciales y anular la competencia entre partidos. La noción de “revolución” debía ser eliminada del vocabulario político: lejos de ser una expresión de la virtud ciudadana -como creían Mitre y sus allegados- era la causa de todo los males de la República.

El resultado de esta concepción tuvo como consecuencia la instauración de un régimen político que se articuló a partir de una fortisima influencia del Gobierno de turno en los procesos electorales y que gozará de un notable éxito durante una década. En efecto, fue recién a partir de 1890, cuando mostrará su primera gran fisura.

Pero en Corrientes las cosas serán distintas y, por lo menos, por dos años (1878-1880), la teoría mitrista triunfará, hasta que el roquismo termine por despedazarlo, incluyendo la amputación de una importante porción de territorio provincial. El costo a pagar será altísimo.

El ministro de Gobierno, doctor Severo Fernández, salió a recorrer la provincia en misión electoral, llevando a las autoridades lejanas la palabra de orden dada a las convocadas en la Capital; visitó Goya, Mercedes, Curuzú Cuatiá, Paso de los Libres, Monte Caseros, Bella Vista, San Roque, Concepción, San Miguel y Caá Catí.

En cada localidad reunía el vecindario y autoridades, para imponerlos del plan gubernativo y prevenir, al mismo tiempo, “los castigos que esperaban a los desobedientes”. El ministro en campaña se mostró digno de la confianza de su colega, a punto tal que, amigos de causa, “el mismo Madariaga, desaprobaron -por rastros de pudor- algunos de sus actos”, señala Mantilla.

Samuel Navarro, cuyas opiniones federales eran notorias, decía de él lo siguiente, en “La Tribuna” del 7 de Julio de 1877:

Fernández no ha de ser sino lo que realmente es, un muchacho, un feto de candidato para Diputado al Congreso, para cualquier cosa, un desavisado Paturot, en busca de una posición política cualquiera”.

Y echando más agua para su molino, Mantilla afirma:

He aquí lo que Madariaga dice de su Ministro, en un asunto que tiene escandalizada a toda la población de Paso de los Libres (durante la correría):
‘El doctor Fernández es un niño que aún no tiene experiencia, por eso ha dado carta de recomendación a Cándido Herrera, lo que he desaprobado. Yo no quiero estar sostenido por bandidos; primero está mi nombre, que consentir barbaridades’.
El asunto de que aquí trata Madariaga, es horrible. Lo referiré en otra ocasión. El caso es que el niño ministro quería, a todo trance, complacer a Cáceres (Luciano), e hizo ‘una de las suyas, indultando a un bandido’”.

Mantilla escandalizado:

¡Qué haría aquel Ministro cuando así era juzgado! ¡Y cuál sería el empeño de Madariaga en que Derqui fuera gobernador que, conociendo las barbaridades de su Ministro, no las impedía, ni hacía prender a los bandidos indultados por su Secretario de Estado, para sostener al Gobierno!

- Complicidad de la Legislatura

La Legislatura, asociada a los trabajos del Poder Ejecutivo, sancionó cuatro leyes, elaboradas por Derqui, con el exclusivo propósito de robustecer la acción electoral oficial: Ley de Permuta; Ley de Indemnizaciones; Ley de Policía de Campaña; Ley de remoción de Jueces Inamovibles.

* Por la de permuta, fue autorizado el Poder Ejecutivo para trocar campos fiscales por edificios particulares, en los Departamentos que carecían de casa para Escuelas o Juzgados.

A primera vista, el expediente era aceptable y benéfica la idea pero, tras lo que se veía, estaba el mal. Los términos de la ley y la amplia facultad conferida al Poder Ejecutivo, la convertían “en fuente de explotación electoral pues, limitada al criterio y gusto del ministro Derqui la aceptación de las propuestas de permuta, sin garantía alguna que amparase el mejor derecho de los proponentes más generosos, podía negociar su candidatura a costa del Erario Público y convertir la ley en beneficio especial de sus paniaguados”.

Así fue, en efecto. Las ofertas de los propietarios golpearon en tropel las puertas del Ministerio de Hacienda y no hubo ejemplo de que mereciera curso ninguna solicitud cuyo interesado no prometiera, previamente, su concurso al ministro candidato.

De orden superior, la Mesa Topográfica tasaba exageradamente los edificios viejos e inservibles, que los sostenedores del Ministro ofrecían, y las permutas se hacían sobre dicha base, regalando el Fisco valiosos campos.

* La Ley de Indemnizaciones, sancionada en sesión secreta, “fue inaudito escándalo”. Disponía que todo individuo, perjudicado en los movimientos ocurridos en la provincia -desde 1868 hasta la fecha- tenía derecho a reclamar del Estado la correspondiente indemnización, dentro de un plazo dado, reconociendo, igualmente, como deuda fiscal, la que hubiese contraído Evaristo López Soto, para defender su autoridad, después de su renuncia.

El atentado era irritante. Leyes especiales y de limitada duración habían sido dictadas en oportunidad para cubrir los Gastos comprobados y legítimos de los movimientos del 68 y del 72; los correspondientes al Gobierno Nacional del 70 y 73; y los perjuicios causados en las mismas épocas a los intereses privados”.

La Justicia y el tiempo habían concluido con el asunto, sin que nadie pensase ya en él. Los apuros electorales del doctor Derqui resucitaron, “para saciar el hambre de los insaciables”. “Igual a los que se apoderan de la bolsa ajena, pistola en mano, la ‘turba federal’ hízose dueña de subidos títulos de crédito contra el Fisco, siendo digno de mención el hecho de que ninguno de los nuevos acreedores había intentado reclamo alguno bajo la vigencia de las anteriores leyes”.

Fue ese el primer saqueo al Estado hecho en Corrientes, con la anuencia del Gobierno”, se anima a decir el historiador correntino.

* La Ley de Policía de Campaña consistía en la movilización de doscientos Guardias Nacionales, al mando “del ya famoso” Luciano Cáceres, con el objeto aparente de extirpar la cuatrería, pero con la intención real de plantar un ejército en el histórico “Paraíso”(2); y también, “apoyarse en ella para convertir la provincia en un inmenso campamento”.

(2) Establecimiento de campo de Nicanor Cáceres, verdadero “Santos Lugares” en la época de Evaristo López Soto. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Hicieron tan elástica dicha ley, que “era una especie de agujero donde metían la inmensa soldadesca levantada para aplastar a la oposición”.

Si bien el objeto aquí no es rebatir a Mantilla, lejos de ello, lo importante es señalar que la incorporación de hombres a la Guardia Nacional era un hecho aceptable y normal. 

El componente militar constituyó otra dimensión ciudadana y de la vida republicana. Su incorporación se relaciona con la emergencia de nuevos actores que, provenientes de los ejércitos y las milicias revolucionarias, se sintieron protagonistas de la nueva República.

A partir de 1853, las milicias desarrollaron un papel militar y político central en la construcción del Estado. Estas constituyeron un tipo de fuerza que, por su estructura y funcionamiento, se diferenciaron del servicio militar regular-profesional y del posterior sistema de conscripción obligatoria implementado a comienzos del siglo XX.

Las milicias funcionaron como Cuerpos auxiliares del Ejército, convocadas y movilizadas cuando las circunstancias así lo demandaban. Estaban integradas exclusivamente por ciudadanos que, mediante su enrolamiento, sellaban su compromiso con la defensa de su patria.

Inicialmente, las milicias fueron de organización local. Esto permitió a las autoridades provinciales inmiscuirse de forma directa en el enrolamiento y en su movilización. La posterior organización de la Guardia Nacional tuvo por objetivo reorganizar y nacionalizar el servicio de armas miliciano de los ciudadanos, si bien sus batallones se organizaron en cada provincia. Su funcionamiento era eventual y auxiliar, y se la convocaba en circunstancias excepcionales.

El enrolamiento en la Guardia Nacional era considerado un deber ciudadano e implicaba el potencial servicio de armas en el ejército regular de manera auxiliar. También incluía entrenamientos periódicos en el uso de las armas y la asistencia a rituales cívico-militares donde se exaltaban el patriotismo y el servicio de armas como un deber moral con la República y con la Constitución.

Todos los Guardias Nacionales en servicio estaban comprometidos a asistir a estos actos con sus uniformes y armas y ocupaban importantes lugares cerca de las autoridades.

Asimismo, la Guardia Nacional tenía, al menos en sus normas, formas democráticas para la designación de la estructura de mando de los batallones: todo Guardia Nacional era elector y los altos escalafones se elegían mediante el voto secreto de los guardias enrolados en el correspondiente batallón. Pero esta práctica fue pocas veces implementada.

En general, los altos escalafones fueron elegidos por el Poder Central y los gobernadores provinciales. Los ciudadanos-milicianos asumieron como un deber, pero también como un
compromiso y un derecho, la defensa de las Instituciones republicanas y de sus leyes frente
a gobernantes que abusaran de su poder (los denominados “gobiernos despóticos”).

Bajo estos principios, se justificaron revoluciones y levantamientos ocurridos en tiempos de la Organización Nacional, que usualmente estallaron en tiempos electorales. Más allá de los debates, las revoluciones se asumieron como parte integrante de la vida republicana y como una práctica ciudadana legítima.

El ciudadano en armas era también el ciudadano elector, ya que para poder ejercer su derecho al voto, las leyes electorales consideraban como requisito estar enrolado en la Guardia Nacional.

- Destitución de Jueces inamovibles

La ley removiendo Jueces inamovibles, puso en la calle a magistrados íntegros, que servían de garantía a los derechos civiles, para ser reemplazados con instrumentos del candidato oficial, a fin de que ni en los Tribunales encontrasen protección los ciudadanos independientes.
Ese monstruoso atentado contra la independencia judicial, expresamente garantida por el precepto constitucional -los miembros del Poder Judicial son inamovibles- daba al Ministro candidato la terrible arma de la Justicia vengativa, con la cual podía mandar al patíbulo, a su antojo, o arruinar o deshonrar o encerrar en los calabozos a sus adversarios políticos, sin reclamo ni amparo posible para las víctimas”.

Un Diputado de aquel tiempo, decía, combatiendo dicha ley:

Hace poco mutilamos la existencia de la Municipalidad de Mercedes; hoy invadimos el Poder Judicial, descuartizando la Constitución que juramos sostener; mañana, entraremos a suprimir también al mismo Poder Ejecutivo; y, retrocediendo de escalón en escalón, llegaremos a la Suma de los Poderes Públicos”.
La Suma del Poder Público ya estaba representada en Derqui”, que “no se ocupaba de otra cosa en el Ministerio, que no fuera preparar los elementos oficiales para el triunfo de su candidatura(4).

(4) “La Provincia”, periódico federal, Nro. 40, año 1881. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Los resultados correspondieron a los medios. Cada Juez, Jefe Político o militar levantó Cuerpos de cincuenta, cien, doscientos hombres, según la importancia del Departamento, para impedir los trabajos de la oposición y tener votantes el día de la elección.

Las garantías constitucionales desaparecieron completamente, como si jamás hubiesen sido conocidas. Bastaba ser jefe u oficial de las milicias en servicio electoral o llevar al cuello un pañuelo colorado, y gritar: ‘¡Viva Derqui!’, para que nadie pudiera pedirle cuenta de sus actos, ni negarle nada”.

En Esquina y Curuzú Cuatiá, “ocurría, casi diariamente, un asesinato”; Lugo, en Concepción, mató a varios en cepo colombiano; Candia, en Bella Vista, azotaba personalmente a los desobedientes(5); el juez Salazar, de Mercedes, invitaba al vecindario del pueblo para presenciar los azotamientos que efectuaba en la Plaza Pública.

(5) Onésimo Quiroz, por ejemplo, fue azotado por el mismo Candia hasta quedar desmayado y, enseguida, remitido a la Capital con grillos. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor. 

- Los periódicos

‘La Verdad’ aplaudía todo y pedía que no cesasen los escarmientos. Numerosos contingentes de enchalecados y acollarados llegaban a la Capital para aumentar las plazas del “Guardia Provincial” o para vegetar en los calabozos de la Cárcel Pública”.

Los diarios eran una pieza clave de la política. No eran, como en nuestros días, emprendimientos comerciales o periodísticos, sino empresas políticas. Sus lectores eran escasos y, por lo general, solían estar sostenidos por sus propios dueños, por suscripciones estatales o por los amigos políticos

Se vendían por suscripción y en la calle. Los periódicos de la segunda mitad del siglo XIX nunca dejaron de manifestar su opinión sobre la vida política, los conflictos interpartidarios y el desarrollo de la provincia. Por ello resultaron fundamentales en el desarrollo del juego político y en la cosntrucción de la opinión pública(6).

(6) Los diarios se erigieron en una pieza clave del sistema político. Si bien muchos funcionaban como voceros coyunturales de partidos en los períodos electorales, otros se constituyeron en espacios de difusión de discursos políticos, de valores ciudadanos y republicanos, y de los debates parlamentarios y las opiniones en torno a ellos. Ejercieron fuertes influencias en la opinión y a través de ellos también se buscó movilizar electores y adherir voluntades. La libertad de prensa, en general, no fue puesta en cuestión a partir de 1853. La Constitución la institucionalizó y se consideró como mecanismo clave en la construcción de la opinión pública, pieza inherente al sistema republicano.

Finalmente, las críticas de la oposición son cada vez más ácidas con sus adversarios:

Los intereses de campo de los opositores abastecían al ejército electoral y se exportaban al extranjero las haciendas, por cuenta de los gubernistas. La tierra pública y los bonos de crédito fiscal enriquecieron a los que aún tenían escrúpulos para apropiarse de lo ajeno, como los partidarios de la campaña.
Los Tribunales, principalmente el del Crimen, subordinaban sus procedimientos y sentencias a las conveniencias políticas del Ministro candidato o a sus venganzas; de manera que, ni escapando a las persecuciones de los Señores Omnímodos, la vida, la propiedad, el honor, el domicilio, estaban garantidos.
En el asiento del Gobierno, allí donde -por respeto a sí mismo- debía ser más moderado el poder, el espionaje del sistema de Solano López reinaba sin contrapeso, y gavillas de emponchados, armados por la Policía, estropeaban, mataban y asaltaban las casas(7).

(7) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor. Mantilla nunca dejó de usar el mote de “paraguayista”, o "federal", como sinónimo de “criminal”.

Los medios del doctor Derqui desencadenaron, sobre Corrientes, “una furiosa borrasca de barbarie”.
Para cohonestarla, como movimiento de opinión, enardecido y exagerado por la pasión política, el candidato hizo publicar en el periódico oficial una lista de Clubes Electorales que no existían. Su mismo expediente descubría lo que deseaba ocultar, pues comenzando por el supuesto Comité Central de la capital y concluyendo por el atribuido al pueblo más miserable, sólo empleados públicos figuraban en ellos” y pasa a enumerar la composición del Comité Central:

Lo formaban: Miguel V. Gelabert, presidente de la Legislatura; Ramón Contreras, Fiscal de los Tribunales; José Benjamín Romero, Fiscal de Estado; Justino Solari, Administrador de Rentas Nacionales y Secretario de la Legislatura; Gervasio Gómez, Diputado y Maestro de Escuela subvencionada; Augusto Colodrero, vicepresidente de la Legislatura; Benito Villegas, Diputado; Manuel Molinas, Diputado y cuñado de Derqui; Francisco Araujo, Diputado y Escribano de Gobierno; José M. Argüello, empleado de la Contaduría y Jefe de la Guardia Nacional, reunida cada semana; Antonio B. Gallino, Diputado; Nicanor Pujol, Diputado; Francisco Solari, Tesorero General de la Provincia; Luis A. Díaz, Diputado; Julio Díaz, Diputado; Gregorio Sánchez Negrette, Guarda de Aduana; José Bozano, Juez de Paz; Casimiro González, Diputado; Gabriel Espíndola, Diputado; José N. Alsina, archivero de la Casa de Gobierno; José Zelaya, empleado de la Contaduría; Casildo Cossio, Jefe del Escuadrón “Libertad”; José M. Noguera, comisario policial; José Toledo, comisario de tablada; Félix Alsina, comandante de Policía nocturna; Lucio Malvido, edecán de Gobierno; Santiago Foutel, empleado del Resguardo.
Este era el personal independiente y de opinión del principal Comité derquista. ¿Cuál sería el de los de la campaña?
Un candidato, dueño del cofre de las gracias, que no podía presentar más prueba de popularidad que ésta, daba con ello la razón a sus adversarios(8).

(8) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor. La crítica mantillista no tiene fundamento. ¿Cuál fue la falta de estos hombres? ¿Haber sido -o ser- "paraguayistas" o "federales"?

- ¿Por qué era importante la titularidad del P. E.?

En el marco del esquema republicano, representativo y federal instituido por la Constitución de 1853, cuatro fueron las Instituciones que, a partir de los tiempos de Avellaneda, adquirieron particular centralidad en el desarrollo de la vida política: el Poder Ejecutivo Nacional; el Senado de la Nación; el Colegio Electoral y los gobernadores.

El principio constitucional de la no reelección presidencial -no se podía ser presidente por dos períodos seguidos- exacerbó la ambición del presidente en ejercicio por imponer a su sucesor, con la esperanza de que en la próxima elección éste le devolviera el favor. Para esto, fue fundamental el diseño y puesta en funcionamiento de un complejo juego de intercambios y reciprocidades entre distintas Instituciones de la República y sus miembros.

En cada distrito (las provincias y la capital) los ciudadanos votaban por una lista de Electores y la que obtenía el mayor número de votos ganaba la totalidad de los Electores correspondientes al distrito. Los Electores eran designados mediante un sistema de lista completa, sin representación de las minorías. En general, los Electores actuaban en bloque según los distritos y votaban sin fisuras.

Eran, entonces, los acuerdos entre el presidente saliente y los gobernadores (Jefes Políticos de los Electores de segundo grado) los que definían una elección. Usualmente, los acuerdos fueron exitosos: a partir de 1886, los presidentes solían ganar con, por lo menos, el 80 % de los votos de segundo grado.

Un grupo amplio y estable de provincias conformó una especie de coalición, que invariablemente prestó apoyo a la fórmula presidencial victoriosa: Catamarca, Córdoba, Jujuy, La Rioja, Salta, San Juan, San Luis, Santa Fe y Santiago del Estero.

Otras integraron una oposición circunstancial: Mendoza, en 1892, y Entre Ríos, en 1904. Otras, una oposición reiterada: Buenos Aires en 1880, 1886 y 1898; Tucumán en 1886, 1892 y 1904; la Capital Federal, en 1898 y 1904; y Corrientes en 1880 y 1898. Justamente, este es el fundamento de tanta perorata contra el opositor, la que desatará una guerra civil, mutilando miles de vidas.

En general, las provincias de coalición invariable no sumaban más del 50 % de los electores. Por lo tanto, resultaba esencial lograr el fraccionamiento de los electores de las provincias de oposición eventual o repetida para lograr la mayoría. Estas negociaciones se realizaban fuera de la práctica electoral. En esta instancia, las provincias y los gobernadores gozaban de un rol central.

Los gobernadores asumieron la función de agentes del Gobierno Nacional en las provincias y de una u otra manera se incorporaron al juego político. Intervenían en la confección de listas de los legisladores provinciales y nacionales, lideraban las negociaciones en la Legislatura local para la elección de los Senadores Nacionales y prestaban especial atención a la confección de la lista de Electores a presidente y vicepresidente.

Las negociaciones en el seno de las élites provinciales en torno a las elecciones legislativas locales gozaban del mismo entramado de negociaciones que una elección presidencial y las reuniones y tertulias previas a la elección, así como las estrategias de cooptación del electorado estaban a la orden del día.

De hecho, una elección legislativa provincial tenía clara repercusión nacional, porque eran las Legislaturas Provinciales las que votaban a los Senadores Nacionales y al propio gobernador provincial.

El gobernador saliente solía negociar su apoyo electoral para su sucesión a cambio de un cargo de Senador Nacional. Así, el Senado Nacional se mostró como una institución conservadora; acogió a gran número de ex presidentes y ex gobernadores. El Senado conectaba a las élites políticas provinciales para convertirlas en una verdadera élite nacional.

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