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Primeras reacciones presidenciales ante la crisis correntina

Tras la derrota de la insurgencia mitrista de 1874 -motorizada por las denuncias de fraude electoral en contra de las candidaturas de su partido- el flamante presidente Nicolás Avellaneda propuso un sistema conciliatorio que finalmente fracasó.

Se trataba de acordar las listas electorales entre los partidos enfrentados, para evitar confrontaciones el día de la elección. La lista pactada terminaría con la competencia electoral y, por lo tanto, con los conflictos. Esto es lo que esperaba Avellaneda que sucediese en Corrientes.

Tras acordar los partidos políticos correntinos que estaban en desacuerdo en casi todo, el presidente de la República siguió atentamente la situación con la esperanza de que el acto eleccionario transcurriera por los carriles normales, sin saber, claro está, lo que se proponían los liberales. En una nota al gobernador del Chaco, teniente coronel Pantaleón Gómez, le decía:

No hay inconveniente en que V.E. se quede en Corrientes. V. E. conoce ya mi modo de pensar. Deseo ante todo que se verifique un acuerdo entre los partidos y si esto no fuese posible, espero que la lucha se mantenga en los límites de la legalidad y la moderación, sin que haya violencias ni abusos de parte de unos ni de otros(1).

(1) Periódico “La Verdad” (Corrientes), edición del 15 de Noviembre de 1877. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

Para tratar de hacer realidad los deseos de Avellaneda, el gobernador del Chaco reunió el 14 de Noviembre, en la casa donde paraba, a los presidentes y secretarios de los clubes Nacional (autonomista) y Constitucional (liberal) a los cuales, aparentemente, logró poner de acuerdo para que se garantizara el orden en los comicios y la libertad de sufragio.

Al expresar su conformidad con las bases acordadas, Mantilla dijo que mediante ese arreglo, el partido que resultase vencido no habría de protestar, teniendo que conformarse con su suerte; y que era tal su satisfacción que, desde luego, deberían cesar los rencores del partidismo(2).

(2) Periódico “La Verdad”, (Corrientes), edición del 18 de Noviembre de 1877. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.

Pero a pesar del presunto acuerdo, el 16 de Noviembre, fecha de los comicios de electores, fue de verdadera guerra en la provincia y, como no podía ser de otra manera, máxime que había Mesas de votos paralelas, los dos bandos se atribuyeron el triunfo. Los liberales acusaron al oficialismo de fraude y al gobernador del Chaco de haber actuado de mala fe. 

Lo sucedido en Corrientes, marcará el fracaso de la política presidencial. Siguiendo los usos del país y el temperamento belicoso de los correntinos, la lucha electoral de 1877 debió lógicamente concluir por una insurrección, porque no se guardó durante ella ningún respeto a las leyes, tanto de los que tenían el deber de cumplirlas en primera línea, es decir, los hombres del oficialismo, como por aquéllos que se reputaban asistidos por la mayor suma de la opinión pública, es decir, sus opositores, los liberales.

Avellaneda se encontró ante una disyuntiva; su objeto era hacer sentir en Corrientes la Justicia de su autoridad que, por la Constitución de la Nación, era llamada a resolver el conflicto de los dos gobernadores y de las dos Juntas de Electores, salvando la libertad del sufragio y el funcionamiento regular de las Instituciones.

- “¿Qué pasa en Corrientes? -preguntaba “La Prensa”, de Buenos Aires.
- “El gobernador dice que reina la paz...
- “¿La paz de Varsovia?(3)

(3) // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor. Mantilla compara aquí la inestabilidad política de Corrientes con la de la ciudad europea. En 1806, los rusos habían sido expulsados de Varsovia, que fue ocupada por el ejército de Napoleón Bonaparte. Siguiendo los términos del Tratado de Tilsit, Varsovia se convirtió en la capital del Gran Ducado de Varsovia. No obstante, la caída del Primer Imperio Francés también ocasionó el fin del Ducado.

Los opositores alzan al cielo sus acusaciones y anatemas; los funcionarios nacionales, que parecen exentos del contacto incendiario, se expresan así:
‘No tengo conocimiento positivo de que en esta ciudad haya presos y heridos por causas políticas; corren al respecto rumores que pueden provenir del estado de excitación en que se encuentran los espíritus, o de hechos aislados efectuados en gente desconocida’”.

Y prosigue el periodista del citado diario porteño:

Ayer vi entrar cuatro o cinco presos, que excitaban la curiosidad pública; dice que los han traído desde Empedrado, a pie, y por causas políticas.
Si en Corrientes no se estuviere en una situación anormal, si la ley fuese obedecida y la libertad del sufragio garantida, el Juez Federal habría dicho, solemne y categóricamente: nada hay(4).

(4) Según Mantilla, el presidente Nicolás Avellaneda, “haciéndose el inocente” y mostrándose muy interesado en el bien de Corrientes, preguntó, por telégrafo, al Juez Federal, doctor Carlos Luna, lo que ocurría en la Capital provincial y en la campaña; y es la contestación que recibió, la transcripta en el texto. En las expresiones de un oponente, como lo es Mantilla, se advierte con claridad la estrecha relación Poder Central-gobernador. La elección de Manuel Derqui obedecía a que éste era ya una pieza clave dentro de la articulación y coordinación del PAN (Partido Autonomista Nacional), instrumento que será utilizado para materializar y garantizar el éxito del régimen. Sus adversarios mitristas -a través de Mantilla y sus pares- buscarán romper esa coordinación, es decir, hacer salir a Corrientes de ese mecanismo.

Pero sucede todo lo contrario; mucho de lo que se dice es cierto; lo dice implícitamente el estilo dudoso e inseguro del telegrama del Juez Federal; no lo asegura aún, porque la atmósfera arde todavía, y su carácter oficial no le permite ponerse en abierta pugna con las autoridades locales; asimismo, ha dicho lo suficiente para pensar que aquella situación es atroz.
¡Doce leguas han caminado a pie cuatro presos por causas políticas! La situación de aquella provincia es volcánica, y nada nos sorprenderá un estallido. Cuando se siembra vientos, se recogen tempestades”, finaliza la nota del diario "La Prensa".

Según la oposición, “una grosera falsedad" invocaban en sus descargos el gobernador José Luis Madariaga y su ministro, el doctor Manuel Derqui, al intentar encontrar una explicación a esta tormenta de ira que se apoderó de Corrientes.

Decían que la oposición se había lanzado a la insurrección, pronunciándose en el Centro (de la provincia) el coronel Raymundo Reguera [que en esos momentos habría estado en la Capital, asiento del Gobierno, según sus amigos] e invadiendo -por Entre Ríos- los coroneles Angel Acuña y Juan Carlos Romero; y, por el Uruguay, el coronel Santiago Baibiene.

El gobernador Madariaga garantía al ministro del Interior Bernardo de Irigoyen, que Reguera había sido batido por Luciano Cáceres, en el Departamento de Mercedes y, Ramón Febre, gobernador de Entre Ríos, afirmaba lo mismo al presidente de la República.

Era, sin embargo, tan torpe el invento -dice Mantilla- que el mismo Madariaga lo confesó de un modo categórico, diciendo al ministro del Interior, en telegrama del 22 de Noviembre (de 1877), lo siguiente:

‘Lo que quieren (los opositores), es poder organizarse y lanzarse a la revuelta, pero los hago perseguir, ofreciéndoles garantías y perdón, ¡a condición de deponer las armas!’

La oposición negó terminantemente la imputación de rebeldía y, en su excusa por lo movimientos de tropas observados desde el Gobierno, adujeron que éstas se debían a las persecuciones oficialistas, las que habrían tenido por objeto el impedir que la soldadesca opositora se organizase para lanzarse a la revuelta, como supuestamente los autonomistas querían. Era un galimatías.

Los liberales calificaron de absurdo, que por las simples intenciones que el Gobierno les atribuía, los persiguiera como rebeldes verdaderos, ofreciéndoles garantías en cambio “del imposible de deponer armas no empuñadas”, según explícitas palabras de Mantilla, exposición que acompañó con palabras de mitin: “La única revolución existente era la del poder contra el pueblo; la de los mandatarios contra la ley(5).

(5) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Los ministros liberales del Gabinete Nacional, los doctores Rufino de Elizalde y José María Gutiérrez, y la prensa Conciliadora de Buenos Aires, reclamaron, con recomendable celo, la atención del presidente sobre el caos de Corrientes.

En vano fue”, afirma nuestro historiador y tenaz oponente, fuente de estos comentarios, y pasa a criticar ácidamente y a denunciar por un supuesto acto de corrupción al presidente:

Con telegramas de efecto y movimientos de teatro, Avellaneda dejaba pasar el tiempo, dando lugar a la consumación de los hechos.
‘El presidente nos sostendrá, porque le tenemos bien agarrado’, decían los federales, pretendiendo demostrar la inutilidad de la resistencia del pueblo a Derqui.
Y, en efecto, Avellaneda estaba amarrado con doble cadena al doctor Derqui, y no podía abandonarlo sin exponerse a descubierta irreparable. Políticamente, traicionaba a su aliado y ministro de Guerra y, personalmente, parece se hallaba comprometido en ciertos documentos caídos en manos del Gobierno local.
Por el Ministerio del Interior se había expedido un decreto, usurpador de los derechos territoriales de la provincia, concediendo, a Otto Rosse, veintinueve leguas de campo en Misiones.
El acto era un asalto a la propiedad y a la autonomía local sin precedentes y sin disculpas y, aunque mandaba en Corrientes (José Luis) Madariaga, que suscribió, tiempo atrás, una petición al Congreso, reclamando la desmembración territorial de la provincia de su nacimiento, fue acreditado un Comisionado Especial ante el Gobierno Nacional, a fin de obtener el retiro del decreto y la abstención de actos administrativos semejantes, mientras no resolviese el Congreso la cuestión relativa al Territorio de Misiones(6).

(6) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor. Desde losm tiempos de la presidencia de Domingo F. Sarmiento, bajo el Ministerio de Vélez Sársfield, ya se hablaba de un desmembramiento del territorio correntino. Muchas de las quejas del gobernador Santiago Baibiene, alla por 1872, fueron en ese sentido.

El comisionado correntino enviado por Madariaga era bueno para cantar Misa, no para gestionar diplomáticamente aquéllo; hizo un paseo a Buenos Aires y volvió como fue: doctor en cánones.

En consecuencia, Otto Rosse marchó a ocupar sus tierras, muriendo luego de llegar a ellas, por su propia mano o por extraña. La autoridad de Santo Tomé remitió al Gobierno los papeles que tenía y, cuando ellos fueron conocidos, “La Verdad” -periódico oficial, redactado en el Ministerio-, explicó el fracaso de la misión de Benjamín Romero, diciendo, entre otras cosas:

Están en nuestro poder los documentos que demuestran el negocio hecho con Otto Rosse, por altos empleados de la Nación, y los reservamos para avergonzar con ellos ante el Congreso a sus autores”.

Según los autonomistas esos documentos habrían comprometido al presidente y a dos de sus ministros. Exigióse por la prensa y de otros modos la publicación de ellos, pero quedaron reservados, para arma tal vez.

El entonces Ministro General de Gobierno, el doctor Severo Fernández, ha dicho, bajo su firma, que los posee aún. Era ésa -quizás- una de las causas de la confianza en el presidente.

¿Tuvo realmente Avellaneda parte en el negocio de las tierras de Misiones? No lo podemos afirmar; referimos únicamente lo que corría por cierto entre los amigos del doctor Derqui”, sentencia con incógnita el ya mencionado doctor Manuel Mantilla.

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