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Medidas draconianas cercaron la elevación de Derqui al P. E.

"Extremadamente difícil fue la posición de los opositores, después del doble Colegio Electoral; el empeño desenfrenado del Gobierno por hacer prevalecer la elección nula de su candidato, hacía cada vez más imposible sostener la defensa en el terreno pacífico"(1). Estas son palabras del doctor Manuel Florencio Mantilla, autor intelectual de la estrategia liberal opositora y que reflejan no sólo una cerrada resistencia al naciente Gobierno Provincial, sino también deja entrever una amenaza.

(1) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Al contestar José Luis Madariaga la comunicación de la Junta Oficial avisándole el nombramiento de Manuel Derqui, declaró que el 25 de Diciembre lo pondría en posesión del mando; para cumplir la promesa, adoptó severas medidas.

La Guardia Nacional de la provincia, ya reunida, fue acuartelada rigurosamente. Ciudadanos influyentes del Partido Liberal, tales como el doctor Juan Esteban Martínez (vicegobernador electo por la Junta opositora); los doctores Miguel G. Morel, Tomás Luque y Manuel Florencio Mantilla; Valentín Virasoro, el coronel Monzón, los comandantes Quijano, Zerviño, Ramírez, el coronel Raymundo Reguera, el comandante José Martínez, recibieron esta Orden del Jefe de Policía:

Diciembre 18.
Por Orden superior hago saber a Vd. que, desde este momento, guardará arresto en su casa, por exigirlo así el orden público, previniéndole que, burlada esta Orden, la autoridad procederá como corresponda.
R. Gallino (hijo)”.

La medida era para garantizar la vida de estos dirigentes pues, dos horas después, cuando la Policía creyó que todos la habían respetado, partidas de gendarmes penetraron en las casas de los nombrados para detenerlos.

Escaparon los previsores, siendo capturados y puestos en incomunicación en la Policía el doctor Martínez, Virasoro, Luque, Morel, Zerviño, Ramírez y Monzón; el coronel Quijano fue destinado al Cuartel de La Batería.

Se prohibió la publicación de los periódicos “La Libertad” y “El Constitucionalista”, cerrándose las imprentas por Orden de la Policía y prendiéndose a los operarios. Los domicilios del doctor Morel, Quijano, Ramírez, fueron atropellados y registrados, en altas horas de la noche, so pretexto de armas ocultas y de ciudadanos escondidos. "Supuso el Gobierno que las prisiones y los actos despóticos darían fin con la resistencia; así lo vociferaba la prensa oficial. ¡Estaba ciego!"(2), sentenció Mantilla.

(2) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Si lo referido no bastase para comprobar este aserto, ninguna duda quedará con la relación de los dos hechos siguientes: los presos de la Policía, excepción hecha del doctor Martínez y Valentín Virasoro, fueron prevenidos, el 20 de Diciembre, de estar listos a las 2 p.m. del mismo, para ser llevados al Campamento Militar que "el traidor a la patria, Teodoro Maciel(3), tenía en el Departamento de Lomas, dos leguas de la Capital.

(3) Mantilla, como los liberales en general, no dejaban de imputar el delito de "traición" sobre aquellos correntinos que tuvieron algún grado de participación con el Gobierno durante la ocupación paraguaya de 1865. La animosidad contra estos ciudadanos era evidentemente política, dejando entrever que haber sido paraguayista, necesariamente implicaba criminalidad y deslealtad. Mantilla continuaba usando estos conceptos 26 años después de haber dejado los paraguayos tierra correntina y 20 años de haberse dictado sentencia en los juicios a estos hombres, en los Tribunales Federales.

La Orden del Jefe de Policía se dulcificó con los doctores Morel y Luque, dejándoles la elección de salir desterrados de la provincia en el término de 24 horas, o ser conducidos al mencionado Campamento, habiendo optado por el destierro, el doctor Luque, y por la prisión, el doctor Morel. Este contestó: “No abandonaré a mis compañeros, porque estoy dispuesto a sufrir lo que el más martirizado”.

A la hora indicada, cincuenta carabineros de Teodoro Maciel aparecieron en la Policía, con reyunos flaquísimos de tiro, sin montura, para cabalgadura de los presos, y cabestros y lazos, cuyo destino nadie alcanzó.

Colocados dos centinelas en las extremidades de la cuadra, para que nadie se aproximase a la Policía, sacaron de sus calabozos a los presos; al coronel Monzón, doctor Morel y los comandantes Zerviño y Ramírez, para montarlos en los reyunos; el doctor Luque, para embarcarse desterrado; y los mayores Gutiérrez e Insaurralde y el comandante Leiva, para la Cárcel Pública.

Los destinados al Campamento de Lomas fueron entregados al Oficial de la partida, con esta orden: "¡Si quieren disparar, mátelos!"

Atravesaron las calles de la ciudad dentro de un cuadro, en las condiciones de los fascinerosos, en pelo y únicamente con la ropa puesta. Cuando pasaron el terraplén del pantano, ordenó el Oficial hacer alto y echar pie a tierra. El doctor Morel preguntó cuál era el motivo, pero el "bárbaro oficial" contestó con un grito de: "¡Hagan fuego!"; estupidez que felizmente no se cumplió, o porque los soldados se avergonzaran del crimen o porque había inteligencia entre ellos y su jefe, para asustar a los presos.

Bajaron estos, y con ellos algunos soldados, con los lazos y cabestros en mano. "¡Enchaléquenlos!", gritó el oficial; y fueron trincados como bandoleros, codo con codo. Alzados, luego, a los caballos, les ataron los pies por bajo la barriga de los animales, teniendo bien pegadas las piernas al cuerpo de las bestias y, asegurados así, continuó la marcha hasta su destino.

Maciel reemplazó las ligaduras con la barra, así como para Zamudio, Torres, Sánchez, Wenceslao Lugo había reemplazado la barra con el cepo.

El coronel Quijano fue, todavía, más inhumanamente tratado. A la medianoche del día en que sus correligionarios sufrieron aquella iniquidad, fue sacado del Cuartel de La Batería, con aparato de fusilamiento. Le hicieron andar a pie un largo espacio, en dirección a Lomas, dándole oídas de su próximo fin, hasta un sitio donde habían alistado un reyuno; allí lo trincaron y amarraron al caballo, en las mismas condiciones que los anteriores; ataron su montado a la cola del de uno de los soldados, y emprendieron marcha al trote y galope, como para que el reyuno cayese y lastimase o matase al jinete inmovilizado.

Media hora después gritó el oficial: “¡Alto! ¡Ya está bueno aquí!” Dirigiéndose al preso, le dijo: “¡Bájese!” Y a los soldados: “Preparen”. Para bajar, necesitaba Quijano ser desatado. Así lo hicieron. Los soldados cargaron sus armas y las abocaron sobre el preso, a quien el oficial añadió: “Prepárese a morir”.

El lugar, la hora, los hombres, en cuyas manos estaba, y el aparato, hacían terrible aquel momento. La serenidad y la entereza del veterano del Paraguay no flaquearon, sin embargo, un solo instante; de pie y callado, esperó tranquilo su asesinato... No hicieron fuego... ¡Era un simple simulacro salvaje!

Nuevamente amarrado al caballo, tuvo que seguir su penosa conducción hasta el Campamento de Maciel, donde fue puesto en la barra, con las piernas trabadas. De estos hechos ocurridos en la Capital, puede inducirse cuáles debieron ser los de la campaña.

"¡Ha estallado una revolución!" Era la voz de orden de los autonomistas, y lo que Madariaga, la Legislatura y los Electores oficiales afirmaban en documentos públicos, "para disculpar los crímenes y el movimiento de fuerzas en la provincia. Temían el estallido de la indignación popular y la apuraban con nuevos escándalos"(4).

(4) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Si bien la explicación de Mantilla es plausible, es evidente que trabajos de inteligencia del Gobierno indicaban que una revuelta estaba a la vuelta de la esquina. Era cuestión de tiempo; lo que no se sabía era el cómo ni el cuándo se iba a desencadenar. Lo que no hay que perder de vista, al leer el relato, es que "opositores" y "oficialistas" eran iguales, ya que estaban embargados por los mismos sentimientos de odio al rival. Era una forma de hacer política.

"El Gobierno necesitaba el pretexto de la revolución para ordenar, sin reparos, públicamente, la reunión de milicias y la formación de ejércitos, a fin de que los existentes apareciesen como el resultado de la conmoción y el objeto positivo -elevar a toda costa a Derqui-, se disfrazara con el mentido fin de garantir el orden", afirmó Mantilla.

Los Departamentos cercanos a la Capital reunieron todas sus fuerzas, en número de mil quinientos hombres. Cien infantes -entre Guardias Nacionales y soldados del Guardia Provincial- fueron mandados de refuerzo a Esquina, que ya tenía el ejército de Onofre Aguirre. "La provincia se convirtió en espantoso campo de tropelías, siendo el pueblo de Esquina, teatro de muchas muertes"(5).

(5) Citado por Manuel Florencio Mantilla en: “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XXVI: “Período Constitucional. 1870-1880”, parágrafo 259. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Una compañía de cincuenta plazas, llevando presos al mayor Dante y al capitán Millán, fue enviada a José Toledo, en Goya, donde "este perverso tenía sobre las armas toda la población".

Luciano Cáceres abrió campaña el 19 de Diciembre contra "los presuntos revolucionarios", moviendo todas las fuerzas de los Departamentos a su cargo, contra los intereses de los encarcelados o desterrados.

Las milicias comandadas por Aguirre, Soto, Paiva, Lugo, también emprendieron operaciones iguales. "Sin ningún enemigo que combatir, dueños del poder y de la fuerza, no se creyeron aún seguros y suficientemente temidos; querían tener, materialmente, bajo la presión de las armas todo el territorio de la provincia, a fin de que una sola protesta no se levantase contra la usurpación del Gobierno"(6).

(6) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

"¿Qué podía detenerlos si tenían comunicaciones satisfactorias del presidente de la República y del Ministerio del Interior?"(7)

(7) Carta del Ministro General de Gobierno, Severo Fernández, al Jefe Político de Goya. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Todo arreglado así, concurrió el gobernador saliente José Luis Madariaga a la Legislatura, solicitando la aprobación de sus actos y una declaratoria de validez del nombramiento del doctor Manuel Derqui.

Alterada la paz pública por una incalificable rebelión -decía sobre el primer punto- la Legislatura ha aprobado todas las medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo, medidas plenamente justificadas por la notoriedad de los hechos y que revelan el celo enérgico del Poder Ejecutivo(8).

(8) Nro. 193, del Boletín Oficial. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

¡La rebelión era el doble Colegio Electoral!

En cuanto a la elección de gobernador, Madariaga declaró con autoridad dogmática y validó el nombramiento del doctor Derqui. Para la oposición, dicha declaratoria carecía de valor constitucional, "porque la Constitución no atribuye a la Legislatura la facultad de reconocer o desconocer los actos de un Cuerpo de Electores.
"El Colegio Electoral es absolutamente independiente de los Poderes ordinarios del Estado, en nada sufre su fiscalización; expresión directa de la voluntad popular, según la ley (no aquél), las mismas garantías que resguardan el sufragio, lo rodean; es único en sus facultades, tiene la misma plenitud de acción, respetando la Constitución, que el pueblo en los comicios. La Constitución lo ha creado así.
"La declaración legislativa era gala de irregularidad; no podía dar ni quitar nulidades a ninguno de los nombramientos. Rara y singular ocurrencia fue porque, buscando un nuevo engaño en las formas, agregó un hecho más al largo catálogo de las impropiedades, en cuyo mérito se pretendía usurpar la soberanía del pueblo"(9).

(9) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

El gobernador no la necesitaba, tampoco, para entregar el Gobierno a su Ministro pues, al simple aviso de su nombramiento, contestó que lo pondría en posesión del mando. Tanto la aprobación de todos los actos del Gobierno, como la confirmación del nombramiento del doctor Derqui, fueron aprobados sin hesitación.

"Si la oposición hubiese tenido meditada una revolución, no héchola -como decían para justificar los atentados- debió estallar en aquellos momentos, porque nunca hubo mayores y más legítimas causas para un movimiento popular. Los camaradas presos, la militarización de la provincia, la emigración, no eran inconvenientes, contándose, como se contaba, con el pueblo y con las fuerzas movilizadas; con las mismas armas y con los mismos elementos del Gobierno, podía ser destruido"(10).

(10) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Es dificil coincidir con este argumento del doctor Mantilla. Los cabecillas liberales estaban presos y controlados; el territorio era extenso; y las comunicaciones malas. Había que programar, coordinar los movimientos de la eventual sublevación; ésa es la razón porque el movimiento no haya detonado en esos momentos. Lo que sí queda claro, es que tanto el levantamiento militar liberal como la jugada política del doble Colegio Electoral, fueron acciones que consumieron varios meses de estudio.

"Pero ni el pensamiento existió", remata Mantilla. "Todos optaban por el sufrimiento y la resignación, hasta ver la solución del problema"(11). subraya nuestro historiador y partícipe de estos hechos, como queriendo ocultar toda huella de elaboración previa que -quizás- incluía esta doblez.

(11) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

"Ella no podía ser normal, dado el giro impreso a los sucesos por Madariaga, pero éste era Mandatario de origen legal, y la revolución hecha para impedir la elevación violenta del doctor Derqui hubiera sido realmente contra el Gobierno existente y, para sofocarla, habría ocurrido el presidente de la República, menos por Madariaga que por Derqui, cuya gobernación aseguraría. Había que cuidarse de Avellaneda y de Derqui", argumenta Mantilla.

"Esperando, Derqui sería impuesto por la fuerza, sin derecho, despóticamente, y entonces, el carácter de la actitud que asumiera el pueblo, si los recursos pacíficos estuviesen agotados, no sería ya el de una revolución, sino el sostenimiento del gobernador Cabral, desconocido.
"Por otra parte, la ocupación material del poder por el doctor Derqui no implicaba necesariamente la pérdida de toda esperanza de solución pacífica y constitucional. Si el Gobierno local y su candidato contaban con el apoyo del Presidente de la República, también la oposición había hecho y continuaban activos trabajos políticos en la Capital de la Nación, para que la cuestión fuese estudiada y resuelta con imparcialidad".

Mantilla luego argumenta los tiempos usados por la sedición:

"La Intervención del Gobierno General estaba legitimada por los sucesos, salvo que él prefiriese la solución por las armas; la sensatez y el patriotismo la aconsejaban. Había alteración en la forma republicana de gobierno, por la existencia de dos Juntas Electorales y dos gobernadores nombrados, y era deber del Poder Nacional intervenir, para garantir aquélla y estudiar y resolver el caso pues, como agentes naturales suyos, los gobernadores de provincia, no podía menos de reconocer a uno de ellos o desconocer a los dos".

¿Y el perjuicio de la provincia?

"La autonomía provincial no sufría menoscabo; el derecho de Intervención, que la limita, debía ejercerse en uno de los casos designados por la Constitución. La complicidad del presidente era, sin duda, un peligro con la Intervención, más, esperábase que neutralizarían su influencia la Conciliación y sus representantes en el Gabinete Nacional; así pensaba la oposición.
"Habría sido aventurar la obra de tanto esfuerzo, comprometiendo el derecho salvado a costa de tantos sacrificios, empuñar las armas y combatir en aquellos momentos. Por eso hemos dicho que fue una farsa ridícula cuánto el Gobierno y la Legislatura hicieron, so pretexto de una revolución ni siquiera pensada", responde Mantilla(12).

(12) Esto escribe Mantilla en 1881, es decir, después de haberse nacionalizado el Territorio misionero y perdido Corrientes el 40 % de su legítima jurisdicción. Nunca hubo inocencia en ninguna de las partes. Era sólo relato. Es evidente que ninguno de los actores políticos del momento tuvo clara noción del drama histórico que se vertiría sobre ellos.

- Cabral también "asume" el Gobierno

El 25 de Diciembre, día señalado por la Constitución para la transmisión del mando gubernativo, Madariaga entregó el poder a su candidato y, el doctor Felipe José Cabral prestó juramento ante la “Junta Popular”, es decir, la Junta Electoral opositora. El acto se llevó a cabo en la casa particular del doctor Cabral. Allí se reunió parte de los 18 Electores de la oposición para tomarle juramento.

Paralelamente aquel acto, la ciudad fue sometida a la vigilancia rigurosa de centinelas y guardias, colocadas en toda la población; cien hombres del Guardia Provincial, armados a Remington y municionados, y otros tantos Guardias Nacionales vestidos de colorado, con sucios e inservibles fusiles de pistón, llevados por aparato en demostración del entusiasmo popular, ocuparon la Plaza 25 de Mayo, frente al Cabildo, con el objeto de hacer honores al nuevo Magistrado; Teodoro Maciel aproximó doscientos hombres hasta la Casa de Pólvora; la Policía, el Cuartel de La Batería y la Casa de Gobierno tenían fuertes guardias

En las calles no se veían más que soldados, simpatizantes autonomistas y "emponchados", como los denominaban los liberales, es decir, hombres apostados en distintos sitios de la ciudad que hacían las veces de agentes de inteligencia, pero también de salvaguardia y escolta de las principales autoridades; todas las casas estaban cerradas. El común sabía que dos hombres asumirían ese día la Gobernación. El aspecto de la población cuadraba bien al drama político próximo a consumarse.

A la hora designada, Derqui llegó al Salón Legislativo, con una respetable escolta de "emponchados"; prestó juramento y leyó su discurso inaugural, retirándose luego a la Casa de Gobierno.

Según una versión "parecían todos avergonzados; ninguna manifestación de alegría, ningún grito de entusiasmo" habría sido escuchado. Es dificultoso atestiguar el estado de ánimo que rodeaba a Derqui cuando asumió el P. E. El Partido Autonomista gozaba de manifiesta popularidad. Más bien es dable pensar que se combinarían alegría y tensión, ya que estaban conscientes que una parte importante -quizás no mayoritaria, pero sí considerable- de la población, tenía otro proyecto político en mente y dispuesta a desatar una revuelta.

Al retirarse, el doctor José G. Ballesteros -entonces Juez del Crimen y después Ministro suyo lo acompañó. Este dirigiéndose a los Guardias Nacionales formados, gritó: "¡Viva el dignísimo gobernador de la Provincia, doctor Manuel Derqui!"

De la tropa no salió respuesta alguna, como es de rigor en toda formación militarizada. Desde la oposición se tuvo otra lectura: "Un silencio glacial, tétrico, fue la contestación. Derqui frunció el entrecejo, miró indignado a los insolentes callados, y siguió adelante con una herida más que vengar".

Parecido incidente habría ocurrido en la Casa de Gobierno, con los Guardias Nacionales invitados por el mismo Ballesteros a vivar por el joven gobernador.

Un cortejo de soldados, simpatizantes y funcionarios acompañó al gobernador hasta su casa. Allí, también, ya el Jefe de los Guardias Nacionales, un hombre identificado por el apellido Argüello, ex lego franciscano, dio un "Viva" al doctor Derqui.

El doctor Mantilla relata que "una potente voz", proveniente de las filas de los Guardias Nacionales, "prorrumpió con un '¡Viva el Partido Liberal!' y la tropa respondió unísona y entusiasta: '¡Viva!'; explosión de corazones oprimidos y de almas templadas, que originó palizas, hachazos y bofetadas, y felizmente no muertes, porque una inspiración feliz del Jefe del Batallón Provincial impidió que se hiciera fuego sobre los Guardias Nacionales, como lo pidió a gritos" el citado Argüello.

Este es uno de los párrafos de más dificil credibilidad. Pero bueno, escrito está. No hay testimonios que avalen o digan algo diferente(13). El doctor Derqui era estimado por una porción significativa de la población. Más bien este supuesto incidente se enmarca mejor en la absurda enemistad con el que se embanderaron los dirigentes de la época, consiguiendo con ello sólo muerte y destrucción.

(13) Ver: “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891), de Manuel F. Mantilla. San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Mientras Derqui se apoderaba del mando, los Electores liberales se reunieron en la casa del doctor Felipe José Cabral para tomarle el juramento de ley. Sin duda era una resolución inquebrantable de voluntades de acero, atreverse a llegar hasta allí. Tenían que salir de sus escondites, saltar muros, disfrazarse o evitar, de cualquier otro modo, la vista de los centinelas y de las guardias.

El compromiso de honor contraído por ellos el día que eligieron gobernador, había sido éste: Encontrarse el 25 de Diciembre en la casa del doctor Cabral, costase lo que costase, si en la Legislatura no pudiesen tomarle juramento”.

Con anticipación arbitraron medidas pero, con todo, algunos corrieron inminente riesgo de caer en manos de los lebreles oficialistas, y otros pasaron horas y hasta días angustiosos en parajes insoportables. Para apreciar lo que hicieron, es necesario ponerse en el caso de ellos.

El compromiso fue cumplido. Reunidos en número bastante, tomaron juramento al gobernador y al vicegobernador que ellos eligieron. El doctor Juan Esteban Martínez y el agrimensor Valentín Virasoro habían sido puestos en libertad el 22 de Diciembre(14).

(14) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Aquí cabe hacerse una pregunta: si la acción gubernativa era tan represiva, ¿cómo fue dejado en libertad quien tendría que jurar como "vicegobernador" de los opositores, el doctor Juan Esteban Martínez?

"Madariaga y Derqui ignoraban esto; tuvieron de ello noticia por la Nota que el doctor Cabral dirigió al primero, avisándole haber prestado juramento y estar listo para posesionarse del Gobierno. La respuesta fue hacer prender al conductor de la Nota y dar orden de prisión contra el doctor Cabral, el cual, si no era reconocido como gobernador, era inmune como Diputado al Congreso Nacional. La policía intentó prenderle, pero desistió ante su enérgica resistencia", responde Mantilla.

El doctor Derqui quedó, pues, de hecho en el poder, reconocido no sólo por los Poderes provinciales instituidos, sino también por la misma Presidencia de la Nación.

El doctor Cabral solicitó la Intervención Nacional para dirimir el conflicto y definir las respectivas situaciones. No podía sostener sus derechos al Gobierno, como cuadraba, sin dar este paso previo, en obsequio a la paz pública.

El presidente de la República guardó completo silencio sobre el pedido de Intervención y, haciendo acusar recibo -por el ministro del Interior, Bernardo de Irigoyen- de la comunicación telegráfica del Gobierno de Corrientes, en la que comunicaba la elevación de Manuel Derqui como Primer Mandatario de la provincia.

Derqui y sus amigos dieron al telegrama del ministro toda la importancia de un reconocimiento, como lo prueba la siguiente Orden transmitida al Jefe Político de Goya, el 31 de Diciembre:

Comunique por propio a Mercedes, Curuzú Cuatiá y Lavalle, que el Gobierno Nacional ha reconocido ya al Gobierno Constitucional de esta provincia. No demore esta comunicación para evitar que se explote la amistosa medida del presidente, que envía dos Agentes Confidenciales amistosos".

M. Derqui - Gobernador

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