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La primera matanza salvaje

El presidente Nicolás Avellaneda creyó que la situación pasaría en autoridad de hecho, respetado con el ejercicio real del poder por Manuel Derqui, y que la resistencia liberal concluiría, viendo la oposición que el pedido de Intervención merecía el silencio(1).

(1) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor. El pedido de Intervención es aquél que efectuó Felipe José Cabral, el gobernador electo por la oposición.

Incluso parece ser que el presidente habría aconsejado al gobernador que incluyese a dirigentes liberales en el aparato administrativo de la provincia, basando su pedido en sus ideas y sentimientos, con el afán de poner fin al conflicto. Pero en horas se convencerá que algún tipo de acuerdo se hacía muy dificil, sino imposible.

Al siguiente día de haber asumido Derqui el P. E. ya se derramó sangre en el pueblo de Esquina. Según la oposición, el doctor Derqui habría manifestado a sus amigos y repetida por estos: “¡Aunque sea sobre cadáveres, llegaré al poder y gobernaré!”.

- Esquina y Curuú Cuatiá: centros de insurgencia y represión

Queda dicho cuál era la política en la campaña, antes y después de las elecciones, quiénes sus caudillos y el carácter que asumió aquélla en los últimos días del Gobierno de José Luis Madariaga. Los Departamentos de Esquina y Curuzú Cuatiá sufrirán más que otros. Llegó a ser tan imposible en ellos la vida, que sus habitantes los abandonaron en crecido número, asilándose en Entre Ríos.

Cuando Madariaga denunció una insurrección, con el objeto de poner en movimiento las Fuerzas, el gobernador Ramón Febre, de Entre Ríos, de acuerdo con el presidente Avellaneda y el de Corrientes, ordenó la expulsión de los asilados correntinos, para obligarlos a volver a su provincia.

La Orden se cumplió sin distinciones ni consideraciones. Las autoridades de La Paz, Feliciano y Concordia arrojaron de Entre Ríos a los emigrados, parias en su patria y perseguidos a muerte en su provincia natal. En Corrientes los esperaban con ansias.

Eran los más deseados los coroneles Ojeda, Acuña y Romero, los comandantes Fernández y Cañete, los Sargento Mayor Lecaros, Gallardo, Paniagua y Martínez; todos militares de la guerra del Paraguay. El odio del adversario nacía de su actuación política; fuertes columnas del Partido Liberal perderán la moderación, intentando semejarse a las hordas oficialistas.

Apenas pisaron el suelo natal, las fuerzas de Luciano Cáceres, por un lado, y las de Onofre Aguirre, por otro, se pusieron en movimiento para dar caza a los principales caciques liberales. Era lógico pensar que estos no sólo se defenderían, sino que atacarían a su vez. La guerra civil era el único camino abierto, pese a escuchar prevenciones y órdenes del Comité Central del partido, cuyos integrantes estaban centrados en el juego político abierto con el doble Colegio Electoral.

Burlando la vigilancia de las fuerzas del Gobierno, los liberales se reunieron en varios grupos que, en combinación, bajaron al pueblo de Esquina a reclamar y exigir de las autoridades garantías; uno de ellos dio con Onofre Aguirre.

La aproximación al pueblo produjo conmoción. Las Fuerzas opositoras se atrincheraron y formaron cantones en los edificios próximos al Juzgado de Paz. Ante esta actitud de combate, la situación se hizo explosiva.

El juez Carlos Zúñiga, oriental, buscó en la población vecinos extranjeros que sirviesen de mediadores, a fin de evitar un choque, resolución digna de aplauso. La comisión de vecinos conferenció con los liberales en armas; impuesta de sus propósitos, los transmitió a Zúñiga; éste difirió en todo a las garantías reclamadas e invitó a los ciudadanos a que se aproximasen al Cuartel para escriturar un convenio formal, sobre las siguientes bases:

Disolución de las Fuerzas del Departamento; plenas garantías de vidas e intereses; regreso a la Capital de los infantes mandados de allí; libertad de todos los presos políticos(2).

(2) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Zúñiga propuso las bases y suya fue también la idea de escriturarlas; para mayor garantía, ofreció su renuncia.

Ciento y tantos ciudadanos se aproximaron, en consecuencia, al Juzgado de Paz pero, en momentos que Zúñiga conferenciaba con representantes de ellos, una descarga de Remington partió de uno de los cantones. ¡Cayeron varios! Zúñiga gritó:

¡Alto el fuego; todo está arreglado!”, pero nuevas descargas y fuego graneado siguieron volteando hombres.

"¡El crimen fraguado infamemente estaba consumado!, y su autor, Zúñiga, hecha la farsa de impedirlo, huyó al interior del Cuartel, cuyas puertas se cerraron detrás. Los desdichados y sus compañeros, que habían permanecido en los suburbios, atacaron desesperadamente las posiciones del enemigo, con manos vacías, pues sus armas eran el tradicional recortado y el facón"(3).

(3) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Gallardo cayó muerto de un balazo en el pecho; Lecaros sucumbió también; Botero Paniagua y su hijo perecieron igualmente; Claudio Martínez, con sus compañeros de a caballo, fueron heridos y muertos al pie de los cantones; en fin, "aquélla fue una matanza salvaje de ciudadanos, infame y traidoramente engañados para la carnicería". ¡Más de treinta cadáveres quedaron en las calles!

- El informe del Juez

La gran matanza fue vista como el arquetipo del anarquismo y la violencia en Corrientes pero, para los autonomistas fue un triunfo el haber neutralizado el avance de sus enemigos. Himnos de alabanzas entonaron a los asesinos de Esquina. Zúñiga fue premiado con el empleo de Teniente Coronel de Guardias Nacionales, pero ni la algazara ni las mentiras fraguadas para ocultar la verdad de aquel horrible suceso desvirtuaron la desgracia ocurrida.
El mismo Zúñiga puso de relieve la criminalidad de los hechos, en el Parte dirigido a Derqui. Decía:

‘El dieciocho del pasado mes de Diciembre se presentaron los revolucionarios al frente de este pueblo, cortando mi comunicación con el resto del Departamento. Entonces pedí al Gobierno me mandasen los infantes, para aumentar las fuerzas que tenía, los cuales llegaran la noche del 23.
‘El 25 por la tarde, una comisión del enemigo me trajo la Nota que original acompaño, ofreciendo someterse al Gobierno y pidiendo permiso para dirigir a V. E. un telegrama en el mismo sentido.
‘Les contesté del modo más satisfactorio, ofreciéndoles toda clase de garantías, y otorgándoles el permiso que solicitaban; consentí, también, para que paseasen en completa libertad por el pueblo.
‘Les di una carta abierta para el coronel Cáceres, solicitando de este jefe detuviese sus marchas, y habiendo solicitado Gauna (uno de los perseguidos por el Gobierno), un oficial y un soldado que lo acompañasen, se los cedí, correspondiendo con la más negra traición e ingratitud a tanta generosidad, pues no bien llegó Gauna entre los suyos, los hizo prender, y en la misma noche rodearon las fuerzas enemigas mis dos cantones.
‘Al amanecer, los coroneles Acuña y Romero, al frente de una columna fuerte de caballería, se vinieron sobre los cantones, aparentando que venían a someterse. Se les mandó hacer alto a ciento cincuenta varas del Juzgado y, entonces, adelantándose, el coronel Acuña pidió hablarme.
‘En la conferencia que tuve con él me dijo: ‘Que ya no se sometían y que, por el contrario, me intimaban rendición, porque sus correligionarios habían tomado la Capital y Goya’.
‘Contesté que no me rendía. Más tarde, me mandaron una comisión de vecinos respetables, intimándome que les entregase el pueblo, a lo que contesté como debía, ofreciéndoles todavía toda clase de garantías si se sometían.
‘No siendo admitida mi proposición, me trajeron el ataque, y entonces tenté el último esfuerzo para arreglar pacíficamente. Me adelanté a conversar con el mayor Gallardo, que venía con la columna que atacaba al Juzgado; pero, mientras estaba con él, el enemigo, penetrando por el interior de las manzanas en que estaban situados mis cantones, obligó al capitán Acuña a romper el juego.
‘Mi salvación fue providencial. El enemigo llevó el ataque sobre los cantones, llegando a pocas varas de distancia, pero fue recibido con fuego violento y certero, que se vio obligado a retirarse en completa dispersión...
‘Muchas más considerables hubieran sido las pérdidas del enemigo, si hubiera hecho salir en su persecución mi caballería, pero tuve toda mi fuerza encerrada, todo el día, sin permitir que saliese.
‘Se recogieron 42 carabinas(4), un fusil, un Remington’(5).

(4) Los liberales negaron que los atacantes opositores portasen armas de importancia. “Ninguna carabina fue tomada, por razón de que ninguna había; las armas tomadas fueron ‘recortados’, y solamente las de algunos muertos: arma favorita del gaucho correntino”, señalará Mantilla, en abierta contradicción a lo relatado por Zúñiga.
(5) Parte de Zúñiga, del 24 de Enero de 1878, Nro. 197, del Boletín Oficial. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Testimonios liberales niegan que los grupos opositores llegados hasta el pueblo hayan tenido en mente un levantamiento para apoderarse del pueblo. Zúñiga los acusa de sitiar el pueblo desde el 18 de Diciembre, habiendo permanecido siete días en esa situación, es decir, hasta el 25 de Diciembre, día de la toma de posesión del P:E. por parte del doctor Derqui.

En las filas opositoras se encontraban hombres como Acuña, Romero, Gallardo, Lecaros, "bautizados, casi en la cuna, con el fuego de los combates, y acostumbrados a no contar el número de sus enemigos". ¿Permanecieron estos inactivos durante siete días a metros del Juzgado de Paz? 

Ese sitio, comenzado el 18 y terminado por el ataque que el asesinato en masa provocó fue considerado luego como un invento, con el fin de recriminar a los sitiadores.

Según Mantilla “los perseguidos se aproximaron al pueblo el 25, sin producir acto alguno de hostilidad. El hilo telegráfico, elemento único de comunicación de la autoridad con la Capital, habría sido interrumpido inmediatamente si la actitud de ellos hubiera sido revolucionaria y de ataque; sin embargo, funcionó con regularidad(6).

(6) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

¿Cómo, si eran revolucionarios, sin intimación previa de la autoridad, sin lucha anterior, con todos sus elementos intactos, ofrecieron voluntariamente someterse, y pidieron telegrafiar al doctor Derqui, mandando de su seno una comisión, con nota, a la autoridad?”, se pregunta Mantilla.
Y la autoridad, ya que la tenían sitiada, ¿cómo, sin haberlos aún sometido y ellos depuesto las armas, los recomendó a Cáceres, pidió a éste suspendiera sus marchas y, lo que es más todavía, les permitió pasear libremente por el pueblo, su posición única?

La conducta que el juez Zúñiga observó con ellos, según su Parte, antes de la matanza, importa: o que se entregó al enemigo, o que no eran ni los consideró revolucionarios; y como, según el Parte, Zúñiga en nada cedió, ni un instante perdió su energía, lo primero no pudo ser, y sí lo otro; y fue ese el hecho”.
No hay, tampoco, verosimilitud en actitud atribuida a los rebeldes, de rodear los cantones del Juez de Paz sin hostilidad de parte de las fuerzas de éste y, en que, terminada dicha operación, los coroneles Acuña y Romero marcharan al combate aparentando ir a someterse”, agrega el interpelante, poniendo en duda lo relatado por el juez y contestándose a sí mismo:

Esto es ridículo. Una situación así, con hombres como Zúñiga y con infantes acantonados, no admitía otra solución inmediata que el rechazo de los revolucionarios, so pena de segura pérdida; pero, en vez de eso, ‘se mandó hacer alto a la columna de ataque, a ciento cincuenta varas, para hablar Zúñiga con Acuña’.
Fuerzas que -a esa distancia- no se hostilizan, acantonadas las unas para su defensa, y marchando las otras al ataque, no podían ser enemigas; hombres armados, como se dice, a quienes la autoridad, contra la que operaban, les concedió el derecho de pasear libremente por la población, no podían ser revolucionarios.
Dado el supuesto de la revolución, o del más insignificante acto contra la autoridad, no cabe en el orden racional que ésta, en su ventajosa posición, no se ocupase de sus fuerzas.
Si la operación de rodear los cantones salió tan feliz y fue para atacarla, ¿cómo la dejó libre la autoridad, si en ella estribaba una positiva ventaja de sus enemigos?
Y, en cuanto a los revolucionarios, ¿qué motivos racionales pudo haberles impedido atacar inmediatamente?
En la guerra no se duerme, y menos sabían hacerlo los cabezas del pretendido movimiento. Además, el ataque era innecesario, pues paseando libremente por el pueblo, con los cantones rodeados, no tenían para qué sacrificar vidas atacando en la forma que Zúñiga explica; bastaban las posiciones ocupadas para vencer sin disparar un tiro”.

Más allá de las supuestas contradicciones y hechos incomprendidos que se desprenden del Parte, para Mantilla no tienen otra explicación que ésta: “el documento falseó la verdad; lo cual, por otra parte, tiene otros comprobantes”.

No hay que olvidar el contexto en que se desarrolló la refriega. El movimiento sedicioso liberal estaba en marcha, pero contenido. Esas eran las órdenes del Comité Central del partido. Es la misma explicación que se encuentra cuando se habla del estado emocional observado en la Casa de Gobierno cuando asumió Derqui. Había mucha tensión, porque todos sabían que nada estaba definido. Por eso es perfectamente lógico suponer que hombres como Acuña, Romero, Gallardo estaban expectantes no sólo de su situación, sino fundamentalmente de lo que vaya a ocurrir en la Capital.

Me retiré de Acuña sin arreglar nada -dice Zúñiga-; más tarde me intimaron rendición, por medio de una comisión de vecinos, lo que rechacé; entonces me trajeron el ataque, pero me adelanté a conversar con Gallardo y, estando con él, mis soldados hicieron fuego, porque el enemigo había penetrado por el interior de las manzanas(7).

(7) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Zúñiga no podía esperar ningún arreglo después de su conferencia con el coronel Acuña y del rechazo de la intimación, ya que había dicho aquel jefe: “¡No nos sometemos!” y él: “¡No me rindo!” Lo que le correspondía hacer, por consiguiente, ante la marcha de Gallardo, era defenderse, ordenar que se rompiera el fuego, no adelantarse para hablar con aquél. Jugaba su posición y su vida; estaba entre dos grupos enemigos y, ni como militar, ni como hombre, podía abandonar su situación.

- Mantilla niega levantamiento en Esquina

El estado ése a que habían llegado las cosas no admitía dilaciones, para unos ni para otros; el que en tales momentos se adelantara, o se pasaba o iba primero al combate, y en ninguno de los dos casos la columna de ataque podía detener su marcha o parar sus fuegos.

Leamos el razonamiento del doctor Mantilla:

"Y si Gallardo paró y Zúñiga conferenció con él, prueba evidente es de que Gallardo no iba a pelear. Gallardo era, además, un militar de escuela, inteligente, no pudo incurrir en la torpeza de detenerse, contrariando la combinación del movimiento general, sin dar aviso a sus compañeros para que hicieran otro tanto, pues fuerzas de una misma bandera no podían, a un mismo tiempo, pelear en un lado y tratar de paz en otro, para evitar el derramamiento de sangre.
"Luego más; las armas de los revolucionarios, por más que ellos hubiesen sido leones, eran de todo punto inútiles para asaltar cantones guarnecidos de infantes armados de fusiles Remington; con facones, recortados y lanzas, dando por alto que éstas hubiesen existido, no se ataca un cantón, y eso lo comprendían bien, como hombres de guerra, los jefes perseguidos.
El hecho positivo es que no hubo tales revolucionarios; la matanza inicuamente preparada fue la que obligó a la defensa inútil y desesperada de las víctimas. Los ciudadanos perseguidos bajaron al pueblo en busca de garantías, consignando su petición en la nota que dirigieron a Zúñiga, el cual no negó la existencia de ella.
Verdad es que el grupo era de alarmar, pero como la autoridad no opuso dificultades y, más bien, procuró inspirar confianza, no hubo resolución hostil. El permiso que les dio de pasear libremente por el pueblo; la comisión de vecinos nombrados; la conferencia con Acuña; la aproximación de los ciudadanos al Juzgado; la conferencia con Gallardo; la descarga traidora; hechos todos confesados por Zúñiga, aunque irracionalmente desfigurados o alterados, demuestran que no se trató de una revolución, sino de una petición pacífica”(8).

(8) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

La apasionada defensa de facción por parte de Mantilla, deja escapar un concepto: la “verdad es que el grupo era de alarmar”, y "en la guerra no se duerme, y menos sabían hacerlo los cabezas del pretendido movimiento", refiriéndose a los líderes que sitiaban el pueblo. No eran ángeles. Quizás el Parte de Zúñiga no se ajuste perfectamente a lo sucedido, pero se tenía claro que era un encuentro entre hombres orgullosos, que no temían a las armas, conscientes todos de que el que más fuerza armada y coraje mostraba, iba a ganar la pulseada.

El Parte sufrió retardos y no se publicó la nota de los rebeldes, que fue agregada al Parte de Zúñiga. En ella constaba la intimación hecha al juezDicho documento vindicaba al oficialismo. Quizás no se publicó porque ninguno de sus párrafos comprometía a sus autores y, darlo a luz, habría sido suministrar una prueba del crimen registrado.

El 24 de Enero de 1878, casi un mes después de los hechos, se pasó el Parte, cuando por deber y por el carácter mismo del acontecimiento debió hacerse el mismo día, transmitiéndolo por el telégrafo. El Parte fue para favorecer al doctor Derqui ante los Ministros nacionales, que ya estaban en Corrientes; sin embargo, detalles de los sucedido, no salieron a la luz.

El documento dejaba entrever que un movimiento sedicioso estaba en camino. Los liberales negaban de plano esa hipótesis. Los dos grupos mentían y escondían la verdad.

Zúñiga avisó, el 29 de Diciembre, por telegrama, de haber encontrado sólo pequeños grupos opositores que huían, y que los coroneles Acuña y Romero habían pasado el Guayquiraró el 28 por la noche, con toda su gente; sin embargo, los autonomistas señalaban que la insurgencia estaba en pie, y daba órdenes en consecuencia.

Desde Corrientes, a Onofre Aguirre se le decía, con fecha 31 de Diciembre:

Ordene al comandante Muniagurria se le incorpore y marche a Esquina a buscar la incorporación del mayor Toledo, y abra Vd. operaciones con actividad hasta disolver por completo la montonera.
Póngase en combinación con el general Ayala y demás autoridades de la frontera(9).

(9) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

A Juan Candia, de Bella Vista, le decía, en la misma fecha

Queda Vd. al mando de las fuerzas que se organizan en el Departamento de Goya. Le recomiendo observe Mercedes y organice una División para estar pronto(10).

(10) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

- La única triunfadora fue la violencia

La violencia no es aquéllo que rompe el diario devenir; no es un choque, un golpe en la calle, una manifestación, un Juzgado de Paz incendiado. La violencia no es un objeto de estudio sobre el que se pueda teorizar, sin caer en violentar el lenguaje, normalizando el dolor. La violencia es el sistema.

La violencia no sólo es del Estado; éste, el de esos años aciagos, era un estado de violencia. La violencia que se experimenta pero no se reconoce como tal, esa que genera, cristaliza y normaliza el clasismo (esa que provoca el clasismo), esa que facilita que la vida de un tercero sea sacrificada por dinero o por poder, esa violencia que acalla el enojo y lo fuerza a convertirse en alegría y buenos pensamientos.

Más allá de “lógicas del sistema” -que conste que sí lo son-, el de la sociedad correntina de fines del siglo XIX generará tantos productos culturales de y alrededor de la violencia, no sólo porque sus órdenes sociales y políticos eran subproductos de una violencia sistémica, sino porque esa violencia es una invisible pero latente, casi aprehensible (¿“violencia subjetiva”?), frente a la que el individuo no tiene otra forma de reaccionar, otro medio para defenderse más que la violencia “objetiva”, contra, también, individuos o representaciones, reificaciones, de constructos inefables como el Estado.

Gra parte del relato más arriba desarrollado se encuntra en la obra del doctor Mantilla, “Resistencia Popular de Corrientes. 1878”, que impulsa a dialogar no sólo de la violencia, sino de la respuesta frente a ella: ¿Cómo actuar frente a quien ha destruido la vida propia?, es la pregunta que engloba sus historias, que no son tan sólo la violencia per se -la violencia objetiva nunca lo es- sino que son la respuesta, la única respuesta frente a aquéllo que no encontramos otro modo para defendernos.

¿Para qué sirve nuestra celebrada libertad de expresión, cuando la única opción está entre aceptar las prohibiciones y una violencia (auto)destructiva?

Los mecanismos que desencadena la violencia ejercida (y frente a la que está por ejercerse violencia) no son sólo muerte o agresión, también la posesión sobre la vida del otro, también el reapropiarse de la propia, también actos redentores, justicieros, inútiles, absurdos, liberadores.

Relatos como éste recuerdan no sólo que es necesario replantearnos la necesidad de pensar desde otro punto la violencia (en ese sentido no sería la primera dentro de una producción cultural tan llena de ella como la correntina), sino su existencia misma, en momentos y contingencias actuales del país.

Resistencia Popular de Corrientes. 1878” pone sobre la mesa, la función de la violencia frente a la violencia: la defensa, la única defensa posible frente a un sistema y una lógica de supresión y represión, es la violencia el único camino posible, pues, “también por la sangre se llega al cielo”; las acciones individuales pueden resultar sólo en una violencia que no es ni gratuita ni sin sentido: su sentido es hacer evidente su arrinconamiento.

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