El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

LA INSURGENCIA SE INICIA TAMBIEN EN BELLA VISTA

En la zona del Paraná, el plan sedicioso fue más orgánico. Pronunciado en Bella Vista Amado Artaza, el coronel Onofre Aguirre, jefe del Gobierno en Esquina, abandonó su Departamento para correrse hacia Goya. Así pudo organizar -con las milicias que traía, las de este punto y el piquete de Bella Vista- una División llamada a darse la mano con la del coronel Luciano Cáceres, de Curuzú Cuatiá.

De parte del gobernador Manuel Derqui hallaron los mediadores presidenciales, Victorino de la Plaza y José María Gutiérrez, la mejor voluntad para reproducir la fórmula de la Conciliación porteña, sobre la base del acceso de los opositores a un cargo ministerial, a las representaciones nacionales y provinciales y a los puestos administrativos.

De la otra parte tropezaron con mayores obstáculos, pues casi todos exigían el retiro de Derqui. Pendientes las negociaciones, Gutiérrez obtuvo del gobernador ciertas medidas que -en su concepto- serenarían los ánimos, tales como la libertad de algunos procesados políticos y el licenciamiento de varias fuerzas de policía.

Simultáneamente con estos acontecimientos, el 2 de Febrero de 1878, por la noche, los principales dirigentes liberales abandonaron sigilosamente la Capital, pronunciados en armas, y se encaminaron al sur, proclamando la rebelión. Gutiérrez se embarcó en el acto para Buenos Aires y el gobernador Derqui organizó dos Cuerpos, uno de dos mil hombres y otro de tres mil.

Este último, confiando en su superioridad numérica sobre los sediciosos, marchó bajo la dirección del coronel Luciano Cáceres al encuentro de aquéllos, que estaban a las órdenes de Marcos Azcona, coronel del Ejército Nacional.

Dice Manuel Florencio Mantilla:

"El legítimo recurso de la doble elección imponía al Partido Liberal el deber de sostener su obra hasta las últimas consecuencias lógicas, con la altura y la energía que los sucesos exigían; habiendo sido una defensa regular, si bien nueva, faltaban aún muchos de sus efectos".

Y agrega:

"Desde un principio, a nadie escapó que la fórmula práctica de la solución del conflicto no podía ser otra que una de estas dos: o el fallo justiciero de la autoridad nacional, Interviniendo en Corrientes; o la defensa armada del gobernador popular, si el Gobierno General prescindiera de su deber"(1).

(1) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

La misión pacífica amistosa no entró en ningún cálculo. Los liberales querían y buscaban, "honorablemente, el imperio de las Instituciones dentro de la paz", pero si no obtenían dicho resultado, habría sido para ellos el ridículo del ridículo, la farsa más grosera, "quedar bajo la (Administración Derqui), después de haber nombrado un gobernador, tomádole juramento y requerido éste la Intervención Nacional"(2).

(2) Es de imaginar a Mantilla en estos momentos. Haber embarcado a su Partido en semejante movimiento subversivo, con los temores a sufrir un fracaso personal estrepitoso.

De ahí nació la necesidad de dar forma a la obra de la "Junta Electoral" opositora(3) y de prevenirse para los sucesos. Nunca estuvo demás la precaución, sobre todo en política y en nuestro país, tan fecundo en irregularidades. Si el talento en un hombre se caracteriza por la facilidad con que se posesiona de cualquier cuestión, en todas sus fases y relaciones, en todas sus causas, instantes y efectos, el tino político consiste en afrontar, con vista clara y ánimo resuelto, los hechos de la vida pública, preparando con anticipación recursos y situaciones que respondan a los sucesos inmediatos y a los futuros.

(3) Los opositores al Gobierno de Derqui denominaban a su Colegio Electoral, "Junta Popular", reunida paralelamente al Oficial. Fue una asamblea constituida por hombres representativos del Partido Liberal. Supuestamente nació del voto popular de boletas depositadas en Mesas "paralelas" al del escutinio oficial. Estos hombres eligieron un "gobernador" y un "vicegobernador" y el primero solicitó al Presidente de la Nación la Intervención Federal a la provincia.

El político confiado, lerdo, imprevisor, que en sus combinaciones cuenta -en primer termino- con la buena fe y la rectitud de su adversario, difícilmente ve coronados sus planes; en general, paga su candor con el ostracismo; hay que suponer siempre lo peor, lo que menos puede favorecer y, según eso, precaverse y alistarse para todas las situaciones.

Respondiendo al deber impuesto por los hechos consumados, y con prudente previsión, el mismo día que Derqui asumió el poder, quedó organizado un centro gubernativo opositor, a cuya cabeza fue puesto el "vicegobernador", doctor Juan Esteban Martínez. Su misión era propender a la solución del conflicto pendiente, dentro de las instituciones y, en caso de ser esto imposible, asumir públicamente el carácter de un Gobierno regular".

En base a los conceptos vertidos, es evidente que la sucesión de hechos políticos fue previsto en su mayor parte por la cúpula liberal, incluyendo el avance militar que se estaba por registrar.

Hubo quienes desearon hacer público ese Poder creado, "para demostrar la resolución del Partido Liberal" pero, su aparición, hubiera cerrado inmediatamente las vías de una solución pacífica, deseada por todos, y fue forzoso ocultarlo, "dejando a Derqui la fantasmagoría del mando"(4).

(4) La reunión de lo que dio en llamar "Junta Popular" fue de público conocimiento. El gobernador "opositor" (Felipe José Cabral) solicitó al presidente Avellaneda la Intervención Federal, y lo hizo como "gobernador electo". Esta farsa de que era un "Poder secreto", se fundamentaba en que, si no fuera de otro modo, Mantilla no tenía cómo explicar la razonable reacción del Gobierno de Derqui que intentaría neutralizar el movimiento sedicioso. Pero en un pueblo pequeño, como era Corrientes en ese tiempo, y con espías por todos lados, es razonable pensar que los hombres del Gobierno conocían los pasos de sus adversarios.

Los liberales no se consideraban un núcleo de conspiradores. Y ponían por ejemplo hechos similares visto en los Estados Unidos, en casos iguales al de Corrientes, la coexistencia pública de funcionarios del mismo carácter, defendiendo uno contra el otro, a la luz del día, sus derechos, sin que por ello fuesen acusados de sediciosos.

"El hecho no cambiaba de naturaleza en Corrientes por la reserva guardada. Sólo cuando los ciudadanos tienen el deber de acatar una autoridad incontestable, pueden ser conspiradores, revolucionarios, si contra ella maquinan; pero, cuando, con mejor derecho que la supuesta autoridad, ciudadanos que han recibido un mandato del pueblo se instalan para cumplir sus deberes, no son tales conspiradores ni revolucionarios"(5) (¿?).

(5) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Aquel centro no podía percibir la Renta Pública e invertirla; no disponía de las tropas presupuestadas; no nombraba las autoridades, todo lo cual hacía Derqui, por ser el gobernador reconocido por los otros Poderes de la provincia y la Nación.

Pero los resultados correspondieron a las esperanzas liberales. La primera atención del "Gobierno Popular" (esta era la denominación que usaban sus creadores), fue preparar el terreno para el caso extremo de la resistencia armada; nunca podía ser perjudicial; si la cuestión se allanaba pacíficamente, el resultado merecía la pérdida de ese trabajo.

La acción de Derqui no fue un obstáculo para uniformar y combinar los elementos liberales. Los correligionarios principales del Partido, encarcelados o perseguidos; los centros políticos disueltos por la fuerza; el riguroso espionaje, los campamentos militares en pie, y demás hechos que cohartaban la libertad partidaria, tuvieron que ser vencidos a fuerza de constancia y abnegación.

"No se disponía de armas", subraya Mantilla, dinero con qué adquirirlas sobraba, pero no había dónde comprarlas en la provincia, ni era posible introducirlas de Buenos Aires, Montevideo o Brasil por la vigilancia de las autoridades nacionales; muy pocas se introdujeron. Sólo Derqui las tenía en abundancia, sacadas del Parque Nacional y, para poseerlas, había que tomarlas de sus depósitos, cuarteles y campamentos. Armas particulares y lanzas hechas de tijeras, formaban el único armamento en perspectiva.

Los amontados debían ser buscados en sus guaridas y los emigrados en el extranjero. Este era el cuadro de las dificultades. Pero, cuando en todas las capas sociales hay encarnada una idea, al lado de cada obstáculo se encuentra el medio de evitarlo, "y el pueblo liberal de Corrientes estaba penetrado de su desesperante situación y decidido a salvar su libertad".

El "Gobierno Popular" tuvo éxito feliz en todos sus trabajos de preparación. Cada anciano, mujer, niño o persona -que no inspiraba desconfianza-, era un agente activo; se construyeron lanzas y se recogieron armas a las barbas de la autoridad; las comunicaciones salvaron las distancias, merced al servicio de chasques, en todas direcciones, a cargo especialmente de mujeres; hábiles claves telegráficas facilitaron utilizar el hilo eléctrico, sin inspirar la menor sospecha.

Al lado del Gobierno visible, funcionaba, así, "el de la oposición", para uniformar la resistencia y dar mayor fuerza a los elementos contrarios al oficialismo. Sin embargo, de esta preparación, la postura del Gobierno durante la negociación con los ministros presidenciales, precipitaron los sucesos, cuando aún no estaba concluido el trabajo y, debido a ello, hubo necesidad de mayores sacrificios.

No fue posible, por ejemplo, detener a los correligionarios de la campaña, que pedían romper la tirantez de su situación, lanzándose al combate; como tampoco fue posible iniciar el movimiento en la Capital, por guardar ciertos respetos a los ministros nacionales. Eso constituyó una gran ventaja para Derqui, que dominaba la provincia entera con Fuerzas, si bien no las aprovechó, "por tener en contra al pueblo en masa"(6).

(6) No hay información precisa sobre este particular. Se sabe que el número de hombres que integraron las tropas del levantamiento sedicioso era mayoritario en comparación con el número de soldados que defendían la situación. Mantilla machaca con el tema de la "opinión". Es más factible pensar que la grieta era profunda y que los sectores en pugna estaban divididos en partes iguales.

- El inicio de la guerra civil

La resistencia fue iniciada el 2 de Febrero de 1878 por Bella Vista. El Jefe Militar, Juan Candia, tenía allí unos trescientos hombres de caballería y un piquete de infantería de cincuenta plazas, y esperaba de la Capital armas para abrir operaciones sobre el centro de la provincia, en combinación con Soto, de San Roque, y Toledo, de Goya.

El 2 de Febrero fondeó en el puerto de Bella Vista el vapor "Osorio", conduciendo al ministro Desiderio Rosas e infantes, y las armas esperadas; el viaje y la hora del arribo habían sido anunciadas -de Corrientes- a los liberales de la localidad, para que se preparasen a tomar las armas.

Hecha la descarga del armamento y depositado en el Cuartel, Amado Artaza y José Francisco González, al frente de una guerrilla, asaltaron y rindieron el Cuartel, se apoderaron de las armas, sublevaron las fuerzas de caballería y se retiraron de la población, para no chocar con los infantes de la Capital.

Ese golpe audaz y feliz destruyó, en un instante, un gran núcleo de fuerza oficialista, dando soldados y armas a la oposición, con poco sacrificio en relación al resultado, porque sólo hubo un muerto de los asaltantes, el sargento mayor Albino Canteros, y siete heridos de los del Cuartel, entre ellos el capitán Puyol, jefe del piquete.

Candia se encontraba a bordo del "Osorio" durante el asalto y no bajó de inmediato, seguramente por desconocer el alcance de fuego de los atacantes; sólo cuando la población quedó tranquila, ocupó el pueblo vacío, para abandonarlo definitivamente en la noche.

El ministro Rosas siguió viaje a Goya. El gobernador Derqui tuvo conocimiento del suceso a la 1 p.m., e inmediatamente, ordenó la prisión de jefes y ciudadanos liberales de influencia, pero estos estaban ya a salvo, gracias a su activo servicio telegráfico. En la población capitalina se ignoraba el hecho; "(Derqui) para mejor resultado de sus medidas, lo ocultó hasta de los suyos"(7).

(7) Es muy probable que el gobernador haya ocultado el suceso por temor a perder el control de la situación; el ambiente "de guerra" seguramente embargaba a la población de la Capital.

En las primeras horas de la noche salieron de la ciudad, en botes unos y por tierra otros, los liberales que debían ser prendidos. Los primeros tenían la misión de sacar armas de la colonia Resistencia, en territorio chaqueño, para las fuerzas que, luego, levantarían en el Departamento de Empedrado, y tomar el pueblo de este nombre si los de la localidad no se hubiesen apoderado de él; y, los otros, debían atacar las fuerzas de Teodoro Maciel, en Lomas, y las de San Luis del Palmar.

Eran ellos, los doctores Juan Esteban Martínez, "vicegobernador"; Miguel Morel, Manuel F. Mantilla, Juan Rivera, Eudoro Díaz de Vivar, el coronel Quijano, los comandantes Zerviño, Ramírez y Leiva; los Sargento Mayor Gutiérrez, Gauna, Ibarra, Fava; algunos oficiales y soldados de la Guardia Nacional y los tipógrafos, todos de los periódicos “La Libertad” y “El Constitucionalista”(8).

(8) El grupo que se dirigió a Lomas fue numeroso. Se entiende que los tipógrafos fueron como soldados. Dice Mantilla al respecto: "Sentimos no recordar los nombres de todos aquellos generosos patriotas; además de los nombrados en el texto, sólo podemos citar a los siguientes: José Ramírez, José Pavón, Vicente Gómez, Toribio Casafús, Nicolás Costa, N. Araujo, Raymundo Goitia, Feliciano Insaurralde, capitán Villanueva, N. Fernández, teniente Fortunato Geán, Juan Frascoli, Andrés Gravre, Fidel Casanova, Emiliano Almirón, Eustaquio González, Zacarías Billordo, Carmelo Molina, Francisco Durán, Teófilo Sánchez, Cipriano Sánchez, Fermín Billordo, Inocencio López, Cayetano Cáceres, Ramón González, Mariano Ballejos, José M. Andreaut, Luis Pintos". // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Los que debían expedicionar por tierra se reunieron en la quinta de Roberto Billinghurst, alcanzando el número a treinta. A las doce de la noche marcharon sobre el Campamento de Maciel, situado en la costa de la Laguna Brava, como a poco más de nueve kilómetros de la Capital.

Contaban únicamente con la sorpresa; fácil, por la noche oscura y la hora, y con su valor, pues Maciel tenía cuarenta infantes y doscientos largos de caballería; además el armamento de los liberales se reducía a veinte fusiles Remingtons, tres carabinas del mismo sistema y revólveres. Fueron sentidos cuando ya estuvieron sobre el Cuartel, completamente desprevenido.

Requeridos, "tras de un viva al Partido Liberal" y una descarga, cargaron a no dar tiempo a la resistencia. La confusión y el desorden fueron completos. El jefe autonomista Sabao, segundo de Maciel, huyó; sus oficiales siguieron su ejemplo, y la tropa se dispersó, quedando el Cuartel por los asaltantes.

Así, en menos de un cuarto de hora y sin desgracia alguna fue destruido el poder del oficialismo en Lomas. Maciel, estaba en su casa, distante cuadras del Cuartel; cuando sintió el tiroteo, en vez de concurrir a su Campamento, tomó un caballo y huyó a los montes.

Los expedicionarios cargaron con las armas de fuego, municiones y sables que encontraron, destruyendo cuatrocientas lanzas que no podían conducir y, aumentados con algunos correligionarios presos en la barra y otros de la fuerza dispersa, continuaron marcha hacia San Luis del Palmar.

A las 8 a.m. del 3 de Febrero, se encontraron sobre dicho pueblo, cuyas autoridades estaban ya prevenidas por dispersos de Maciel, y preparadas a resistir. La fuerza principal se encontraba formada en media plaza y una guerrilla de infantería había a dos cuadras de ella.

Los liberales se dividieron en dos grupos, desmontándose los armados con fusiles y carabinas; Quijano, Ramírez, Zerviño y Leiva, dirigían a los de a pie; y Martínez, Morel, Fava e Ibarra a los de a caballo.

El oficial que mandaba la guerrilla autonomista los dejó aproximarse a distancia de cuadra y media para romper fuego sobre ellos, y se sostuvo con energía y valor hasta ser mortalmente herido al cabo de unos diez minutos de viva resistencia.

La guerrilla autonomista fue arrollada y dispersa, tras de lo cual atacaron los liberales la plaza, penetrando en ella por dos calles paralelas, con tal rapidez y feliz combinación que el enemigo se vio envuelto por sus derrotados y atacados por vanguardia y retaguardia.

Los autonomistas pelearon con valor; tuvieron, sin embargo, que ceder el terreno y huir al empuje de la caballería que los destrozaba por retaguardia y ante el fuego mortífero de los de a pie. San Luis del Palmar fue ocupado. Como en Lomas, recogidas las armas de fuego y las municiones, e inutilizadas las lanzas, evacuaron el pueblo para marchar al Departamento de Empedrado, que era el punto señalado para la formación del Cuerpo de Ejército, destinado a operar sobre la Capital.

Los insurrectos salidos de la Capital, después de incorporar las fuerzas que le traía de San Luis del Palmar el mayor Juan Pío Quintana, la columna se dirigió hacia Empedrado, donde el coronel Manuel de Jesús Calvo y el mayor Azula hacían reunión de gente, a pocos kilómetros de esa población.

Información adicional