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Visión de Mantilla sobre la realidad política del país. La "Resistencia Popular de 1878"

En 1880, el doctor Manuel Florencio Mantilla se había incorporado a la Cámara de Diputados de la Nación pero, a causa de los acontecimientos políticos de la época, debió buscar el exilio en Paraguay(1).

(1) Citado por Alberto A. Rivera, en Nota Preliminar de la obra "Estudios biográficos sobre patriotas correntinos" (1986), reedición. Editorial Amerindia - Biblioteca Correntina Nro. 1, Corrientes (este libro se editó por primera vez, en la Imprenta y Librería de Mayo de C. Casavalle, en 1884, en 317 páginas).

Allí ejerció la profesión jurídica y revisió documentos en el Archivo Nacional. También pergeñó dos de sus libros más apasionados: “Defensa de Corrientes” (1881) y “Resistencia Popular de Corrientes en 1878” (1891), libro de particular interés en esta oportunidad.

El primero es una réplica a las apreciaciones formuladas por el doctor Carlos Tejedor, en su libro, “La defensa de Buenos Aires”. La refutación de Mantilla es realizada en conjunto con los doctores Felipe José Cabral y Juan Esteban Martínez.

La segunda obra, vigorosa desde su título, fue editada diez años más tarde; en ella se narran acontecimientos políticos desde 1868, explicando los hechos que llevaron al Partido Liberal a ocupar el Gobierno en 1879, mediante el uso legal y bélico.

En esta obra, y consciente de su rol en las luchas partidarias de ese año 78, ya asoma el futuro historiador; con vehemencia expresaba: “que un escritor no aplauda lo que estima bueno ni condene lo malo; que no manifieste simpatía o antipatía respecto de personas y hechos, es reclamar lo imposible”. Esta afirmación, que le pertenece, será la línea de conducta que observará en todos sus actos.

Esta obra será, justamente, la base de los hechos sucedidos desde fines de 1877 y gran parte de 1878. Mantilla, autor intelectual del movimiento sedicioso que finalmente derrocará a un gobernador constitucional propietario, relata apasionadamente los sucesos. Por supuesto su relato pasa por un tamiz, ya que aquéllos que lo leen -a más de casi 140 años de haberlo escrito su autor- no tienen la misma visión ni intereses que su autor.

Los hechos se pueden relatar sin hacer mención a lo escrito por Mantilla, pero el objeto es dar a conocer detalles que, de otra manera, podrían perderse para el atento lector. Además en su escritura pervive el alma insurgente del opositor que, paradójicamente, y con el aporte de otros autores, permite una lectura más cercana a la verdad histórica.

Qué propósitos persiguió su autor al escribir esta obra? Pues bien, él mismo nos lo dice en la Introducción del trabajo, la que fue redactada en marzo de 1891:

"No se han modificado, en la provincia de Corrientes, las causas que produjeron los acontecimientos de 1877 y 1878: la vida de aquel pueblo continúa sometida a las mismas fuerzas de entonces y, han estallado ya, levantamientos parciales de defensa contra el bandolerismo oficial, los que han sido dominados con refinada crueldad.
"Es, por consiguiente, de constante oportunidad allí, la exhibición y condenación de los errores, vicios y perversiones que engendraron aquellas desgracias públicas, así como la dignificación de la entereza cívica que los resistió, para contribuir a encauzar regularmente el movimiento social y político del presente.
"A eso responde la publicación del presente trabajo. Sale a la luz, después de diez años de haber sido escrito, sin modificación que le dé el tono de una producción de actualidad, y sin retoque, de forma que lo depure de las incorrecciones de dicción; de modificarlo y pulirlo, habría que hacerla de nuevo, y comparar épocas y hombres, penetrando de lleno en la política militante y, esto, además de patentizar debilidades y faltas del día, que aún pueden enmendarse, desvirtuaría el carácter adquirido por el libro durante diez años de espera y le quitaría el colorido propio del momento en que fue elaborado, en presencia de los sucesos frescos.
"Es probable que la relación exacta de los hechos y la severidad del juicio respectivo, arranquen algunos quejidos, pues se corta en carne viva. ¡Qué hacerle! La culpa no es del que toma cuenta de las responsabilidades que avergüenzan, sino de los que las echaron sobre sus nombres por error o por maldad.
"No habría estímulo para el hombre de bien y para el ciudadano virtuoso, si a la ventaja ordinaria que sobre ellos tienen los de presa, se agregase timidez para encomiar lo honesto y condenar lo malo.
"Cada uno escribe su propia historia con sus hechos; y el que tuvo coraje para ejecutar actos reprobados, dejó en ellos comprometido su nombre y él sólo de recriminarse cuando la disquisición histórica lo fulmina".

- El pensamiento de Mantilla sobre el país

Habríamos deseado suprimir el apunte detallado que antecede, englobando en un cuadro el conjunto de los hechos ocurridos el 16 de Noviembre (de 1877) pero, como ellos fueron otros tantos antecedentes del drama -concluido en tragedia sangrienta entre hermanos- preferimos la forma seguida, por consentir ella más individualización, más claridad, sin desconocer el riesgo de fastidiar con ello al lector que, en narraciones de esta especie, prefiere un cuadro general o, de merecer una crítica sin piedad; a nuestro objeto, que es mostrar la fatal necesidad en que se vio el pueblo de Corrientes de tomar las armas, sacrificamos el cuadro general(2).

(2) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Con esta introducción, el doctor Mantilla se encarga de relatar la visión que tenía del proceso histórico del país desde sus inicios. Es importante esta revelación, ya que fundamenta el modo cómo encaró los hechos políticos que vivió intensamente desde fines de 1877 y, particularmente, en el año 1878.

“La relación es genuina de cuánto pasó aquel día y puede bastar para la afirmación del más escrupuloso criterio; los comentarios que provocan aquellos hechos les darán unidad y colorido. Ante ellos, desde luego, sorprende el empleo de procedimientos brutales para usurpar un título que sólo confiere la voluntad del pueblo, sin que la vergüenza del mismo ambicioso hubiera hecho presentar los crímenes con disfraz, siendo de admirar, por otra parte, la actitud tranquila del pueblo, en momentos que suelen originar choques sangrientos por menores escándalos y destacándose la superioridad de los elementos movidos por la opinión sobre los de fuerza, manejados por el poder.
“La conducta de los federales fue lógica. Apenas libre el suelo patrio del poder español, pero sin disipirse todavía las nubes del horizonte de la independencia, aún no proclamada, la corriente corruptora de la ignorancia y de la esclavitud se opuso ya a la acción generosa del patriotismo austero e inteligente, que había operado el sacudimiento regenerador de todo un continente.
“Gauchos toscos, salidos de las selvas como capitanes de multitudes casi primitivas y hombres egoístas, sin moralidad y llenos de ambición, explotarán; combinadas las pasiones del elemento inorgánico de la patria en vías de formación, en nombre de una libertad salvaje, y lanzándolas fanatizada con la bandera del federalismo, pretendieron imponer, al nuevo Estado, la ley de sangre de un Artigas, un Ramírez o un López.
“Por más que el talento de un brillante escritor argentino haya pretendido establecer diferencias sustanciales entre el artiguismo y el federalismo, los hombres de uno y otro grupo, hermanados, y sus hechos solidarios, son superiores a los argumentos de vindicación histórica que se han desarrollado en favor de los unos.
“Pero a medida que el oleaje de la barbarie se pronunciaba, tenaz resistencia levantó contra él la causa de la civilización y de la verdadera libertad, representada en el esfuerzo del partido, que lleva en la historia el nombre de unitario, arca santa que salvó del naufragio del año veinte y de la tiranía de Rosas el porvenir del Río de la Plata.
“Esa lucha iniciada en los albores de la vida argentina, personificó nuestros partidos políticos, porque en el fondo todos los acontecimientos que constituyen la tradición de la vida política del país no han sido más que el resaltado del predominio de una u otra fuerza, en permanente pugna.
“Artigas, Ramírez, el año veinte, la disolución nacional del año 1826, Rosas, Urquiza, la Confederación, Roca, son obras del federalismo; la independencia, el Directorio de Pueyrredón, el Gobierno de Rodríguez, la reconstrucción nacional realizada por Rivadavia, Ituzaingó, la guerra contra Rosas, la defensa de Montevideo, Caseros, la unidad argentina bajo un solo Código, son obras de los unitarios y de los herederos históricos de sus principios, de su virtud y de su patriotismo.
“Es decir, pues, sangre, luto, anarquía, deshonra, por un lado; libertad, gloria, instituciones, por el otro.
“Es con el Derecho y la libertad, fundados por los adversarios de la federación de horca y cuchillo, que los tiranuelos actuales han podido vivir respetados y felices y hasta preparar, sin zozobras, sus arteras redes y sus golpes de mano para asaltar el poder público y restablecer en él, el sistema abominable de los antiguos caudillos.
“Antes de Caseros no fue propiamente la forma de gobierno que el país debía adoptar lo que constituyó la diferencia; ése era el pretexto explotado por los caudillos y los círculos personales para combatir el progreso moral y la constitución definitiva de la Nación, dentro de la cual no cabían los cacicazgos.
“La Federación fue, para Artigas, y los de su clase, el desorden, los pueblos esclavizados, la vida y la propiedad pública y privada sujetas al albedrío soberano del Protector o del Supremo; jamás dieron cuerpo a la idea política que la palabra federación encierra, ni pensaron en ello.
“Rosas fue lo mismo; su Federación era la absorción en su persona de todo el poder público de las catorce provincias, en virtud del exterminio que sembraban sus legiones victoriosas. Los que sirvieron, pues, a todos ellos, lejos de perseguir una solución constitucional, la hacían imposible.
“Ese no era el sentimiento del país, cuyos elementos de acción lucharon para traducir en un Gobierno estable y culto los grandes principios de la revolución de Mayo, sin destruir lo que el mismo organismo colonial y las creaciones de las primeras Administraciones patrias habían incorporado a la vida política de los pueblos.
“Los unitarios, acusados de centralistas, probaron, al dar la Constitución de 1826, que no rechazaban, en principio, el sistema federal, ni se oponían a su implantación, pues, en aquella Carta elevaron a la categoría de instituciones fundamentales todo cuanto del federalismo teórico era compatible con la educación del país, su población y sus recursos, demostrando así que procedían con gran pulso político y noble patriotismo, por cuanto buscaban garantir la verdadera libertad local de las provincias oprimidas a la sazón por caudillos.
“El tiempo les ha dado razón. La Constitución actual es mixta, a punto de que un mal gobernante en la presidencia puede nulificar las autonomías de los Estados, ejerciendo, de hecho, un poder más que centralista, dictatorial.
“La Constitución de 1826 debió buscar cierta unidad gubernamental en el Poder Central, para reconstruir una nacionalidad anarquizada y dividida en catorce republiquetas. La resistencia a Rosas, que fue también guerra al desorden, a la barbarie, sintetizó el pensamiento de constituir el país sobre bases de justicia y libertad, y no lucha de sistemas de gobierno, como han dado en decir los defensores de la dictadura.
“El gran caudillo, de aquella valerosa época, lo declaró solemnemente en un documento que puede considerarse como la profesión de fe de los argentinos libres de entonces; el general Lavalle decía, al pisar el suelo de la patria:

“‘Yo no quiero opiniones que no pertenezcan a la Nación entera. Federal y unitario, seré lo que me mande el pueblo. No traigo a la República Argentina otros colores que los que ella me encargó defender en Maipú, Pichincha e Ituzaingó.
“‘Los traigo del destierro y, con ellos, también los grandes principios de la revolución de Mayo.
“‘Sólo traigo un partido: la Nación. Sólo traigo una causa: la libertad. Sólo traigo una ambición: romper el último eslabón de la esclavitud de mi patria y poner después mi espada a los pies del pueblo argentino.
“‘No reconozco más que un solo enemigo: el enemigo del pueblo. El tirano Rosas’”.

“No fue, pues, el sistema de gobierno la verdadera causa de las luchas argentinas anteriores a la Constitución; fue el desorden, la esclavitud, los caudillos vitalicios, contra el sentimiento de nacionalidad y el anhelo de un buen gobierno.
“Después de Caseros se modificaron las formas, pero el fondo de las tendencias de los partidos quedó el mismo; el rayo de luz que iluminó los cerebros enfermos de los iniciadores de la reacción, no los sanó; vencedores del amo que abandonaron, pretendían imitarle en sus hechos.
“Existió un mecanismo completo de instituciones, obra del elemento patriota e ilustrado, que se incorporó con fe a la labor de regenerar la patria, pero la federación conocida no era para sufrirlo, chocaba con lo que había adorado y constituía la aspiración de la colectividad de ese nombre.
“Continuaron, por consiguiente, los hechos de los poderes imperantes con la misma alma del pasado, y pues que ya no se podía atentar contra la existencia de las instituciones creadas, se atentó contra la efectividad de ellas. La Confederación era Urquiza, es decir: Congreso Nacional, Legislatura y gobernadores de provincia; Ejército, Escuadra, todo dependiente de su voluntad; el pueblo argentino era un ilota.
“La sangre no escaseó; La Rinconada es hecatombe rival de Pago Largo; también hubo un gobernador fusilado y, si de su piel no se sacó manea, fue porque estaba aún fresca la de Berón de Astrada.
“Aceptar aquel orden de cosas y concurrir a su afianzamiento, importaba preparar una segunda tiranía; al rechazarlo y combatirlo, pues, el partido liberal siguió lógicamente sus primitivos rumbos, en busca siempre de la ansiada libertad.
“Ni la patria estaba unida, ni la Constitución jurada imperaba; el federalismo del año veinte y el centralismo cruel de Rosas, dándose de mano, palpitaban bajo aquél despotismo revestido de formalidades institucionales: era el mismo drama del pasado, con retoques de cultura.
“Pavón fue el Caseros de la Confederación y, con la caída de ella, se constituyeron al fin en una sola familia las catorce provincias bajo verdaderas instituciones libres, respetadas de gobernantes y gobernados. La federación vencida no aceptó el triunfo de los principios; fomentó la montonera en el Interior; se alió con el tirano del Paraguay a falta de otro amo; encendió, más tarde, la guerra civil en el Litoral; y cuando, vencida en todas partes, se le creía extinguida, reapareció airosa bajo la presidencia de Avellaneda, envuelta en el sensualismo político reinante y en sus hechos desastrosos.
“Los que desde 1868 representaron en el Gobierno de la Nación el triunfo de los principios constitucionales, fueron cediendo poco a poco el terreno firme de la moral, dominados por la sensualidad del poder, hasta que, faltos de opinión, cayeron en brazos del personalismo y del imperio de la fuerza.
“La evolución llamada Conciliación, pudo haber regenerado el Gobierno si de parte de los mandatarios hubiese existido lealtad pero, reducida a Buenos Aires y con germen de muerte en las entrañas, dejó en todo su rigor el sistema de todos los despotismos y de todas las corrupciones en el resto del país.
“Así, los acontecimientos de 1880 fueron la iniciación descarada ya del sistema reaccionario, lógicamente alzado al poder por los que olvidaron la moral política y los sanos principios de libertad”.

- La “revolución mantillista” de 1878

“Si tal es la historia de los federales, los de Corrientes fueron lógicos al consumar los atentados de que echaron mano en 1877, para imponer como gobernador al doctor Derqui. Su filiación histórica y la corriente del día en que flotaban, les enseñaban esos medios.
“Toda la vida han sido bárbaros por sistema; jamás han olvidado su origen selvático, ni han reaccionado contra su negro pasado; tal como Artigas puso en el mundo la federación, como la practicó Rosas, como la continuó Urquiza, es en el día, y lo será siempre, con Roca u otro en el Gobierno.
“Aquélla fuerza desquiciadora que abortó el averno en los albores de la nacionalidad argentina, destruye todavía. Para esa corruptela todo está en el porter o en el que se lo abroga por la fuerza. ¿Acaso pensó Artigas si fue capaz de pensar que la federación era otra cosa? ¿Por ventura Rosas consintió otra opinión y otro interés que el de su dictadura? ¿Permitió Urquiza otro régimen que el de su voluntad?
“Y a ellos, con excepción de Rosas, llamaba ‘La Verdad’, órgano del doctor Derqui, héroes gloriosos de su causa.
“El doctor Derqui, inspirador y ordeñador de los escándalos cometidos por sus hombres, no podía hacer madurar los frutos del régimen constitucional, no podía entregar al pueblo la dirección de sus destinos, respetando el sufragio, porque llevaba en el corazón la lepra de la Federación; fiel a su escuela, lógico con el pasado de su partido, debía reproducir sus hechos tradicionales.
“De tal origen, tales atentados.
“Trabajo, y no pequeño, costó detener el estallido de la ira popular. Las masas no reflexionan con la serenidad del político, que combina en su gabinete; se indignan y se lanzan a las vías de hecho.
“En aquella época, la prudencia era uno de los más eficaces recursos de la defensa contra el arbitrario desbordado; había que prestigiar la causa afuera de la provincia, por la razón y el agotamiento de los medios pacíficos. El pueblo quería ser libre, pero se acusaba de faccioso al partido liberal cuya política respondía a su aspiración; se lo denunciaba como conspirador, que buscaba en la revuelta el triunfo imposible dentro de la ley y, el partido, a fin de asegurar su triunfo, prefirió aumentar su paciencia, siguiendo a sus adversarios en todos los terrenos pacíficos, para no recurrir a un medio extremo, sin agotar los del patriotismo estoico, en procura de una solución tranquila.
“Derqui quería la resistencia armada en la elección, porque el capital acumulado por la oposición, aunque grande, no bastaba aún para justificar en el exterior un acto de fuerza de su parte y porque suponía que Avellaneda y Alsina lo sostendrían a todo trance.
“La oposición, sin embargo, se condujo con templanza, sin precipitación, como el general que sufre el fuego enemigo sin contestarlo, ni comprometer combate antes de ocupar un punto estratégico que le asegura la victoria.
“La elección de electores era la segunda parte del problema electoral y necesitaba esclarecer en ella su fuerza numérica, su derecho desconocido, escarnecido, como lo había establecido en los actos preparatorios.
“Del 16 de Noviembre al 25 de Diciembre, día de la entrega del Gobierno por el mandatario cesante, había aún tiempo y campo de lucha cívica, si se respetaban los trámites constitucionales del nombramiento de gobernador y no era político apurar el despejo de la incógnita en nombre de sucesos consumados, pero cuyo resultado esperaba todavía un fallo; había aún caminos no recorridos, válvulas que podían abrirse; era posible, si bien no probable, la desviación de la corriente de fuerza.
“Si el Partido Liberal hubiese castigado los escándalos del 16 de Noviembre en los comicios, no hubiera fundado Gobierno, porque Madariaga contaba segura la Intervención Nacional; por el contrario, acudiendo desarmado a las urnas, perseguido hasta allí y arrojado luego de allí a bayonetazos, privado del voto, engrandecía su causa, cubría de baldón a sus adversarios y afianzaba su derecho.
“Cuando un pensamiento grande domina y se persigue un objetivo patriótico, hay que subordinar los actos a la razón serena, so pena de no llegar al fin deseado.
“El Partido Liberal procedió así. Su órgano en la Capital, “La Libertad”, decía lo siguiente, el 16 de Noviembre, de acuerdo con las Instrucciones del Club Constitucional:

“El comicio puede ser este día la tumba de la soberanía popular; los Remington del Gobierno y los machetes de la gendarmería pueden convertir la urna electoral en urna cineraria de las libertades públicas; y por más que el pueblo tenga derecho de repeler la fuerza con la fuerza, está en su dignidad y en su majestad dar paso a la fuerza como último ejemplo de prudencia y último sacrificio por la paz; obrará después.
“Con esta consigna de paz y de orden debe ir el partido liberal a los comicios; suya es la victoria legal. Dejemos que el doctor Derqui de la última muestra de lo que es; dejemos constatado, para justificación de nuestra conducta futura, que hasta el último momento, agotando sufrimientos, hemos brindado con la paz”.

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