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La batalla de Ifrán. El error fatal del doble comando

Dos días después de la batalla de Mota, en las Puntas de Ifrán, se librará una batalla decisiva, luego de que las fuerzas legalistas dejaran pasar inexplicablemente varias situaciones favorables para vencer al enemigo, cosa que quizá pueda atribuirse a la irregularidad e irresolución que había en ellas por tener doble comando, a cargo de los coroneles Luciano Cáceres y Onofre Aguirre.

Estos dos jefes encontrarán la muerte en esta batalla, luego de haberse batido valientemente al frente de sus tropas, inferiores en número a las que comandaba el coronel Reguera. Toledo, “el Bravo”, conseguirá garantías de Reguera para retirarse con sus hombres y sus armas, embarcarse en Puerto Lavalle y salir de la provincia.

Como corolario, al día siguiente, el gobernador Manuel Derqui reclamará la Intervención.

Pero vale la pena detenerse en esta épica acción, para dar una idea de cómo se luchaba en Corrientes en esas infelices guerras civiles que eran iniciadas e impelidas, más que por las ideas y principios, por las ambiciones personales de los dirigentes políticos.

Se seguirá aquí el relato que hacen de ella los distinguidos historiadores Manuel Florencio Mantilla y Hernán Félix Gómez:

El doctor Mantilla relata lo siguiente:

"El 18 (de Febrero de 1878), por la mañana, se presentaron los capitanes Báez y Cardozo, con cuarenta hombres; eran de los desbandados del ejército de Cáceres. Horas después, los bomberos(1) dieron Parte que el enemigo se retiraba".

(1) Los bomberos militares, a los que hace referencia Mantilla, hacían mucho más que combatir incendios. También realizaban inspecciones de seguimiento de la tropa enemiga -como en este caso- y brindaban primeros auxilios a las víctimas del campo de batalla.

"Marchar a su alcance era lo indicado; más no fue posible mover las fuerzas, porque necesitaban reposar para la persecución o la batalla, y el tiempo lluvioso no daba lugar ni para carnear.
"El 19, abrió su marcha el ejército, en busca del enemigo... El alba anunciaba un espléndido día ...; el sol elevóse luego, puro y resplandeciente, en un cielo sin nubes...
"A dos leguas (unos 10 kilómetros aproximadamente) del Cerrito, obstruían el camino los esteros del Cafarreño, anchos y cubiertos de agua, cuyo vadeo no podía hacerse más que por sendas estrechas o pasos casi a nado.
"Llegado allí el ejército (rebelde), participaron las avanzadas que el enemigo ocupaba el lado opuesto, al parecer dispuesto a disputar el pasaje. Dividiéronse, entonces, las fuerzas en cinco Divisiones, al respectivo mando de los coroneles Reguera, Azcona, Martínez, Calvo y Romero, para efectuar la operación en distintos puntos.
"Como los Partes daban al enemigo sobre el paso principal del tránsito, distrayéndole en su defensa, podían algunas Divisiones salvar los esteros sin ser molestadas, y hostilizarlo enseguida, a fin de que las detenidas adelantasen su marcha.
"A este objeto, el coronel Azcona se dirigió por la izquierda enemiga; Calvo por la derecha; Martínez y Romero por el centro; y Reguera en protección de estos. Azcona y Calvo necesitaban más tiempo, por la vuelta que debían dar, y marcharon primero.
"La División del coronel Martínez se encontró con todo el ejército enemigo (el gubernativo), formado en batalla, sobre el Paso de la Diligencia, en el Cafarreño, en la misma entrada del Yatayti Calle, camino a Goya; apoyaba su izquierda en un edificio, (denominado) El Boliche, y su derecha en un palmar.
"La salida del camino, que el coronel Martínez seguía, no tenía agua, pero era una estrechísima lengua de tierra oprimida por los esteros, en la que sus fuerzas perdían la libertad de todo movimiento. En tal situación, Cáceres pudo atacarle con ventaja, pero se redujo a desprender sobre él fuertes guerrillas, cuyos fuegos, contestados con firmeza, no impidieron la salida de la División del estrecho.
"Sin cesar el tiroteo iniciado, el coronel Martínez preparó su tropa para recibir el ataque, y se mantuvo firme. Mientras tanto, Azcona y Romero amagaron la izquierda y retaguardia de Cáceres, y Reguera atravesó el paso a unas cuadras de distancia.
"Cáceres no esperó más para correrse sobre su derecha y retirarse precipitadamente. Su intención fue, sin duda, evitar la batalla, porque de otro modo no se explica su inacción a la vista de la División de Martínez, ocupando una posición tan ventajosa con relación a todo el ejército popular; pero, le era ya imposible sustraerse.
"Para retirarse a Goya tenía que sufrir el fuego permanente de sus perseguidores que, en un trayecto de siete leguas, podían obligarlo a combatir, si no le disolvían su ejército con la sola persecución; el camino a Santa Lucía, para ir a la Capital, estaba cortado; la vuelta a Curuzú Cuatiá, era imposible. El caudillo federal estaba encerrado, y mal de su grado iba a ser obligado a lo que tanto temía.
"Las divisiones de Reguera, Azcona y Romero corrieron al alcance de Cáceres, por entre palmares espesos y zanjas y cercos de ramas de chacras, guiándose puramente de los tiros de las guerrillas avanzadas que picaban la retaguardia enemiga.
"El coronel Martínez marchó con menor rapidez, por la infantería, y Calvo se atrasó por haber tenido que desandar el camino hecho y pasar en el punto donde Martínez hizo su operación, pues el que le fue designado resultó materialmente intransitable. A la salida del palmar, las Divisiones (rebeldes), descubrieron al enemigo formado nuevamente en batalla, al pie de una pequeña loma situada entre el Cafarreño y unas inmensas lagunas.
"Aquel lugar pareció a Cáceres más estratégico que el anterior para librar la batalla a que era obligado porque, apoyando sus alas en el Cafarreño y las lagunas, cerraba completamente el paso, no podía ser flanqueado y al enemigo le quedaba terreno bueno, un fofadal cubierto de pozos y de agua.
"Cáceres ocupó la derecha con un batallón y su mejor fuerza de caballería; Toledo, con cuatrocientos infantes, el centro; y Aguirre, la izquierda.
"Reunido todo el ejército (insurreccional), los coroneles Araujo y Azcona hicieron un reconocimiento del terreno y de la posición del enemigo, para combinar el plan de ataque y tender la línea.
- “Cáceres morirá o caerá prisionero”, dijo el coronel Azcona al volver.
"El ejército (insurgente) formó su línea de batalla en semicírculo, por la situación del enemigo y por el terreno. El ala derecha, al mando del coronel Azcona, fue ocupada por los regimientos Basualdo, Bella Vista, Curuzú Cuatiá, Mercedes y el batallón Mercedes; el centro, a cargo de Reguera, compuesto de los regimientos San Roque, Lavalle, Goya y el batallón de este nombre; la izquierda, al mando de Calvo, constaba de los regimientos Empedrado, los escuadrones San Luis y Escolta y el batallón 3 de Febrero.
"El comandante Aurelio Díaz se colocó con el regimiento Saladas, en un paso del Cafarreño, a retaguardia del enemigo, y el comandante Antonio Llopart, con un escuadrón, en un estrecho formado por las lagunas del Sur. Estos dos Cuerpos tenían la misión de atajar derrotados.
"El fuego se inició a las 12 y 10 minutos, con guerrillas del escuadrón Escolta y de los batallones Goya y Mercedes, comprometiendo el combate general una carga del coronel Martínez al frente del Goya.
"Como la línea popular era en semicírculo y mucho más extensa que la enemiga, no coincidían sus secciones con las de ésta. El centro y el ala derecha atacaron con tal vigor y ligereza que, según los más viejos soldados, no era posible mayor pujanza. Cáceres cargó el costado izquierdo, creyéndolo tal vez débil o porque veía la inacción de su tropa en las otras partes; pero, recibido con las descargas del 3 de Febrero, volvieron caras sus soldados gritando: '¡infantería! ¡infantería!', momento aprovechado por el coronel Azula para caerles con la caballería y deshacerlos.
"Cuando esto pasaba, el centro y la izquierda federal estaban ya destruidos. Azcona había arrollado, sin dificultad, el costado izquierdo, tan luego, como lo atacó, pasando en la persecución bajo los fuegos del batallón de Toledo, el cual, si bien ocupaba el centro, por la curva que formaba la línea popular, tomó bien una parte de la tropa, especialmente el regimiento Bella Vista, al que hizo veintisiete bajas en una sola descarga.
"El centro fue conmovido y deshecho por el Goya, que rindió al batallón Curuzú Cuatiá, y por los regimientos mandados por Alemí y Lezcano.
"Un cuarto de hora después de los primeros tiros, derrotados y perseguidores se confundían en el único espacio libre que la línea de Cáceres tenía a retaguardia, zona angosta para contener tanta gente.
"¡Aquél fue el instante más horrible de esa lucha de hermanos... La tierra temblaba bajo el peso de siete mil hombres en movimiento veloz; caballos y hombres caían y se levantaban; miles de brazos, manejando lanzas y sables, descargaban golpes de muerte, derribando jinetes y caballos; las detonaciones de las armas de fuego, mezcladas con el quejido lastimero de las víctimas y el vocerío hiriente de la multitud, producían un concierto de espanto.
"Cáceres fue de los últimos que llegaron a la estrecha garganta, obstruida ya por los derrotados del centro y de la izquierda; en la desesperación, prefirió echarse en el Cafarreño antes que rendirse, pero no pudo adelantar espacio, porque el agua era mucha, y fue lanceado por un oficial que lo conoció y que había sido muy perseguido por él.
"Las aguas del estero estaban agitadas y ocultaron, por algún tiempo, su cuerpo; tan luego como fue hallado, dióle sepultura el coronel Reyna en persona, en generoso pago de los sufrimientos que le debía.
"Aguirre, segundo de Cáceres, sucumbió también en la derrota, antes que aquél, a manos del capitán Ruidiaro o Arriola. La División Saladas hizo prisionera toda la tropa que se lanzó al Cafarreño. La persecución duró toda la tarde, encomendada al regimiento Basualdo.
"En el campo de batalla quedó Toledo, formado en cuadro. Su Cuerpo se componía de cuatrocientas plazas, cuyas tres cuartas partes eran liberales, muchos de ellos jóvenes distinguidos de Goya. Por esta circunstancia, el costado derecho popular no sufrió tanto estrago con sus fuegos, porque la mayor parte de los tiros fueron al aire. Por la misma causa, cuando se pronunció la derrota, prescindióse momentáneamente del cuadro, sin abandonarlo, hasta despejar el terreno, a fin de evitar un choque con él y de rendirlo sin sangre.
"El Goya, el 3 de Febrero y el Mercedes, es decir, toda la infantería popular, retrocedieron de la loma para observar y seguir a Toledo; situados a distancia de tres cuadras de él, en distintos puntos, no disparaban un tiro ni lo recibían; ellos querían ahorrar sangre y el otro temía.
"Así permanecieron una media hora. Las divisiones regresaron y rodearon el cuadro, sin dejarle ningún espacio libre para retirarse. Toledo envió entonces como parlamentarios a los jóvenes liberales Desiderio Dante y Luis Lemos, ofreciendo rendirse.
"El coronel Reguera, Comandante en Jefe, llamó al coronel Martínez y le dijo:
- 'Vaya y arregle como quiera la rendición'.
"El comisionado pasó, inmediatamente, solo, a conferenciar con Toledo y la rendición fue ajustada bajo esta base verbal:
- 'Toledo y los oficiales que deseasen acompañarle, se retirarían dónde quisieran, previa promesa de no volver a tomar armas contra la resistencia, entregando el Cuerpo y un carretón que tenía, con armas y municiones'.
"Media hora después, se alejaba Toledo con veinte oficiales, escoltado por un escuadrón del regimiento Curuzú Cuatiá, pedido por él, porque temía ser muerto en el trayecto, yendo solo, y el coronel Martínez entraba en el cuadro de su antiguo batallón, saludado con vivas entusiastas.
"Los infantes se incorporaron al ejército (rebelde); los más eran hermanos redimidos por la victoria y, desde esa instante, iban a combatir a la sombra de la bandera redentora; unos, remontaron el Goya; otros, el 3 de Febrero, y con el resto se fundó un nuevo Cuerpo, 19 de Febrero, al mando de los comandantes Basiliano Ramírez y Santiago Zerviño"(2).

(2) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

La versión del doctor Hernán Félix Gómez es la siguiente:

"El ejército revolucionario avanza, encontrando al legalista cubriendo los pasos de los esteros denominados Cafarreño. Sin defenderlos, cede terreno, corriéndose hacia las pintorescas puntas del Ifrán, donde forma en batalla después de un monte cerrado de palmeras. Las fuerzas de la revolución prepararon el pasaje de los difíciles esteros, dividiéndose en cinco columnas, a las órdenes de los coroneles Reguera, Azcona, Calvo, Romero y Martínez. Mientras Azcona cruza por la derecha y Calvo por la izquierda, Martínez y Romero lo hacen por el centro, precedidos por Reguera.
"La llegada a tierra firme fue trabajosa y sucesiva. El ejército legal perdía, al retirarse hasta las puntas del Ifrán, la primera oportunidad de una victoria, tanto más cuando una de las columnas de ataque hubo de desandar -la de Calvo-, su camino por lo intransitable de los vados. "Pero todavía acumuló otro error; ya en orden de batalla, sobre las lomas del Ifrán, se le enfrentó la División del coronel Reguera, y durante más de media hora las fuerzas se contemplaron. Era ese instante de superioridad indiscutida para el ejército del orden, y la derrota de Reguera suficiente para el arrastre de las otras Divisiones todavía desorganizadas por el cruce de los difíciles esteros.
"También se renunció a esta oportunidad de victoria. Como individualmente Cáceres y Aguirre eran capaces de una acción rápida, inteligentemente concebida, los dos errores apuntados no responden sino al comando doble, que habiendo convenido el detalle de la acción, no podía romper su unidad por iniciativa excluyente de uno de los jefes.
"La revolución tendió su línea de batalla, dando frente al Sudeste. Azcona a la derecha, Martínez en el centro y Calvo en la izquierda, obedecían al mando superior del coronel Reguera, y siendo doble su número de guerreros, además de la formación en arco, restó a los revolucionarios una División que se ubicó en el extremo izquierdo, formado por la legión Empedrado, del comandante Azula, y los “lomeros” de Floro Zamudio.
"Ambos ejércitos apoyaban sus flancos en los esteros. Mientras la línea revolucionaria era compacta, la oficial había organizado en alas a sus escuadrones, con un total de como de dos mil hombres, en torno del centro ocupado por las infanterías de Toledo.
"Como una hora permanecieron los ejércitos contemplándose; al fin, Azcona, con su División, se internó en el bosque de palmeras para ganar espacio y dar ímpetu a sus cargas, mientras el fuego de guerrillas se abre. Martínez avanza con los infantes de Mercedes, y el batallón 3 de Febrero de P. P. Quijano, formado de hombres de la Capital y de Empedrado; la lucha de guerrillas es intensa pero no decide nada.
"Reguera da la orden, y el toque de atención corre la línea de las caballerías; arenga a los soldados y se ordena la carga. Cinco mil hombres avanzan dando vivas al Partido Liberal; la tierra tiembla con el golpe de los cascos al galope; Azcona, Reguera, Romero y Artaza acaudillan las masas lanzadas como una tabla; las infanterías de Martínez cesan en su fuego y el más horrendo entrevero hace de la batalla un combate individual. La proporción es dos contra uno, y lógicamente la dispersión se inicia.
"En el frente de batalla sólo quedan las infanterías de Toledo, formadas en cuadro, y un escuadrón fuerte de 400 hombres. Es el regimiento de Juan Colorado, el guerrillero espléndido de coraje; Cáceres se pone a su frente y carga; no tiene a su frente sino la División de la extrema izquierda que comanda Azula, porque el resto de la línea es entrevero y maldición, y a ella se dirige. Los de Empedrado también atacan, y el encuentro es rudo. Ceden los “colorados” paso a paso; el valor de los jefes no claudica en la derrota; Cáceres es muerto por un soldado de la División de Reguera; su lanza rota en varios pedazos, reconocida luego por una amable dedicatoria de amistad, dice de su fiereza y del sacrificio innecesario de su vida; era un hombre desarmado; Aguirre también perece, no ha querido rendirse.
"Sólo quedan en el campo de batalla, formadas en cuadro, las infanterías de Toledo y un escuadrón fuerte de cuatrocientos hombres. Es el regimiento de Juan Colorado, el guerrillero espléndido de coraje. De pronto un grupo defecciona; son infantes de Curuzú Cuatiá, que preguntan por Azcona; los cuadros se cierran y la retirada llega a los esteros. La posición ya es fuerte y Toledo levanta bandera de parlamento.
“Cáceres toma su mando y carga; no tiene a su frente sino la división de la extrema izquierda que comanda Azula, porque el resto de la línea es entrevero y maldición, y a ella se dirige.
“Los de Empedrado también atacan y el encuentro es rudo. Ceden los ‘colorados’ paso a paso; el valor de los jefes no claudica en la derrota; Cáceres es muerto por un soldado de Reguera; su lanza -rota en varios pedazos- es reconocida luego por una amable dedicatoria de amistad (...)
“Aguirre también perece; no ha querido rendirse. Pero la nota inolvidable de Ifrán fue la infantería del coronel Toledo.
“Los pocos cartuchos que se habían distribuido a los soldados, reclutados a la fuerza, fueron disparados sin tino, al aire, sin acertar. Y esto se transmitió al coronel por los oficiales y fieles. Eran éstos y los clases, los únicos amunicionados con abundancia y, por otra parte, los armados con Remington y afiladas bayonetas. Lo demás era un bosque de armas anticuadas.
“Dispersa la caballería y derrotado el famoso escuadrón de ‘colorados’, las fuerzas liberales marcharon sobre los infantes de Toledo. Dio entonces la orden de formar cuadro y el cuadro fue organizado con regularidad maravillosa.
“- Pasó atrás los oficiales y clases.
“- Bandera de parlamento.
“La división Reguera, que encabezaba la carga, sofrenó los potros y avanzó el mensajero de los oficialistas, don Desiderio D. Dante, forzado como tanto liberal a servir en sus fuerzas.
“- De parte del coronel Toledo. Va a retirarse del campo con la infantería en cuadro. Al primer amago, la oficialidad dará muerte a los soldados liberales de Goya (éstos eran prisioneros).
“La masa de caballería había aumentado, pero también el terror de ese doble cuadro de infantes, en cuyo centro el coronel, pistola en mano, con el sable en la otra, tenía a todos pendientes de la orden.
“El coronel Reguera propuso la solución. Concedíase garantía de vida al coronel Toledo y a los hombres que deseasen seguirlo. Los otros debían ser entregados. Podían conservar sus armas. Y sobre esa actitud generosa, lograda con arrojo, Toledo y sus leales se embarcaron en Puerto Lavalle hacia el exilio”(3).

(3) Hernán Félix Gómez. “Toledo, el Bravo (Crónica de las Guerras Civiles del Período Oligárquico)” (1944), pp. 28-29. Editorial Corrientes, Corrientes. En otra obra de su autoría, "Los últimos sesenta años de Democracia y Gobierno en Corrientes", el doctor Gómez señala que "la versión relatada por él, de la batalla de Ifrán -controlada con los documentos de la época- es, en el fondo, la que el doctor Juan M. Rivera, ilustre liberal, dio a la prensa pocos años después. Difiere básicamente de aquélla popularizada por el doctor Manuel F. Mantilla ("Plácido Martínez" e "Historia de la Resistencia Popular de Corrientes en 1878"), y nos ha merecido fe, porque el doctor Rivera integró el ejército vencedor en la División Azula".

Esta fue la batalla de Ifrán, llamada así por haber sido librada en las puertas del distrito de ese nombre Si el título de batalla es propio a toda acción de guerra en que toma parte un número crecido de combatientes, con prescindencia de la rudeza y duración de la pelea, sin duda, lo fue la trabada el 19 de Febrero; lo sería, igualmente, si para clasificarla se toma en cuenta el número de cadáveres y sus resultados, porque fueron muchos aquéllos, y el enemigo quedó destruido; pero, si debe llamarse batalla a la lucha enérgica y reñida de dos grandes masas de combatientes, no merece dicho nombre el hecho de Ifrán; el fuego duró apenas minutos; el ejército del Gobierno resistió débilmente, reduciéndose a contestar los primeros tiros; los subalternos de Aguirre, en la izquierda -Mauricio Méndez, Eduardo Lezcano, Muniagurria-, los jefes de caballería del centro -Insaurralde, Borda- y el titulado comandante del Batallón Curuzú Cuatiá, Raymundo Godoy, abandonaron sus Cuerpos tan luego como el ejército liberal cargó, y la tropa siguió el ejemplo de sus jefes.

El único que intentó hacer algo fue Cáceres. Así se explica que no tuviera la resistencia más que diez muertos y cuarenta heridos, en tanto que las pérdidas de los otros, entre heridos y muertos, subieron a trescientos, incluso diez jefes y treinta y tantos oficiales muertos, llegando el número de prisioneros a setecientos, entre ellos seis jefes y veinte oficiales.

Con la victoria de Ifrán no quedaron más enemigos de alguna importancia que los ocupantes de Goya y la Capital, por su posición; Paiva y una pequeña fuerza de Candelaria, no inspiraban temor. El ejército, aumentado con los prisioneros, bien armado con el parque tomado al enemigo y próximo a recibir el refuerzo de novecientos hombres de la División Esquina, podía pasear triunfante de extremo a extremo de la provincia. Goya ni la Capital le resistirían.

Los enfrentamientos se habían sucedido uno tras otro, derramando sangre correntina en los combates de San Luis, Empedrado, Caá Catí, Lomas, Cañada Mala, Cafarreño, Mota, Yatay y, la más importante de todas: Ifrán.

La batalla de Ifrán, ocurrida el 19 de Febrero de 1878, fue la más relevante e importante de todos los choques armados. Se enfrentaron escuadrones completos de miles de hombres con el saldo lamentable de cientos de muertos. Si bien el combate no duró efectivamente más de 15 minutos, el verdadero terror se vivió en la persecución despiadada de los liberales, multiplicando varias veces las víctimas, calculándose éstas en trescientos, aproximadamente. Nunca se supo su número exacto(4).

(4) Citado por Dardo R. Ramírez Braschi. “Origen de las Agrupaciones Electorales en la provincia de Corrientes (de Caseros a las Presidencias Liberales)” (2004). Moglia Ediciones, Corrientes.

Esta concentró a las mayores fuerzas de ambos bandos, en un enfrentamiento que aglutinó a más de 8.300 hombres, casi tantos como en la batalla de Maipú, tal la comparación de Avellanal(5). No se ha conocido exactamente el número de víctimas por estos enfrentamientos, pero no hay dudas que fueron muy numerosas.

(5) Felipe Avellanal. “Juan Ramón Vidal (el Ultimo Caudillo Federal)” (1978), p. 52. Ed. Talleres Gráficos Moro Hnos., Resistencia.

Después de estos hechos, los liberales ocuparán la Ciudad de Goya y establecerán un Gobierno Provisorio ejercido por Juan Esteban Martínez como vicegobernador a cargo del Poder Ejecutivo, teniendo a Manuel F. Mantilla como Ministro General.

Además, los liberales vencieron a los gubernamentales en Yatay, cerca de Paso de los Libres, y en dieciocho Departamentos se establecieron autoridades insurrectas.

El Ejército insurgente se elevó a diez mil hombres, cosa que prácticamente les aseguraba la toma de la Capital. Por su parte, el gobernador Manuel Derqui intentaba resistir en ella organizando tropas de infantería, pero mantenía su autoridad solamente en siete Departamentos.

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