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EL PRESIDENTE AVELLANEDA INTERVIENE LA PROVINCIA

Ante el cariz que tomaban las cosas, a los pocos días de haber asumido la gobernación el doctor Manuel Derqui, el presidente Avellaneda había enviado en misión pacificadora a dos de sus ministros, el de Justicia e Instrucción Pública, José María Gutiérrez y el de Hacienda, Victorino de la Plaza, ambos partidarios de la Conciliación, pero el primero de extracción nacionalista -o mitrista- y autonomista el segundo. Pese a los intentos, los delegados presidenciales no lograron conciliar los intereses en pugna y finalmente tuvieron que retirarse.

El combate de Ifrán, librado el 19 de Febrero de 1878, dio la victoria a los insurgentes y costó al coronel Luciano Cáceres la vida. Al día siguiente, el gobernador Derqui reclamó la Intervención.

El texto del documento telegráfico, en que Derqui pidió la Intervención, decía así:

Febrero 20

El Cuerpo de Ejército, al mando del coronel Cáceres, ha sufrido un pequeño contratiempo en Cafarreño, por falta de armas.
La caballería rebelde ha sido batida, pero la infantería está armada a Remington, que está recibiendo de ésa.
Los rebeldes continúan recibiendo grupos de gente armada. Han penetrado de la costa del Uruguay a esta provincia. Tengo fuerzas en la costa del Uruguay, pero es extensa y no puedo guardarla toda.
Los rebeldes han recibido más armas por Esquina, traídas por el vapor ‘Guaraní’, según aviso oficial del coronel Obligado.
Tengo elementos para sostener la autoridad que legítimamente invisto.
El coronel Cáceres se organiza y tengo cerca de esta Capital dos mil hombres, a más de las Divisiones de Libres y Caseros; pero el Gobierno de esta provincia tiene que luchar con elementos que de fuera reciben los rebeldes.
La lucha será sangrienta si se prolonga mucho, causando males incalculables a la provincia y más derramamiento de sangre.
Deseo y debo evitar, en lo posible, estos males y un escándalo al país. Al efecto, y en virtud del artículo 6 de la Constitución Nacional, pido la Intervención del Gobierno Nacional, para evitar la guerra civil a que provoca la rebelión.
No temo a los elementos de los rebeldes en esta provincia, que sostiene la autoridad legal pero, como he dicho, la decidida protección que reciben los rebeldes de afuera de la provincia, me pone en el caso de apelar a la autoridad nacional.
Debo hacer saber a V. E. que me consta que el coronel Azcona, Jefe Nacional, desobedeciendo las órdenes del Exmo. Sr. Presidente de la República, ha reunido y organizado fuerzas a cuyo frente ha tomado parte en el hecho de armas de Cafarreño.

M. Derqui(1)

(1) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Naturalmente el triunfo de Ifrán repercutió en toda la provincia. Mientras los insurrectos ocupaban Goya, estableciendo un Gobierno provisorio ejercido por el doctor Juan Esteban Martínez -como vicegobernador en ejercicio-, su dominio se afirmaba, venciendo el comandante José D. Alvarez, en Yatay, sobre el río Uruguay, a trescientos hombres del Gobierno, y estableciéndose autoridades en dieciocho Departamentos. Un ejército remontado a diez mil hombres, listos a marchar sobre la Capital, aseguraba el triunfo definitivo.

Evidentemente, la resistencia armada de la insurrección puso fin a la misión política de los ministros Gutiérrez y De la Plaza. Rechazadas las bases de arreglo -propuestas en las negociaciones- y pronunciada la defensa armada, "ya nada tenían que hacer en Corrientes; sus altos deberes públicos los llamaban a Buenos Aires"(2), decían desde la oposición.

(2) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Permanecer en la provincia, sin objeto que llenar, era políticamente incorrecto, ya que significaría situarse en demasía a favor de Derqui, comprometiendo la posición de los mediadores. Por eso, en los primeros días del movimiento sedicioso, el doctor José María Gutiérrez propuso a su colega solicitar del presidente el retiro de la comisión y, el doctor De la Plaza aceptó, pues no podía desconocer las razones aducidas para ello.

El subteniente A. Gómez, del acorazado “El Plata”, fue despachado en comisión a Empedrado, en una lancha a vapor, con telegramas para el presidente, porque la línea telegráfica entre dicho pueblo y la Capital estaba cortada. Avellaneda contestó, inmediatamente, que los ministros podían regresar; en consecuencia, Gutiérrez partió para Buenos Aires. Sin embargo, el doctor Victorino de la Plaza permaneció en Corrientes.

Los insurrectos desconfiaron. Si bien un ministro de la Nación tiene, en cualquier parte del territorio, el influjo moral de su alto puesto, aunque no revista funciones especiales en un caso dado, es evidente que representa la autoridad superior del país, en el respeto debido a ella.

Con este título y la confianza depositada en De la Plaza para la misión amistosa, los rebeldes sospecharon que el ministro del P.E.N. se quedaba en Corrientes para respaldar al gobernador en momentos tan difíciles, ya que los éxitos militares de los sediciosos no le habían permitido afianzarse en el poder. Para más, el telegrama del presidente parecía preciso, ya que éste les habría dicho, al contestar, que los necesitaba "para mover asuntos importantes para la Nación”.

Depositario de los secretos del presidente, agente de su política en Corrientes, la aparente resolución individual del doctor De la Plaza por unas horas fue una incógnita. Pero lo que había sucedido fue que el Ejecutivo Nacional dispuso la Intervención Federal a la provincia en el momento de serle solicitada.

Alejado del Gabinete, el ministro de Guerra y Marina, Julio Argentino Roca -por motivos de enfermedad-, el decreto pudo ser firmado sin violencia, tanto por el ministro del Interior, Bernardo de Irigoyen, como por Rufino de Elizalde y José María Gutiérrez, ministros de Relaciones Exteriores y de Justicia e Instrucción Pública, respectivamente.

Estimaba haber “llegado el caso determinado en el artículo 6to.” pero, sin consignar el petitorio del gobernador, nombraba Comisionado al ministro De la Plaza, autonomista nacional, aunque bajo la expresa mención de que se encontraba en la provincia, como dando a entender que tal circunstancia forzaba el nombramiento; ordenaba la disolución de “todas las fuerzas y grupos en armas”, abarcando quizás -en lo absoluto de la frase- no sólo a los opositores, sino también a los gubernistas; declaraba que, pacificada la provincia, el Comisionado restablecería, “el régimen constitucional”, términos ambiguos, que acaso no significaran sostener las autoridades; y postergaba, de hecho, la resolución para otra oportunidad, pues hablaba de instrucciones que se impartirían al Comisionado cuando correspondiese efectuar el restablecimiento.

El decreto presidencial de Febrero 20 de 1878 es el siguiente:

Departamento del Interior

Buenos Aires, Febrero 20 de 1878

Habiendo llegado el caso determinado en el artículo 6to. de la Constitución Nacional,
El Presidente de la República

Acuerda y Decreta:

Art. 1.- Queda Intervenida la provincia de Corrientes.
Art. 2.- Todas las Fuerzas y grupos que se encontraren actualmente en armas, las depondrán en el acto de serles notificado este decreto y se disolverán pacíficamente.
Art. 3.- Nómbrase Comisionado del Gobierno Nacional para hacer efectivo este decreto al ministro de Estado, doctor don Victorino de la Plaza, que se halla actualmente en esa provincia.
Art. 4.- Todas las Fuerzas de Línea que se hallan situadas en Corrientes quedan a las órdenes del Ministro Comisionado.
Art. 5.- Queda éste igualmente autorizado para movilizar los Guardias Nacionales que sean necesarios para la ejecución de este decreto.
Art. 6.- Una vez que se haya hecho efectiva la pacificación, el Ministro en Comisión procederá al restablecimiento del régimen constitucional, con arreglo a las instrucciones que le serán comunicadas.
Art. 7.- Comuníquese, publíquese y dése al Registro Nacional.

AVELLANEDA
Bernardo de Irigoyen, Rufino de Elizalde, José M. Gutiérrez

El artículo 6to. de la Constitución rezaba lo siguiente:

El Gobierno Federal interviene en el territorio de las provincias para garantir la forma republicana de gobierno, o repeler invasiones exteriores, y a requisición de sus autoridades constituídas para sostenerlas o restablecerlas, si hubiesen sido depuestas por la sedición, o por invasión de otra provincia”.

- Perfil del interventor

La jugada política del presidente era notable, por lo que significaba desprenderse de un ministro insustituible para su gestión. Victorino de la Plaza había sido nombrado Procurador del Tesoro por el presidente Sarmiento, cargo que desempeñó hasta los comienzos de la presidencia de Avellaneda. La vinculación con Vélez Sársfield explica que De la Plaza heredera buena parte de la actividad profesional del mismo e iniciara así su personal prosperidad financiera.

No parecía interesarle la política, hasta que un buen día entró en ella por la más ingrata de las funciones gubernativas... Por la única que parece destinada a cargar con la odiosidad de no sonreir a los amigos, de no ver las penosas realidades de ese mundo interminable que es el de los necesitados...

Sí, el salteño Victorino de la Plaza fue nombrado por Avellaneda, ministro de Hacienda... Tal vez se pensó que su impasible rostro de oriental, que le hizo merecer el apodo de "el Chino", ayudaría a abreviar los inútiles reclamos de los solicitantes...

Asumió el cargo en Septiembre de 1876. Eran momentos angustiosos para las finanzas de la Nación: las deudas acorralaban a los recursos, el déficit testimoniaba, fiscal implacable, que lo normal era que los gastos excedieran en más de un 60 % las rentas del país(3).

(3) La gestión del ministro De la Plaza se tradujo en una sustancial reducción del déficit del Presupuesto. Ello permitió, en efecto, disminuir dicho déficit a un 35 %, en el año 1877; a un 17 %, en el año 1878; a un 14 %, en el año 1879. Los datos aluden a los únicos años que correspondieron totalmente a su desempeño ministerial. // Citado por Ricardo Levene, "Historia Argentina. Presidentes Argentinos" (1973), segunda parte. Ed. Osvaldo Raúl Sánchez Teruelo, Editor, Buenos Aires.

Cuando De la Plaza iniciaba su gestión, el crédito exterior tenía exigencias perentorias: era decisivo salvar, ante los empréstitos extranjeros, la imagen de una Argentina no morosa, que afrontaba sus compromisos. Aludiendo a esa situación, el presidente orador había dicho:

"Economizaremos sobre el hambre y la sed de los argentinos".

Pero si la frase fue de Avellaneda, la tarea de "apretarle el cinturión" a los dos millones de habitantes, fue obra de De la Plaza...

De entrada mostró su espíritu de organizador: recién a partir del Ministerio del doctor De la Plaza se inicia la confección de estadísticas, resúmenes, planillas y cuadros comparativos, sin cuyos elementos de consulta no se podían resolver los arduos problemas que se tenían entre manos, cuya resolución el país esperaba y exigía de su versación.

Encaró De la Plaza reformas fundamentales sugeridas por un panorama que, entre otras caracteristicas, mostraba una increible anarquía monetaria: que cada provincia emitiera billetes y numerario, parecía un gran alarde gesto de federalismo... En verdad, restos de un feudalismo que sobrevívía a la unificación del país; a esa situación aludió el ministro en la "Memoria" de 1878:

"Hace tiempo que el país reclama solución al asunto de acuñar moneda nacional, para ponernos al nivel de los pueblos civilizados".

Además de un orden administrativo, debe haber montado una guardia de cancerbero respecto de la caja de caudales... La documentación histórica prueba que De la Plaza no llegó, sin embargo, a deshumanizarse del todo y, alguna vez, recordando su vieja camaradería en las aulas del Colegio de Concepción del Uruguay, fue sensible a un pedido de Roca que le solicitaba desde Río Cuarto:

Buenos Aires, 15 de Febrero de 1877

Señor General, don Julio A. Roca - Río 4to.

Mi querido General:
Recibí tu carta del 5, recomendándome a tus ayudantes Fotheringham y Paz. Sus órdenes de pago no están todavía en mi Ministerio, pero así que vangan serán despachadas. Abriremos un poquito la bolsa...
Y la frontera, ¿como va, mi General? Esa es necesario defenderla como la bolsa, con la diferencia de que ésta no tiene casi nada, mientras que tu frontera tiene muchos indios.
Cuenta siempre con tu amigo

V. de la Plaza(4)

(4) "Publicaciones del Museo Roca", Documentos V. Documentos anteriores a 1880, Buenos Aires, 1966. // Citado por Ricardo Levene, "Historia Argentina. Presidentes Argentinos" (1973), segunda parte. Ed. Osvaldo Raúl Sánchez Teruelo, Editor, Buenos Aires.

- El interventor inicia su gestión

El presidente de la República intervino, designando su representante al ministro de Hacienda, doctor Victorino de la Plaza(5), un hombre de 37 años, quien el 23 de Febrero llegaba al puerto de Goya tomando las primeras medidas para el restablecimiento del orden.

(5) Victorino de la Plaza será el décimocuarto Presidente de la Nación Argentina en el hecho y en el título. Nació en Salta, el 2 de Noviembre de 1840. Ejercerá la Presidencia de la República -por fallecimiento del presidente Roque Saenz Peña- desde el 9 de Agosto de 1914 hasta el 12 de Octubre de 1916. Fallecerá en Buenos Aires, el 2 de Octubre de 1919.

Para tan ardua tarea, el Interventor Nacional necesitaba en Corrientes no sólo armas, sino también un Jefe del ejército que se ocupe de la cuestión militar. Los autonomistas desearon que la fuerza pública fuese confiada al teniente coronel Hilario Lagos (h)(6); los liberales reclamaron el nombramiento del coronel José Inocencio Arias.

(6) En 1878 será el jefe de las fuerzas nacionales en la Intervención Federal a Corrientes. Tenía 37 años cuando llegó a la provincia. Hijo del general del mismo nombre, estudió en el Colegio Republicano de Buenos Aires y posteriormente en el de Concepción del Uruguay, en la Escuela de Oficiales de Artillería del mismo. Ingresó al Ejército de la Confederación Argentina en 1856, en la guarnición de Concepción del Uruguay. Peleó como Capitán en Cepeda y participó en la campaña de apoyo a la Intervención Federal ordenada por el presidente Santiago Derqui a la provincia de Córdoba. Participó en la batalla de Pavón. Disuelto el Ejército federal, se unió al Ejército Nacional, organizado sobre la base del ejército del Estado de Buenos Aires. En 1862 era Ayudante del general Wenceslao Paunero, durante la campaña contra los federales del Interior. Tras una breve campaña a la región chaqueña, en 1863 enfrentó a las montoneras del “Chacho” Peñaloza en La Rioja, Córdoba y San Luis. En 1866 marchó a la guerra del Paraguay como Ayudante del presidente Bartolomé Mitre, y combatió en algunos encuentros menores. Dos años más tarde, regresó con el presidente a Buenos Aires. Fue enviado a la frontera con los indios, como Jefe del regimiento de caballería 2, con guarnición en el sur de Córdoba, en el Fuerte de La Carlota. Allí fue el primer jefe militar que obtuvo una victoria aplastante sobre los ranqueles, dirigidos por Mariano Rosas. En 1872 fue destinado al norte de la provincia de Buenos Aires y, enseguida, logró una gran victoria sobre el cacique Pincén, en sus propios toldos. Al año siguiente fue nombrado Jefe de la Frontera Norte y Centro de la provincia, y venció también a los indios de Ignacio Coliqueo, que hacían correrías menores en territorio de blancos. Participó en la campaña contra la insurrección nacionalista de 1874, combatiendo contra los indios aliados de Mitre en Las Flores, Paso del Gualicho, Cacharí, Olavarría y Blanca Grande; en este último combate hizo prisionero al cacique Cipriano Catriel. Después se unió a José Inocencio Arias en la persecución de Mitre, hasta alcanzar a sus fuerzas y participar en la rendición del ejército rebelde, después de la decisiva victoria de La Verde.

Parece que el presidente Avellaneda se inclinaba por el último y que algo insinuó en su favor. Fuese ello exacto o no, lo cierto es que Victorino de la Plaza designó a Lagos. Esta medida no gustará a los nacionalistas.

Es que un hecho destacado será el proceder del teniente coronel Hilario Lagos (h) -uno de los más valientes jefes del Ejército Nacional- quien fue enviado desde Buenos Aires, con el asentimiento presidencial, a reunirse con el Interventor Nacional y con el gobernador Derqui. Lagos, a su paso por La Paz, alzó treinta hombres, que engrosaron, después, la Guarnición de Goya.

El teniente coronel Lagos permanecerá en dicha ciudad hasta el 15 de Marzo de 1878. El Gobierno Provincial dará carácter oficial a su ida, sin duda con razón, porque desde el instante en que puso los pies en Corrientes, hasta el nombramiento del coronel José I. Arias como Interventor, sirvió a los intereses de Derqui, con el empeño que le era característico.

La batalla de Ifrán tuvo lugar el 19 de Febrero de 1878; y el 20, ya se expidió el decreto de Intervención. Ese apuro, ¿descubría el móvil de Avellaneda? El presidente de la Nación buscaba imparcialidad -móvil declarado después por él- en los siguientes términos:

El Gobierno local estaba derrotado, y quería evitar que la provincia cayera en manos de la revolución(7).

(7) Carta de Nicolás Avellaneda a Victorino de la Plaza, fechada el 25 de Febrero de 1885. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

La noticia de la batalla de Ifrán habrá llegado al presidente como anuncio de la agonía de su amigo expirante y, con ella, también recibió el pedido de Intervención, reclamo de la palabra empeñada.

El ministro, doctor Victorino de la Plaza, fue nombrado Interventor y, éste era otro dato para afirmarse en la opinión de que la Intervención iba en protección del Gobierno de Derqui pues, no obstante que su misión debía consistir en notificar el decreto a todas las fuerzas en armas, para que las depusieran y se disolviesen, procediendo él, luego, a restablecer el régimen constitucional, según las instrucciones que recibiría, su anterior conducta y su solidaridad en la política íntima del presidente lo colocaban entre los más encarnizados enemigos de la resistencia liberal.

La Intervención, decretada por unanimidad en el Gabinete, se prestaba a serias dudas sobre su verdadero objeto. ¿Cuál sería su resultado?

El periódico porteño “La Nación” -órgano de los liberales nacionalistas- cuyos representantes en el Gobierno suscribieron el decreto, lo explicó y prohijó en los términos siguientes:

El doctor Derqui ha pedido la Intervención; el gobernador Cabral la había solicitado antes; ha llegado, pues, el caso de Intervenir, y el Gobierno Nacional ha procedido bien al decretar la Intervención, a efectos de desarmar los partidos y restablecer la paz, impidiendo el derramamiento de sangre argentina.
Una revolución provincial triunfante por las armas no puede normalizar una situación, porque habrá siempre un partido imperante y un partido oprimido, que prolongaría siempre las violencias de unos y las protestas de otros. Una revolución, por poderosa y justificada que sea, no es sino un hecho, no es una solución constitucional.
Una Intervención, para reponer a sangre y fuego un gobernador nombrado por el fraude, que se ha manifestado tan impopular como impotente, daría iguales o peores resultados, y no sería justificada, ni ante la Constitución, ni ante los principios, ni ante el patriotismo.
Una Intervención para regularizar la existencia de los partidos ante las Instituciones provinciales y en sus relaciones con el Poder General, será una solución que dará resultados benéficos, porque colocará a Corrientes en las condiciones constitucionales a que no responde ni el Gobierno de hecho del doctor Derqui, ni el triunfo de la revolución.
La Intervención debe ser y será, sin dudas, constitucional y pacífica. No tiene ni puede tener por objeto hacer la guerra civil a que va a poner término. No irá en favor de Derqui ni de Cabral, sino en favor de las Instituciones, entrando a juzgar tranquilamente, en vista de ellas, de los sucesos que ahora y antes de ahora han tenido lugar en Corrientes.
En este sentido, con este programa y con arreglo a nuestras declaraciones anteriores, consideramos que la Intervención a Corrientes es un deber, una necesidad y una conveniencia(8).

(8) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Avellaneda asentía a este juicio, pero, para muchos liberales, su pensamiento y objeto eran opuestos. Bajo el manto con que los nacionalistas cubrían la Intervención, algunos pensaban que Avellaneda buscaba sostener a Derqui.

Detenida la resistencia en el camino de sus victorias; destruido el efecto moral de éstas por la Intervención, y luego desarmadas y dispersadas sus fuerzas, con el título de restablecimiento del régimen constitucional, se temía que el Interventor reconstruiría el poder del Gobierno, para que el presidente -fallando con imparcialidad- confirmara su elección o, de nuevo, la impusiera en nuevos comicios coartados.

Es más; los jefes liberales correntinos no aprobaron que los ministros nacionalistas suscribieran el decreto de Intervención, así como también reprocharon que el Partido Nacionalista porteño aplauda la medida de Intervenir la provincia.

Lo cierto es que en esta situación bélica, el presidente Avellaneda decidió Intervenir la provincia para tratar de lograr una solución pacífica y eligió como representante a su ministro de Hacienda, el doctor Victorino de la Plaza. Este arribará a Goya -centro de la insurgencia- el 23 de Febrero de 1878, siendo acatada su autoridad por los sediciosos que entregaron parte del armamento y licenciaron sus fuerzas, aunque excusaron presentarse los jefes, demostrando con ello que desconfiaban del representante presidencial.

El interventor lanzó una proclama al pueblo de Corrientes en estos términos:

Compatriotas:
La lucha fratricida ha terminado, sin que haya vencidos ni vencedores; sino acatamiento al poder de la Nación y, más tarde, cuando los ciudadanos hayan vuelto a sus hogares, renacerá la prosperidad pública y bendeciréis los beneficios de la paz, recordando que hay una autoridad creada por la voluntad del pueblo, que vela por sus intereses y que estará dispuesta, en todo tiempo, a mantener los derechos, las libertades y las garantías que la Constitución consigna para felicidad y buenestar del pueblo argentino...(9).

(9) Periódico “La Libertad”, (Corrientes), edición del 20 de Marzo de 1878. // Citado por Antonio Emilio Castello, “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880”. Moglia Ediciones, Corrientes.

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