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Derqui ofrece nuevos argumentos a la oposición para producir otra crisis

Un nuevo problema vino a alterar la paz relativa lograda por el interventor provisorio, el coronel José Inocencio Arias. Había surgido un problema entre Arias y el gobernador, doctor Manuel Derqui, debido a que el primero había enviado, el 1 de Mayo de 1878, una Circular a las autoridades de los Deparamentos, ordenándoles que se debía obedecer a él con preferencia a las órdenes emitidas por el Gobierno de la provincia.

El gobernador correntino protestó, porque estimaba que no había acefalía de los Poderes constituidos de la provincia y que, en consecuencia, no había razón para que el interventor implantara un Gobierno Militar.

El 18 de Mayo, el Gabinete Nacional desechó la protesta considerando que “la Intervención tiene derecho para asumir la dirección política y militar de la provincia, en cuanto fuese necesario para asegurar sus designios”.

Entonces Derqui debió ausentarse a Buenos Aires para tratar de obtener una verificación favorable del Congreso y, por lo tanto, delegó el mando en el Vicepresidente de la Legislatura, Augusto Díaz Colodrero.

Es evidente que el gobernador estaba muy presionado y muestra en sus movimientos errores políticos que, al fin de cuentas, le costará la Gobernación. En primer lugar su pedido de retiro de la Intervención al Congreso será un error mayúsculo, ya que no se percató que la Intervención Nacional era el vallado que lo ponía al resguardo de sus adversarios que habían triunfado en el campo de batalla. Tenía inconvenientes con el interventor, pero no con la Intervención.

Justamente, Arias se había convertido, para sus intereses, en un caballo de Troya que, desde el inicio mismo del ingreso del citado Jefe militar a la provincia, comenzó a limar la Administración pero, sobre todo, a desarmarla, mientras dejaba a los sediciosos mantener su estructura militar incólume.

Y finalmente, cuando decide viajar a Buenos Aires, al abandonar la provincia no transmite el mando -como lo dictaba la Constitución- al vicegobernador, el coronel Miguel Wenceslao Fernández.

Los autores correntinos no mencionan una palabra sobre el particular y sólo cabe elucubrar la razón de tan grave error, que le costará un nuevo dolor de cabeza y dará a sus enemigos una nueva razón de generar una crisis. Una de las razones pudo haber sido que el vicegobernador haya estado enfermo o haya tenido algún impedimento dificil de sortear para asumir el P. E.

La otra razón pudo haber sido que haya viajado con Derqui a Buenos Aires. Si esto fue así, sin duda habría sido un gravísimo error. Alimenta esta hipótesis el hecho que el coronel Fernández no participa de los hechos políticos que se desencadenan tras la ausencia del gobernador, lo que hace presumir con certeza que no se encontraba en la capital de la provincia durante los sucesos.

- Distubios sociales empañan la paz propuesta por Arias

En ausencia del gobernador y sus allegados de la provincia, se registraron en Corrientes actos abusivos y criminales. La parcialidad en los actos de Arias fue el origen de las protestas, además de Derqui haber dejado, al partir, instrucciones claras, ampliadas después según las ventajas obtenidas en la capital de la República.

Una carta de Severo Fernández, ex ministro del gobernador José Luis Madariaga, sintetizó aquéllas en estos términos:

“Con tal de asegurar la situación, no se paren en medios; energía, vigilancia, actividad y fe.
"El doctor Derqui sale para Buenos Aires, por convenir así a la esplendidez de nuestro triunfo; a su regreso, traerá una buena cantidad de Remington”(1).

(1) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Antonio Gallino detalló en cartas algunos puntos:

En caso de revolución -decía- no dejen bicho viviente, ni capataz, ni postillón, al menos si es mitrista; arreen todo, sin distinción de persona, cuánto caballo, mancarrón, yegua haiga, y busquen la incorporación de las fuerzas de Itatí, para reunirse con las de San Cosme, San Luis y Empedrado, y replegarse sobre esta Capital.
Fuentes (el comisionado nacional en Caá Catí), traerá las fuerzas de San Miguel, Caá Catí y parte de Mburucuyá. Esta ciudad no tomarán; estamos fuertes. Es preciso que se muevan”.

Por supuesto, desde el lado liberal respondieron de igual modo. Naturalmente, con estas ideas de no respetar medios, ninguno se despreció, incluso el crimen. En la Capital, residencia del interventor -según la oposición, bajo órdenes del Jefe de Policía, aunque es dificil de creer- se autorizaron desórdenes y atentados; "los Comisarios de Sección y los oficiales de la gendarmería, encabezaban, todas las noches, partidas que, en las afueras de la ciudad, herían a inermes vecinos, y en las calles principales armaban grandes escándalos".

El interventor reprendía al Jefe de Policía y le ordenaba el castigo de los culpables, pero ni una ni otra cosa surtía efecto. La prensa liberal pedía con insistencia y sin éxito la destitución del Jefe de Policía, pero el coronel Arias resistía, seguramente para atemperar la grita autonomista contra él.

En San Luis, Empedrado e Itatí, los Jueces de Paz mantenían clandestinamente fuerzas reunidas, en grupos repartidos en la campaña.

En Caá Catí, so pretexto de la presencia de montoneras liberales, el comisionado nacional Fuentes, de su cuenta y riesgo, levantó las milicias del Departamento y prendió al coronel Monzón y algunos liberales. El coronel Arias comisionó a su ayudante, de apellido Celarrayán, y salir en auxilio de sus amigos, disolviendo sus propias tropas y ordenando a Fuentes que bajase a la Capital.

En Mburucuyá, el ex jefe militar, Niella, formó una montonera, con la que recorría el Departamento y hasta pretendió ocupar el pueblo; batido en las cercanías de éste, por el Juez de Paz, se internó en los montes de San Lorenzo. Igual hecho ejecutó en San Roque el comandante Miguel Soto, refugiándose también, después, en los montes del Ambrosio

El coronel Juan Candia se alzó en Bella Vista acompañado de su guerrilla, dominando la campaña; carneaba a su antojo, prendía y estaqueaba como en los buenos tiempos a liberalque encontraba, e hizo dar muerte a F. Aceval y Juan A. Avalos. El juez Cáceres y el jefe militar Fernández, comandante del Avellaneda, pasaban por todo.

Sandoval, Jefe Político de Goya, remitía paisanos liberales a las tropas de línea de El Rey, sin ninguna forma de juicio previo e invocando su autoridad; Refojo, Merlo y un Blanco, tenían en la campaña fuerzas reunidas. En el pueblo de Curuzú Cuatiá, fue alevosamente asesinado, en la calle, en pleno mediodía, el mayor graduado Juan E. Galarza, por una partida de Antonio Insaurralde, Juez de Paz nombrado por Victorino de la Plaza, a quien dio orden, el coronel Arias, de ocupar su puesto.

También fue combinado el intento de asesinato del coronel Plácido Martínez, frustrándose el crimen por casualidad. El coronel Martínez había anunciado su regreso a Goya, desde la Capital, en uno de los paquetes de la carrera; y “La Patria” publicó su telegrama; el vapor debía llegar a la boca del riacho de Goya, distante unos cinco kilómetros de la ciudad, de once a doce de la noche

La tarde del día de la llegada, un niño dijo a otros compañeros suyos, con quienes jugaba: “Esta noche van a matar a don Plácido”, noticia que no tardó en saber la familia de Martínez, sin inspirarle temor, por el origen, y porque la amenaza de muerte se había repetido mucho, sin jamás haberse visto nada alarmante. Lo ocurrido comprobó, sin embargo, el dicho del niño.

A las 8 p. m. salió el asistente del coronel Martínez hacia la Boca, llevándole un montado, precisamente el más conocido de sus caballos de silla, un melado. El vapor no llegó a la hora indicada, por haber varado. Cansados de esperar, el agente marítimo, José Castelli y Jerónimo Vila, regresaron a la ciudad, montados ambos en un caballo blanco.

La noche era algo oscura. Al pasar un puente que hay en la entrada del pueblo, punto preciso del camino de la Boca, fueron asaltados por cuatro individuos con sables desenvainados, los cuales, deteniendo la cabalgadura de las bridas, voltearon a los dos jinetes a sablazos, Vila con un feroz hachazo en la cara.

Al caer y a los gritos que dieron las víctimas diciendo sus nombres, uno de los asaltantes exclamó: "¡No es él!", y desaparecieron todos ellos. Castelli llegó a distinguir trajes de soldados de línea.

Era clara la explicacion del hecho. Martínez venía; montaría un caballo blanco; pasaría forzosamente por el puente; y, como se conocía la hora de llegada, hombres apostados para asesinarlo fueron colocados en el puente; la circunstancia de la varadura del vapor fue ignorada y, como coincidieron con la hora y el pelo del caballo esperado, la aparición de Castelli y Vila, y el montado que llevaban, cayeron sobre ellos los asesinos, creyéndolos aquél y, convencidos de su error, los dejaron.

Este fue el juicio público, prudente y fundado. ¿Quiénes fraguaron el crimen? Un hombre de aspecto patibulario, de alma negra y encenagada en el vicio, que llegó a Corrientes destituido de un puesto público en su provincia natal, por ladrón, y que la ha abandonado cargados los bolsillos de oro amasado con lágrimas y sangre, fue el señalado como el autor. Eran sólo sospechas.

- El conflicto en su momento culminante

El 13 de Mayo, Derqui pidió al Congreso el retiro de la Intervención, cuyos procedimientos de fuerza fomentaban la anarquía despojándole de recursos para dominarla(2).

(2) Manuel Derqui. Nota al Congreso, en: “Documentos relativos a la Intervención en la provincia de Corrientes” (1878), p. 29. Ed. Imprenta del Porvenir, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Arias había licenciado las milicias, alentado por Saturnino María Laspiur y aplaudido por los liberales, que comenzaron a creer que el ministro podía ser un óptimo presidente. Radicado el pleito en el Congreso, Derqui se trasladó a Buenos Aires y dejó el Gobierno en manos del vicepresidente de la Legislatura.

Los meses de Mayo y Junio corrieron entre atentados. Al finalizar el último, una complicación nueva tuvo la cuestión. Por la Constitución Provincial, la Cámara Legislativa debe instalar sus sesiones ordinarias el 1 de Julio de cada año, con dos tercios del número total de Diputados, no pudiendo funcionar, en adelante, sin la mitad más uno de ellos; el período de las sesiones ordinarias dura hasta el 31 de Octubre y, en los principios de él, nombra el Cuerpo la Mesa de la Cámara, compuesta de un presidente y dos vicepresidentes, cuyas funciones expiran el 1 de Julio del siguiente año.

El número total de Diputados, es veinticinco(3). El reemplazo legal del gobernador y vicegobernador, por muerte, renuncia o ausencia, se opera en el orden de las dignidades de la Mesa de la Cámara.

(3) Téngase presente que se refiere el texto a la Constitución que regía en 1878.

Según estas diposiciones constitucionales, el 1 de Julio de 1878 quedó acéfalo el Gobierno administrativo, ejercido por Augusto Díaz Colodrero. Este legislador apoyaba su autoridad en su nombramiento de Vicepresidente de la Cámara, hecho en Julio del año anterior y, para continuar en el puesto, necesitaba nuevo nombramiento; de otro modo, no podía seguir, sin abrogarse facultades de usurpador.

La nueva elección era imposible; de los veinticinco Diputados de la representación total, sólo siete había y, de ellos, cuatro, únicamente en la Capital; los demás habían cesado o cesaban el último día de Junio; las elecciones que debieron practicarse para llenar las vacantes, no se efectuaron.

No sólo, pues, era insuficiente el número existente para la instalación de la Cámara, sino que no había quorum aún para sesión preparatoria. El problema se presentaba, de consiguiente, así: ¿El diputado Díaz Colodrero continuaría al frente del Gobierno administrativo, para los Departamentos que aceptaban la autoridad del gobernador Derqui, más allá del período legal de sus funciones, o la acefalía de la Cámara autorizaba a proveer su reemplazante?

El 30 de Junio terminó el mandato del tercio de los legisladores, sin que se hubieran designado los reemplazantes y, como la nueva Legislatura se hallaba sin quorum, tuvo -en minoría- que nombrar presidente al ciudadano que estaba a cargo del Gobierno.

El Partido Liberal hizo declaraciones públicas de que sostendría el segundo temperamento, llegado el caso, si el interventor no asumía el Gobierno administrativo. Admitir que el retardo en la instalacion de la Legislatura o la imposibilidad de afectuarla prorrogaba las funciones de Díaz Colodrero, importaba contrariar el texto expreso de la Constitución y legitimar la posible destrucción de la Cámara, pues un Presidente de ella -encargado del Poder Ejecutivo- podría impedir su integración indefinida para continuar en el mando(4).

(4) En el sistema republicano no hay facultades prorrogadas, sino por los medios establecidos en la Constitución, ni los Cuerpos Políticos tienen autoridad fuera de las condiciones y en la esfera de acción que la Ley Suprema dispone. Un Poder Ejecutivo, una Legislatura, un Tribunal de Justicia son tales cuando su personal y funcionamiento se ajustan a la Constitución; para eso se les dota de Organismo; de otro modo, si pudiesen llenar sus funciones prescindiendo de aquél, tendría que aceptarse que la misma Constitución ha consentido su propia destrucción, lo cual es inadmisible. No por vana exigencia y capricho se establece un orden constitucional dado y, aunque así no fuere, mientras no sea derogado legalmente, mandatarios y pueblo tienen que someterse a él. Cuando la Constitución dice: tal poder debe funcionar de tal modo, ese Poder no puede ir más allá, por ningún título; lo que hiciera fuera de ello, sería nulo. En este caso, iban a encontrarse los cuatro Diputados, si quisieran prorrogar los poderes de Díaz Colodrero, porque les era materialmente imposible formar Legislatura y, en caso peor aún, se expondría Díaz Colodrero, si de cuenta y riesgo propio seguía en el puesto. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Los liberales, reunidos en un teatro, declararon acéfala la provincia y eligieron Gobernador Provisorio a Gregorio Pampín, quien demandó del interventor el reconocimiento de su investidura. Es que el Partido Liberal, como si fuesen necesarios mayores argumentos para producir una crisis, que fue evidente en los comicios dobles y en los campos de batalla, ensayó una nueva cuestión.

Sostuvieron en la reunión que, siendo Díaz Colodrero una autoridad en la Cámara, nombrada en 1877 y, debiendo ésta instalarse cada año en sesiones ordinarias el 1 de Julio, con por lo menos dos tercios del total de sus miembros (que eran veinticinco), y continuar en mayoría absoluta, era evidente que la vicepresidencia Díaz Colodrero había concluido el 1 de Julio de 1878.

La Cámara debía elegir nuevas autoridades, pero no podía cumplir con esto porque dieciocho de sus integrantes habían cesado y no se había podido elegir sus reemplazantes:

Y ha sido -se decía- porque la Cámara no se reunió ni pudo reunirse, desde que estaban cesantes dieciocho Diputados, no correspondiendo al tercio -con mandato- funcionar en minoría.
Las Instituciones no deben nunca interpretarse en el sentido de la muerte de las que aseguran el orden público, desde que el fin del Estado es la libertad cabalmente ejercitada y no la anarquía(5).

(5) Citado por Hernán Félix Gómez. “Los Ultimos Sesenta Años de Democracia y Gobierno en la Provincia de Corrientes. 1870-1930” (1995), segunda edición. Ed. Sembrando Producciones, Corrientes.

De los siete que quedaban -la minoría de legisladores en ejercicio- sólo cuatro estaban en la Capital. Díaz Colodrero cesaba como vicepresidente de la Legislatura y, en consecuencia, dejaba e estar provisoriamente al frente del P. E.

Díaz Colodrero intentó una maniobra y reunió a los cuatro Diputados titulares y tres cesantes y estos se reunieron el 30 de Junio, a las 10 p.m., presididos por Díaz Colodrero, y nombraron presidente de la Legislatura a Miguel V. Gelabert -Senador Nacional ausente, ya que se encontraba en Buenos Aires, incorporado al Congreso- y, vicepresidente, al mismo Augusto Díaz Colodrero.

La oposición arreció. Los hechos precedentes hicieron levantarse a los opositores y, con el permiso del interventor federal, se llevaron a cabo mitines populares en la Capital y en once Departamentos (además de la Capital, Lomas, San Cosme, Saladas, Empedrado, Goya, Bella Vista, Esquina, San Roque, Monte Caseros, Mburucuyá y Mercedes), desconocieron la continuación de Colodrero en el Gobierno. expidiendo los liberales la siguiente declaración:

El 1 de Julio ha cesado el poder que ejercía don Augusto Díaz Colodrerto, por haber cesado de derecho en su puesto de Vicepresidente de la Legislatura; en consecuencia, el pueblo desconoce y desconocerá, en lo sucesivo, todo acto que de él emane.
Y dados los principios sobre los que descansa el sistema republicano, en que la soberanía de un Estado reside originariamente en el pueblo, el cual puede, en casos como el presente, proveer -por un acto propio y directo- a la necesidad que ha hecho nacer la acefalía, nombra y proclama Gobernador Provisional de la provincia, al cuidadano Gregorio Pampín, quien deberá ejercer el Poder Ejecutivo hasta constituirlo bajo los auspicios de la Constitución(6).

(6) Citado por Antonio Emilio Castello, “Historia de Corrientes” (1984), pp. 454-455. Plus Ultra, Buenos Aires.

No caben dudas de que esta designación de un Gobernador Provisorio -por parte de los liberales- era arbitraria, puesto que había un Gobernador titular que era Derqui y, además, debía haberse buscado dentro de los medios que establece la ley la solución a la designación de un Gobernador Delegado, si es que Díaz Colodrero no podía continuar”, dice Castello(7).

(7) Citado por Antonio Emilio Castello, “Corrientes,Tejedor y la Revolución de1880” (2002), p. 23.Moglia Ediciones, Corrientes.

Era irregular el procedimiento, pero no compartimos en su totalidad los conceptos del profesor Castello. En primer lugar, aparece claramente la ausencia significativa del vicegobernador. ¿Dónde estaba? Y además, permaneciendo el titular propietario fuera de la provincia de Corrientes (suponemos que también el vicegobernador), en todo caso era correcto -quizás no en el modo pero sí en la forma-, la elección de un gobernador provisorio, título otorgado a Pampín(8).

(8) El gobernador titular es el “propietario”. Sede de su Gobierno: la Ciudad de Corrientes, capital del Estado. El gobernador salía -por distintas razones- de la ciudad y podía tener por destino:
a.- El Interior de la provincia; o
b.- Viajar fuera de la provincia.
En el primer caso, se nombraba un gobernador “delegado”; en el segundo caso, un gobernador “provisorio”, elegido éste por el Congreso, pero con una diferencia fundamental: una vez que regresaba el propietario, el provisorio cesaba. El “Gobernador Propietario” es el titular. Así se dieron las cosas desde 1821 hasta 1864, en que aparece una nueva figura: el Vicegobernador, quien quedaría a cargo del P. E. transitoriamente mientras durase la ausencia de la provincia del titular. Por eso la pregunta: ¿dónde estaba Miguel Wenceslao Fernández? Los mandatarios que llevaban el título de “Gobernador constitucional propietario” eran elegidos por el Congreso General; a partir de 1864 por un Colegio Electoral; y, desde 1993, por la ciudadanía, en elecciones abiertas y obligatorias.

Ahora, no podían los hombres en la Capital elegir un Delegado, por aquéllo de estar el gobernador titular fue de la provincia, pero quizás sí elegir un Provisorio. Pero, ante la anormalidad del caso producido, no cabía otra, y estaba justificada.

Aunque es principio constitucional que el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes legítimos, no por ello deja de ser cierto que la Asamblea directa tiene antecedentes numerosos en la historia, que demuestran su practicabilidad. Se ha hecho principio de orden de la deliberación por delegación, reputándolo una forma más perfecta y nada más; no es como un principio matemático.

No existían representantes en el caso ocurrido, porque faltaba el punto fundamental, sin el cual no son tales: El número, organismo y funciones constitucionales de ellos. ¿Qué hacer entonces? ¿Elegirlos para que ellos resolviesen? No; porque la situación no era aparente, y mientras la elección se efectuase, caso de ser posible, alguien debía estar al frente del Gobierno administrativo, y éste no podía ser Díaz Colodrero(9).

(9) "La Asamblea directa estaba indicada y justificada por la necesidad, tanto más cuanto que la elección de gobernador es popular en primer grado. No fue, por cierto, el pueblo argentino el que nombró, el año 1810, la Junta Gubernativa y, sin embargó, ella gobernó el antiguo Vireinato del Río de la Plata". // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Los liberales tenían la casi seguridad de que podían concretar sus propósitos de tomar el Gobierno, como surge de un telegrama del doctor Manuel F. Mantilla al doctor Miguel Morel, enviado, desde Buenos Aires, el 29 de Junio y publicado en el periódico “La Libertad”:

Se me asegura que el ministro, doctor Laspiur, ha declarado que Colodrero cesa, o debe cesar, en el mando.
Me consta que el Gabinete ha resuelto que el interventor, coronel Arias, no tome parte en los asuntos locales que produzcan la acefalía.
Me aseguran que Lagos irá a ésa para organizar a los poquísimos elementos de la mazhorca.
No duden del triunfo.
Salud(10).

(10) Periódico “La Libertad” (Corrientes), edición del 30 de Junio de 1878. // Citado por Antonio Emilio Castello, “Corrientes,Tejedor y la Revolución de1880” (2002), p. 23.Moglia Ediciones, Corrientes.

Si algo sabía hacer el doctor Mantilla, era saber jugar sus cartas. El documento, hecho público adrede, desnuda la enorme presión que la oposición liberal estaba haciendo sobre el gobernador. Esto sucedía en momentos en que Derqui estaba negociando una salida al conflicto con el diputado nacional Frías y con los delegados de la sedición en el Congreso.

Lo cierto es que con la aquiescencia del interventor José I. Arias, asambleas del Partido Liberal en la Capital y once Departamentos declararon que, el 1 de Julio de 1878, había cesado Díaz Colodrero en su derecho a ejercitar las funciones de Vicepresidente legislativo, por lo que sus actos eran nulos, y que pudiendo, en estos casos, el pueblo, ejercitar sus derechos originarios, nombraba y proclamaba por Gobernador Provisorio de la provincia, a Gregorio María Pampín.

Este comunicó, el 2 de Julio, su elección como Gobernador Provisorio al interventor federal y al Gobierno Nacional y luego solicitó a Díaz Colodrero la entrega de la Casa de Gobierno, cosa que no consiguió pero, no obstante, expidió decretos nombrando ministros, de Gobierno a Manuel F. Mantilla y de Hacienda e Instrucción Pública a Miguel Morel.

Gregorio María Pampin afrontó resueltamente el desempeño de su mandato. Nombrado Secretario General de Gobierno Angel J. Montiel, dirigió a Díaz Colodrero la siguiente nota:

Elegido por el pueblo Encargado Provisorio del P. E., tengo que tomar las medidas indispensables para asegurar la libertad civil del ciudadano, evitar la dilapidación de la Renta Pública y asegurar la inviolabilidad de los archivos.
Con este objeto y convencido de que Vd. no desconocerá que al frente de la Administración no ejerce mandato alguno legal, puesto que su autoridad no puede emanar de una reunión diminuta de Diputados, que no pueden abrogarse el título de Legislatura, tanto más que cuanto entre los reunidos han estado personas que no son Diputados, me dirijo a Vd. pidiendo la entrega de la Casa de Gobierno y sus archivos, sirviéndose señalar la hora para el efecto, a fin de que se elabore un escrupuloso inventario.
Esta medida es necesaria, no solamente porque se ha visto extraer de la Legislatura el Libro de Actas, sino porque después de su cese se continúa disponiendo del Tesoro Público por personas sin arraigo ni responsabilidad...”.

Díaz Colodrero no contestó pero, de hecho, se abstuvo de ejercer el poder, pues hizo cerrar la Casa de Gobierno hasta el día ocho. En vista de esto, Pampín nombró jueces, receptores de rentas y demás empleados de la Administración de campaña, ordenando que se presentasen a recibir órdenes, bajo pena de destitución, los empleados de gobierno.

En cuanto a la Renta Pública, expidió el siguiente decreto:

“Pudiendo suceder que los deudores del Fisco, por impuestos o letras de Tesorería, provenientes de valores de campos, quieran hacer sus pagos al Tesorero, don Francisco Solari, o en las Receptorías de campaña, a cargo del Gobierno caduco de don Augusto D. Colodrero; y siendo uno de los primeros deberes del Gobierno Provisorio garantir los intereses fiscales, impidiendo que los valores del Fisco vayan a manos de quienes no reúnen las garantías de la ley:
“El Gobierno Provisorio decreta:
"Queda prohibido a los deudores del Fisco hacer pago de impuestos o derechos fiscales, o de letras de Tesorería, a la Colecturía General, a cargo de don Francisco Solari y a las Receptorías, a cargo del caduco Gobierno del señor Colodrero.
“Los que tuvieren que hacer pagos, deberán oblar los valores en el Juzgado de 1ra. instancia de esta Capital, a cargo del doctor, don Adolfo Pujato, hasta que se provea lo conveniente.
"Serán nulos los pagos hechos en contravención a lo dispuesto.
“Queda prohibido igualmente, y el Gobierno Provisorio desconocerá todo contrato con el Gobierno del señor Colodrero, desde el 1 de Julio del corriente año”(11).

(11) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891). San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Por supuesto, ante semejante desbarajuste nadie pagó un centavo al Gobierno y un conjunto importante de la Guardia Nacional se presentó voluntario para formar la masa de fuerza del Gobierno Provisorio; se registraron algunos fuertes capitalistas que ofrecieron significativas sumas de dinero. La ocupación de la Casa de Gobierno únicamente faltó, para que ni sombra quedase del poder autonomista.

Con la Casa de Gobierno cerrada y sin ninguna acción por parte de Díaz Colodrero, la cosa se frenó ahí, para no provocar un conflicto con la Intervención.

Desde el primer momento, el interventor pidió instrucciones sobre el caso, que salía de las observadas hasta entonces. José Inocencio Arias, a pesar de no intervenir en el conflicto suscitado, siguió manteniendo relaciones oficiales con Díaz Colodrero, hasta el regreso del gobernador titular Derqui, producido el 8 de Julio.

A la respectiva consulta de Arias, el Ejecutivo Nacional contestó que debía desestimar el petitorio. Por respeto a dos razones se adoptó esta medida, según Laspiur:

Primera, porque una porción de habitantes, sea en el número que fuere, no tiene derecho para declarar en acefalía a la provincia y, menos, en presencia de la Intervención Nacional; y, segunda, porque la elección de gobernador y demás autoridades -bajo el imperio de una Constitución- no puede admitirse que se haga sino en la forma que ella establece y no por reuniones irregulares en la plaza pública o en cualquier otro lugar, que usurpan y desconocen los derechos del pueblo(12).

(12) Santiago Laspiur. Telegrama al comisionado José Inocencio Arias (Julio 5 de 1878), en: “Senado”, sesión de Julio 10 de 1878. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XIII: “La Conciliación”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Eran las ideas emitidas un año antes con motivo de la insurrección de San Juan.

Así, se ordenó al coronel Arias que observáse completa prescindencia y respetase cualquier solución local dada a la cuestión; según ésto, él dejó curso amplio al suceso, limitándose a guardar el orden.

Pero, cuando Pampín fue reconocido Gobernador Provisorio por sus parciales, y luego nombró autoridades y ejerció propiamente el mando, el Gobierno Nacional varió radicalmente sus órdenes al interventor, prescribiéndole que mantuviese relaciones con Díaz Colodrero, sin reconocer ni desconocer la legalidad de sus funciones.

Díjose entonces que ese inesperado cambio fue una transacción entre las opuestas  opiniones vertidas en el Gabinete, hecha en obsequio a los respetos debidos al Congreso, ante el cual estaba la cuestión principal.

La verdad fue otra: los ministros liberales no quisieron dar batalla por el incidente, temerosos de una crisis que perdiera la cuestión y, el presidente Avellaneda, convencido de que el asunto era más serio de lo que pensó, tomó decisiones y mantuvo a Díaz Colodrero, segunda persona de Manuel Derqui.

El interventor no produjo acto, no obstante; instruido Díaz Colodrero de la resolución del Gobierno Nacional, volvió al frente de la Administración hasta que, días después, Derqui reasumió el Gobierno.

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