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La ciudad, teatro de la confrontación final

Podemos afirmar que la América española fue fundada a través de ciudades, de manera que, luego de los primeros cien años de colonización, ya existían 225 ciudades hispánicas. Las Leyes de Indias impusieron un modelo de ciudad que los españoles reprodujeron en toda su conquista. De esta manera, la América hispánica tuvo un asentamiento urbano ordenado, donde las ciudades se reproducían regularmente en diferentes lugares, preferiblemente en áreas llanas.

... la planta del lugar se repartirá por plazas, calles y solares, a cordel y regla, comenzando desde la Plaza Mayor.
De ella salen las calles a las puertas y caminos principales, dejando previsto proseguirlos cuando crezca la población”.

(Ley I - Título 7 - Libro 4)

Los principales rasgos determinados fijaban un marco de ajedrez alrededor de la plaza central donde estaban situados los edificios más importantes de justicia, administración y religión. La distribución de la población en la ciudad también estaba regulada, de manera que vecinos -o ciudadanos- y habitantes se asentaran en diferentes áreas.

Así, en el centro, alrededor de la plaza mayor o plaza central, como parte de los prestigiosos edificios públicos, estaban las moradas de los colonos más importantes, mientras la gente ordinaria vivía en bloques periféricos.

Con el tiempo, aquel conocido damero se impuso en todas las ciudades que fundaron estos infatigables galaicos que, ni bien bajaban de sus carabelas en esta América desmesurada, desenvainaban sus espadones, plantaban un rollo y comenzaban a plasmar una ciudad. Y así fue como España se convirtió en la potencia mundial que más ciudades fundó en el mundo a lo largo de la historia.

Señalemos como curiosidad que, en términos generales, resulta posible distinguir ciudades hispánicas -caracterizadas por su localización planeada de calles y edificaciones públicas sobre un esquema de grilla rectangular de ajedrez- de las ciudades portuguesas, organizadas por un conjunto medieval de casas, siguiendo curvas y pendientes.

A la vez, las ciudades hispánicas fueron erigidas con la adición regular de manzanas, bloques de casas y rectángulos equilaterales, mientras los portugueses no tuvieron bloques, sino que el plano de la ciudad fue conceptualizado como un arruamento, cuya traducción sería “quiebre o arruga en la cara de la tierra(1).

(1) Citado por el arquitecto Andrés Alberto Salas, “Corrientes, Calles, Plazas y Túneles (otra mirada -desde 1588 a la actualidad-)” (2006). Edición del Autor.

Las llanuras infinitas de nuestra geografía propiciaron el trasplantado trazado de esa cuadrícula que hoy permite a los nativos ubicarnos en cualquier sitio urbano del país sin equivocarnos: frente a la plaza, la iglesia, el gobierno civil (cabildo, casa de gobierno o municipalidad), alguna escuela y las residencias de los vecinos notables, hoy convertidas en ministerios o reparticiones públicas.

- El equinoccio de Otoño con el que se midió y trazó la ciudad

Los 21 de Marzo comienza el Otoño en el Hemisferio Sur y para los correntinos pasa totalmente inadvertido un fenómeno -con el sol como protagonista- que transporta al origen mismo de la ciudad, la antigua Ciudad de Vera de las Siete Corrientes fundada por el último Adelantado del Río de la Plata, Juan de Torres de Vera y Aragón, quien estuvo muy poco tiempo aquí pero que dejó en sus Capitanes decretos del trazo urbano de la obra que se edificaría siguiendo fielmente la encomienda de la Corona de España y que él no habría de ver.

A los pocos días de la fundación, el 3 de Abril de 1588, el Adelantado partió hacia la Península en busca de sus títulos y no volvería a las Siete Corrientes que con el tiempo cobraría forma cumpliendo una Ordenanza Real de 1573 que daba orientación a la incipiente urbe atendiendo el equinoccio. Resultado de este reglaje es que, dos veces al año, el sol nace y muere en la directriz de dos calles, las más antiguas de la ciudad. No hay trayecto perpendicular como sucede en el resto del calendario.

Según comentan los que saben, entre ellos urbanistas, arquitectos y los historiadores de Corrientes, cada 21 de Marzo -al igual que cada 21 de Septiembre- es posible advertir a simple vista en el medio de la calle Fray José de la Quintana y también de la calle 25 de Mayo, cómo el sol se alza en el extremo Este y, tras completar la jornada, desaparece en el Oeste de las mismas calles, con el río Paraná como mágico pedestal.

Si algún vecino curioso prestase atención a este hecho quizás pueda pensar que sólo se trata de una casualidad. Ver al astro rey centrado en la calzada, en perfecta simetría entre los edificios, tanto en un punto cardinal como en el otro, puede parecer una diagramación azarosa.Sin embargo, no es pura coincidencia; tiene una explicación que se remonta al trazado inicial de la ciudad.

El diseño primigenio de la Ciudad de Vera se realizó cumpliendo reglamentaciones urbanas preestablecidas por la Corona española, que eran comunes para todos los asentamientos poblacionales en las Indias Occidentales y una de sus características era la orientación de las calles.

Desde que se produce el Descubrimiento de América, para España era muy importante la fundación de ciudades; era unn hecho muy preciado para su objetivo porque con las villas fundaba el derecho de posesión del territorio. Durante el reinado de Felipe II de España se establece -en 1573- una serie de Ordenanzas que regulan cómo debían llevarse adelante las fundaciones y cómo elegir los lugares de asentamiento.
Preferiblemente debían estar cerca de costas de ríos o mar y la plaza central debía ser instalada cerca del puerto. Cuando no tenían un río o un mar cercano, la plaza se instalaba en el centro de la ciudad, como ocurre con Santiago del Estero o Salta.
En el caso de Corrientes, la fundación de Corrientes llegaba con el objetivo de crear una ciudad y cumplir con las condiciones de esa Ordenanza que eran estrictas y muy minuciosas en su aplicación(2).

(2) Citado por el doctor Dardo Rodolfo Ramírez Braschi en: diario “Norte” (Corrientes), edición del domingo 26 de Marzo de 2017.

Entre los requisitos se establecía que el centro cívico ocuparía nueve manzanas, comprendidas hoy entre las calles Tucumán y La Rioja y, desde la costa del río hasta lo que hoy es la calle Carlos Pellegrini.

La demarcación de las calles tenían que partir desde una plaza central o mayor y los cuatro lados de la plaza tenían que coincidir con los puntos cardinales.
En la actualidad es posible advertir la orientación de la plaza 25 de Mayo con su característica de centralidad de ciudad americana.
La reglamentación establecía además las demarcaciones de las calles respecto de los vientos. Como generalmente los vientos son de cuadrante Norte y Sur, se buscaba que no circulen verticalmente por las calles, sino que chocaran con los lados de las manzanas, razón por la cual el naciente y el poniente siempre iban a estar cruzando paralelamente cada calle de Este a Oeste”, relata el citado historiador.

Otra de las características a las que respondió la demarcación fue que a una cuadra del puerto debían establecerse el Cabildo, las autoridades eclesiásticas y las militares, para tener -en caso de un ataque o inconveniente político- una ayuda mutua entre todas las autoridades.

Se especificaba que las ciudades fundadas en lugares cálidos debían tener calles angostas para que la sombra de inmediato avanzara sobre las veredas y, en los lugares fríos, veredas y calles anchas para que hubiera mayor presencia de sol y contribuyera a paliar las bajas temperaturas. De ahí que Corrientes tuviera y aún tenga las calles angostas”, señala el investigador quien es miembro de número de la Academia Nacional de la Historia.

- Las nuevas tierras

Los grandes descubrimientos y primera ocupación de las tierras en el continente americano se produjeron durante los reinados de los Reyes Católicos y de Carlos V, pero fue Felipe II quien tuvo que organizar, poblar y pacificar ese Mundo.

El 13 de Julio de 1573 promulgó en el Bosque de Segovia las “Ordenanzas de Descubrimientos, Nueva Población, Pacificación de las Indias”, cuyo original se conserva en el Archivo General de Indias de Sevilla.

Las Ordenanzas constaban de 148 capítulos. La primera parte estaba dedicada a los descubrimientos, la institucionalización, quiénes eran los descubridores, regulándose de forma minuciosa la manera de hacer esos descubrimientos.
La segunda parte es la más amplia. Expresa con detalle todo lo referente a repoblación, fundación de ciudades, administración, el régimen municipal, urbanismo, economía, etc. El tercer apartado es tal vez el más importante, porque expresa todo lo referente a la ‘pacificación’”, relata Ramírez Braschi.

- El sol a plomo haciendo historia

Hace más de 430 años los métodos de medición eran muy distintos; no había instrumentos ni equipos con los que se cuenta en la actualidad. En las primeras décadas después de la fundación de Corrientes, determinar cada punto del nuevo asentamiento de la villa, respondiendo a las condiciones que establecía la Ordenanza Real de 1573, significó un desafío para quienes trabajaron en lo que hoy es el centro cívico de la ciudad, es decir, en las nueve primeras manzanas que tuvo Corrientes.

Uno de los métodos que se utilizó fueron las mediciones durante los equinoccios de Otoño y Primavera. En estas fechas, el Sol no tiene declinación, por lo que sus rayos llegan perpendiculares al eje de rotación terrestre lo que permitía colocar una varilla de plomo, cuya sombra, a la hora del meridiano (punto más alto del curso del Sol) indicaba la latitud del sitio.
La determinación del meridiano del lugar se realizaba con el método de las sombras; en un arco de círculo se marcaba la sombra que proyectaba una plomada desde el alba hasta el ocaso y el trazo de la bisectriz resultante era el meridiano, coincidente con el eje Norte-Sur verdadero, lo que que permitía establecer los puntos cardinales de un lugar, es decir la base primigenia de cómo orientar la ciudad.
Desde ese momento, y gracias a esas mediciones, es posible ver aún hoy cómo el sol se alza al amanecer bien en el medio de la calle Quintana al Este y cómo atardece en la misma calle al Oeste”, afirma Ramírez Braschi.
Utilizaban los equinoccios para medir y establecer las calles. Con esta particularidad queda claro que no había nada improvisado en el Derecho Indiano para la fundación de ciudades; todo estaba perfectamente reglamentado y traían expertos para realizar tales mediciones”, sostiene el abogado, profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad Nacional del Nordeste.
Este característica, que sólo es posible advertirla cada 21 de Marzo ó 21 de Septiembre en las calles Fray José de la Quintana y 25 de Mayo se debe a que ambas mantienen la dirección exacta de cómo eran originalmente, que por cierto eran las únicas que estaban demarcadas.
La calle Plácido Martínez y la Costanera no existían; eran los fondos de las casas que daban al río; y, hacia el sur, el límite de la ciudad es hoy la calle Carlos Pellegrini; ahí terminaba la Ciudad de Vera”, relata el estudioso.

Lo curioso es que a más de 430 años después de la demarcación de estas calles y pese a que el eje terrestre fue cambiando algunos grados, aún se puede advertir este fenómeno que no es más que un trabajo exacto de medición.

- El lugar elegido, un Paraíso

El lugar elegido para fundar Corrientes era excelente: ofrecía buen refugio a las embarcaciones, madera para reparación de las mismas, resultaba elevado, con abundancia de agua y, a la vez, sitio intermedio obligado entre Asunción del Paraguay y Santa Fe. El doctor Hernán F. Gómez, casi poéticamente, nos relata su ubicación:

... está emplazada en uno de los parajes más hermosos del Litoral argentino, sobre la margen oriental del río Paraná.
Está erigida sobre una costa alta, de barrancas de piedra, de arenisca morada, típica de la región, que hacia el N.E. y S.O. termina en zonas bajas, de bañados.
Estas contribuyen a destacar en el horizonte local la plataforma elevada en que se extiende el hogar urbano, que los vientos suaves del Norte y del Este baten con el frescor natural que recogieron en el amplio cauce de los ríos.
La ciudad está como en un balcón. Hacia el N.E. la perspectiva llega hasta el lugar denominado ‘Las Tres Bocas’, en que unen sus aguas dos ríos caudalosos, el Alto Paraná y el Paraguay, para, juntos, formar el río Paraná, que lleva al Plata.
Son por eso tres bocas de río, de tres cauces que compiten por su majestuosidad, por el jardín de una espléndida naturaleza, y por el juego de la luz y del cielo sobre el espejo enorme de las aguas.
El Alto Paraná es cristalino; trae en sus aguas el dolor de despeñamientos: uno fue en el Guairá, salto majestuoso en que todo el cauce cae en una amplitud de horizonte; otro en el Iguazú, donde las aguas se anudan en un arco de cascadas, rotas en cristales pequeñísimos, esparcidos por el viento.
Las aguas han llorado en rugidos; tal vez por eso, les dio Dios el panorama en flor de las serranías misioneras y, como para que no olvidasen que todo nace del esfuerzo, obligólas de nuevo a cruzar los riscos del difícil Apipé.
Es río de cristal, claro y amigo, a través de cuyas masas profundas, se advierten las formaciones del basalto. El río Paraguay es ruta de conquistadores y de grandes empresas; es el río de los Ayola y los Irala, cuyos varones poblaron las ciudades del sur; es de cristal, hasta la boca del Bermejo, que lo tiñe con el aluvión de los contrafuertes andinos; desde ahí trae su tesoro de limo para las formaciones délticas del Paraná, que conquistaron milímetro a milímetro, la hoya del océano.
Desde su balcón, la ciudad de Corrientes, defendida por una cintura de asperón, que tiende a ser granito, contempla la fusión de los gigantes en el maravilloso Paraná.
A su vera pasan los dos ríos, el de cristal y el rojo; las aguas no se confunden: en una paralela de milagro, se contemplan y se respetan; pero la vida es advenimiento, fusión; la costa entonces proyecta hacia el eje del cauce el abanico de siete puntas rocosas, como esas escolleras que el hombre hace para la defensa de las playas.
Las aguas cristalinas, que están inmediatas al jardín correntino, quiebran la línea de su corriente normal y, cortadas por las puntas de piedra, irrumpen siete veces el caudal bermejo del río paralelo. Entonces adviene el Paraná, único, indiviso, señorial y magnífico, ruta del progreso y factor esencial del existir de los hombres libres del Litoral.
La fusión de las aguas es completa entre la cuarta y quinta de las puntas de piedra, precisamente en el lugar geográfico en que se estableció inicialmente la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, que tal fue su denominación originaria.
Frente a ella, la costa del Gran Chaco es baja y boscosa. Una red de islas al S.O. y N.E. y dos inmensas, la de Antequera y Cerrito, en el sentido del Norte, hacen un cinturón de formaciones délticas, donde el limo de los arrastres del Bermejo fecunda jardines milagrosos(3).

(3) Citado por el doctor Hernán Félix Gómez, “La Ciudad de Corrientes” (1944). Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

Cabe señalar que, desde su fundación, Corrientes nace como ciudad y no como fortificación trasitoria o fuerte; y por eso su cuadrícula urbana. Y como dice el doctor Ernesto Maeder:

con una vida de mera subsistencia, de economía estática y cerrada, como quería España, hermética y monopólica, fiel a su criterio de colonización”.

A partir de esa plaza fundacional y extendiéndose a los cuatro puntos cardinales como una sopa, la prolongación de esa cuadrícula -en algunos casos- se complicaba, como en lugares portuarios donde, en algún costado, el puerto y la costanera generan modificaciones en la traza.

Según el historiador Manuel Florencio Mantilla, en su origen “las casas estaban en cualquier lado y las calles entre ellas serían de diez varas de ancho” (estamos hablando de poco más de 8 metros).

En efecto, encontramos que -en 1601- Diego de Irala determinó que “las suertes de tierras han de dejar caminos de diez varas de ancho y, cada tres suertes, dejar caminos viales para el comercio y comunicación, con manzanas de 150 varas cada una”.

Más tarde, al crecer la ciudad y fuera de los límites iniciales, las calles pasan a 14 y 16 varas de ancho, es decir, entre 12 y 13 metros.

Un dato significativo para determinar cómo iba transformándose con la vida diaria la nueva fundación, lo encontramos en que, en 1750, la crónica indica que “la ciudad cubría sólo 60 manzanas y que las lluvias rompían la cuadrícula inicial”.

En el caso de Corrientes, y debido al clima, surge una nueva solución con las casas de galería, que generaron las llamadas manzanas islas, recorridas en sus bordes por esas recovas que aseguraban una vida comunitaria participativa y protegían del sol y las lluvias tropicales(4).

(4) Pese a ello, recordemos como curiosidad que, en 1890, un lejano intendente, Antonio Ramayón, ordenó cambiar el “look” taragüí y de un plumazo demolió 215 casas de galería. // Citado por el arquitecto Andrés Alberto Salas, “Corrientes, Calles, Plazas y Túneles (otra mirada -desde 1588 a la actualidad-)” (2006). Edición del Autor. Este Ramayón fue protagonista de dos actos que dejaron su huella en la historia provincial: uno, cuando integró el Colegio Electoral que eligió al doctor Manuel Derqui como gobernador de la provincia, siendo imputado Ramayón de ser menor de edad en momentos de la elección, lo que fue denunciado en el Congreso Nacional por el ministro del Interior, Saturnino Laspiur; y el otro hecho es el que aquí se relata: ordenó la eliminación de prácticamente la totalidad de las casas de galería de Corrientes, un atentado incalculable al patrimonio cultural del país y quizás del mundo.

Con el tiempo, el ensanche de calles deriva de la conexión de estos núcleos urbanos con su entorno que, por medio de carretas, era provisto de sus insumos esenciales: alimentos, materiales de construcción, leña, etc.

De esta manera, del casco céntrico se irán perfilando, como los dedos de una mano, las calles anchas (avenidas de vinculación) con los primitivos caminos, que se van trazando y acoplando a las ciudades. Señalemos que el agua se obtiene de pozos, o con los aguateros que la acarrean del cercano río Paraná, entonces no contaminado.

Esos caminos, recorridos en un principio por jinetes a caballo, carretas y más tarde por las diligencias, se superpusieron a las llamadas “rastrilladas”, es decir, sendas por donde marchaban naturalmente las infinitas cabezas de ganado, las que instintivamente elegían los mejores atajos, ya sea por su altura, su resistencia o más fácil pendiente. Y así sucede que muchas de estas rastrilladas luego son caminos, más tarde rutas, para convertirse hoy en autopistas con peajes.

En aquellos tiempos, los alarifes (o constructores), para crear nuevas manzanas, tiraban líneas y cordeles a partir de la última cuadra. Así se iban acumulando errores y las líneas virtuales en la realidad parecían trazadas por aficionados, que no siempre respetaban el ángulo recto, situación que perduró hasta 1828.

En el caso de Corrientes, la presencia de los arroyos Salamanca, Ysyry, Manantiales y Limita, entre otros, más algunas depresiones naturales, obligaron a construir numerosos puentes de madera, muy precarios, para poder cruzar las calles, pues los vecinos, previsoramente, ya había elevado sus veredas.

De esta manera, en muy pocas cuadras céntricas se sumaban más de una docena de puentes, de los cuales existen innumerables testimonios acerca de su ubicación y de los accidentes que ocasionaban. Por otra parte, las pendientes naturales del terreno evacuaban el agua de lluvias, limpiando la pequeña ciudad, tal como sucede actualmente en el casco céntrico(5).

(5) En pleno siglo XXI algunos barrios tienen la mala costumbre de continuar inundándose. // Citado por el arquitecto Andrés Alberto Salas, “Corrientes, Calles, Plazas y Túneles (otra mirada -desde 1588 a la actualidad-)” (2006). Edición del Autor. El problema no es tan sencillo: “Como muchas lagunas desaparecen, se genera una especulación inmobiliaria. Cuando se secan por completo se aprovechan y venden terrenos dentro de ellas y después de un período de lluvias quedan bajo agua”. Desde 1950 hasta 2012 desaparecieron 36 lagunas como consecuencia del crecimiento espacial de la Ciudad de Corrientes. En la actualidad, 18 lagunas -sumadas a las anteriores 36- presentan algún tipo de alteración, ya sea por la construcción de viviendas o el trazado de calles. Esto se debe a que las obras se realizan en períodos secos, sin tener en cuenta que, al retornar el período húmedo, el agua naturalmente ocupará dichos lugares. // Citado por el profesor Félix Ignacio Contreras, del Instituto de Investigaciones Geohistóricas (CONICET-UNNE), que estudió la evolución y dinámica de las lagunas ubicadas en el triángulo noroeste de la provincia y sobre cómo el paisaje correntino se modifica en función de las lagunas influenciadas por la pendiente del lugar.

Debemos recordar que esta ciudad, durante tres siglos y medio, va a depender del puerto como única vía de comunicación posible. En efecto, el río Paraná fue de hecho el cordón umbilical que conectaba a Corrientes con el resto del país y el extranjero. Río abajo y río arriba, una diversidad de navíos -desde las embarcaciones a vela hasta los barcos a vapor- serán los encargados de trasladar mercaderías y personas por los precarios puertos.

Antes de 1845, la navegación del Paraná frente a Corrientes se hacía por dos cauces, el actual, o sea los canales hondos que llevan a la boca del río Paraguay y, otro, que pasaba entre la Isla del Cerrito y la costa del Gran Chaco, uniéndose al Paraguay, arriba de su boca actual. Este segundo cauce, denominado Riacho Atajo, fue navegable para embarcaciones de gran tonelaje y preferido para la navegación aguas arriba por su menor correntada y, porque continuando por el Riacho Antequera, hacia el sur, se eludía el contralor del puerto de Corrientes(6).

(6) Hoy carece de importancia para la navegación comercial, por las formaciones arenosas que le hicieron perder cauce, motivadas por los buques que, a ese fin, hizo hundir en el Atajo el Gobierno del Paraguay, antes de 1865. Artillando los dos Cerritos, el de la isla argentina de este nombre, que entonces ocupaba el Paraguay, y el que se encuentra en su territorio, aquel Gobierno tenía cerrada la boca del río Paraguay, conforme a su política de aislamiento. Hoy, el Riacho Atajo y su maravilloso panorama, descripto por Melitón González, en su libro “El Gran Chaco Argentino” (1894), es uno de los mejores paseos turísticos. // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez, “La Ciudad de Corrientes” (1944). Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

A su vez, ya desde cada uno de esos puertos, las carretas y la tracción a sangre conectarán las localidades mediterráneas, entre grandes estancias, dispersas por lagunas, esteros y ríos.
Por tal razón, el área del puerto va a reunir las principales actividades comerciales y de servicios. Y también allí, además de embarque de los viajeros de larga distancia, se ubicará el único lugar posible para cruzar al Chaco con las balsas y vaporcitos, que desaparecen recién en 1973, al habilitarse el puente interprovincial(7).

(7) Por esta situación original y, aunque parezca anacrónico, muchas de las líneas de transporte urbano continúan con su cabecera en esta zona, aún cuando el baricentro de la población y las actividades ya se han desplazado a otros sectores ciudadanos. Y por esa misma razón, el área del puerto -que se desarrolla en sólo seis cuadras- hoy impide la conexión de la ciudad con el río, pues en ella se ubican galpones y depósitos, en su mayor parte sin uso. Desde el año 2000, el puerto de Corrientes ha tenido un repunte, debido al bloqueo del vecino puerto chaqueño de Barranqueras, lo que generó un movimiento de camiones y containers que complican el tránsito. // Citado por el arquitecto Andrés Alberto Salas, “Corrientes, Calles, Plazas y Túneles (otra mirada -desde 1588 a la actualidad-)” (2006). Edición del Autor.

- Carros, carretas, mugre y pistoleros

Recordemos que durante largos años estuvo prohibido, por la Corona española, el uso de vehículos de tracción a sangre, por considerarlos un lujo, y sólo andar a caballo era lo habitual.

Al no existir vehículos, tampoco existían las veredas y, así, la línea de separación entre manzanas se iba esfumando, a medida que se alejaba del centro, al punto que algunos vecinos llegaron a invadirla o a cortarlas con sus casas de estanteo.

Estas viviendas eran habituales, tal como se siguen construyendo en áreas rurales o asentamientos suburbanos marginales, es decir: barro, ramas o palos y más barro y, por afuera, tacuaras o latas vacías aplanadas para protegerlas de las lluvias tropicales, y el techo de paja.

Por otra parte, las carretas generaban numerosos problemas cuando empezaban a ingresar a la ciudad. Es que las tres yuntas de bueyes dejaban enormes huellones y, a menudo, chocaban en las esquinas con lo construido y lo deterioraban, pues no existen ochavas, sumado al hecho de que los bueyes iban sembrando sus excrementos.

Señalemos que estas calles de tierra recibían, además de las basuras de los vecinos, los animales muertos, a la vez que sus cráteres alojaban el agua estancada, a la que se sumaban las aguas servidas. Es decir: un buen caldo de cultivo de todo tipo de insectos y alimañas ... y un aromatizador del lugar. En pocas palabras: mucha mugre, como relatan los viajeros visitantes y una fuente de contaminación permanente, generadora de diversas enfermedades.

Además, resultaban frecuentemente intransitables, por lo que abundan los testimonios de intentos de los vecinos por resolver esta situación. Así se sabe que se instalaron postes en las esquinas, para evitar que subieran los carros y carretas, y se colocaban piedras planas en algunos sitios, para permitir el cruce, sin tener que empantanarse.

Por todo ello, aparecen reglamentaciones que impedían el paso de carretas con bueyes, mientras permitían el de carros con mulas o caballos, a la vez que fijaban horarios de uso, etc. Se prohibía, asimismo, atar caballos en los palenques frente a los comercios, para facilitar el paso de otros carros o jinetes, o de peatones.

Y hasta en esto se diferencia la historia hispánica de la estadounidense. Recordemos que, en general, el “Saloon”, en el Far West, estaba ubicado frenta a un espacio amplio, donde se detiene la diligencia; allí estaban están atados los caballos y, a la hora señalada, se realizaban los duelos entre los vaqueros, mientras que los malos abatidos por el sheriff solían caer desde el piso alto, haciendo piruetas, entre la algarabía ... de la platea del cine de barrio.

En Corrientes, la cosa era distinta. Las calles eran de tierra o arena, a menudo desniveladas y con abundantes yuyales, tal como relata Alcides d’Orbigny. Luego fueron adoquinadas con piedras de Montevideo, cambio que se inició en el limitado casco céntrico, que coincidía con los vecinos más importantes, en su mayoría funcionarios del Estado. Años después, ese adoquinado irá cubriendo otras calles del centro, pero sin llegar a los barrios.

En estos sitios criollos, en cambio, la realidad señala una precaria pulpería, con el propietario protegido por rejas, tal como lo reflejó Florencio Molina Campos en sus incomparables estampas, verdadero testimonio del paisaje rural argentino. Y, en esas pulperías, sueltas en el espacio natural, se ubicaba una concurrencia de paisanos en alpargatas y bombachas, más adepta a las ginebras y vinos carlones.

Estos zanjaban sus diferencias a cuchillo limpio, como en la recordada pelea de Martín Fierro con el Moreno. Señalemos que, de acuerdo con el registro policial, los nativos eran más aficionados al uso del cuchillo que a las armas de fuego.

Esa costumbre, que perduró en esta geografía en el área rural, hizo aggiornar las pulperías, las que se convirtieron en el almacén de ramos generales de la esquina, con despacho de bebidas -algunas de las cuales subsisten hasta hoy- y que tan bien describía Luis Landriscina.

Las calles -decían viejas crónicas- eran para matar caballos, romper los carros y levantar polvo, que dañaba los pulmones...Y eso que estábamos muy lejos de “la peatonal”, el sueño de tantos funcionarios progresistas.

Con el tiempo, nuevas ordenanzas municipales van a rectificar las líneas de edificación, coincidentes con la llegada de nuevas tecnologías y modelos arquitectónicos en la edificación. Por tal causa se pasó de las tradicionales y abundantes casas de galerías ya citadas, al formato conocido como “italianizante” y, más tarde, al modelo “afrancesado”, que ya cuenta con muy pocos ejemplos. De esta manera, relata Francisco Manzi en “El Corrientes que yo viví”:

Mansiones hermosas se han erigido, hace poco, donde durante siglos estuvieron enclavadas las casas de corredor”.

Un tema interesante fue el de la iluminación nocturna que, hasta la llegada de la electricidad -a principios del siglo XX- era inexistente y luego muy precaria, con faroles de aceite y más tarde a kerosene, lo que obligaba a los noctámbulos a ser acompañados por algún servidor con su propio farol.

Recordemos que en 1857, en la ciudad de Corrientes, existía un solo farol... y se apagaba a las 21:00. Por entonces, la jornada tenía el ciclo diurno, matizado por una siestita de 13:00 a 18:00, y con escasa actividad por la noche(8).

(8) Según algunos demógrafos, la carencia de luz artificial y el ocio nocturno favorecieron la procreación y, así, todas las familias contaban con muchos hijos. // Citado por el arquitecto Andrés Alberto Salas, “Corrientes, Calles, Plazas y Túneles (otra mirada -desde 1588 a la actualidad-)” (2006). Edición del Autor.

Existían escasos relojes privados y sólo a veces alguno público, en las iglesias o en el cabildo. Por eso, la presencia del sereno -luego personaje estrella del Billiken- con sus clásicos estribillos horarios, surge espontánea al rememorar estos años.

Recordemos que, hasta 1888, sólo circulaban por las calles del Taragüí carros con tracción de caballos, mulas o bueyes(9).

(9) En ese año aparecerá el Tranwey, también traccionado a sangre -hasta su electrificación- que unió puntos claves de la ciudad, como las terminales de los dos ferrocarriles y el puerto. Finalmente, los tranvías desaparecerán de Corrientes en 1930. Pero hasta 1911, las familias más importantes del casco céntrico usarán sus carruajes que, años más adelante, suplantarán con los primeros automóviles. A partir de entonces, quienes manejaban esos carruajes que se guardaban en aquellos inmensos caserones, se convertirán en los choferes de esas novedosas máquinas (ver anécdotas al respecto en: “Un macondo taragüí”). // Citado por el arquitecto Andrés Alberto Salas, “Corrientes, Calles, Plazas y Túneles (otra mirada -desde 1588 a la actualidad-)” (2006). Edición del Autor.

- Ordenanzas, Cartógrafos, Actas

Revisar las viejas Ordenanzas o las Actas Capitulares, se asemeja a ver el negativo de una fotografía, lo que nos permite imaginar cómo era la vida urbana y los intentos del Estado por ordenar aquella embrionaria burocracia.

A lo largo de los años surgen diversos testimonios del crecimiento, de los constructores, de los puntos críticos y de medidas obligatorias. Así, nos enteramos que, en 1755, los jesuitas elaboran los primeros ladrillos para colocar en veredas; o que en 1814 se divide la ciudad en cuatro Cuarteles -de norte a sur- separados por la calle Martínez (hoy Mendoza) y, de Este a Oeste, por la calle Independencia (hoy Carlos Pellegrini), los que resultaban: 1.- del Colegio o Tacurú; 2.- de San Francisco; 3.- de las Parejas; y 4.- del Ysyry.

Una legislación de 1826 rectifica las calles y ordena la realización del plano de la ciudad a Narciso Parchappé. Asimismo, en 1851, el gobernador (provisorio en esos momentos) Domingo Latorre, encomienda al Jefe de Policía, Alejandro Azula, la nomenclatura de calles y plazas y se realiza un nuevo plano de la ciudad por el agrimensor T. Dulgeón, quien lleva las calles a 16 varas de ancho(10).

(10) Una legislación fijará -en 1895- el ancho de las veredas en 1,50 metro, las que debían ser construidas por cada vecino, a su cargo. // Citado por el arquitecto Andrés Alberto Salas, “Corrientes, Calles, Plazas y Túneles (otra mirada -desde 1588 a la actualidad-)” (2006). Edición del Autor.

Rara vez se habla de los árboles en las veredas o en los paseos pues, al parecer, no coincidían con la mentalidad progresista y economicista de ese entonces. Como además había muchos árboles en el campo, su lugar natural... ¿para qué meterlos en las veredas de una ciudad? En este sentido, resulta elocuente la opinión registrada de muchos ciudadanos que acusan a la arboleda de romper y levantar las veredas, tapar desagües y atraer bichos molestos.

Atendiendo a esta filosofía, no faltaron intendentes que talaron añosos jacarandás, ibirá pitás o lapachos, vendieron sus despojos y privaron de sombra a los peatones.

Después de la Guerra de la Triple Alianza, que tanto afectó a Corrientes, en pocos años esta ciudad se consolida en su edificación, de acuerdo con modelos europeos, peferentemente italianizantes. Sobrevendrá entonces una etapa de paz, crecimiento y construcciones. Se iniciará así, una escalada de obras de bellas fachadas, con volumetrías notables, excelentes rejas, cornizas, pilastras, canceles y carpinterías que, hasta hoy, sorprenden al peatón.

Por esta época se produce el importante traslado del cementerio, hasta entonces en el Iglesia de La Cruz, hasta a su actual ubicación, alejada del casco céntrico. Ello es así debido a la enorme cantidad de víctimas derivadas de la misma guerra contra el Paraguay y de las pestes que asolaron esta ciudad en 1871, con lo que se saturó y clausuró el antiguo sitio.

En la decisión primaron los criterios higienistas que nacían en aquellos tiempos y, acorde con ellos, el nuevo emplazamiento resultó acertado, aunque entonces, debido a la distancia, a los finados con escaso poder económico se los trasladaba con el recordado tranvía a mulita, por la larga Avenida Alberdi, única vía de acceso hasta hace pocos años(11).

(11) Además de esa medida, se encararán obras de saneamiento, desagües y se mejorará el alumbrado público que, en 1900, ya contaba con 800 faroles a kerosene. Recién en 1905 llegará a la ciudad la energía eléctrica, lo que significará otro importante avance en la infraestructura urbana.

En cuanto a la construcción, no sólo se traían los materiales; además se importaron las ideas, y a los geometra y muratori que las construyeron... que de paso nos legaron las pastas, la pizza y el bel canto.

Recordemos que los barcos venían a llevar la producción agropecuaria, transportaban como lastre los materiales que edificaron las ciudades argentinas, construyeron los ferrocarriles, alambraron los campos y techaron el país soñado por la generación de 1880, en su gran proyecto de transformación nacional y en el afán de introducir la “civilización europea” en estas tierras donde todo estaba por hacerse(12).

(12) Se sabe que a fines de 1881 se empezarán a mejorar las calles con nuevas técnicas, como adoquinados que, en algunos casos, venían de Noruega y Suecia y otras de Montevideo, transportados por barco. En 1890 llegarán, esta vez, por ferrocarril, piedras areniscas de Mercedes. A veces se usarán piedras moras locales, luego se emplearán adoquines de madera y, tiempo después, en 1921, los primeros pavimentos de hormigón, muchos de los cuales aún existen impecables y lucen las iniciales de la empresa contratista (GEOPE: Grandes Obras Públicas). Recordemos que la Avenida Costanera se materializó entre 1929 y 1944 y que, en 1930, la empresa antes citada pavimentó excelentemente calles del centro y sus cordones, donde también perduran aún sus iniciales, insertas en el hormigón armado. Por otra parte, debemos señalar que muchos de esos primeros adoquines permanecen bajo las carpetas asfálticas que pisamos diariamente, y a veces reaparecen en la reparación de habituales baches.

- La ajetrada historia del Gobierno Municipal de la ciudad

Con la sanción, en 1863, de la Ley de Municipalidades de la provincia, se instaló, en acto solemne, el día 31 de Enero de 1864, la Municipalidad de la Capital, a cargo de un Concejo Electivo, cuyo presidente tenía a su cargo las funciones Ejecutivas(13).

(13) Citado por el doctor Hernán Félix Gómez, “La Ciudad de Corrientes”(1944). Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

Ocupó dicha presidencia Manuel Fernández, ciudadano espectable a quien, como Jefe de Policía del Gobierno del doctor Juan Gregorio Pujol, correspondía gran parte de la obra edilicia cumplida.

Su primera “Ordenanza” lleva fecha del 24 de Febrero de 1864. Desde ese día, y aún cuando las características del Gobierno Municipal evolucionaron, la ciudad contó con un Gobierno local propio(14).

(14) De la Ley de Municipalidades de 1886 data la división de sus funciones en Ejecutivas y Deliberantes, cuyos titulares se eligieron por el pueblo. Desde 1913, el Jefe del Departamento Ejecutivo será designado por el gobernador de la provincia, con acuerdo del Senado. // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez, “La Ciudad de Corrientes”(1944). Ed. Imprenta del Estado, Corrientes. Será con la reforma constitucional sancionada el 22 de Septiembre de 1960 que se establecerá que el Gobierno del Municipio de Corrientes se ejerza por un Departamento Ejecutivo -cuyo titular era un Intendente- y por un Departamento Deliberativo (Concejo Deliberante), elegido por el cuerpo electoral del Municipio, conforme a lo prescripto en esa Constitución. La ley determinó la composición del Concejo Deliberante, de acuerdo al número de electores del municipio. El Intendente se eligía por el Concejo Deliberante a pluralidad de sufragios, entre los que encabezaban las representaciones partidarias de concejales. El mandato del Intendente se discernía por el término de dos años, en ocasión de la renovación de los Concejos Deliberantes o, para completar dicho período, pudiendo ser reelegido. El concejal que resultaba electo Intendente, era sustituido por el suplente de la lista que integraba, por el término que restaba de su mandato, de acuerdo al orden de la misma. Finalmente, en la reforma de la Constitución sancionada el 12 de Febrero de 1993 se establece que el Departamento Ejecutivo será ejercido por una persona con el título de Intendente Municipal que se elegiría por el cuerpo electoral del Municipio en distrito único y en forma directa, a simple pluralidad de sufragios. De igual forma se eligiría también un Viceintendente, que lo secundará en sus funciones. Ambos durarían cuatro años en sus mandatos, pudiendo el primero ser reelecto por un solo mandato consecutivo.

Desde 1864, las Ordenanzas municipales van a intentar mejorar y consolidar el paisaje urbano: se fijarán normas sobre cercos y veredas, blanqueos de muros, animales sueltos, líneas de edificación, etc., pero todas ellas referidas sólo al casco céntrico y no a los barrios. Las crónicas periodísticas de entonces destacan a menudo lo difícil de hacerlas cumplir por cuestiones de rivalidades -sobre todo políticas- de los vecinos afectados.

Existen numerosos mapas de esta ciudad, cuya forma registraron varios cartógrafos a lo largo de los años. Así, Tomas Dulgeon, en 1840; Nicolás Grondona, en 1854; Salvador Umbert, en 1864; el plano de Honorato Da Costa, el marino brasileño, de 1865; Roches, en 1877; y, más adelante, los de Col, Tuethe, hasta los actuales del ACA, el CFI, la Municipalidad, Vialidad, etc.

Estos registros gráficos iniciales se complementaron con las descripciones de los viajeros, verdaderas fotografías, como los de Félix de Azara, Alcides d’Orbigny, los hermanos Robertson, fray Parras, Manuel Florencio Mantilla o los Partes militares de distintas insurrecciones.

Los Gobiernos Municipales de la ciudad no se sucedieron los unos a los otros con la regularidad notable del Cabildo de la colonia (1588-1824). En 1865, con motivo de la ocupación paraguaya, con la cual se abre la Guerra de la Triple Alianza, ocurrió la primera interrupción. Reconquistada la Capital por las fuerzas correntinas, se organizó, el 5 de Octubre de 1868, una Comisión de Higiene para su Gobierno, por las primeras manifestaciones del “cólera”, epidemia que resultó del pase y acantonamiento de los ejércitos.

Ese mismo año, el 20 de Noviembre, se reinstaló la Municipalidad, cuyos titulares, en 1871, abandonaron sus funciones cuando la fiebre amarilla la invadió como un infierno.

El 14 de Enero de 1871 debió organizarse otra Comisión de Salud Pública, cuyos actuantes procedieron con heroísmo y sacrificio, hasta el 10 de Febrero de 1872 en que, desaparecida la epidemia, se encargó de las funciones y bienes municipales de la policía.

Restablecido al Gobierno Municipal, tal vez por las circunstancias de que su Padrón de Electores era el general de la provincia correspondiente a su jurisdicción territorial, no pudo escapar a la acción de los partidos políticos y a las luchas apasionadas que se producían(15).

(15) Los movimientos insurreccionales y algunas leyes, como las de 1907, 1908, etc., en las que la Legislatura usó de su facultad de intervenir en el régimen municipal, rompieron la sucesión normal de la institución. Igual cosa ocurrió cuando el P. E. Nacional intervino a la provincia, por sí o ejercitando leyes del Congreso, en que fue lo corriente la cancelación del Gobierno electivo de sus municipios. // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez, “La Ciudad de Corrientes”(1944). Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

A pesar de estos interregnos, la obra edilicia ofreció un ritmo progresivo, a veces más lento, en ocasiones verdaderos altos en el camino pero, en general, la curva del gráfico que la reflejará sería francamente ascendente. Se debió, sobre todo, a la colaboración activa del Fisco Provincial, que siempre asistió al del Municipio.

Las grandes iniciativas y obras públicas contaron con su colaboración, como ser la reconstruccíón de las murallas del puerto (el 18 de Septiembre de 1869 y el 16 de Enero de 1876); la contratación de aguas corrientes, el 15 de Noviembre de 1870, y los definitivos con Obras Sanitarias de la Nación); la erección del Hospital de Caridad, después de Hombres o San Juan de Dios (el 13 de Julio de 1871 y el 7de Febrero de 1874); la del Cementerio San Juan Bautista (el 6 de Octubre de 1872 y el 15 de Noviembre de 1873); las obras de salubricación (el 17 de Diciembre de l873); los grandes veredones de la plaza 25 de Mayo, el 25 de Octubre de 1875); el primer gran Mercado Municipal, el 10 de Enero de 1877)(16).

(16) Más allá del movimiento sedicioso liberal de 1878, continuarán el originario adoquinado de sus calles centrales (el 17 de Febrero de 1881); la reconstrucción de sus templos; el Hipódromo o Circo de Carreras, en Diciembre de 1887; la de los caminos generales que cruzarán la ciudad hacia el Interior, en Mayo de 1887; y, ya entrado el siglo XX, la creación del Parque Mitre, el 23 de Noviembre de1912 o la Avenida Costanera al río Paraná, el 3 de Enero de 1929. // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez, “La Ciudad de Corrientes”(1944). Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

El gran perímetro de la ciudad permitió la definición de barriadas características que se fueron modificando con el tiempo. Una impresión exacta de lo que fue y es la capital de nuestros días, de aproximadamente 360.000 habitantes, edificación moderna y calles pavimentadas, podríamos tenerla con la circunstancia de que -entre 1620 y 1621- el gobernador del Río de la Plata la visitó, encontrando 91 vecinos o familias, con 405 habitantes, 89 indios en la ciudad y 1.292 entre Itatí y Santa Lucía de los Astos.

Sobre este dato concreto, fácil es imaginar su desarrollo de las barrancas del río Paraná a la floresta circundante limitada, al Norte y Sur, por la zona baja, inundable, de tierra de humus, de dos grandes bañados, donde siempre estuvieron las fábricas de los adobes coloniales y el ladrillo. Eran también lugares de caza y pesca, depósitos, nunca concluidos, de leña blanca y de pequeños bosques o islas de árboles frutales de la región(17).

(17) En nuestros días es dificil imaginar, dado el intenso proceso de urbanización, la zona denominada antiguamente Bañado Sur que, como indica el nombre, quedaba al sur de la planta urbana, y era una de las características del Departamento de la Capital, por su flora exuberante, las fábricas de ladrillos y los hábitos de su vecindario modesto. La construcción de la Avenida Costanera “Juan Pablo II”, en 2008, modificó definitivamente la zona.

En sus bosques de guayaba y en la época en que esta fruta maduraba, grupos de vecinos modestos concurrían a pasar el día en los feriados. Progresivamente, desde el solar de la actual Plaza 25 de Mayo, que congregaba la edificación de las casonas patricias, la ciudad fue extendiéndose.

En el siglo XIX, sus barrios característicos eran, de Oeste a Este, el Cambá Cuá, sobre el arroyo Salamanca, donde se emplazaban las curtiembres y las fábricas; el de La Cruz, en torno al templo donde se guarda el leño que presidió la fundación; el del Mercado o plaza de venta de los productos rurales y de los aserraderos, denominada de San Juan Bautista(18), la del monumento al sargento Juan Bautista Cabral; y el de La Rozada, o sea el caserío al norte de la calle 25 de Mayo y este de la de Catamarca. Tras éste, en el actual Parque Mitre, el llamado de La Batería, con galpones y ranchos de las familias de las fuerzas veteranas.

(18) Se le asignó el de "San Juan Bautista", Patrono de la ciudad, porque ya había conquistado la opinión pública desplazar el “piso” o lugar de compra-venta alimenticias que funcionaba en ese lugar y edificar sobre la calle, que también entonces se denominaba Ayacucho, la Iglesia Catedral, que reemplazaría a la antigua Iglesia Matriz, de principios del siglo XIX. Este programa será ejecutado por el doctor Juan Gregorio Pujol, desde el Gobierno de la provincia. // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez, “La Ciudad de Corrientes”(1944). Ed. Imprenta del Estado, Corrientes.

Ya en 1886 la ciudad crecerá hacia el Este y el barrio del Mercado desaparecerá con el adoquín de granito importado de Suecia. Amplias casas, sobre las calles afirmadas, desplazaron las viviendas humildes y el “piso” de las carretas y vendedoras de la zona rural, sucesivamente fue alejado a las plazas Torrent y Libertad(19), para desaparecer, en definitiva, con el pavimento liso y la definición del barrio del Hipódromo.

(19) Siempre con ese nombre, en 1910 se construye sobre la calle San Martín la Nueva Estación Terminal del FF.CC. Económico que, a partir de 1970, al levantarse ese trencito, convertirá la antigua estación en el Ministerio de Agricultura y Ganadería (hoy rebautizado como MAGIC). Del trencito quedan algunos vagones y una maquinita en la vecina localidad de Santa Ana de los Guácaras. Desde 1914, el nombre oficial de la plaza será el de Juan Esteban Martínez, uno de los líderes del movimiento sedicioso de 1878 y gobernador de la provincia en dos mandatos.

Este proceso urbano es proporcional al pavimento. Con el adoquinado de la piedra mora, de Paso de la Patria (1890), que se continuó con la arenisca rosada de Mercedes (1900/1910), la ciudad fue conquistando las barriadas originales, borrando sus características, absorbiéndolas en el seno parejo de la comunidad. Cuando en el quinquenio 1926/1931 se concluyó el afirmado liso, la fusión de los barrios tradicionales fue completa. El vecindario advirtió que las distancias habían desaparecido, porque era posible el tráfico integral en el damero en ángulo recto de todas las calles.

La Avenida Costanera al río Paraná, que arranca de la Punta San Sebastián al Oeste, arrasó con el caserío miserable de las barrancas e incorporó a la ciudad la zona antes olvidada y de difícil acceso de las curtiembres y las calizas. Su prolongación al Este y el nuevo puerto libró, al panorama fluvial, el casco histórico de Corrientes. Así, ella asomó en verdad al río magnífico que la circunda.

- Primeros nombres de sus calles

Generalmente, las primeras calles tomaban el nombre de la Iglesia, de algún vecino notable, o de algún árbol. Al ser aún pequeña la ciudad, una misma calle podía ser llamada de diferentes maneras en cuadras sucesivas. Predominaban los nombres religiosos y eran habituales y reiterados los de Ancha, Real, Alto, de las Carretas, del Puerto o de los Navíos.

Hasta 1814 sólo tenían nombre siete calles del centro correntino y, recién desde 1864, la gestión urbana depende de un Concejo Municipal. Con el crecimiento urbano, aparecen los zanjones de desagüe y las canchas o pistas de carreras cuadreras. Además, se empiezan a entubar arroyos, a rectificar líneas invadidas por construcciones irregulares y a saturar los lotes baldíos.

Las calles anchas van a alojar, en las afueras, las primeras pulperías o lugares donde jinetes, carros y carretas hagan una pausa, se embiquen unas buenas ginebras, aparezcan algunos guitarreros y se ofrezcan otras distracciones más placenteras que andar de la cuarta al pértigo. Estos lugares generalmente se ubican en algún cruce y se llaman Esquinas, nomenclatura que aún perdura, especialmente más al sur.

Al crecer las ciudades hacia la zona de quintas y chacras, se formarán nuevos barrios, los que, a su vez, van a extender pseudopodios que los vinculen transversalmente entre sí. En 1872, la ciudad compacta llegaba desde el río Paraná hasta la calle San Martín, y sus límites Este y Oeste eran las calles Santa Fe y Tucumán(20).

(20) Cuando se instalan los primeros tranvías traccionados por mulitas, en 1882, la traza ya se extendía a la calle Ancha, la de los burreros, donde se hacían las cuadreras. Una línea de tranvías alcanzaba hasta el nuevo y actual cementerio y, como señaláramos, era común que en ese medio hicieran su último viaje muchos ciudadanos. // Citado por arquitecto Andrés Alberto Salas, “Corrientes, Calles, Plazas y Túneles (otra mirada -desde 1588 a la actualidad-)” (2006). Edición del Autor.

Los nombres de algunas calles van a ir cambiando con los años, en el mismo ritmo lento con que creció la ciudad hasta la mitad del siglo XX. Era una Corrientes, donde se conocían todos los vecinos,

En función de antiguos planos y documentos, presentaremos las variaciones de los nombres de las calles dentro de lo que se considera la vieja ciudad. Es decir, entre la Avenida Ferré, la avenida Poncho Verde (hoy Pujol) y la Costanera. Y en ella, especialmente el primitivo casco histórico, entre las calles 9 de Julio, San Luis y Mendoza, donde transcurre la etapa inicial de la Capital.

Comenzaremos determinando que, en 1802, el trazado comprendía nueve cuadras -de norte a sur- y doce de este a oeste:

* Calles de Norte a Sur:
- Ituzaingó: desde 1895 hasta 1918, Santiago del Estero.
- Vélez Sársfield - Perú: sin cambios.
- Gral. Julio Roca: desde 1898 hasta 1914, Bolivia.
- Brasil, Uruguay, Paraguay, Jujuy: sin cambios.
- España: desde 1869 a 1918, Santiago.
- Santa Fe: sin cambios.
- San Lorenzo: desde 1869 a 1918, Entre Ríos.
- Catamarca y Córdoba: sin cambios.
- Mendoza: en 1814, León Martínez. Desde 1825 hasta 1869, De la Unión.
- San Juan: desde 1825 a 1850, San Juan. Luego Juan Perón, hasta 1955. Después nuevamente, San Juan.
- La Rioja, Salta, Buenos Aires, Tucumán y San Luis: sin cambios.
- Entre Ríos: desde 1869 a 1895, Tacurú.
- Misiones: sin cambios (se llamaba Primera al Oeste de Tacurú).
- Chaco: en 1950, Juan Pujol (Segunda al Oeste de Tacurú).
- Pago Largo: desde 1895 a 1921, Patagonia (Tercera al Oeste de Tacurú).
- Don Bosco: desde 1895 a 1918, Suipacha (Cuarta al Oeste de Tacurú).
- Padre Borgatti: desde 1895 a 1970, Cerrito.

En planos de 1878, cuando se registra el derrocamiento del gobernador Manuel Derqui, en el sector comprendido entre Entre Ríos, la calle Ancha y el río Paraná, se indican montes, sin rastros de manzanas o calles.

* Calles de Este a Oeste:
- Av. Costanera Gral. San Martín: de 1825 a 1898, Vera. De 1940 a 1944, Senador Juan Ramón Vidal y, desde 1944, su actual nombre. Mide aproximadamente 2,5 kilómetros.
- Plácido Martínez: hasta 1869, Sud América.
- Fray J. De La Quintana: desde 1825 hasta 1920, Libertad.
- 25 de Mayo: sin cambios.
- Pellegrini: desde 1802, De la Merced. Desde 1825 hasta 1912, Independencia.
- 9 de Julio: sin cambios.
- Junín: sin cambios, salvo entre 1950-55, Eva Perón.
- Yrigoyen: hasta 1960, Ayacucho. En 1910, por ordenanza, la prolongación (virtual) se llama Centenario. Esta avenida, hasta la Ruta Nacional 12, se concluye en el 2000.
- San Martín, Bolívar, Belgrano: sin cambios.
- Moreno: hasta 1869, Constitución.
- Rivadavia: hasta 1895, Confederación.
- Av. 3 de Abril: hasta 1895, Calle Ancha. Entre 1950 y 1955, Avenida Evita(21).

(21) Salvo este caso, en ninguna de las nominaciones a lo largo del tiempo existen nombres de mujeres.

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