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La Guerra Civil de 1973-1983. Los desaparecidos

La República Argentina se vio involucrada en dos guerras en el transcurso del siglo XX:

* la Guerra Civil -catalizada desde 1970 con la aparición de agrupaciones y organizaciones guerrilleras que se identificaba con la “izquierda peronista” que implementaron una lucha armada contra el sistema político imperante- cuyo punto culminante se extendió desde 1973 hasta 1983, es decir desde el Gobierno de Héctor José Cámpora hasta la Administración de Reynaldo Benito Bignone; y
* la Guerra de Malvinas, o Conflicto del Atlántico Sur, enfrentamiento bélico entre la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte que tuvo lugar en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, que se desarrolló fundamentalmente entre el 2 de Abril de 1982 -día del desembarco argentino en las islas- y el 14 de Junio de 1982, fecha acordada del cese de hostilidades en Malvinas, aunque posteriormente los británicos invadieron las Sandwich del Sur y el 20 de Junio de 1982 desalojaron las instalaciones de la Base Corbeta Uruguay de la Argentina, en el marco de la “Operación Keyhole”.

- La violencia de los años ‘70

En una de sus editoriales en el diario "La Nación" de Buenos Aires, el doctor Mariano Grondona abordó el estudio del origen de la violencia ejercida en los años '70 en la Argentina. Como era habitual en este pensador, iniciaba su disquisición desmenuzando la etimología de las palabras y en esta oportunidad no fue una excepción al remontarse a la raíz indoeuropea de la palabra wi que significa “fuerza vital”.

Según Grondona, wi se conecta con el indoeuropeo wir, del cual derivan el latín vir, “varón”, “virilidad”, y el latín virtus, “virtud”. Este lado de la pareja de raíces wi-wir podría traducirse como la “fuerza de carácter” del hombre virtuoso, cabal(1)

(1) Mariano Grondona. “Entre la nueva y la vieja violencia”, publicado en el diario “La Nación” de Buenos Aires, el domingo 20 de Septiembre de 1998.

Pero de wi también provienen el latín "violentia", “violencia”. "La fuerza vital es un caudaloso río que, si se encauza, genera virtud viril pero, si se desborda, termina por convertirse en violencia"(2), dice Grondona.

(2) Ver “Dictionnaire des racines des langues européennes” (1948), pp. 241-242, París. Librairie Larousse. // Citado por Mariano Grondona. “Entre la nueva y la vieja violencia”, publicado en el diario “La Nación” de Buenos Aires, el domingo 20 de Septiembre de 1998.

"Cuando a una sociedad la agita el vendaval de la violencia, la energía de las virtudes -canalizadas a través de las Instituciones- sale de cauce, perturbando hasta el comportamiento de aquellas personas que, en circunstancias normales, habrían ajustado sus conductas al principio de la convivencia civilizada", señala el citado pensador.

Habría que preguntarse si esa suerte de epidemia -señalada por Grondona- fue la que afectó gravemente a la Argentina de los años setenta.

- Los setenta...

La Argentina actual procura desembarazarse del negro recuerdo de los años setenta. El 17 de Septiembre de 1998, en ocasión de un reportaje a Enrique Gorriarán Merlo(3), se les preguntó a los televidentes si aceptarían el indulto de Gorriarán, de Mohamed Alí Seineldín(4), de ambos, o de ninguno.

(3) Enrique Haroldo Gorriarán Merlo nació en San Nicolás de los Arroyos el 18 de Octubre de 1941. Fue un guerrillero fundador del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y de su brazo armado, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), junto a Mario Roberto Santucho, y uno de los ejecutores del dictador nicaragüense Anastasio Somoza. Falleció en Buenos Aires el 22 de Septiembre de 2006.
(4) Mohamed Alí Seineldín nació en Concepción del Uruguay el 12 de Noviembre de 1933. Fue un militar que alcanzó el grado de Coronel en las Fuerzas Armadas y fue luego condenado a prisión y dado de baja por participar en el alzamiento militar carapintada contra el Gobierno de Carlos Menem, en 1990. Participó en la Guerra de Malvinas con el grado de Teniente Coronel al mando del Regimiento Nro. 25 de Infantería. De reconocida tendencia nacionalista, formó parte de la línea “nacional” del Ejército, autodefinida rosista-peronista y cercana al nacionalismo católico, en contraposición con la línea “liberal”, cercana al antiperonismo; a esta última se le adjudica los golpes de Estado de 1955 y 1976. Seineldín era un referente del movimiento carapintada, un grupo de oficiales y suboficiales del sector nacionalista del Ejército que protagonizó alzamientos militares durante el Gobierno de Raúl Alfonsín. El 3 de Diciembre de 1990 protagonizó el último alzamiento carapintada durante el Gobierno de Menem, por lo que fue sentenciado a cadena perpetua. El 20 de Mayo de 2003 fue indultado por el presidente Eduardo Duhalde. Desde entonces tuvo una discreta vida pública, aunque seguía manteniendo abiertamente su posición en contra de Estados Unidos y del denominado modelo neoliberal, mientras que su influencia en diferentes agrupaciones nacionalistas de Argentina seguía vigente. Falleció en Buenos Aires el 2 de Septiembre de 2009.

De las 54.846 personas que consiguieron eludir los embotellamientos del “televoto”, un 57 por ciento dijo “ninguno”; un 28 por ciento, “Seineldín”; un 11 por ciento, “Gorriarán”, y un 4 por ciento, “ambos”.

Reconforta advertir que una clara mayoría adhiere a un punto tal a la severa paz de las Instituciones que se rehúsa a otorgar impunidad a quienes percibe como los últimos representantes encarcelados de los años setenta.

Al alto porcentaje del 57 por ciento, quizá podría agregarse incluso ese 4 por ciento que también está pensando en el borrón y cuenta nueva de una amnistía sin discriminaciones.

Las otras dos cifras inquietan. Ese 39 por ciento que, cuando piensa en indultos, sólo lo hace a favor de uno de los dos protagonistas en cuestión, prolonga en cierto modo la zanja ideológica de los años setenta. Que este sesgo ideológico provenga más de la derecha (28 por ciento) que de la izquierda (11 por ciento) merecería un análisis aparte, pero el hecho es que casi cuatro de cada diez argentinos piensa aún en línea con una frase que se atribuye al irónico genio de Perón: “A los amigos, todo; a los enemigos, nada; a los neutrales, la ley”.

La violencia política de los años setenta nos deja, todavía, su secuela. Que el país vuelva -de vez en vez- a ese oscuro recuerdo, muestra hasta dónde lo hirió la intolerancia ideológica de los años no democráticos.

Pero la mayoría -que ya no distingue entre las razones de la extrema derecha y las de la extrema izquierda- muestra también que la Argentina constitucional y democrática se guía por un principio superior: a todos, amigos o enemigos, simplemente la ley.

La violencia de los años setenta fue, en todo caso, política. Mientras el grueso de los argentinos procuraba dar alguna normalidad a sus agitadas vidas, dos grupos altamente politizados se mataban despiadadamente.

Se vivió por entonces el contraste de dos fuerzas enfrentadas bajo la común consigna de matar o morir, en tanto los no involucrados en la lucha -o no alcanzados arbitrariamente por ella- vivían en una sociedad paradójicamente segura frente a la amenaza potencial de la delincuencia común que hoy, sin embargo, la conmueve.

La violencia política de los años setenta, siendo como era peligrosa no sólo por la acción del terrorismo de izquierda sino también por la crueldad sin límites humanos ni legales de quienes lo reprimían en nombre de la seguridad del Estado, sólo afectaba a los combatientes y a un número desgraciadamente importante de espectadores inocentes. El resto, la inmensa mayoría de los argentinos, volvía a sus casas sin temer el asalto de una legión de delincuentes comunes al acecho.

Podría criticarse esta indiferencia generalizada de los que se empeñaban en vivir sin informarse de lo que estaba pasando. Esta crítica no invalida, empero, el análisis sociológico de lo que pasó en los años setenta: un terrible enfrentamiento entre minorías, en medio de la seguridad cotidiana de la mayoría no afectada por la denominada “guerra sucia”, gracias a la amenaza prácticamente ausente del delito común.

- La teoría de los dos demonios

Se llama teoría de los dos demonios a la concepción según la cual los actos de violencia y terrorismo perpetrados por las Fuerzas Armadas durante el terrorismo de Estado en Argentina en las décadas de 1970 y 1980 son -de algún modo- equiparables con los actos de violencia de las organizaciones guerrilleras, como Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo, tanto durante Gobiernos democráticamente electos (1973-1976) como durante la propia dictadura cívico-militar (1976-1983).

La siguiente frase de Ernesto Sabato, en el Prólogo al Informe “Nunca más” se suele aludir como representativa de esta visión imperante durante el juicio a las Juntas:

“Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países(5).
“Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares. Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para combatirlo y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los Tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio; y, en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los servicios de seguridad le propuso al general Della Chiesa torturar a un detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables: ‘Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura’.
“No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido porque, desde el 24 de Marzo de 1976, contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos”.

(5) Prólogo de Ernesto Sábato en el sitio web Nunca Más (Buenos Aires).

De todos modos, la distinción fundamental entre la respuesta legal y la ilegal en Italia, hace que el escritor en ningún modo justifique, sino que condene, el plan sistemático de represión ilegal montado desde la dictadura.

La investigadora Elizabeth Jelin afirma respecto de la versión original del Prólogo que:

“Allí se habla de las dos violencias, pero no en términos de equivalencias (interpretación habitual -a mi modo de ver equivocada- que dio lugar a la “teoría de los dos demonios”) sino en términos de ‘escalada de violencia’: hubo una violencia guerrillera que despertó una represión mucho más brutal. Y se trataba de un momento en que el clima político-cultural era de condena a la violencia”(6).

(6) Elizabeth Jelin. “Militantes y Combatientes en la Historia de las Memorias (Silencios, Denuncias y Reivindicaciones)” (2010), en “Lucha Armada en la Argentina”, p. 78, Buenos Aires. Ejercitar La Memoria Editores, Anuario 2010, año 5, 2010.

El Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel ha afirmado al respecto:

“No podemos dejar de señalar que en varios países del continente y en la Argentina había guerrillas. Estas deberían haber sido contenidas a través de las leyes vigentes y dentro del marco del Estado de derecho”(7).

(7) Adolfo Pérez Esquivel. “30 años”, suplemento especial del diario “Página/12”, edición del 21 de Marzo de 2006.

Por su parte, Martín Granovsky opinó respecto de la labor de la Fiscalía en el juicio a las Juntas:

“Al revés de algunos estereotipos circulantes, poco apegados a los hechos, el trabajo de la Fiscalía no abrevó en la teoría de los dos demonios sino que, en línea con la Conadep, disecó el demonio del terrorismo de Estado hasta hacerlo visible en todas sus facetas y en algunos de sus impactos sociales”(8).

(8) Martín Granovsky. “Hace 30 años”, en el diario “Página/12”, edición del 28 de Febrero de 2015.

- Modificación del Prólogo del “Nunca más”

En la edición del año 2006 del “Nunca más” se agregó un nuevo Prólogo que cambió la posición expresada por Sábato, lo cual originó la reacción de miembros originales de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), cubierto por algunas fuentes periodísticas(9).

(9) “Controversia por el Prólogo agregado al “Nunca más”. Rechaza la teoría de los dos demonios”, artículo del 19 de Mayo de 2006 en el diario “La Nación” de Buenos Aires.

El presidente Néstor Kirchner fue el responsable de la modificación del prólogo del libro “Nunca Más”:

“Eduardo Luis Duhalde dijo que la decisión de incorporar el Prólogo no había sido consultada con ninguna organización: ‘Es la política que ha fijado el presidente y no es susceptible de discusión con otros Organismos’”, afirmó(10).

(10) “Controversia por el Prólogo agregado al “Nunca más”. Rechaza la teoría de los dos demonios”, artículo del 19 de Mayo de 2006 en el diario “La Nación” de Buenos Aires.

- Los desaparecidos de la guerra civil argentina

Los llamados “desaparecidos” en la guerra civil argentina se registraron fundamentalmente entre los años 1973-1983 y es el nombre con que se conoce a las personas que fueron víctimas del crimen de desaparición forzada en ese período(11).

(11) La violencia desatada en la segunda mitad del siglo XX tuvo hitos históricos que fueron marcando una escalada que terminó en un terror espeluznante. El proceso toma una inusitada dinámica con el fusilamiento del ex presidente de la Nación Pedro Eugenio Aramburu (en 1970), pero el fenómeno de personas “desaparecidas” se registrará en el período 1973-1983. Aquí no hay que dejar de olvidar dos sucesos: 1.- Las órdenes o los llamados “decretos de aniquilamiento” están referidos a los cuatro Decretos dictados por el Poder Ejecutivo de la Nación durante el año 1975, redactados durante el Gobierno de María Estela Martínez con el fin de “neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos”; esta medida fue adoptada a posteriori de las llamadas “Matanza de Trelew” (1972) y “Matanza de Ezeiza”, esta última ocurrida el 20 de Junio de 1973, que ya formaron parte de la etapa crítica y extremadamente cruel de la guerra; y 2.- Hay que decir que al referir a la Administración Videla, ésta fue esencialmente “cívico-militar”, no sólo porque eran civiles quienes administraban áreas claves del Poder Central -por ejemplo el económico o el de las relaciones exteriores- sino porque solamente civiles conformaban los estamentos del Estado en cada una de las provincias. En la provincia de Corrientes, por ejemplo, civiles eran todos quienes conformaban y dirigían los ministerios del P. E. y la estructura del Poder Judicial, y civiles fueron todos los intendentes de la época, desde la ciudad capital hasta el pueblo más remoto de la provincia.

La Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas(12), firmada en 1994, lo considera como un delito de lesa humanidad imprescriptible y lo define del siguiente modo:

“Se considera desaparición forzada la privación de la libertad a una o más personas, cualquiera que fuere su forma, cometida por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona, con lo cual se impide el ejercicio de los recursos legales y de las garantías procesales pertinentes”.

(12) Adoptada en Belém do Pará, Brasil el 9 de Junio de 1994.

- El contexto de la guerra

En el período enmarcado por los años 1973 a 1983 se impulsó la persecución, el secuestro, la tortura y el asesinato de manera secreta y sistematizada de personas por motivos políticos y religiosos en el marco de lo que aquí se da en llamar “Guerra Civil”.

Por un lado el secuestro, la tortura y el asesinato por parte de agrupaciones subversivas y, por el otro, la aparición de lo que se conoce como “terrorismo de Estado”, es decir, el secuestro, torturas y asesinatos por parte de elementos constitutivos del Estado.

El concepto de “guerra” engloba ambos tipos de terrorismo. El hecho que a un grupo haya significado la pérdida de 700 personas y al otro de 9.000 señala sólo que el que tuvo menos pérdidas humanas contaba con mayor capacidad de comunicación y militar para infligir daño, pero deja en claro que uno y otro compitieron en ferocidad para poder aniquilarse mutuamente.

Ambos grupos “causaron terror” sistemáticamente; ambos grupos provocaron muerte, miedo e intentaron imponer sus razones por la fuerza: la consecuencia fue la guerra civil y el desprecio por la democracia. El pueblo quedó en el medio, ajeno al proceso.

Lo que desnudó el proceso fue que la orden de exterminio utilizando elementos del Estado se originó en funcionarios elegidos por la comunidad en elecciones libres.

Cuando el Poder Central ordena el exterminio de las agrupaciones terroristas lo que único que hizo fue poner en movimiento estructuras militares preparadas para aniquilar, volcando esa enorme fuerza -preparada para la guerra- contra grupos internos del país, lo que derivó en la barbarie y la muerte.

No existe una “guerra limpia”. La guerra no tiene nada que ver con la moral,; atomiza a la moral y a sus protagonistas sólo les importa la desaparición del enemigo.

- El procedimiento de la desaparición

El procedimiento de hacer desaparecer a los opositores es un método represivo que se basa fundamentalmente en la producción de desconocimiento. Por eso, saber qué pasó, recuperar la memoria y exigir la verdad se volvieron reclamos principales de las víctimas y de las organizaciones de derechos humanos.

La desaparición de personas genera una situación de agravamiento de la represión y las heridas, debido a las dificultades para los familiares de “dar por muertos” a sus seres queridos y eventualmente dar por finalizada la búsqueda de sus restos y la averiguación de lo que realmente les sucedió.

La desaparición de personas como método represivo fue introducida en la Argentina por la escuela militar francesa desde los últimos años de la década del '50, transmitiendo las tácticas que habían utilizado y perfeccionado los franceses durante la guerra de independencia de Argelia. A partir de la década del '60, esta metodología se generalizará a través de la Escuela de las Américas.

- Una práctica nazi

El sistema de desaparición de personas fue racionalizado por primera vez por el nazismo, a partir del Decreto Noche y Niebla (Decreto Nacht und Nebel) de Adolfo Hitler, del 7 de Diciembre de 1941, cuyo texto fue reconstruido por el Tribunal de Núremberg.

Los ideólogos del nazismo sostenían que el Decreto daba inicio a una “innovación básica” en la organización del Estado: el sistema de desapariciones forzadas. La orden básica del Decreto de Noche y Niebla de Hitler era:

“Los actos de resistencia de la población civil en los países ocupados sólo se castigarán por una Corte Marcial, cuando: a) había certeza de que se aplicara la pena de muerte y, b) cuando la sentencia se pronunciase dentro de los ocho días posteriores al arresto”.

Según palabras textuales de Hitler, el resto de los opositores debían ser detenidos durante “la noche y la niebla” (por el Decreto Nacht und Nebel) y llevados clandestinamente a Alemania sin dar otra información que el hecho de su detención.

Entre los fundamentos del decreto se explica que:

“El efecto de disuasión de estas medidas ... radica en que: a) permite la desaparición de los acusados sin dejar rastro y, b) que ninguna información puede ser difundida acerca de su paradero o destino”.

El texto reconstruido precisa que:

“Una intimidación efectiva y duradera sólo se logra por penas de muerte o por medidas que mantengan a los familiares y a la población en la incertidumbre sobre la suerte del reo y por la misma razón, la entrega del cuerpo para su entierro en su lugar de origen no es aconsejable porque el lugar del entierro podrá ser utilizado para manifestaciones... A través de la diseminación de tal terror toda disposición de resistencia entre el pueblo será eliminada”(13).

(13) Heinz Dieterich. “Chile y la ‘innovación básica’ del Fuhrer”, artículo del 13 de Septiembre de 2003 en la revista “Rebelión” (México), publicado en el sitio web lafogata (Chile).

Las técnicas nazis de terrorismo de Estado, procesadas a través de la doctrina de la contrainsurgencia, fueron aprendidas por los militares argentinos en primer lugar a través de la Escuela francesa que estaba instalada como cuerpo docente permanente de la Escuela Superior de Guerra de Argentina -desde fines de la década de 1950-(14) y luego de la Escuela de las Américas(15).

(14) Marie-Monique Robin. “La doctrina francesa y el terror en América Latina”. Archivado en la web “desdeeloriginal”, el 17 de Noviembre de 2010; y Martín Antonio Balza. “Memorias de un General Retirado” (24 de Febrero de 2005), en el II Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo, Colombia, Universidad Sergio Arboleda. Archivado en página web “desdeeloriginal”, el 28 de Septiembre de 2007.
(15) La Escuela de las Américas es una organización para instrucción militar del Ejército de los Estados Unidos situada actualmente en Fort Benning, en la localidad estadounidense de Columbus (Georgia). La escuela estuvo ubicada -desde 1946 a 1984- en la Zona del Canal de Panamá, donde desde el año 2000 funciona el hotel “Meliá Panamá Canal”. Allí se graduaron más de 60.000 militares y policías de hasta 23 países de América Latina.

Un camionero testigo de los vuelos de la muerte declaró que le preguntó a un militar sobre el destino de los cadáveres que traía, y este contestó: “Van a la niebla de ninguna parte”(16).

(16) Tomás Eloy Martínez. “El Olimpo del horror: fue uno de los peores centros de tortura de la dictadura argentina de Videla” (2006), artículo del 1ro. de Enero de 2006 en el diario “El País”, de Madrid.

El propio general Jorge Rafael Videla argumentaba en un reportaje realizado por la periodista María Seoane:

“No, no se podía fusilar. Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina, cambiante, traicionera, no se hubiera bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil, 10 mil, 30 mil. No había otra manera. Había que desaparecerlos. Es lo que enseñaban los manuales de la represión en Argelia, en Vietnam.
“Estuvimos todos de acuerdo. ¿Dar a conocer dónde están los restos? Pero ¿qué es lo que podíamos señalar? ¿El mar, el Río de la Plata, el Riachuelo? Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas, pero luego se planteó: si se dan por muertos, enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién mató, dónde, cómo” (Jorge Rafael Videla)(17).

(17) María Seoane. “El Dictador” (2001), p. 215, Buenos Aires. Ed. Sudamericana.

Decía el presidente Videla en la televisión estadounidense el 14 de Septiembre de 1977:

“Debemos aceptar como una realidad que en la Argentina hay personas desaparecidas. El problema no está en asegurar o negar esa realidad, sino en saber las razones por las cuales estas personas han desaparecido.
“Hay varias razones esenciales: han desaparecido por pasar a la clandestinidad y sumarse a la subversión; han desaparecido porque la subversión las eliminó por considerarlas traidoras a su causa; han desaparecido porque en un enfrentamiento, donde ha habido incendios y explosiones, el cadáver fue mutilado hasta resultar irreconocible.
“Y acepto que puede haber desaparecidos por excesos cometidos durante la represión. Esta es nuestra responsabilidad; las otras alternativas no las gobernamos nosotros. Y es de esta última de la que nos hacemos responsables: el Gobierno ha puesto su mayor empeño para evitar que esos casos puedan repetirse”.

Existe también una histórica declaración de Videla, transcripta por el diario “Clarín” el 14 de Diciembre de 1979:

“¿Qué es un desaparecido? En cuanto esté como tal, es una incógnita el desaparecido. Si reapareciera tendría un tratamiento X, y si la desaparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento tendría un tratamiento Z.
“Pero mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo: está desaparecido”(18).

(18) “El desaparecido no tiene entidad. ¡No está! No está muerto ni vivo: está desaparecido”, grabación de audio publicada en el sitio web elortiba, Buenos Aires.

Los operativos de detención eran realizados comúnmente por militares o paramilitares fuertemente armados que se movían en automóviles en grupos de entre cuatro o cinco personas. Previamente, acordaban con las fuerzas de seguridad la liberación de la zona donde iban a actuar. Atrapaban a las víctimas en la calle, en bares, cines, en sus casas o en el lugar donde se encontraran en ese momento.

Una vez detenidos eran trasladados a un centro clandestino de detención (se estima que funcionaron hasta 6.107) donde se los interrogaba mediante un régimen de tortura sistemática. Finalmente, en la mayoría de los casos, fueron asesinados y sus cuerpos hechos desaparecer mediante los denominados vuelos de la muerte, sepultados en fosas comunes, o como N.N.

Durante los primeros años, si bien los medios no daban información directa sobre lo que estaba ocurriendo, a veces publicaban noticias sobre la detención de personas o la aparición de cadáveres:

“Habrían sido secuestradas tres personas en la Ciudad de Luján. Además, habrían sido violados los domicilios del abogado Raúl Castro y del estudiante José Luis Caldú. Los hechos habríanse perpetrado entre las 21:00 del martes y las 03:00 del miércoles por un grupo de entre 10 y 12 desconocidos que se identificaron como integrantes de un grupo comando”(19).

(19) María Seoane. “El Dictador” (2001), pp. 227-228, Buenos Aires. Ed. Sudamericana.

“Aparecen tres cuerpos en la costa uruguaya del Río de la Plata, frente a la Ciudad de Juan Lacaze. Estaban atados de pies y manos y con signos de haber sido torturados y golpeados. Se han hallado 17 desde el 22 de Abril, generalmente mutilados y desnudos”(20).

(20) Diario “La Prensa”, del martes 7 de Septiembre de 1976, Buenos Aires.

“Es secuestrada una joven frente a la Facultad de Ciencias Médicas de La Plata, cuando se hallaba con otras muchas personas esperando el microómnibus en la parada de Paseo del Bosque.
“En esa oportunidad descendieron de un automóvil Torino tres de sus cuatro ocupantes, quienes tomaron a la muchacha. Esta comenzó a dar gritos de auxilio y alcanzó a asirse de una columna de alumbrado público. Varios de los que presenciaban la escena se aprestaron a intervenir, ante lo cual los tres secuestradores los amedrentaron, extrayendo armas de fuego y efectuando varios tiros al aire. Seguidamente introdujeron a la chica en el vehículo y partieron velozmente.
“En el lugar, según algunos testigos, se le cayó a uno de los secuestradores una credencial de suboficial de policía, que posteriormente fue entregada a las autoridades para la verificación de su autenticidad”(21).

(21) Diario “La Razón”, del 26 de Septiembre de 1976. La joven fue identificada ex post como Marlene Katherine Kegler, de 22 años, estudiante de Medicina, desaparecida el 24 de Septiembre de 1976.

- ¿Quiénes tenían conocimiento de las desapariciones?

Las detenciones las llevaban a cabo las fuerzas militares y policiales, a veces con colaboración activa de funcionarios civiles o de las autoridades de las empresas, colegios o universidades a las que pertenecían las víctimas.

Ningún Organismo brindaba información sobre el paradero de las víctimas a los familiares. Los jueces no daban curso a los habeas corpus presentados y, en muchos casos, los abogados que presentaban esos recursos resultaban ellos mismos desaparecidos.

“La inmensa mayoría de los integrantes del Ejército no sabía lo que estaba pasando”, dijo en repetidas oportunidades el general Martín Antonio Balza. “Los centros de detención no estaban ubicados en los regimientos y bases de la Institución, sino alejados fuera de ellos, y si bien se tenía conocimiento de las detenciones, se les repondía que eran personas que estaban bajo la órbita del Poder Ejecutivo. Sólo personal de Inteligencia sabía lo que sucedía, es decir, una pequeña fracción; la inmensa mayoría no tenía idea de lo que estaba ocurriendo”, afirmó el general argentino(22).

(22) Martín Antonio Balza es un veterano de la Guerra de las Malvinas, que se desempeñó como Jefe del Ejército Argentino entre el 4 de Noviembre de 1991 y el 10 de Diciembre de 1999. En 1995 Balza hizo un anuncio histórico -en la televisión- de reconocimiento de responsabilidad del Ejército por violaciones sistemáticas de los derechos humanos realizada por las Fuerzas Armadas durante el Proceso de Reorganización Nacional ordenando a sus soldados desobedecer las órdenes inmorales que pudieran darse en el futuro. Se desempeñó como embajador en Colombia, nombrado por los Gobiernos de Néstor Carlos Kirchner y Cristina Fernández y se desempeña actualmente como embajador argentino en Costa Rica, nombrado por el Gobierno de Cristina Fernández.

Como contrapartida, quien escribe la historia de este período se ve obligado a preguntar: los civiles que conformaban importantes sectores del estamento del Estado argentino en esos momentos: ¿tenían o no conocimiento de lo que estaba sucediendo?

Un intendente o ministro del P. E. o del Poder Judicial de Corrientes o Chaco -por ejemplo-: ¿sabían de los fusilamientos de Margarita Belén, o de las desapariciones de personas registradas en esas provincias?

- El número de desaparecidos

Enrique Arancibia Clavel (un agente de la inteligencia chilena de la Dirección de Inteligencia Nacional de ese país) en un Informe secreto enviado en 1978, afirmó que entre 1975 y Julio de 1978 hubo aproximadamente 22 000 desaparecidos en Argentina(23)(24).

(23) “Un informe de Estados Unidos dice que hubo 22.000 desaparecidos”, artículo del 25 de Marzo de 2006 en el diario “Clarín” de Buenos Aires.
(24) Victoria Ginzberg. “Los informes de Arancibia Clavel a la DINA chilena. Los Informes del agente acusado por la muerte del general Prats muestran un íntimo contacto con los represores argentinos”, artículo del 12 de Noviembre de 2000 en el diario “Página/12” de Buenos Aires.

La CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) creada por la Administración del presidente Raúl Alfonsín al finalizar el Gobierno de Reynaldo Benito Bignone, tuvo por misión principal recibir denuncias en forma directa de víctimas y allegados y elevarlas a la Justicia civil.

En ocho meses se recibieron denuncias sobre 7.380 desapariciones. Una vez presentado su Informe (el libro “Nunca más”), la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación continuó recibiendo denuncias que elevaron la cifra de desaparecidos denunciados a 8.961 personas(25).

(25) Informe “Nunca más”. Ver las “Estadísticas de la CONADEP sobre las desapariciones”.

Hasta 2003, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación tenía registradas las denuncias correspondientes a 13.000 casos aproximadamente(26).

(26) “Una duda histórica: no se sabe cuántos son los desaparecidos”, artículo del 6 de Octubre de 2003 en el diario “Clarín” de Buenos Aires.

En Noviembre de 2013, el diario “Perfil”, de Buenos Aires, publicó un artículo en el que Luis Labraña, ex militante de la agrupación “Montoneros”, afirmaba que el número de 30.000 desaparecidos era una cifra que él mismo había inventado para conseguir un subsidio(27).

(27) “Un ex montonero contra las pensiones de por vida”, artículo del 16 de Noviembre de 2013 en la revista “Perfil”, de Buenos Aires. También se puede ver: “Luis Labraña entrevistado por Mauro Viale para el programa ‘Mauro, la Pura Verdad’” (del 21 de Diciembre de 2014), video en el sitio web “YouTube”.

Algunos estudiosos trajeron a la memoria palabras del propio presidente Jorge Rafael Videla que menciona el número 30.000 en una entrevista:

“La sociedad argentina, cambiante, traicionera, no se hubiere bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil, diez mil, treinta mil”(28).

(28) María Seoane. “El Dictador” (2001), p. 215, Buenos Aires. Ed. Sudamericana.

Grupos defensores de los derechos humanos como las “Madres de Plaza de Mayo” y el “Servicio Paz y Justicia” dirigido por el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, afirman que hubo 30.000 desaparecidos, aunque esta cifra no se basa en datos estadísticos sino en estimaciones.

El 25 de Enero de 2016, el ex ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y Director del Teatro Colón en la actual Administración del presidente Macri, Darío Lopérfido, puso en duda el número de víctimas, al afirmar que “en Argentina no hubo 30.000 desaparecidos; se arregló ese número en una mesa cerrada para conseguir subsidios”(29).

(29) “Darío Lopérfido: “En Argentina no hubo 30.000 desaparecidos”. “El ministro de Cultura de la Ciudad hizo polémicas declaraciones sobre el terrorismo de Estado. Para el funcionario porteño, esa cifra ‘se arregló en una mesa’”, artículo del 26 de Enero de 2016 en el diario “Infobae”, de Buenos Aires; Paula Sabatés. “Un masivo pedido de renuncia a Lopérfido. Organismos de derechos humanos y artistas se manifestaron ante la sede del Gobierno porteño”, artículo del 23 de Febrero de 2016 en el diario “Página/12” de Buenos Aires; “Intelectuales del mundo reclaman la renuncia de Darío Lopérfido. Estela de Carlotto le respondió a Lopérfido, que no cree en los 30.000 desaparecidos”, artículo del 3 de Febrero 2016 en el sitio web El Destape; “Más de 250 artistas y el P.E.N. piden la renuncia de Darío Lopérfido; el ministro respondió desde Facebook”, artículo del 2 de Febrero de 2016 en el diario “La Nación”, de Buenos Aires; “El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, recibió a representes de distintos organismos de derechos humanos que reclamaron la renuncia de Lopérfido”, artículo del 22 de Febrero de 2016 en el sitio web de la agencia Télam; “Serrat pidió la renuncia de Lopérfido”, artículo del 4 de Febrero de 2016 en el diario “El Diario” de La Pampa (Santa Rosa).

Algunos de los críticos de Lopérfido señalaron que éste omitió informar que “el Estado sólo subsidió a los familiares de 9.334 desaparecidos denunciados”(30), cifra que se aproxima al número pregonado por la CONADEP”.

(30) Mariano de Vedia. “Polémica por una lista de indemnizaciones” (2011), artículo del 5 de Septiembre de 2011 en el diario “La Nación” de Buenos Aires.

“Nosotros manejamos esa cifra de 30.000 porque los propios genocidas la llevaron a 45.000. Todavía estamos recibiendo denuncias de nietos que nacieron en cautiverio porque hay personas que se están animando ahora a contar la verdad. ¡Qué maldad empezar a manejar cifras! Que nos dé la lista de los que él piensa que son, si la tiene (...). Hubo familias que quedaron diezmadas y nadie hizo denuncias. Se registraba como se podía” (Enriqueta Estela Barnes de Carlotto, presidenta de la asociación “Abuelas de Plaza de Mayo”)(31).

(31) Carlos Cué. “Polémica en Argentina por las cifras de desaparecidos de la dictadura. Macri asegura que la política en delitos de lesa humanidad no cambiará, pero muchos kirchneristas desconfían de cada gesto”, artículo del 28 de Enero de 2016 en el diario “El País”, de Madrid. En este artículo, el periodista español Carlos Cué omite o intercambia datos. Afirma, por ejemplo, que quien hablaba de 8.000 desaparecidos era el propio general Jorge Rafael Videla. Sin embargo, esa cifra surge de las denuncias de los familiares de las víctimas ante la CONADEP. Para ciertos críticos “la cantidad de denuncias nunca debe tomarse como una manera de estimar la cantidad de víctimas”.

“Le pediría a Lopérfido que se informe. Soy un sobreviviente de la época de la dictadura. Esta persona quiere tratar de revertir una realidad que es imposible revertir. Este Gobierno (se refiere al Gobierno del presidente Macri) quiere revertir muchas cosas. Está trabajando de comodín del Departamento de Estado norteamericano” (Adolfo Pérez Esquivel quien en 1980 recibió el Premio Nobel de la Paz por su compromiso con la defensa de la Democracia y los Derechos Humanos por medios no-violentos frente a las dictaduras militares en América Latina)(32).

(32) “Lopérfido habló de los desaparecidos y avivó una fuerte polémica”, artículo del 27 de Enero de 2016 en el diario “La Nación” de Buenos Aires.

Sin embargo, en Agosto de 2016, fue el propio presidente de la Nación Mauricio Macri quien volvió sobre el tema. En una entrevista con el sitio estadounidense BuzzFeed, el presidente fue consultado sobre si fueron 30 mil los desaparecidos, y Macri respondió:

"Es un debate en el que no voy a entrar. No tengo idea si fueron 9 ó 30 mil. Si son los que están anotados en un muro o son muchos más. Es una discusión que no tiene sentido", dijo, para agregar: "No pasa por un número", además de calificar lo sucedido en la última dictadura de "guerra sucia".

“Uno o infinito es la misma tragedia. La discusión del número no modifica nuestra política de defensa de los derechos humanos. La cifra de 30 mil tiene carácter simbólico propuesto por las organizaciones, es una bandera que trasciende nuestro país. La única lista oficial es la que difundió la Conadep, que es inferior”, respondió días después en la Cámara de Diputados -en su informe mensual de la gestión- el Jefe de Gabinete de la Administración Macri, Marcos Peña.

Finalmente, cabe contar que en Marzo de 2006 el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad de Georgetown (universidad católica estadounidense de la Compañía de Jesús situada en Washington D.C.) sacó a la luz un documento desclasificado que demostraría que en Julio de 1978 (al final del Mundial de Fútbol Argentina 78, cuando todavía faltaban cinco años para el retorno de la democracia), militares y agentes argentinos del Batallón de Inteligencia 601 estimaban que en dos años y medio (desde fines de 1975) habrían desaparecido unas 22.000 personas.

No fueron identificados los testimonios aludidos en el citado Informe.

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