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José Estévez, pionero de la arquitectura argentina

José Estévez nació en la localidad de General Lavalle, Provincia de Buenos Aires, el 19 de Diciembre de 1879, siendo sus padres Modesto Estévez y Dolores Goldar(1).

Como era frecuente en aquella época, su padre había llegado a la Argentina desde Vigo (Galicia, España), con solamente doce años de edad y, posteriormente, se radicó en Lavalle, debido al auge de los saladeros.

A pesar de su juventud, ya que estuvo en Lavalle con veinte años cumplidos, logró establecer un almacén de ramos generales denominado “El Jazmín”, que prosperó rápidamente, posibilitando a Modesto Estévez brindar a sus hijos una esmerada educación.

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El arquitecto José Estévez controlando las obras de la Avenida 9 de Julio(2).

José, el mayor de sus once hijos, cursó pupilo sus estudios desde el primer grado en el colegio San José, de Buenos Aires. Descollando por sus capacidades, se recibió de Bachiller a los 15 años con medalla dorada. Durante el período de vacaciones, José regresaba a su pueblo, en lo que entonces era una penosa travesía que iba primero a Dolores -hasta donde llegaba el ferrocarril- y luego a través de pantanos, bañados y cangrejales, en una galera tirada por doce caballos y tropilla de recambio, ya que a Lavalle -salvo por barco a través de la ría de Ajó- era imposible llegar de otro modo.

El período de prosperidad del pueblo concluyó a principios del siglo XX, con la desaparición de los saladeros, que dejaron de funcionar en 1901 debido a la instalación de los primeros frigoríficos. Ese fin de siglo encontró a la familia Estévez instalada en la Capital Federal, donde José se denominaba a sí mismo como un “porteño de aguas saladas”.

Recibido de Bachiller, inició sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, donde cursaba la carrera de ingeniero. Fue en ese año de 1901 que, después de varios intentos fallidos, se lograba crear, dentro de esa Facultad, la Escuela de Arquitectura.

El arquitecto Alejandro Christophersen -uno de los impulsores de la nueva Escuela- convenció a José Estévez de inscribirse en Arquitectura, y seguir esos estudios en primer término, para luego continuar con los de ingeniería.

Es así que obtuvo el título de Arquitecto en 1901 y el de Ingeniero en 1902. Sus compañeros de la carrera de Ingeniería fueron luego figuras destacadas, como el cardenal Copello, Tristán Achával Rodríguez y Agustín P. Justo, que llegó a presidente de la Nación.

En Arquitectura mantuvo una intensa amistad con el también futuro arquitecto Adolfo Gallino, cursando, junto a Alberto Coni Molina -quien llegaría a presidente de la Sociedad Central de Arquitectos y uno de los últimos impulsores del academicismo de raíz francesa-.

Recibido junto con Gallino, ambos emprendieron un viaje por Europa, que se prolongó por dos años, durante el cual recorrieron y admiraron las capitales de aquel continente y las obras urbanísticas que influenciaron a José durante toda su carrera.

Al volver al país, José se dedicó inmediatamente al ejercicio de la profesión, ya fuera en cualquiera de sus especialidades. En 1904, fue nombrado en Obras Sanitarias de la Nación, en donde dejó sentado su buen nombre, habiendo desarrollado un formidable plan de obras. Era justamente el momento en que, bajo la gestión del ingeniero Villanueva, se expandieron las redes de agua y de saneamiento en varias de las capitales provinciales.

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Tapa de la Revista Municipal del mes de Julio de 1936, donde se lo ve a Estévez abriendo la Avenida 9 de Julio, y retrato del mismo(3).

Al mismo tiempo trabajaba en su estudio particular con su amigo y socio, el correntino Adolfo Gallino. Realizaron distintos proyectos en la ciudad de Buenos Aires, entre los que destaca la sede de La Caja Nacional de Jubilaciones y Pensiones, ubicada en la esquina de Ayacucho y Córdoba.

Desde Corrientes, la hermana de Gallino le encargó al estudio el proyecto y construcción de una vivienda, cuya ejecución comenzó alrededor de 1912. Durante el transcurso de esa obra, José conoció a quien sería su futura esposa, Josefina Ferré Gallino, sobrina de su amigo y con quien contrajo matrimonio en 1918.

La ceremonia se realizó en casa de la novia, con el proyecto ya materializado, una residencia de grandes dimensiones, que se transformaría, años después, en la sede del Jockey Club de la ciudad de Corrientes.

Cuando se casaron, José tenía 38 años y Josefina 28, y del matrimonio nacieron cuatro hijos, siendo el tercero -José Faustino- quien siguió la carrera de arquitecto como su padre y que luego imitaron su hija Josefina y su nieto Mariano.

El estudio Estévez-Gallino realizó, en la ciudad de Corrientes, varias casas particulares (entre ellas la actual Facultad de Derecho de la UNNE), sucursales de bancos y otros temas, destacándose entre ellos el proyecto presentado al concurso para la construcción del Teatro Vera, aunque su diseño no resultó el elegido.

A la vez, hacia 1910, proyectaron el pabellón de la Provincia de Corrientes en la Exposición Industrial del Centenario.

Regresado a Buenos Aires, en 1917, ingresó en las oficinas técnicas de la Municipalidad, donde desempeñó varias funciones, hasta lograr el nombramiento como Director de Obras Públicas, cargo que ejerció hasta el día de su muerte.

Su vasto conocimiento, su rápida concepción, su imperiosa y constante dedicación por resolver los problemas edilicios en sus múltiples aspectos, hizo que su dirección marcara una etapa brillante en la Dirección de Obras Públicas, particularmente bajo las intendencias de Carlos Noel, Mariano de Vedia y Mitre, o con la acción de Amílcar Razori y Atilio Dell’Oro Maini.

Estévez abordó esta tarea municipal desde diversos planos. Su trabajo “Conexión de caminos a Buenos Aires” mereció la aprobación del 2do. Congreso Nacional de Ingenieros, en 1929, pero, a la vez, presidió el jurado del Concurso Municipal de Edificios Privados desde 1938.

Por la responsabilidad de las funciones que le cupieron, integró numerosas comisiones en carácter de representante municipal. Entre ellas, la Comisión “Pro-Aeropuerto de Buenos Aires”, conjuntamente con el contraalmirante Marcos Zar, el brigadier Zuloaga y el ingeniero Ernesto Baldassari; la Comisión del “Traslado del Zoo”; la Comisión “Urbanización de la Boca”; y otras más complejas, como las del Bañado de Flores.

En su tarea gremial debe señalarse que fue socio fundador del Club Ciudad de Buenos Aires, y electo su primer presidente, cargo que desempeñó en varias ocasiones. En el mencionado espacio social fundó la colonia de vacaciones para niños carenciados de la zona e instaló la pileta de natación y el gimnasio.

Intervino en numerosas obras de arquitectura para la ciudad, como los hospitales Fernández, Argerich, Santojanni y la Maternidad Mouras. Sin embargo, su papel preponderante se focaliza en las grandes obras de intervención urbana que se concretaron en la época: bajo su explícita responsabilidad, se ejecutaron las obras de la Costanera Norte, se terminó la Costanera Sur, se construyó el Obelisco, se procedió a la apertura de la avenida 9 de Julio, de la avenida Coronel Roca y se ejecutaron los ensanches de las avenidas Santa Fe, Corrientes y Belgrano, entre otras. Se realizaron también las obras de las líneas de subterráneos Constitución-Retiro y la de Federico Lacroze.

Cabe destacar que la concreción de la Costanera Norte se realizó en tres meses, como la del Obelisco, plazo que el entonces intendente Mariano de Vedia y Mitre había fijado para las construcciones en el receso del Concejo Deliberante.

Así, mientras se trabajaba de día y de noche para cumplir con los plazos dispuestos, Estévez, como Director, pasaba todo el día recorriendo las obras, como recordaban sus hijos.

La concreción de los túneles para las líneas de subterráneos, realizados en tiempos que parecerían impensables para la Argentina actual, también fue un desafío para este arquitecto-funcionario.

La apertura de la avenida 9 de Julio, verdadera obra maratónica, necesitaba asimismo una dirección técnica precisa y una férrea voluntad para llevar adelante los trabajos que presentaban innumerables obstáculos de orden teórico y práctico (baste recordar la oposición del ministerio de Obras Públicas, que construyó su edificio dentro de la traza de la nueva avenida).

Otro tema de la gestión de Estévez fue la solución del problema de las zonas bajas de la ciudad, bajo los aspectos del saneamiento y la urbanización. Concretamente, las obras en la Boca, Belgrano y Flores, apuntaban a paliar las carencias de una ciudad que ya veía cómo se iba consolidando una periferia que las migraciones de los años subsiguientes vendrían a densificar.

A Estévez la muerte lo sorprendió el 17 de Diciembre de 1942, trabajando en el proyecto de urbanización del Bañado de Flores, tarea que realizaba, ya enfermo, desde su casa, hasta agotar su último aliento, mereciendo el reconocimiento y la aprobación unánime de la Comisión Mixta de Niveles.

Como hombre público se destacó por su honradez y hombría de bien. En la ciudad de Buenos Aires se lo recordó al momento de su desaparición como uno de los más honorables funcionarios que tuvo la Municipalidad.

Probablemente, vinculado a algunas de las obras urbanas más importantes del Buenos Aires del siglo XX, José Estévez, un arquitecto honrado y capaz, permanece en el anonimato como un funcionario que sabe que su mejor recompensa es haber mejorado la calidad de vida de su ciudad.

Nota

(1) Material extraído del libro "Gallino-Estévez. Arquitectura en Corrientes", editado en Diciembre de 2012. La autora de la nota es la arquitecta Josefina Estévez.

(2) Fotografía extraída de la obra “Gallino-Estévez. Arquitectura en Corrientes”, editada en 2012, dirigida por el arquitecto Ramón Gutiérrez.

(3) Fotografía extraída de la obra “Gallino-Estévez. Arquitectura en Corrientes”, editada en 2012, dirigida por el arquitecto Ramón Gutiérrez.

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