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La educación en Corrientes. Período 1588-1810

En el largo período que va desde 1588 a 1852, puede rastrearse, a través de la documentación existente, la preocupación de laicos y religiosos por la educación co­mún(1).

(1) Elvira Fernández de Demarchi. "La educación en Corrientes (período 1588-1810)", nota publicada en el fascículo Nro."Corrientes en la cultura nacional", de la publicación "Todo es Historia", dirigida por Félix Luna, en Abril de 1986.

Es así que a siete años de la fundación de la ciudad de Vera, provincia del Paraná y del Río de la Plata(2), Juan Romero, S.J. gestiona ante el Teniente de Gobernador, capitán Alonso de Vera y Aragón, la fundación de un Colegio, ante circunstancias adversas que habrían de demorar en casi un siglo, el establecimiento de la Compañía.

(2) Federico Palma. "Los jesuitas intentaron establecerse en Corrientes en 1595", en: diario “El Litoral”, Corrientes 24 de Febrero de 1968.

Dos años después, otro documento hace referencia a la enseñanza profesional de menores(3) y en 1602, el Procurador de la Ciudad, Pedro Alvarez Gaitán, se dirige al Cabildo “manifestando la conveniencia que en la ciudad haya maestro de escuela”, lo cual se concreta en la sesión del 10 de Marzo de 1603, con la designación de Ambrosio de Acosta(4) vecino feudatario, conocido por su hombría de bien, su moralidad y preparación intelectual(5).

(3) Hernán Félix Gómez. “Homenaje a fray José de la Quintana” (1917), Corrientes.
(4) Academia Nacional de la Historia. “Actas Capitulares de Corrientes, 1588-1646” (1941), Buenos Aires. Archivo Histórico de Corrientes.
(5) Nelly E. Leguizamón Sanz de Gamarra. “Ambrosio Acosta (el primer maestro criollo)” (1968), en: Revista de la Junta de Historia de Corrientes, Nro. 3.

A tal designación continúan las de Rafael Farel (1608), Marcos de Espinosa (1634), Pedro de Mesina (1637), Tomás de Zárate (1641), Francisco Gómez (1656), Juan de Salinas (1665), Matías Gómez de Irala (1666), Pedro de Irala (1676), Isidro de Baldenebro (1679), Pedro de Alarcón (1682), Antonio López (1686), mientras que concluidas las tratativas con el P. Sebastián de Toledo, entraba en funcionamiento el Colegio de los jesuitas (1691).

A cien años de la fundación, en repetidas ocasiones se había solicitado a los padres el envío de sus hijos “a las escuelas para que los enseñen” obligatoriedad comprendida entre los siete y los catorce años (1643), designándose incluso a uno de los miembros del Cabildo como supervisor de escuelas.

Las Actas capitulares contienen también expresiones referidas a la disciplina (1656), a métodos y demonios de trabajo (1674), preocupación por la educación rural (1683), y hasta una orden de los padres de no cambiar a sus hijos de escuelas porque en la perseverancia consiste el logro (1689)(6).

(6) Federico Palma. "La enseñanza en Corrientes durante la época colonial" (1970), Boletín de la Academia Nacional de la Historia, volumen XLIII.

Parte de la documentación referida a la educación correntina en el siglo XVIII, enfrenta al estudioso con un problema casi exclusivo: la preocupación del Cabildo por el desinterés de los niños en concurrir a la escuela(7).

(7) Manuel Florencio Mantilla. "El Cabildo de Corrientes y la enseñanza pública", en: "La Escuela" (1912-13), tomo II, Consejo Superior de Educación, Corrientes.

La expulsión jesuítica (1767) agudiza los problemas paliados en parte por la función docente asumida por algunos franciscanos a instancias del regidor Sebastián de Casajús (1769), mientras que a nivel oficial, el Oficio del gobernador del Río de la Plata Juan José de Vértiz y Salcedo al maestre de campo Juan García de Cossio (1771), resolvía encargar de la enseñanza a la Junta de Temporalidades, ardua tarea para una época en la que “no funcionaba escuela oficial alguna”(8).

(8) Federico Palma. "La enseñanza en Corrientes durante la época colonial" (1970), Boletín de la Academia Nacional de la Historia, volumen XLIII. Archivo Histórico de Corrientes - Consulta de Referencias Bibliográficas.

Con el objeto de proveer maestros a escuelas de primeras letras y gramática convocó ésta a un concurso de oposición en Octubre del mismo año, pero una nueva carta de Vértiz (3 de Diciembre de 1771), negará a los correntinos la posibilidad de educarse en Corrientes, ya que el aula de Gramática se abrirá en Buenos Aires. Y entre protestas y trámites, recién al cabo del año, comenzarían sus clases los ganadores del concurso, los hermanos Gregorio y Urbano de Araujo (1772).

Las Actas dan cuenta de nuevas designaciones, renuncias por enfermedad, por apremios económicos, cierre del aula de Latinidad por la poca asistencia de alumnos, hasta que en 1795, el Cabildo reasume la función educativa, aunque a pesar de sus reclamos ante el virrey, marqués de Avilés (1779) verá suprimida la escuela de primeras letras.

Triste final de los tiempos coloniales, alumbrados casi exclusivamente por la escuela de fray José de la Quintana y la campaña creada por Decreto del gobernador José de Andonaegui.

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