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Algunas figuras médicas que contribuyeron a la cultura nacional

Por Romilio Pablo Monzón

 

La Cultura Nacional también recibió la contribución de los médicos correntinos, con el sello especialísimo de trascender las fronteras de lo puramente técnico.

El primero en el tiempo fue Juan Ramón Fernández, obstetra de neta formación parisiense; contemporáneo de Pasteur, a cuyas doctrinas -entonces novísimas-, adhirió, trajo al país las nociones de asepsia en el parto y las puso en práctica.

Pero su labor más conocida la desarrolló en los campos político y educativo. Fundó el Instituto Nacional del Profesorado Secundario y la Escuela Nacional de Profesores de Lenguas Vivas.

Fue, además, el propulsor de las Escuelas Regionales de maestros y profesores, cuatro en total, una de las cuales ubicó en la Capital de Corrientes.

Domingo Cabred y José T. Borda fueron pioneros de la moderna Psiquiatría en nuestro país. Para justipreciar su obra debemos considerar que hasta mediados del siglo XIX regía la concepción poco menos que demoníaca de las enfermedades mentales, sin parar mientes en que estaba alterado lo más específicamente “humano” del funcionamiento orgánico.

Se acercaron, pues, a afrontar las desviaciones de las energías que propulsan o inhiben las conductas, y atender a las complicadas actitudes, creativas o regresivas, que caracterizan al ser enfermo de sus facultades mentales.

Otra fue la orientación en el tratamiento y la asistencia del paciente mental, y dos importantes establecimientos nacionales llevan sus nombres.

David Speroni y Mamerto Acuña, semiólogo eminente el primero, y lúcido pediatra el segundo, llegaron a sus respectivas cátedras en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, creando y difundiendo conocimientos que sirvieron a la formación de muchas generaciones de alumnos, asentando sobre una cordial relación la sabiduría de escuela.

Alfredo Lanari, ilustró con su talento la cátedra de Radiología de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, formó una legión de discípulos y dejó una valiosa obra científica, que desaparecido el maestro, mostró el efecto multiplicador de sus enseñanzas.

Miguel Sussini, como Acuña, oriundo de Alvear -el pueblo correntino recostado sobre el río Uruguay-, y como él también egresado del Colegio Nacional “General San Martín” de Corrientes, realizó sus estudios universitarios en Buenos Aires.

Una vez graduado, fue discípulo de Posadas y de Pascual Palma en nuestro país, e hizo honor a toda una pléyade de brillantes cirujanos. Continuó sus estudios en Europa, sobre todo en Berlín y París, entonces capitales del mundo científico médico, y en ambas ciudades nutrió su formación con la severidad de la formación alemana en Patología, con las sutilezas clínicas francesas, y la elegancia de las maniobras operatorias, todo lo cual lo con­virtió en el sobresaliente cirujano con sólida formación básica, a lo que sumaba un adiestramiento clínico de primera línea.

Sus apetencias intelectuales distaban de saciarse con la medicina; por eso estableció contactos con el mejor pensamiento filosófico alemán del momento, que contribuyó a modelar su recia personalidad.

Vuelto a Buenos Aires, fue Jefe de Cirugía en el “Hospital Alvarez”, y profesor adjunto de Clínica Quirúrgica; contribuyó a fundar la Sociedad de Cirugía de Buenos Aires, antecesora de la actual Academia Nacional de Cirugía, y fue su primer secretario, funciones desde las cuales apuntaló el desarrollo de la cirugía organizada en el país.

Electo diputado nacional por Corrientes, la que presidió con ecuanimidad y prudencia, con la aquiescencia de toda la Cámara. Fue también presidente del Departamento Nacional de Higiene, equivalente del actual Ministerio de Salud Pública, y se recuerdan sus famosas batallas sanitarias contra la lepra, en una época felizmente superada, en que el único éxito dependía del aislamiento y del aceite de chalmugra.

La Sociedad Argentina de Cirujanos lo designó Cirujano Maestro, distinción que la entidad acordaba a los especialistas en cirugía que se habían distinguido y esta­ban ya retirados de su práctica activa.

Su ancianidad la pasó en su Provincia natal, donde recibió el homenaje de los cirujanos argentinos, en noche memorable. Aún siguió impartiendo enseñanzas hasta su muerte, y fue indirectamente el inspirador de la actual Facultad de Medicina de Corrientes.

Más cercanos en el tiempo, se destacaron Oscar P. Aguilar, en Tisiología, especialidad que cultivó con ahínco y con amor, llegando a ser titular de la cátedra respectiva de la Facultad de Medicina, en Buenos Aires. Igual campo de acción tuvo Isidro Castillo Odena, distinguido traumatólogo que fue profesor adjunto de la especialidad.

En Rosario, Oscar R. Maróttoli, graduado en Buenos Aires y especializado en Bolonia, en el famoso “Instituto Rizzoli”, bajo la dirección del genial Putti, llegó a la cátedra de Ortopedia y Traumatología, en la Facultad de Medicina de Rosario, donde también ejerció el Decanato.

Raúl Cayetano Nicolini, discípulo de José Arce, fue un docente destacado formado al lado de su maestro y, luego en París, donde se especializó en Oncología.

Vuelto a Buenos Aires, desempeñó la Dirección del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina, al mismo tiempo que la tarea docente de la cátedra de Clínica Quirúrgica. Por razones políticas abandonó el cargo y el ejercicio activo de la profesión y se radicó en Corrientes, donde más tarde fue presidente de la Comisión Promotora de la Universidad Nacional del Nordeste, luego Decano de su Escuela de Medicina, y en la que desempeñó finalmente el cargo de Profesor Titular por concurso y decano por elección de los tres claustros.

Fue Director Organizador del Centro de Oncología de Corrientes, que fue en su momento punto de referencia en la lucha contra el cáncer de toda la zona.

Debe añadirse que todas las funciones las desempeñó honorariamente.

Todos estos médicos bebieron en las propias fuentes sus conocimientos técnicos y las ideas filosóficas y artísticas que los informaban, fieles a la formación inicial e integral del intelecto que fue, durante muchos años, la tónica de la enseñanza del Colegio Nacional “General San Martín”. Por eso se destacaron no sólo en la actividad médica sino en las múltiples direcciones en que orientaron sus vidas, dando razón a Letamendi, quien aseguraba que “el que sólo sabe medicina, ni medicina sabe”.

 

Nota

“Algunas figuras médicas que contribuyeron a la cultura nacional”, por Monzón, Romilio Pablo - Nota aparecida en el fascículo 4 “Corrientes en la cultura nacional”, de la publicación “Todo es Historia”, colección dirigida por Félix Luna.

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