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ARTESANIA Y SANTORAL PROFANO

Como resultante de la fusión del arraigado espíritu piadoso de que venían poseídos los descubridores hispánicos y la innata predisposición de los nativos para concebir manualidades, floreció en el área guaranítica durante el siglo XVIII la actividad imaginera que, desde sus remotos orígenes, viene despertando encendidas polémicas en el sentido de si estamos en presencia de una simple artesanía o de una magnífica expresión artística(1).

(1) “Corrientes entre la leyenda y la tradición”, por Emilio Noya, - Nota aparecida en el fascículo 7 “Corrientes entre la leyenda y la tradición”, de la publicación “Todo es Historia”, colección dirigida por Félix Luna, en Octubre de 1987.

A menudo tildadas de ingenuas y primitivas, las imágenes de vírgenes y santos de devoción de esa procedencia exhiben, empero, ciertos rasgos en su manufactura que compensan con creces dichas imperfecciones, logrando conmovedor realismo, acentuado mediante el eficaz empleo de ojos de ágata, cabelleras naturales y coronas de auténticas espinas.

Anuladas las doctrinas jesuíticas del Alto Paraná en 1767 por orden del entonces gobernador Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa, las tallas existentes en capillas y oratorios quedaron expuestas a la dispersión y saqueos indiscriminados.

No obstante, gran parte de ese maravilloso patrimonio pudo salvarse merced al celo puesto en evidencia por personas devotas, quienes lograron recuperarlo para la posteridad.

Así es cómo desde tiempos coloniales pueden admirarse numerosas obras de la estatuaria sacra, erigiéndose por valores intrínsecos o circunstanciales que rodearon a sus apariciones en distintos lugares del territorio provincial, en verdaderas reliquias artísticas e históricas.

Discípulos de los primeros tallistas, los imagineros que les suceden continuaron empleando en Corrientes el modelo de aquéllos, al adoptar las tres técnicas usuales para esculpir figuras sagradas, a saber: talla completa, tela encolada e imagen de vestir.

Las primitivas consisten en el labrado íntegro de las piezas, mientras que en el segundo ejemplo, el artífice ejecuta cabeza y miembros, insinuando las formas del cuerpo cubierto con yeso o cola moldeados en caliente.

Al tercer grupo conciernen las que presentan cabeza y miembros unidos a un tosco caballete disimulado por suntuosos atavíos de seda o brocatos, labores reservadas para las mujeres, quienes ponían tal esmero y dedicación en sus trabajos, mereciendo que el vulgo acuñara la intencionada frase “quedar para vestir santos”.

El material empleado en la imaginería por talla se obtenía talando bosques naturales de la región, utilizándose desde las maderas más blandas y quebradizas hasta aquéllas que por su dureza tornaban difícil la tarea.

Respecto a las herramientas estiladas, menciona el Padre Guillermo Furlong S. J. una gubia, que es un formón delgado de media caña, dos escoplos (uno mayor y otro menor), además de una cuchilla en forma de V, utensilios que fueron reemplazados por cortaplumas, sierras, limas, lijas y una pequeña hoja de metal con mango de madera, bautizada por los artesanos locales con el nombre de “tallador”.

Las obras se comenzaban por la cabeza, porque allí encuentran el módulo o compás, medida reguladora equivalente a la distancia entre el nacimiento del cabello y la barbilla.

Nueve compases tenía la figura humana, dos desde el hombro al codo y otros dos desde éste hasta los nudillos. El pie era la novena parte de la altura del cuerpo, la mano medía un compás de largo y medio compás de ancho.

Al rostro lo dividían en seis partes, dos de las cuales correspondían a la nariz, medía el ojo una parte y dos la boca y orejas. La pintura de tonalidad subida desmereció en ocasiones los valores estéticos de las tallas, aunque en general la expresividad de ciertas imágenes del santoral religioso ha sido destacada con el inteligente empleo de los colores.

Tal el caso de los Cristos, en que la profusión de manchas escarlatas confería singular dramatismo a las sagradas heridas.

 Decadencia de la santería popular correntina

Pese al auge de la santería popular correntina, ya no quedan cultores de la centenaria manualidad. Desalentados por la desigual competencia que significó la producción seriada de imágenes de yeso o metal fundido, los últimos artífices de añeja estirpe misionera empezaron a desaparecer.

Si a la masificación industrial añadiéramos la marcada indiferencia de personas piadosas, dejándolos librados a su propia suerte, tendremos un panorama cierto del estado actual de la artesanía en el medio.

No obstante, algunos ejemplos aislados se ven impotentes para revitalizar los merecimientos de una actividad sumida en el ocaso. Sin embargo, Corrientes es reservorio inagotable de valiosas tallas atesoradas en sitios dedicados al culto, museos y domicilios particulares, donde se respira el clima del verdadero arte.

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