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Pombero (Pombéro, Kuarahy Jára o Mascadita)

por Guillermo Perkins Hidalgo 

 

El Pombéro o Pomberito, como lo llaman cariñosamente, es el más popular de los duendes correntinos, en todo el rancherío de la cuenca de la laguna Iberá (Yvera). El también está en las conversaciones, en las coplas, en los refra­nes y en los cuentos.

Es bajo y for­nido, yendo siempre cubierto con su infaltable y gran sombrero de paja. Es tan enamorado y lascivo como el Kurupi. Tiene los pies velludos y no hace ruido al caminar, por eso lo llaman pyrague (espía, delator, soplón, sabueso), nombre que ha pasado a los políticos auto­nomistas o colorados.

Se dice que el Pombéro es un fiel amigo, en el que se puede confiar ciegamente en cualquier momento de necesi­dad. Como es un gran fumador y le gusta chicar o mascar tabaco, para tenerlo siempre contento, hay que dejarle a la noche y en cualquier lugar del exterior, como ser una ventana, sobre un poste de alambrado, etc., un naco de petỹ, cigarros de hoja o, en último caso, cigarrillos. Por eso se lo llama tam­bién Mascadita.

Le agrada sobre todo el petỹ o tabaco negro. Di­ce bien, Pedro Inchauspe: “Tener propicio al señor de las pájaros, es contar con el más seguro paje o amuleto de buena suerte. Su amis­tad se mantiene con ofrendas, y entre éstas, ninguna le place tanto como la de un poco de tabaco negro, para masticarlo al uso correntino. De esa costumbre se deriva el apodo de Mascadita que le dan al Pombéro los isleños y marisca­dores -cazadores furtivos- de la laguna Yvera y otras regiones veci­nas”.

El Pombéro es un duende pro­teico. Puede transformarse en un ave, en un tronco que flota, en cualquier cosa. Tiene el don de ha­cerse invisible, y penetra en los ranchos por cualquier rendija. Su modo de anunciarse es espiando, como un pollito, pero imita per­fectamente el canto de todos los pájaros.

Por temor a que se mani­fieste, algunos sólo lo nombran en voz baja, aunque tiene también sus adeptos que aseguran tener pacto y conversar con él. Duerme en las taperas y en los hornos abandona­dos. Hipnotiza a las jóvenes que desea poseer, por eso el pueblo suele decir, cuando hay un naci­miento sospechoso de padre des­conocido: ¡Seguro que fue el Pombéro!

A propósito de la predilección que el Pombéro siente por las mu­jeres, se asegura en Corrientes que éste se enamora de las que están embarazadas y que llevan en su vientre un fruto femenino. Ellas dicen que saben con seguridad si es una mujer la que van a dar a luz, pues sienten, desde los primeros meses, que el Pombéro las acom­paña cuando andan por la oscuri­dad, o cuando duermen.

Escuchan con absoluta claridad su piar suave. Tanto está bajo la cama, co­mo pasa antes que ella, cuando la mujer sale de la casa. Siempre es­tá a su lado cuidándola, protegiéndola, y muchas veces se las oye quejar diciendo que el constante piar del Pomberito bajo la almoha­da les ha impedido dormir...

Entre los araucanos hay tam­bién un Pombéro, llamado Peuken, que persigue a las mujeres. Es igualmente un duende bajo y lasci­vo, que pertenece a las regiones boscosas de los hacheros de Chi­le.

Como San Antonio y el Negrito Pastorero del folklore de Brasil, el Pombéro interviene también en la búsqueda de los objetos perdidos, por eso se oye decir:

¡Pomberito, Pomberito si me haces encontrar... (aquí el nombre del objeto perdido) yo te ofrezco un tabaquito!

Esta promesa debe ser cumplida, para evitar que el Pom­berito se enoje, ya que su disgusto es de cuidado...

El nombre guaraní del Pombe­rito es Kuarahy Jára o Dueño del Sol. Es el guardián del monte. El duende de las pesadas siestas correntinas. El protector de los pájaros. Sobre todo en el campo, y cer­ca de los lugares frondosos y bravíos, el Kuarahy Jára o Dueño del Sol, el Pombéro, contribuye en mucho a mantener la tranquilidad hogareña, ayudando a los padres en la buena formación de sus hijos.

Este póra persigue y rapta a los niños que se alejan de sus ca­sas durante la siesta, aprovechando el sueño de sus padres, para ha­cer sus primeras picardías, hasta las de índole sexual, castigando con predilección a los que tienen la costumbre de matar a los pája­ros que embellecen la existencia con sus cantos y colores.

La creencia en la realidad del PombéroMascadita o Kuarahy Jára constituye un verdadero dique para las travesuras infantiles. Los padres se sirven de él como de un misterioso y terrible policía del campo.

Hay en nuestra fauna un her­moso pajarito de color rojo vivo, que también se llama kuarahy jára o brasita de fuego. Se han ocupado de este duen­de, Juan B. Ambrosetti, Eloy Fa­riña Núñez, Ernesto Ezquer Zelaya, Pedro Inchauspe y otros.

 

Nota

“Leyendas y supersticiones del Iberá. Origen de los bienes culturales”, por Perkins Hidalgo, Guillermo - Nota aparecida en el fascículo 7 “Corrientes entre la leyenda y la tradición”, de la publicación “Todo es Historia”, colección dirigida por Félix Luna, en Octubre de 1987.

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