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Timbó (Kamba nambi)

 Timbó. (Timbo, aguda y sin acento)

 

Con este nombre tenemos un arroyo y un paso, en el Departamento Santo Tomé; un bañado, en el Departamento Alvear; un paso y un vado, en el Departamento San Luis del Palmar.

Ello demuestra la dispersión de este árbol, conocido también con el nombre de kamba nambi (oreja de negro), por la forma de su vaina.

Es de madera muy liviana, que se utiliza para fabricar bebederos, bateas y utensilios menores y vasijas.

Posee sustancias saponificantes.

Es una Leguminosa de la especie Enterolobium timbouba.

 

Bibliografía:

Material extraído de la obra “Toponimia guaraní de Corrientes”, del profesor José Miguel Irigoyen, editado por el Instituto de Antropología “Juan B. Ambrosetti” de la Universidad de Concepción del Uruguay (Entre Ríos), en 1994.

 

Kamba nambi

 

por Guillermo Perkins Hidalgo

 

Kamba nambi, así se designa, por la siguiente leyenda, a la semilla del timbó.

A la vera de una inmensa selva se alzaba el rancho de un honrado leñador que vivía allí acompañado de una niña de corta edad, que era todo el tesoro que su difunta esposa le había dejado como herencia.

Aquel hombre, que era un bizarro negro, la cuidaba con abnegación y trabajaba feliz a su lado, porque la niña le correspondía con igual fervor.

Una tarde, misteriosamente, su hijita desapareció del lugar, perdida acaso en la espesura. El negro quedó como enloquecido. Fue tanta su desesperación de padre, que el pobre comenzó a correr sin miedo, día y noche, por entre las malezas, llamando a la niña de su corazón y acostándose, de trecho en trecho, con el oído pegado al suelo, para poder percibir mejor el retumbe de los tiernos pasos de su adorada compañerita.

En esta actitud, le sorprendió la muerte; ya rendido por el cansancio de una incesante búsqueda, después de haber recorri­do vanamente casi toda la inmensa selva, que se extendía junto a su rancho.

Entonces, Ñandejára, como recuerdo del leñador caído, hizo brotar de su cuerpo el árbol del timbó.

El grueso tronco de esta especie de nuestra flora, resistente y liviano, ya usado por los indios, para tal trabajo, se sigue utilizando todavía para fabricar las embarcaciones monóxilas, como las canoas o piraguas.

La semilla tiene el color y la exacta forma de una kamba nambi u oreja de negro. Por eso se la llama así, de acuerdo a la leyenda que rodea al árbol del timbó.

Con ella, el saber popular prepara un cocimiento que es especial para quitar las manchas de la ropa. La semilla del timbó es el quillay del correntino pobre de campo.

 

Informante: Epifanio Rojas, cazador, 50 años. Colonia Galarza, costa del Iberá, Departamento Santo Tomé.

 

Nota

“Leyendas y supersticiones del Iberá. Seres metamorfoseados”, por Perkins Hidalgo, Guillermo - Nota aparecida en el fascículo 7 “Corrientes entre la leyenda y la tradición”, de la publicación “Todo es Historia”, colección dirigida por Félix Luna, en Octubre de 1987.

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