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Ysypo

por Guillermo Perkins Hidalgo

 

El recio indio Yvyra pytã amaba con locura a Ka’avoty, la más bon­dadosa joven de la tribu que go­bernaba su anciano padre. Un día éste le dijo a Yvyra pytã:

- Desde hoy en adelante, tú serás aquí el cacique. Yo ya estoy viejo, y debo descansar. Lo único que te pido, es que te cases con Ysypo.

- Todo lo haré, todo lo haré, padre mío; pero no puedo casarme con la hermosa Ysypo, porque amo locamente a la dulce Ka’avoty.

- Si no te casas con ella, dentro de tres lunas, te despreciaré para siempre ante toda la tribu.

El pobre Yvyra pytã decidió hablar con Ysypo, para confesarle su amor por Ka’avoty y pedirle que intercediera en su favor ante su padre; Ysypo lo escuchó un rato en silencio y después dijo, con mal­dad y despecho:

- Yo te amo, Yvyra pytã. Eres hermoso, y no permitiré que seas de otra mujer. Mi aliado es Aña, y por él juro que no serás de Ka’avoty.

Yvyra pytã salió de allí, desespe­rado, y empezó a caminar sin rum­bo. Por fin, después de mucho me­ditar, fue a ver a Ka’avoty, la tomó en sus brazos y le dijo:

- Vamos hacia la dicha o ha­cia la muerte. Tenemos que huir de aquí.

- Yo no tengo miedo, si tú me llevas. Vamos adónde quieras, le respondió ella con decisión.

Pero la maligna Ysypo no se había quedado quieta; imploró la asistencia de su aliado Aña, y siguió de cerca la secreta marcha de la pareja enamorada, bajo los altos árboles de la tupida selva guaraní.

Cuando Yvyra pytã se dio cuenta de ello, echó a correr con su preciosa carga en los brazos. Anduvo así un largo rato y de pronto se detuvo, como paralizado, con las piernas maneadas por extraños lazos. Comprendió entonces, con es­panto, que los tres se estaban transformando en plantas del bos­que; dio un grito, que hizo estreme­cer a las fieras y a los pájaros, y ya no vio después absolutamente na­da.

El juramento de la encantadora, como perversa Ysypo, se había cumplido: “No permitiré que seas de otra mujer”.

Aña, el diablo, había escuchado sus ruegos; tal es la leyenda que aureola la vida vegetal de las tres especies nombradas.

 

Otra leyenda

 

* Hay otra leyenda relativa a es­ta planta y a su especial virtud co­mo contraveneno.

Ysypo y Ñandurie eran dos en­cantadoras hermanas guaraníes, que vivían muy felices, en compañía de su anciano padre. Las dos se enamoraron una vez de un vigoroso indio joven, llamado Aguape, que hallaron casi mori­bundo, en la costa de un río cerca­no, y que ellas consiguieron reani­marlo con algunos masajes y varios tragos de aguardiente de maíz o avati.

Como el joven estaba ena­morado de otra mujer, y no podía corresponder a ninguna de las dos hermanas, Ñandurie le preparó un poderoso veneno y se lo dio a be­ber. Ysypo fue a verlo con la gene­rosa intención de salvar su vida, pero como él no podía quererla, se alejó de su lado con amargo des­pecho.

Ella era la única que podía salvarlo, porque poseía el secreto de vencer los males. En eso estaba, cuando Ñandejára los transfor­mó a los tres. Creó para ello dos nuevas plantas y un nuevo animal terrible, la víbora, que hoy se cono­ce con el mismo nombre de la per­versa hermana de Ysypo.

La Ñandurie es una de las víbo­ras más venenosas que existen en la fauna de la región. Como contra­veneno a su picadura, en el campo se recomienda principalmente el ysypo, el tabaco negro, el llantén y el sapirangüy.

El aguape o camalote es tam­bién una planta medicinal y benéfi­ca, tal como era y se llamaba el in­dio de la leyenda, que ella recuerda en la sucesión del tiempo. Con sus hojas humedecidas, se corta la fiebre y se cura la insolación, apli­cadas de rato en rato sobre la fren­te del atacado.

Aprovechadas en infusión, las hojas del aguape sir­ven igualmente como sedativo pa­ra los dolores en general.

El Yvyra pytã, árbol colorado, o cañafístula, es una frondosa planta, de madera dura y útil para la construcción.

Se da el nombre de ka’avoty (huerta), a una plantita rastrera, de hermosas flores perfumadas, que crece en las orillas de los arro­yos y se suele cultivar en los jardi­nes como adorno.

Informante: Juan Pío Monzón, 85 años. Colonia Carlos Pellegrini, Departamento San Martín.

 

Nota

“Leyendas y supersticiones del Iberá. Seres metamorfoseados”, por Perkins Hidalgo, Guillermo - Nota aparecida en el fascículo 7 “Corrientes entre la leyenda y la tradición”, de la publicación “Todo es Historia”, colección dirigida por Félix Luna, en Octubre de 1987.

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