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Cuervo

por Guillermo Perkins Hidalgo

 

El cuervo, el yryvu, era un gaucho muy comilón de carne, que un día de miseria salió de su casa en busca de alimento.

Anduvo y anduvo, hasta que encontró una osamenta; como tenía mucha hambre probó la presa y le gustó.

El mozo comió todo lo que quiso. Sació bien su apetito con la carne pútrida y se tendió después a dor­mir tranquilamente, sobre el pasto, sin importarle el olor ni las moscas que lo rodeaban.

Cuando aquel gaucho despertó, ya no era el mis­mo. Su cuerpo estaba lleno de plumas negras, su boca era un largo pico, sus piernas tenían púas y uñas filosas...

Dios, que había con­templado con disgusto y asco su terrible banquete con la osamenta, lo ató para siempre a ella. Por eso es que dice el vulgo, cuando una persona sale de su casa y tarda mucho en volver, hizo como el cuervo, encontró una osamenta y se quedó.

Entre los cazadores hay una interdicción que ordena: No hay que tirarle al cuervo con la escopeta, porque su caño se humedece para siempre...

 

Nota

“Leyendas y supersticiones del Iberá. Seres metamorfoseados”, por Perkins Hidalgo, Guillermo - Nota aparecida en el fascículo 7 “Corrientes entre la leyenda y la tradición”, de la publicación “Todo es Historia”, colección dirigida por Félix Luna, en Octubre de 1987.

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