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La literatura correntina en el Siglo XX

por Bernardo C. Ranalletti

 

Este informe panorámico de las letras correntinas a partir de 1900, necesariamente debe ceñirse a una precaria enumeración de autores y obras. Sin pretender, dentro de esta precariedad, un in­ventario de tipo académico, sólo adelantamos algunas pautas de un trabajo mayor que estamos elabo­rando.

El lenguaje literario en sus di­versas categorías y niveles consti­tuye una medida universal para ponderar el paso de los pueblos a través de la Historia. ¿Qué queda de los guaraníes? El lenguaje, sus maravillosos mitos, leyendas y un puñado de poemas, milagrosa­mente salvados del olvido.

Los correntinos, descendientes de guaraníes y españoles, al filo del 1900 éramos ya un pueblo con defi­nido perfil personal en el mapa re­gional argentino. Esa personalidad propia, naturalmente dejó su refle­jo en una variada y dispersa litera­tura que, desde la fundación de Corrientes hasta hoy, no ha tenido una ordenada clasificación y mucho menos un razonado estudio crítico en perspectiva históri­ca.

Dejemos esta carencia y vaya­mos a nuestro tema.

En los diver­sos y dilatados dominios de la len­gua española, agotado ya el postromanticismo finisecular, junto al disconformismo socio-político, advino una etapa de severo pensa­miento crítico con la llamada gene­ración del 98. Y con la desnuda autocrítica irrumpió una corriente renovadora para la literatura es­pañola y americana: el modernismo, cuya trascendencia aún guarda muchas riquezas por revelar. Sacudimiento total que empezó desde América (José Martí - Rubén Darío) y abarcó to­do el ámbito de la lengua castella­na.

Aquí en la Argentina, Buenos Aires, centro universal de la maduración estética del Modernismo Li­terario, ascendían las estrellas de Darío, Lugones y Banchs. Mientras tanto, ¿Qué pasaba con la literatura de Corrientes?

Nosotros, los correntinos, a la sazón persistíamos, literaria y es­téticamente, con más de medio siglo de retraso, consecuencia na­tural del retraso histórico. Los mencionados vientos re­novadores, en los primeros 40 años del siglo XX, pasaron por aquí de largo y como desapercibi­dos. Nos referimos sobre todo al cuento, al teatro y a la poesía.

Co­mo en todo es necesario un princi­pio de ordenamiento, pasemos revista a los mojones más signifi­cativos que se plantaron en estos pagos en materia de novela, cuen­to, teatro, ensayo y poesía, sin entrar a considerar la oratoria, la investigación folklórica, el pe­riodismo especializado y otros aspectos importantes que deben te­nerse en cuenta en nuestra literatura.

 

La Novela

 

Desde 1900 y pasado más de medio siglo, siguió siendo pobre la novela en Corrientes, tanto desde el punto de vista del género como de sus cultores. En 1910, Eudoro Vargas Gómez pública una Monografía en la “Guía General de la Provincia de Corrientes” de Pedro Benjamín Serrano, titulada: “Breve noticia sobre trabajos escritos de correntinos”. Noticia valiosa por cierto. Refiriéndose a la novela dice: “Género literario aún no formado en Corrientes”.

De su interesante informe, toma­mos el siguiente dato: que un tal Manuel Ezper (Manuel Pérez), publica en 1902 “La Revolución Malezalera”, y en 1905 “Gobierno Rodriguista”, novelas cuyos per­sonajes y acciones pertenecen a la política y al ambiente de Corrientes. Pese al juicio del ensa­yista, pensamos que -después de 80 años- se impone una nueva lectura de esas obras, que presen­timos reveladoras.

En 1927, Benjamín T. Solari publica “El país de los Pinares”, novela de fondo histórico ambien­tada en las Misiones jesuíticas. Solari, célebre lingüista, no volvió, que sepamos, a tocar el género novelesco.

Posteriormente, Oscar Dalurzo, con su novela “Nace el patriciado”, vuelve a recrear tiempos históricos y auténticas estampas socio-políticas de la Provin­cia, según el autorizado juicio de Osvaldo Pérez Chávez.

Ernesto Ezquer Zelaya (1904-1952), es el primer autor im­portante en este tema. Con él se inicia, en forma madura, una corriente renovadora auténtica: La literatura folklórica, que sigue pu­jante hasta hoy. En 1940 publica “Poncho celeste, vincha punzó” y en 1943 “Payé”, tal vez débiles co­mo novelas, pero fuertes y ricas en tipos humanos.

En la década del ’40, Sara Sáenz Cavia de Morales Torres, con “Aparicio Altamirano, último ban­dolero correntino”, introduce en nuestra novelística, como tema central, el gaucho alzado, el que se “disgració” con la autoridad.

Pedro Meza Toledo, en 1953, da a luz en Editorial Corrientes, una larga novela titulada “Bajo el Sig­no de la Cruz” o “Plantas Sil­vestres”, que transcurre en am­bientes estudiantiles correntinos, con claras tendencias éticas y mo­ralizantes.

Velmiro Ayala Gauna (1905 - 1967), nuestra cumbre litera­ria en el cuento, se revela también como excelente novelista, con “Le­andro Montes” (1955), dejando dos inéditas: “Congreso de las Aca­cias” y “La Espalda”.

Darío Pintos, en 1957, publica una novela de trasfondo histórico: “El Paí pajarito”, más bien biografía novelada del célebre Francisco Regis Ortiz, soldado del general San Martín, granadero, compañero de Juan Bautista Cabral y luego legendario cura gaucho, participando en las largas luchas civiles de unitarios y fede­rales.

Gerardo Pisarello (1898), deca­no de los escritores correntinos vi­vientes; en 1965 da a conocer “Las Lagunas”, tal vez la mejor novela escrita en Corrientes. De profundo contenido social y humano, de­nuncia el paternalismo castrador y los inveterados vicios de la politi­quería tradicional, aún vigente en nuestro medio.

Renée del Castillo (1924), con “Hombres del Silencio” (1978), vuelve a jerarquizar la novelística regional, pulso firme y maestría en el oficio. En 1981, con “Una Flor en la Piedra” aborda con solvencia la novela histórica: Siglo XVI, virreinato del Río de la Plata, pasiones de fundadores de pueblos. En 1984, con “Ifrán Rojas” completa la temática que iniciara en “Hombres del Silencio”. Repre­senta hoy, junto con Gerardo Pisarello, el mejor esfuerzo creador de la no­vela en nuestros pagos.

El Dr. Mario Caprioglio (1921), destacado humanista de larga resi­dencia en Goya, próximamente publicará una novela titulada “Re­velaciones de un Castigo” (la nota de Ranalleti fue escrita en Abril de 1986). Muy bien escrita, trata el desencuentro generacional de padre a hijo, con una trama argumental cautivante. Su aporte agregará singulares mé­ritos al género, de lento despegue entre nosotros.

 

El Cuento

 

Dentro de esta narrativa, el cuento ha tenido aquí una evolu­ción estética realmente notable. Si bien a la mayoría de los denomina­dos cuentos debemos conside­rarlos como relatos o estampas lu­gareñas, justifican con creces el lugar que hoy ocupan en la litera­tura regional argentina.

Dada la cantidad de autores y el exiguo espacio disponible, nos ceñiremos a una docena de los ya “clásicos” y sólo mencionaremos a otros cultores, en plena produc­ción.

Desde “El Tigrero” de Manuel Florencio Mantilla“El Caburé” del español acorrentinado Vicente Blasco Ibáñez, a principios del siglo XX, se abren pautas magistrales de una “cuentística” con definido sello autóctono, de profunda raíz folkló­rica.

Saturnino Muniagurria (1875-1972), poeta, lingüista, narra­dor costumbrista, con sus obras “Narraciones Correntinas” (1951),“Cuento del Pago Redondo” (1954) y “Como Pájaros Libres” (1955), está entre los primeros en ocupar­se con precisión y amplitud de nuestra idiosincrasia, con buenos relatos del ambiente provinciano.

Los ya mencionados Gerardo Pisarello, Ernesto Ezquer Zelaya y Velmiro Ayala Gauna, que “salva­ron” la novela natal, tuvieron la vir­tud de llevar al cuento a nivel na­cional y hoy son considerados maestros del género, por su tras­cendencia dentro de la literatura regional de nuestro país.

Y así, Pisarello con “Che Reta” y “Pan Curu’ca”, con “La Espera” y “La poca Gente”; Ezquer Zelaya con “Puñado YohᔓSucedió” y “Corrientes Ñú”; Ayala Gauna con “Cuentos Correntinos”“Otros Cuentos Correntinos”“Paranaseros”“Don Fruto Gómez, Comi­sario”, “Por el Alto ParanᔓPerurimá” y otros, conforman la tri­logía indiscutiblemente clásica de nuestros cuentistas consagrados. De los tres, este último es el más editado y científicamente estu­diado a nivel universitario.

Rodolfo P. Betzel (1913 - 1985). Su único libro editado, “Marca Ha­cienda” (1984), se situó en la van­guardia de la mejor cuentística correntina de todos los tiempos. Ha dejado material inédito, para otro volumen de cuentos.

Santiago Ballejos (1909 - 1984). Su único libro editado, “Temas Correntinos” (1983) contiene exce­lentes cuadros típicos, relatos de sentido profundo como “San Baltasar Imaguar锓El Compadre”“Un carrizalero de Ley” y otros dignos de serena lectura (dejó inédito un libro sobre aspectos de la política en Corrientes, que obra en custodia en nuestro archivo personal).

Clarisa Muniagurria (1914), hija de don Saturnino, su principal libro en este tema es “Los fantasmas”, escrito con maestría y realismo, varias veces reeditado con buen suceso.

Felipe Avellanal (1919), otro de nuestros clásicos. Lo mejor de su producción figura en “Relatos Correntinos” (1977), cuentos y re­latos narrados con especial grace­jo, piezas de antología para nuestra historia literaria.

Carlos Gordiola Niella (1919 - 1982), por sobre todo poeta y dramaturgo, tiene también su lugar en el cuento. “Con Mata­sellos de Caá Catí” (1978) así lo de­muestra, y luego con relatos de evocación y nostalgias en “Dos más Tres” (1981), de impecable es­tilo.

Osvaldo Pérez Chávez (1920), cuentista, crítico literario, pe­riodista especializado. Su libro “Sapucay adentro” cimenta su fa­ma de buen cuentista. Como antólogo publicó: “Narradores actuales del Nordeste”, obra muy utilizada en la docencia.

Efrain Maidana (1921), el más maduro de la joven generación, al­canza con “Narrador de la Noche” (1981), un nivel literario de tras­cendencia nacional. Su obra narra­tiva sigue.

Miguel Raúl López Breard (1938), investigador del folklore correntino (“Devocionario Guaraní”), es asimismo ameno narrador y cuentista, tal como surge de sus libros “Relatos de Fo­gón” y “Añudando Lonjas”. Tiene obras inéditas y en preparación.

Nilda Rosa Nicolini (1941), la más joven de los cuentistas madu­ros, se situó con sus libros “Estre­no cuentos” (1975) y “Con tinta y Alma” (1980) en la línea renovadora del cuento moderno, con hábil manejo de la psicología de los personajes.

José Gabriel Ceballos (1955), po­eta, periodista, cuentista. Un auténtico creador en libre ascención; sus libros “Los ciudada­nos”(1980) y “Juanita Diariera cambia de oficio” (1983) revelan su temperamento poético y su talento de cuentista nato.

Asimismo, a título informativo, consignamos una nómina de exce­lentes cuentistas, muchos de ellos con obras publicadas, premiadas e inéditas, etc., y son: Darwi Berti, Marily Morales Segovia, José María Obregón. Odín Fleitas, Armando Díaz Colodrero, Juan B. Acosta, María Luisa Paiz, César P. Zoni, Héctor Angel Azeves, Arturo Zamudio. Dora Barboza de Fernández, Aminda Rosbaco de Galantini, Walter I. Bechert, Dora Nor­ma Filiau, Rubén Ponce de León, Alfredo Vara, Olga Piñeyro de Piñeiro, Julio Darío Schvetz, Gladys Barreto, Myrna Neuman de Rey, Víctor Darío Muniagurria, Ge­rardo O. Centeno, Raúl Brambilla, Miguel Emilio Rodríguez, Luis Llarens, Miguel Angel Pérez Ruiz, Jo­sé Erasmo Gauto, Ernesto Luis Ortiz, Reinaldo Prado, Carlos Fi­del Waern, Daysi Nocetti, Juan Jo­sé Groglio. Elisel E. González, Os­valdo Lagos, Antonio Alvarez Lottero, Jorge I. Sacón, Elbia Rosba­co Marechal y otros.

 

El Teatro

 

Dicen que el teatro, como ne­cesidad creativa de una comuni­dad, da la madurez de su conciencia social y cívica. De acuerdo. El caso es que el teatro en nuestra literatura, ocupa casi el mismo lugar que la novela: Muy pobre en la pri­mera mitad del siglo XX, y con un sú­bito y pujante despertar a partir de la segunda mitad.

En efecto, en 1949, Saturnino Muniagurria publica su drama “Carau” y Carlos Gordiola Niella estrena en Corrien­tes su comedia “La calle de la Igle­sia”. Pasamos por alto los primeros 50 años de este siglo, no sin la­mentar los interesantes detalles, largos de enumerar, y vamos di­rectamente a los autores principa­les.

El ya mencionado Saturnino Muniagurria, concluyó su drama folklórico “Carau” en 1938. Lo publicó en 1949, incluyendo como prólogo una carta-estudio de Eudoro Vargas Gómez, que le en­viara con fecha 11 de Julio de 1938. E.V.G. bien y sensato como siempre. El drama -de difícil representación- sobre la base del mito conocido, denuncia la explo­tación del hombre por el hombre, en los quebrachales del Norte santafesino, la inmoralidad del capital extranjero, etc. En Corrientes, to­do siguió como era entonces... Fue la única obra de teatro que escribió.

Carlos Gordiola Niella, con sus 18 piezas teatrales escritas, representadas y varias editadas, es nuestro dramaturgo más fecun­do, más inquisidor, auténtico, re­cio, tierno, desmesurado. Obras como: “La calle de la Iglesia”“La Tinaja”“Aquí nunca pasa nada”,“Nocturno en la esquina”“Tarda el amanecer”“Panamb픓La Brújula y Cunum픓Nuestra ración de Libertad”“La casa nuestra”, etc., dicen de la seriedad y altura en el difícil manejo del oficio, pero sobre todo de su talento de artista.

Marily Morales Segovia (1935), poeta, cuentista, escultora, in­vestigadora, periodista, ensayista, abogada. En la evolución del teatro correntino, ocupa un lugar muy es­pecial, feérico, iniciático, poético. Afirmó sus raíces a partir de un realismo mágico, teniendo como pla­taforma vivencias guaraníes, la ur­gente inocencia de estrenar mun­dos nuestros que no conocemos, o sólo presentimos. Así, con “La mariposa fabricante de Bosques”“El duende en la Ciudad”“Brígi­da de las aguas”“Pueblo Niño”, y “Luna y Yerutí”, manifiesta su especialidad hacia el mundo de la infancia, tensa al misterio de las cosas.

Aldo Grasso (1923), correntino por adopción y residencia, repre­senta hoy la cima del teatro local. Varios premios nacionales. Sus obras: “Aquel viejo abanico”“Vuelvo por el paraguas”“Para el pueblo yo soy Pancho”“Cupi­do no sabe pescar”“Abstracto de Claudia y Rodolfo”“Las mos­cas verdes”“Un brindis con go­tas de rocío”“Jamás diré adiós”“Comunión”, etc., muy hermanas, locales y universales, plantean siempre la ubicación de la persona humana, desde su circunstancia, pero más allá de su tiempo y de su espacio.

Elbia Rosbaco Marechal, poeta, cuentista, ensayista, tam­bién se ha destacado como dramaturga con su obra “La Cacique” (1978), habiendo recibido por ella un importante premio.

Daisy Nocetti (1929), cuen­tista, llevó al teatro sus obras, con intención docente, sobre todo pa­ra la niñez, y que se titulan: “El zorro pierde las mañas y el pelo”“La navidad del gato pobreza” y otras.

Juan Córdova (1942), escribió las siguientes obras de teatro: “El Irup锓Paraíso sin Dios”“Las cautivas”“Grito”“Distancias”“Y fueron culpables”, y algunas más.

Raúl Elasco (1940), actor, director y autor de teatro. Escribió “Historia negra de la Luz y la bohemia”“Historia negra de la pared blanca”, “La tarjeta”.

Yani Zimerman (1951), poeta, escribió y puso en escena varias obras de teatro: “Volver a Améri­ca”“Pensión de señoritas”“Ca­semos a papᔓLas herederas” y otras más.

Además, cabría men­cionar una serie de autores más, jóvenes todos, que escriben teatro y representan sus obras en diver­sos lugares de la Provincia. Queremos dejar constancia que el escritor Wenceslao Moore, ya fallecido, es el que mejor ha es­tudiado los antecedentes y evolu­ción del teatro correntino. Fuera de su Conferencia (publicada) sobre el teatro de Gordiola Niella, no hemos podido consultar, por falta de tiempo, su archivo perso­nal, que obra en custodia de su familia.

 

El Ensayo

 

El concepto “en­sayo” es amplio, y hoy más que nunca participa del quehacer literario en cuanto tal. En este senti­do, ha dejado una abundante co­secha para nuestras letras. Sin invadir campos específi­cos (propiamente del historiador), el Ensayo Histórico fue y sigue siendo muy cultivado, y sin duda el más importante por la cantidad de obras escritas y el manejo de los temas.

Entre los principales, tene­mos a: Manuel Florencio Mantilla, Hernán Félix Gómez, Pedro, Valerio y Gaspar Bonastre, Federico Palma, Raúl de Labougle, Arturo de Carranza, M. A. Córdoba Alsina, A. E. Castello, J. D. Cafferata Soto, César Zoni, Mercedes Traynor Balestra, F. Díaz Ulloque, Arturo Zamudio, Sal­vador Cabral, Pedro A. Cassani, Al­berto Rivera, Dardo Ramírez Braschi y mucho más, que siguen contribuyendo a esclarecer y profundizar aspectos claves de nuestra historia.

En cuanto al Ensayo Literario, menos abundante pero igualmente valioso, son y han sido sus princi­pales cultores: Eudoro Vargas Gó­mez, Pedro Bonastre, Gaspar Bonastre, Héctor Angel Azeves, Da­vid Martínez, E. Alcides Pedroso, Wenceslao Moore, Sara Velar de Gauna, Marta de Paris, Darwi Berti, Oscar Portela, Isabel de Asuad y otros.

El Ensayo Cultural - Antropo­lógico, cuenta con autores como Guillermo Perkins Hidalgo, Juan B. Acosta, Emilio Noya, Miguel Raúl López Breard, Alfredo Vara, Edwin Harvey, Marily Morales Segovia, Dalmiro A. Baccay, Julián Zini, Ra­món Gutiérrez, Marcelo Daniel Fernández, etc.

En lo que respecta al Ensayo Lingüístico, tenemos a Saturnino Muniagurria, Tomás Alfredo Martínez, Luis G. Zerviño, Ben­jamín T. Solari, Lisandro Segovia, Wenceslao Néstor Domínguez, To­más de la Vega, José Miguel Irigoyen y muchos otros.

El Ensayo, en los cuatro as­pectos mencionados y sus princi­pales autores, da una idea de la vasta y rica literatura que va for­jando.

Su campo no se agota allí, quedan aún otros cuatro aspectos que no consignamos, y registran notables antecedentes.

 

La Poesía

 

En este tema, Corrientes frente al país, tiene pa­labras importantes que decir, sobre todo a partir de la década del 40.

¿Qué pasó antes de 1940? Ya hicimos referencia a nuestro retra­so histórico en lo literario. Al res­pecto, el primer testimonio colecti­vo importante es la famosa antología “Parnaso Correntino” de Walter Elena, publicada en 1910, donde consigna 32 poetas, hoy ca­si todos desconocidos u olvida­dos.

Pasemos por alto las causas y el análisis de la antología. Algunos de los poetas que allí figuran siguieron escribiendo, y eventualmente publicando obras: Saturnino Muniagurria, Félix María Gómez, Angel Ergasto Blanco, Gustavo S. Gómez, Eudoro Vargas Gómez y algunos más.

Después de dicha antología, en el lapso que va de 1910 a 1945 más o menos, muchos fueron los poetas que lla­maron la atención; algunos de pa­so, circunstancialmente, y otros con estigmas de permanencia, co­mo siempre. Así, de la primera mi­tad del siglo XX, con o sin obras publi­cadas, se impone recordar a los si­guientes: Juan Balestra, Esteban Bajac, Angel Navea, Rafael Díaz Colodrero, Guillermo Perkins Hidalgo, An­tonio Santiago Arzuaga, Carlos Al­berto Castellán, Jesús Salvador Cabral, Miguel Arias, Filiberto Gronda, E. Alcides Pedroso, Angel Ulises Blanco, Elbia Rosbaco Marechal, Porfirio Zappa, Odín Fleitas y otros.

Son poetas correctos, do­minan las formas tradicionales, fluctúan estilísticamente entre el romanticismo finisecular y el mo­dernismo (que como escuela feneció allá por 1920). Pero, a dife­rencia de los anteriores, se nota ya una definida preocupación por los temas nativos y el color local. Hay menos retórica, es decir, más po­esía. Representan una etapa in­termedia, muy rica como poco es­tudiada, de la evolución histórica de nuestra poesía.

El cambio de rumbo, el salto creativo, la madurez lírica provin­cial viene después de 1950, cuan­do entran en escena Carlos Gordiola Niella, Franklin Rúveda, Da­vid Martínez y Osvaldo Sosa Cor­dero. A partir de estos autores de poesía correntina, se libera, sube, toma conciencia de su identidad y comienza a tutearse con sus pares a nivel nacional.

Indudablemente, son los padres legítimos de nuestra lírica actual, que tiene un excelente plantel de creadores, tan buenos como poco conoci­dos, a raíz de otros problemas que ahora no cabe analizar. Los cuatro autores mencionados, consagrados por la crítica, permanecen co­mo modelos de fidelidad a una vocación testimonial, especialmente en lo que hace a una conciencia artística.

Mientras estos siguen en ple­na creación, irrumpe otra genera­ción (años más, años menos), y es la que hoy está en marcha, produ­ciendo, evolucionando, tentando todos los niveles expresivos del lenguaje con éxito y brillantez. He aquí los principales: Francisco Madariaga, Carlos Viola Soto, Marily Morales Segovia, Mario Ovidio Camacho, Alfre­do Mariano García, Florencio Godoy Cruz, Héctor Angel Azeves, Rolando Camozzi Barrios, Jorge Sánchez Aguilar, Juan José Folguerá, Mirta Quiles, Oscar Portela, Martín Albarenga, Juan Genaro González Vedoya, Julián Zini, Ro­mán Anselmo Vallejos, Rubén Se­bastián Melero.

Todos estos po­etas, la mayoría con importantes obras publicadas y premiadas, representan hoy el más alto quehacer poético de nuestros pa­gos. Naturalmente, hay muchos más, y muy buenos y ponderados, como Arturo Zamudio, Judith Molinari, Mirta de Paris, María A. Rivero de Bianchi, Darwi Berti, Guiller­mo Parodi, Saúl Díaz Colodrero, Sara B. Rolla Gehan de Delgado, Renato Mancuso, Zita S. de Mazta, Rómulo Espinoza, Raúl A. Brambilla, Alicia Orsini, Dora Norma Filiau, Alejandro Maciel, Yani Zimerman, José Virgilio Acosta, María Luisa R. de Solsona, María Paiz, Mario R. Martínez, José Gabriel Ceballos... y muchos otros más.

Jóvenes unos, maduros otros, to­dos llevan adelante una tarea lite­raria importante, digna de destacar en cada caso. Tarea que habrá que hacer... si soplan vientos más pro­picios para las tareas culturales.

 

Nota

“Literatura correntina en el Siglo XX”, por Bernardo C. Ranalletti - Nota aparecida en el fascículo 4 “Corrientes en la cultura nacional”, de la publicación “Todo es Historia”, colección dirigida por Félix Luna, en Abril de 1986.

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