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Las bibliotecas en Corrientes

por Italo Metini

 

“La bibliografía histórica correntina está nutrida, desde sus primeras expresiones, del espíritu heroico que animó nuestra posición rebelde frente a todo intento de represión de los sentimientos de libertad, sea durante la tiranía de Rosas, la invasión aleve de Francisco Solano López o las cruentas luchas civiles, mediante las cuales arraigó nuestra incipiente democracia.

“Pero no siempre estuvo el correntino en los campamentos, con el fusil al hombro, rubricando en legendarios combates el valor de la raza. También transcurrieron para él horas fecundas, donde la inteligencia y la cultura dieron óptimos frutos”.

(Federico Palma)

 

Analizar el libro en América hispana es llegar a la conclusión que fue un artículo de lujo accesible sólo a minorías. Tampoco es acertado considerar las pequeñas o grandes bibliotecas que se fueron armando en este Nuevo Mundo, como hechos circunstan­ciales, sino como parte de un problema complejo y de fondo, relacionado con la educación, con el grado de cultura alcanza­do, con el establecimiento de la imprenta y la acción de sacerdo­tes y militares, que fueron, espe­cialmente los primeros, el móvil real que permitió el estableci­miento de verdaderos repositores, no solamente en las universi­dades, conventos y colegios, sino en las residencias particulares, donde a partir del siglo XVII se reunieron apreciables colec­ciones.

Para analizar la historia de las bibliotecas en Corrientes, debe­mos remitirnos a don Federico Palma, que en su libro “Bibliote­cas y librerías correntinas”, em­pieza así: “En la ciudad de San Juan de Vera, a comienzos del siglo XVII, el horizonte del vivir diario era una inquietante confu­sión de miserias, pestes y pe­ligros. Tierra ayuna de doctos y doctores laicos, no era medio pa­ra el transplante propicio y la adaptación fecunda de ideas o nociones estéticas, como en otras ciudades americanas, donde se forjaron elementos sufi­cientes para conformar una cultu­ra.

“Su ubicación geográfica, la idiosincrasia y quilates intelec­tuales de sus primeros poblado­res y pobreza de su suelo, fueron como barrera que amenguaba la fuerza de alguna inquietud. Los primeros conquistadores traían por bagaje, prendida en la gar­ganta, una copla y una grande desmesurada ambición de ri­quezas que se traducía en an­gustiado desencanto, al enfren­tarse con el largo río-pariente del mar y el verde agreste y virgen de estas regiones, sin leyendas de tesoros fabulosos. Pero traían también libros en sus alforjas aventureras”.

Las primeras obras llegadas a Corrientes fueron vidas de Santos o comentarios sobre las Sagradas Escrituras, de sostenida acepta­ción en la sociedad de entonces, privada de conocer cualquier otra expresión del pensamiento huma­no por el temor reverencial que inspiraba el Santo Oficio de la In­quisición, ya que la hegemonía intelectual era mantenida, sin riva­lidades notorias, entre Francisca­nos y Mercedarios, agregándose luego los Dominicos, y a fines del siglo XVII, los Jesuítas, portadores ya de una inquietud más organi­zada.

Los Franciscanos formaron “librerías” en las ciudades de Corrientes, Itatí y Santa Lucía. La biblioteca de los Dominicos tam­bién fue importante, por el núme­ro y calidad de sus obras. Los Jesuítas establecidos en las márgenes del río Uruguay an­tes que en la Capital, fundaron en sus reducciones bibliotecas. Se destacan la de Santo Tomé, la de La Cruz y la de Yapeyú.

El siglo XVII, al perder hege­monía cultural los conventos, in­duce a laicos y sacerdotes a cre­ar bibliotecas, lógicamente con caudales escasos. A partir de la Revolución de Mayo, prohombres con firmes in­quietudes intelectuales fueron formando sus bibliotecas particula­res, con material bibliográfico de alta calidad, tal el caso de Ferré.

Hay que destacar en este período la obra de difusión del libro en Corrientes hecho por Artigas.

La época de Rosas impone una pausa de largos años a la ac­tividad cultural y es así cómo la incipiente biblioteca de la Univer­sidad de San Juan Bautista, cre­ada por el gobernador Ferré, no logra sus fines ya que, junto con la Universidad, es eliminada.

La primera biblioteca pública de la ciudad de Corrientes se es­tableció en la Sala de Comercio, elegante club social fundado por Pujol, cuyo acervo integró la biblioteca del Colegio Nacional, creada en 1869. Es importante mencionar, además, como bibliote­ca especializada en ciencias, la del sabio naturalista Amado Bonpland, en Santa Ana, sobre la costa del río Uruguay.

La promulgación, en 1870, de la Ley 419, “Ley Sarmiento”, de creación de la “Comisión Protec­tora de las Bibliotecas Popula­res”, induce a la implantación de bibliotecas populares en el terri­torio provincial, y es así cómo se crean las de Bella Vista, Itatí, Mercedes, Esquina, Corrientes Capital, todas en 1872. En 1874, Goya, Curuzú Cuatiá y Paso de los Libres. En 1889, Alvear y San­to Tomé.

La Memoria del Ministerio de Instrucción Pública de la Nación, de 1876, consigna para Corrien­tes, 19 bibliotecas populares. El segundo Censo, de 1895: 5 bibliotecas; y el tercero, de 1914, solamente mantiene a 6 bibliote­cas en la Provincia.

Actualmente se contabilizan 35 bibliotecas (este trabajo fue editado en 1986), según relevamiento realizado en 1980 por la Dirección de Munici­pios de la Provincia. Es de destacar el espíritu de los dirigentes y autoridades de Corrientes, ya que en 1870, el gobernador Baibiene, designa una Comisión para la creación de una biblioteca pública en la Provincia.

El gobernador Gelabert pro­mulga una Ley, el 22 de Octubre de 1872, motivando la creación de bibliotecas públicas en la Pro­vincia, y el 6 de Marzo de 1873 otra, creando la Comisión que estructuraría el incipiente sistema bibliotecario provincial. Leyes que no han sido derogadas.

La presencia de la Universi­dad a partir de 1955, ha sido fac­tor fundamental para la creación de un sistema de información científica y tecnológica, racional­mente organizados, pero por sobre todo esto, es de destacar el esfuerzo realizado para la in­formación profesional de los bibliotecarios y el asesoramiento a aquellas instituciones provin­ciales, dedicadas al quehacer del desarrollo bibliotecario.

Es innegable que el fervor de la población intelectualizada de Corrientes para la creación de bibliotecas públicas o populares, alcanza su máxima cobertura ha­cia fines del siglo XIX; luego, diversos motivos (económicos, sociales o políticos) producen un aquietamiento.

Las bibliotecas siguen funcionando, con cada vez menor intensidad y algunas sin morir, quedan estancadas, ante la indiferencia no sólo de la población, sino de los poderes públicos responsables de mantener una estructura cultural y educacional en la Provincia.

Actualmente son pocas las bibliotecas correntinas que real­mente funcionan; su carácter de biblioteca pública en la mayoría ha cesado, y se han convertido, por necesidad, en bibliotecas escolares secundarias. Su caudal bibliográfico no ha aumentado mayormente y sus servicios se reducen casi exclusivamente a mantener una información restringida a los estudiantes.

 

Nota

* “Las bibliotecas en Corrientes”, por Italo Metini - Nota divulgada en el fascículo 4, “Corrientes en la cultura nacional”, en la publicación “Todo es Historia”, colección dirigida por Félix Luna, en Abril de 1986.

 

Bibliografía usada por el autor:

* Sabor Riera, María Angeles - Contribución al estudio histórico de los servicios bibliotecarios de la Ar­gentina en el siglo XIX. 1810-1910. Resistencia - Universidad Nacional del Nordeste - Dirección de Bibliotecas / 1974-1975. 2 volúmenes.

* Palma, Federico – Bibliotecas y librerías correntinas – Corrientes. Asociación de Maestros de Corrientes. 1958.

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