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EL IDIOMA DE LOS GUARANIES

El primer efecto que ofrece el arribo de los conquistadores procedentes de Asunción para la fundación de la ciudad de Corrientes es el enfrentamiento de dos culturas.

Ropas, armas, embarcaciones, animales y lengua distinguen a los recién llegados de los nativos de esta tierra. Nos interesa referirnos en este trabajo al idioma que hablaban los habitantes locales en el momento en que la lengua española daba las órdenes de la ocupación(1).

(1) José Miguel Irigoyen. “El idioma de los guaraníes” en "Historia de los Correntinos y sus Pueblos", fascículo 1.

Entre todos los idiomas americanos, el guaraní fue, sin dudas, el de mayor dispersión geográfica. Por esa razón fue llamado Lingua Geral por los primeros sacerdotes que lo conocieron en las selvas del Brasil.

Su condición de lengua general determinó que ella fuera usada preferentemente en las tareas de la evangelización y la penetración ideológica. En ese enfrentamiento cultural, la lengua conquistadora y la lengua nativa ejercieron, una sobre otra, recíproca influencia.

El español prestó al guaraní artículos, verbos y sustantivos y, a la inversa, la lengua de esta tierra prestó a la de los recién llegados pronombres, adjetivos y superlativos.

Si nos atenemos a una de las clasificaciones más usuales de las lenguas humanas -no la única por cierto-, podemos agrupar los idiomas en MonosilábicosAglutinantes y Flexionales. Un ejemplo de los primeros es el chino, cuyos monosílabos pueden combinarse variadamente, lo que les da también a las lenguas de ese grupo el nombre de Polisintéticas.

Lenguas Aglutinantes (centroeuropeas en general), son aquéllas que yuxtaponen dos términos para lograr un nuevo concepto. Palabras como BundestagKindergartenUndergroundPetrograd, son típicamente pertenecientes a ese grupo.

No han logrado todavía esas lenguas la aparición de la preposición “de” para indicar el caso genitivo y deben recurrir a la yuxtaposición de sustantivos.

Por último, lenguas Flexionales (entre ellas el español y todas las lenguas románicas), son las que tienen “flexibles” sus palabras y han logrado con ello crear el accidente gramatical para indicar cambios de género y número (niño-ahombre-smujer-­es) y, de manera muy especial, han conseguido las desinencias verbales que indican persona, tiempo y número (camin-ocamin-ascamin-a,camin-amoscamin-aiscamin-an).

Si bien el guaraní recurre, como las lenguas aglutinantes, a la yuxtaposición para indicar el posesivo, entra sin embargo en el grupo de las lenguas flexionales -las más desarrolladas que conoce el hombre-, cuando, igual que el español, declina sus sustantivos y ofrece desinencias verbales que indican persona, tiempo y número.

Estas desinencias verbales que muestran una gran riqueza lingüística, son sufijos en español pero son prefijos en guaraní. La variación está al comienzo y no al final de la palabra (a-guatare-­guatao-guataja-guataro-guatape-guatao-guata). Están indicando qué persona camina y en qué tiempo lo hace.

- Otros elementos

Carece, sin embargo, el guaraní, de los accidentes para género y número que vimos en el español (niño-ahombre-s). Estas categorías surgen del contexto mismo, aunque existe para el femenino la palabra “kuña” cuando se trata del sexo en el hombre y animales, así como existen también las palabras “kuéra” y “heta” para expresar el plural en algunos casos.

En muchas lenguas modernas, el adjetivo no sufre variantes con el género por ser neutro y toma entonces el masculino o el femenino del sustantivo al que acompaña.

Así en las expresiones inglesas “white horse” y “white cow”, la palabra “white” no ha sufrido accidente, no ha variado, pero resulta blanco para caballo y blanca para vaca.

Así también, en guaraní “jagua morotĩ” será perro blanco y “ryguasu morotĩ” será gallina blanca, sin que la palabra “morotĩ” haya cambiado.

No deseo transformar estas líneas en una lección gramatical; pocas cosas hay tan tediosas como la gramática. Pero es menester señalar algunas características del guaraní y dar ejemplos comparativos, para poner al alcance del lector las estructuras esenciales que conforman esta bella lengua que todavía conservamos después de más de cuatro siglos.

Y la conservamos quienes no llevamos en nuestras venas ni una sola gota de sangre guaraní.

En el proceso que indica la marcha de las lenguas hacia su mayor riqueza, y por lo tanto, hacia su mayor complejidad, esa marcha es generalmente desigual.

Los idiomas logran adelantos en algunas estructuras y, sin embargo, mantienen formas más primitivas, típicas de lenguas menos complejas. Vemos, por ejemplo, que el verbo ir en inglés registra formas: I goyou gohe goes,we goyou gothey go. Una sola variante (goes) para la tercera persona.

Pero en la misma lengua, el verbo estar ofrece lo siguiente: I amyou arehe iswe areyou arethey are. Tres variantes para seis pronombres.

Mientras en español hay seis, una para cada pronombre (yo estoytu estásél está, etc.), en guaraní también hay seis. Algunas lenguas son más simples que otras en algunos aspectos, pero más complejas que ésas mismas en otras manifestaciones de su estructura.

Y digámoslo ya, más simples o más complejas, no indican mayor o menor perfección. Toda lengua humana es perfecta, en cuanto es herramienta suficiente para la comunicación entre los individuos de una comunidad.

De la misma manera que un elefante no es más perfecto que una bacteria y que la fecundación entre mamíferos no es tampoco más perfecta que la fecundación entre dos flores de la misma especie.

Con todo lo dicho, podemos ubicar al guaraní en un estado intermedio entre las lenguas aglutinantes y las lenguas flexionales.

- La expansión

Buena parte de las islas del mar Caribe, la ribera sur de los Estados Unidos de nuestros días y las costas del Paraná, fueron visitadas por navegantes guaraníes que ejercieron el trueque de objetos y productos con otras parcialidades.

Toda la llanura boscosa de Sudamérica, incluyendo Brasil, Venezuela, Guayanas y la parte no montañosa de Perú y Bolivia, fue y sigue siendo escenario de sus asentamientos.

Los grandes ríos americanos fueron el camino natural de su expansión, llegando por sus aguas hasta el Paraguay y la Mesopotamia argentina, y ciertos territorios de la provincia de Buenos Aires.

Esa amplia dispersión, provoca un fenómeno que es común para todas las lenguas: aparecen variantes y diferenciaciones que llamamos manifestaciones dialectales. La entonación y la acentuación son algunas de esas variantes.

El guaraní que hablamos en Corrientes y en Paraguay se caracteriza por el predominio de las palabras agudas. Los chiriguanos de Bolivia hablan esta misma lengua más lentamente y con tonada grave. El guaraní tupi del Brasil, muestra el predominio de las palabras graves o llanas, que adquieren esa acentuación por el agregado de una sílaba final.

Para dar un ejemplo: el nombre de la ciudad brasileña de Curitiba, capital del Estado de Paraná, se expresaría en nuestro guaraní como kurity, que significa monte de pinos, la misma traducción del guaraní tupi.

La gran abundancia de topónimos guaraníes en el extenso mapa sudamericano; los nombres de plantas y animales que se mantienen idénticos desde el Río de la Plata hasta las Antillas, son testimonios de esa dispersión a la que nos referimos.

El zorzal se havía en Venezuela y en la República Oriental del Uruguay; el laurel se llama aju'y en las Guayanas y en las orillas de los arroyos del Departamento correntino de Mercedes y del Departamento entrerriano de Concordia; la capital venezolana tiene el nombre de las tribus que habitaron el sur de la laguna Iberá.

En este proceso de dispersión de la Nación guaraní y de su lengua, la Mesopotamia argentina es el territorio de más reciente ocupación. Los lugares en que se fundaron las ciudades de Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires, habían sido ocupados por los guaraníes, en su marcha hacia el sur, apenas un siglo antes de la llegada de los españoles.

Aquellos asentamientos poblacionales, tan distantes en la geografía y en el tiempo, sólo causaron variantes de escasa significación en la lengua. Su unidad constituye, por ello, un excelente instrumento de investigación etnológica, histórica y etnográfica.

- La cultura

La malquerencia injustificada de algunos, que tiene origen en una posición  europeísta que da la espalda a América, ha pretendido restarle importancia a estos estudios lingüísticos.

Otros, por ignorancia, han hecho al guaraní responsable de nuestro déficit cultural, sin advertir que otras zonas a las que el guaraní no ha llegado, exhiben mayor déficit que nosotros. Califican a esta lengua como “dialecto” sin conocer el verdadero alcance de este término. Y se basan para ello en la abundante interferencia española sobre la nativa.

El uso de términos españoles, tras el abandono de los propios, no le da al guaraní el carácter de dialecto. La interferencia, así lo dijimos al comienzo de este trabajo, fue recíproca, y se inició a la llegada misma de los conquistadores.

También nuestro español está fuertemente interferido por expresiones guaraníes; morfología, sintaxis y léxico de origen guaraní, campean en nuestra lengua oficial aún en los estratos de la población culta. El propio ambiente universitario, con sus profesores y alumnos, no está a salvo de esa interferencia guaraní.

La interferencia, en ambos casos, afecta al lenguaje, pero no a la lengua en sí misma, que sigue siendo el reservorio de la cultura adquirida.

Cuando un niño correntino de un pueblo del interior habla castellano, diría “aquella casa” y “aquélla tarde”, usando el mismo adjetivo demostrativo aquélla, el único que el español le provee. Pero si lo dice en guaraní, dirá “amo tapỹi” y “aipo ka’aru” usando dos adjetivos distintos.

Aquélla casa, puede señalarse, tiene tamaño, forma, color, tiene existencia física; mientras aquélla tarde no puede señalarse, no tiene tamaño, ni forma, ni color, ni tiene existencia física, pertenece al mundo de los recuerdos. Por eso, el guaraní usa otra expresión para referirse a ella.

Esta lengua nativa, menospreciada por ignorancia, posee cinco adjetivos y pronombres demostrativos, contra tres solamente que posee el español. De la misma manera que posee siete pronombres personales, sobre seis que posee la lengua conquistadora.

Este séptimo pronombre personal, se debe a dos primeras personas del plural. Si nosotros (tú y yo), caminamos, usaré en guaraní el pronombre ñande; pero si él y yo (que también será nosotros en español), caminamos, usaré en cambio el pronombre ore.

Porque en este último caso, él y yo, caminamos, pero no . Hay pues, un “nosotros”, que incluye al interlocutor, y otro que lo excluye. En español, tú y yo se expresa con la misma palabra que él y yo. Esta riqueza conceptual del guaraní, es propia de otras lenguas americanas y también está presente en algunas lenguas nativas de las islas del Sudeste asiático.

Si el padre engendra un hijo y la madre lo concibe, ambos usarán palabras distintas para referirse al niño. La madre dirá “che memby” (el hijo que alumbré) y el padre dirá “chera’y” (el hijo que engendré).

La nomenclatura parental guaraní reconoce matices insospechados. Varones y mujeres usarán palabras distintas para dirigirse a sus hermanos, y también serán distintas esas palabras si el hermano es mayor o menor que quien habla.

También el cuñado será distinto si es el marido de su hermana o el hermano de su mujer. Y los tíos serán también, tíos paternos o tíos maternos. Esta nomenclatura puede darnos elementos valiosos para estudiar la organización familiar y social de ese pueblo.

Y su lengua resulta así una conquista cultural que sólo se puede menospreciar por ignorancia.

- El alfabeto

Los detractores esgrimen otro argumento, en la falta de escritura de los guaraníes. Digamos ya que, con excepción de las civilizaciones de Perú y México, todos los otros pueblos americanos fueron ágrafos.

Y digamos también que en la actualidad es mayor el número de lenguas que no poseen escritura propia, si sumamos todos los idiomas conocidos.

Resulta interesante destacar que el hombre vive sobre la tierra hace tres millones y medio de años, según recientes comprobaciones. Sin embargo, hace apenas cinco mil años que aprendió a escribir. Tres millones y medio de años acumulando cultura sin el auxilio del alfabeto.

Estadios anteriores de cultura sin los cuales no hubiera sido posible la nuestra de estos días; esta cultura nuestra, tan presuntuosa por sus adelantos técnicos, pero lastimosa si nos atenemos a sus adquisiciones morales.

Cuando Kemal Ataturk, en 1924, abolió el uso del alfabeto árabe y lo suplantó por el alfabeto latino, la lengua del pueblo turco siguió siendo la misma, más allá del valor convencional de los sistemas de escritura.

Así como nosotros poseemos una lengua vulgar y una lengua literaria, llamada culta, los guaraníes que viven hoy en estado tribal, sin escritura, poseen una lengua vulgar y una lengua sagrada. A esta última acceden ciertos grupos sociales.

La conservación de la misma, sin el auxilio de la escritura, se logra gracias al ejercicio de la memoria, en la que radica el invariable contenido semántico. Lo que pareciera atentar contra la pureza del lenguaje, se transforma en el mejor aliado de su vigor y lozanía. Y asegura su fidelidad.

Hoy podemos encender un fósforo o llevar un encendedor en el bolsillo, gracias a que el hombre primitivo aprisionó el fuego hace miles de años, cuando tenía taparrabos. También vestía taparrabos el hombre que nos recibió hace cuatro siglos y legó a los conquistadores el idioma que con mayor fidelidad puede proteger y guardar las tradiciones correntinas.

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