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El bandoneón en el chamamé. Antecedentes

El bandoneón posee una prosapia definida, una línea de ascendencia reconocida. Desciende de antiguos instrumentos musicales, hoy ya olvidados(1).

(1) Material extraido de: Enrique Antonio Piñeyro. "El Chamamé: música tradicional de Corrientes (génesis, desarrollo y evolución)" (1997), Corrientes. Ed. Gabriel Enrique del Valle.

Según la historia, el antecedente más remoto de la dinastía bandoneonística, sería el “tipótono”, un instrumento que no tenía ningún parecido con nuestro protagonista. Era una flauta de pequeñas dimensiones con una sola lengüeta, que vibraba al soplar por la boquilla.

Fue inventado por un francés, de apellido Pinsonnat, y otro entusiasta de la música llamado Eschembach, lo perfeccionó, agregándole más lengüetas en escala determinando de ese modo mayor riqueza sonora.

Otros historiadores opinan que otro instrumento predecesor fue la “guimbarda” que es una especie de “birimbao”, es decir, una pequeña barra de hierro doblada en forma de herradura, que llevaba entre los brazos una lengüeta de acero. El ejecutante tomaba la “guimbarda” con la mano izquierda, la apretaba entre los dientes y con el índice derecho hacía vibrar la lengüeta.

La boca servía de caja de resonancia.

De ellos surge una verdadera familia de instrumentos que utiliza el principio de la lengüeta vibradora. Ejemplo de ello son: La “eolina”, el “eolodicón” y el “melófono”.

Recién en 1829, exactamente el 6 de Mayo, Ceryl Demián registra su invento, el ACORDEON, con patente personal, y esto ocurre en Viena. Había desarrollado los primitivos modelos de “tipótono” y “guimbarda”, agregándole lengüetas con entusiasmo, y poniéndolas en funcionamiento merced al aire impelido por la boca, a través de una boquilla.

Pero de tanto agregarle lengüetas, llegó un momento en que, por su complejidad y tamaño, se tornó bastante complicado tocarlo con la boca, entonces se eximió a los pulmones del ejecutante de la fatigosa tarea, merced al recurso de agregarle un fuelle al instrumento, accionando con la mano izquierda, mientras la derecha digitaba sobre un teclado que abría las válvulas metálicas que permitían entrar al aire.

Y así nació el “acordeón” primitivo, que lógicamente siguió evolucionando, ya que el mismo Demián, a la lengüeta metálica colocada al extremo de los tubos o válvulas, le sumó una compañera, en forma tal que una sonara al abrir el instrumento y otra al cerrar. Es el acordeón llamado “diatónico”, en tanto que el que suena igual en apertura o cierre, recibe el nombre de “cromático”.

Por el tamaño se llevaba, al principio, colgado del cuello, gracias a una correa, pero con el tiempo estas correas se colocaron a través del hombro, por la espalda, pero el manejo del instrumento siguió igual: mano derecha, encargada del teclado, y mano izquierda, del fuelle.

En 1833, Charles Wheatstone, en base a similares precedentes, patenta la “concertina”, un tipo de instrumento parecido al acordeón, pero de dimensiones más pequeñas y limitado número de botones que producen sonidos.

La concertina posee dos fuelles embutidos en dos cajas hexagonales, que accionan también lengüetas metálicas. Posee cuatro octavas en escala cromática y, como el acordeón, puede ser diatónico -la son todas las de origen alemán-, o mantener el mismo sonido en apertura y cierre.

Con estos antecedentes, la presencia del BANDONEON tiene un origen incierto.

Algunos investigadores señalan que el inventor fue Herman Uhlig, vecino de la ciudad de Chemnitz, que lo habría ideado alrededor de los años 1830/35. Otros afirman que quien le dio el impulso definitivo al nuevo instrumento fue un fabricante de Krefeld, que lo perfeccionó y le dio estado público, produciéndolo en escala comercial. Su nombre: Adolf Vertag Heinchich Band.

Con respecto al nombre del instrumento, algunos afirman que el mismo Band lo denominó “bandolium”. Otros señalan que también se lo llamó “bandoleón” y “mandoleón”. También se asegura que el nombre del instrumento procede de la denominación “Band Unión”, como el inventor llamaba a su fábrica de instrumentos musicales, derivado de su apellido y de la formación de una suerte de cooperativa encargada de solventar su fabricación.

El “bandolium” no fue originado por casualidad, sino fue fruto de la necesidad, de carácter espiritual. Hacia 1830, Alemania sufría una crisis en la fabricación de órganos, aparte del elevado costo e imponente tamaño del instrumento, lo que imposibilitaba llevar la música sacra al exterior, a los espacios abiertos, al aire libre y a los templos o capillas de zonas alejadas del radio urbano. Se trataba de buscar un instrumento cuyo escaso peso lo tornara fácilmente portátil, pero que, al mismo tiempo, conservara la solemnidad majestuosa del órgano. Esa fue, en síntesis, la raíz del bandoneón.

El instrumento es descripto de diversas maneras, una de ellas es la siguiente:

“Es un instrumento músical, de viento, portátil. Emite sus voces, sucesivas o simultáneamente, por la vibración de dos sistemas de lengüetas metálicas -canto y bajo- respectivamente, alojados en el interior de dos cajas acústicas de madera, en la que van dispuestos los teclados, provistas de aire a presión y unidas por un fuelle de cartón, badana y accesorios de metal”.

Originalmente, el teclado a botones constaba de cuarenta y cuatro teclas, es decir, que su tamaño también era reducido, por lo cual se lo llevaba colgado del cuello y se lo ejecutaba parado. Pero las posibilidades musicales del instrumento propiciaron agregar más botones, saltando primero a cincuenta y tres y, después, a sesenta y cinco, con el consiguiente incremento del volumen y peso, por lo cual dejó de colgarse del cuello o de los hombros del ejecutante, y se abandonó la correa, pasando a apoyar el instrumento en los muslos del músico, quien debía estar sentado.

Posteriormente, se llega al bandoneón de setenta y un teclas, que es utilizado actualmente, distribuidas en treinta y ocho botones para la caja del canto, que maneja la mano derecha y treinta y tres botones para la caja del bajo, manejada por la mano izquierda. Su gama sonora es tres octavas para el canto y algo menos para el bajo.

Un bandoneón cerrado presenta la forma de un paralelepípedo de treinta y cinco centímetros de frente, veintitrés centímetros de altura y veinticinco centímetros de fondo, pero cuando se la despliega al máximo, entre los brazos abiertos del ejecutante, puede dilatarse hasta un metro.

El músico calza las manos en dos correas, generalmente de cuero fino, que se hallan dispuestas en la parte externa de las cajas, que le sujetan la región metacarpiana, dejando libres los dedos. Para accionar el teclado, se usan ocho (8) dedos, dejando libres los pulgares pero, a cargo del derecho queda el accionar de una válvula que permite tomar aire al instrumento silenciosamente, reduciendo al máximo ruidos y soplidos.

Como en el caso de los acordeones y las concertinas, hay bandoneones diatónicos y cromáticos. En general se emplea exclusivamente el diatónico.

Con el tiempo el instrumento redondea su evolución final, hasta las setenta y un teclas o botones, y mejora su aspecto exterior y detalles de su estructura. En este sentido, la mayor calidad de fabricación la alcanza ALFRED ERNTS ARNOLD quien, desde 1864, los perfecciona y logra las mejores cajas, seleccionando maderas, probando varillas metálicas de gran aleación y cartones para el fuelle de gran calidad. Alcanzó el preciosismo al conseguir una aleación especial para las lengüetas metálicas -aleación que mantuvo un estricto secreto-, y que aportaron un sonido de excelente calidad a los instrumentos que fabricó con la marca mundialmente conocida de “DOBLE A”.

Desde esos años, hasta el presente, la marca del bandoneón “Doble A” (“A. A.”) ha sido y sigue siendo sinónimo de alta calidad, más teniendo en cuenta que luego de la Segunda Guerra Mundial, la fábrica de Arnold fue destruida y desapareció del mercado comercial.

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