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Estilos, escuelas y generaciones chamameceras

Se denominan “estilos chamameceros” a las modalidades propias que algunos músicos correntinos han generado en un proceso creativo que se puede ubicar geográficamente considerando el lugar de origen de cada uno de ellos y que localizan, de alguna manera, este intento por ubicar una geografía del chamamé, un mapa de orientación de los estilos chamameceros, dentro de la Provincia de Corrientes.

Existe, lógicamente, una serie de músicos que producen diversas variaciones sobre la base de estas modalidades, que se transforman en los ejes creativos que han determinado las líneas de ejecución e interpretación, a los que se deben sumar:

a) El talento propio de cada instrumentista (acordeón, bandoneón y guitarras);
b) El estilo propio de cada cantor o voz líder del conjunto;
c) El estilo propio de los dúos de voces o cantores del conjunto;
d) El estilo propio del ensamble instrumental que caracteriza a cada conjunto (ejemplo: dúo de acordeones, dúo de acordeón con bandoneón, dos bandoneones, guitarras, etcétera).

Cuando se consigna el desarrollo y evolución de los instrumento utilizados: guitarra, acordeón, bandoneón, etcétera, y también las voces solistas y dúos, que se integran a través de su génesis, desarrollo y evolución en la música chamamecera, aparecen, de manera latente, las particularidades que se proponen musicalmente y que responden a las propias experiencias en la ejecución del instrumento y a las posibilidades creativas que son privativas de cada músico.

De acuerdo con el proceso histórico asumido aparecen consecutivamente los “ESTILOS”, que conforman, al mismo tiempo, verdaderas “ESCUELAS” en los que sobresalen figuras singulares, ejecutantes de instrumentos realmente creativos que abren caminos, trazan líneas musicales que son asumidas por otras y señalan su aceptación y vigencia.

Se puede mencionar una primera línea de estilo, que nuclea a los esfuerzos pioneros de MAURICIO VALENZUELA, EMILIO CHAMORRO y MARCOS HERMINIO RAMIREZ; en sus grabaciones aparecen los primeros esfuerzos por identificar el auténtico “estilo chamamecero”, que será retomado por muchos conjuntos posteriormente.

En segundo término, cabe mencionar a ERNESTO MONTIEL e ISACO ABITBOL, ya que, juntos, crean el estilo del “Cuarteto Santa Ana” y su ensamble instrumental quedará para siempre.

Por separado se advierte un “ESTILO ERNESTO MONTIEL”, en acordeón, y un “ESTILO ISACO ABITBOL”, en bandoneón.

En tercer término, aparece en el firmamento chamamecero “EL ESTILO COCOMAROLA” que, en bandoneón, crea una verdadera escuela. El ensamble del bandoneón de Cocomarola y el acordeón de Roque L. González, dará lugar a un “ESTILO COCOMAROLA-GONZALEZ”, de indudable valor, y será por mucho tiempo el espejo donde se mirarán casi todos los conjuntos chamameceros posteriores.

En cuarto lugar, hay que señalar al “ESTILO EUSTAQUIO MIÑO” quien, junto a talentosos músicos, conforma una manera singular de ensamblar sus composiciones. Hay que pensar en el acordeón de “FORTUNATO FERNANDEZ” y otros músicos que lo secundaron. Posee un epicentro: La ciudad de Mburucuyá.

En la localización geográfica del Departamento Mercedes se encuentra una escuela chamamecera, un estilo inconfundible, en el acordeón de “ALBERTO DIONISIO ‘CAMBA’ CASTILLO” y otros acordeonistas que siguen esta línea: Marianito Miño, Eduardo Miño, etcétera. Esta línea genera innumerables variantes acordeonísticas y, en esta quinta escuela, hay que recordar a “Fito” Ledesma y al bandoneón de Joaquín “Gringo” Sheridan.

Otro epicentro será el Departamento Curuzú Cuatiá, donde se gesta, de la mano de Gualberto Panozzo y otros acordeonistas, el “ESTILO TARRAGO ROS”, de una aceptación y vigencia plena en el ámbito chamamecero. Un sexto estilo, que se repite hasta el infinito y posee muy buenos ejecutantes.

En séptimo lugar hay una línea del “cantor chamamecero” iniciada por el talento de MARIO MILLAN MEDINA, y se continúa a través de las mil voces de cantores y compositores que aunan ingenio, creatividad y gran amor por la tierra.

De cantores tradicionales, como PEDRO DE CIERVI, JULIO LUJAN, EMETERIO FERNANDEZ, “CACHO” SAUCEDO, ROBERTO GALARZA, “CACHO” ESPINDOLA, MARIO BOFFIL y JULIO CACERES, esta llama ardiente del canto chamamecero se mantiene en alto, con renovado y creciente nivel de creatividad, que incluye a muchos nombres y que fueron consignados en cada caso.

En octavo lugar, existe una línea o estilo propio de Corrientes en lo referente a DUOS DE VOCES, y aquí se puede señalar una evolución que va, desde “EL DUO LOS ZORZALES” (HURTADO-GUERREÑO); CEJAS-LEDESMA; VERA-LUCERO; UBEDA-CHAVEZ; VERON-PALACIOS; HERMANOS BARRIOS y HERMANOS CARDOZO, que han generado auténticos estilos de voces, junto a muchísimos otros dúos vocales, y que conforman una verdadera historia del canto romántico chamamecero.

En la línea renovadora existen varias vertientes. Sería el noveno estilo, y allí cabe citar a RAUL BARBOZA, ANTONIO TARRAGO ROS, EDGAR ROMERO MACIEL y “POCHO” ROCH, líneas renovadoras de una escuela chamamecera que posee un caudal inagotable de posibilidades creativas, que son asumidas con verdadero sentimiento por estos exponentes del quehacer chamamecero.

En décimo lugar, se dejan señalados, por su importancia, los intentos válidos de transformar la música folclórica correntina, como manifestación y expresión elevada del espíritu. Aquí ubicamos, en primer lugar, a RICARDO SUAREZ, a EDGAR ROMERO MACIEL, ALBERTO DALMIDIO BACCAY, OLGA PIÑEYRO de PIÑEIRO, “LITO” VITALE, entre otros, que han asumido la responsabilidad de crear sobre la base de ritmos y temáticas de origen correntino (y/o zona guaraní), obras musicales que tratan de expresar con factura de rapsodia, concierto, cantata, ópera, ballet, comedia musical, etcétera, que son aportes valiosos que enorgullecen a Corrientes.

La música folclórica correntina como manifestación

y expresión elevada el espíritu

Como ejemplo de lo mencionado, se cita la obra musical de RICARDO SUAREZ, lamentablemente perdida. La de DALMIDIO ALBERTO BACCAY quien, en su libro “Vitalidad expresiva de la música guaraní”, Buenos Aires, 1961, en el Capítulo VIII, “Estilización”, consigna:

“La designaremos con el nombre de ‘guaranítica’, porque esta modalidad regionalista está impregnada de sabor autóctono y, esencialmente, porque toda la experiencia recogida la aplicamos en este estilo musical libre”.

Más adelante expresa:

“Para comprender el alcance y significación de una música americana, integrada por elementos populares que, mediante etapas, se vaya transformando hasta constituir un estilo culto, debemos señalar la necesidad de recurrir a las experiencias técnicas universales y a la integración de distintos tipos melódicos-rítmicos, ya sean los mismos de origen indígena, africano o europeo.
“La técnica instrumental, los efectos sonoros, el lenguaje armónico y las estructuras formales, son otras de las fases de esta evolución, que puede culminar, a nuestro juicio, en la transformación de un estilo musical de sustancia pura, desarrollado sobre el nivel de la técnica contemporánea, que debe servir al compositor como un medio para lograr la integración total de las esencias indoamericanas, según las distintas regiones y núcleos poblacionales, sin descartar la penetración afroeuropea”.

Las obras de Baccay: “Invocación”, guaranítica; “Nocturno de amor indio”, guaranítica; “Evocación guaraní”, etcétera, son algunos ejemplos de temas musicales, que el autor ha creado, como un intento de estabilizar sobre la base de la música del área guaraní.

También EDGAR ROMERO MACIEL ha compuesto una serie de obras integrales que, por el nivel musical alcanzado, es una evidencia del talento creativo de este músico correntino. Sus obras: “Rapsodia correntina”, “Rapsodia blanca”, “Rapsodia verde”, “Te damos gracias Señor”, “La Misa correntina”, “Cantata de los cuatro siglos”, “Amanece mi pueblo. Epopeya de la Virgen del Carmen, de Sauce, Corrientes”, la comedia musical “El último acto”, “Cantata: Las Cautivas”, entre otras, son evidencia de su vena creativa.

La profesora de música OLGA PIÑEYRO de PIÑEIRO compuso: “Historia de amor en la Ciudad de Vera”, obra ballet, en siete actos, con estilo neoclásico, en el que se incluyen los ritmos de chamamé y de rasguido doble.

También “LITO” VITALE, compositor argentino, compuso “Kuarahy”, obra musical para ballet clásico, que fuera estrenado en Buenos Aires, en Noviembre de 1991, por el “Ballet Argentino”, con los primeros bailarines, Julio Bocca y Eleonora Cassano. Un espectáculo musical que asume la temática de la mitología guaraní, para un desarrollo coreográfico para ballet.

Existe una pléyade de músicos que, con su actuación, elevó el prestigio musical de la Provincia. Algunos, desde la cátedra de enseñanza, desde la composición y ejecución de obras clásicas, desde la difusión de obras universales. Citarlos es un deber, para que sus nombres no queden en el olvido: Eneas Verardini, Luis Proieto, Pedro Crespo, Amletto Alfredo Viola, Ricardo Suárez, Carmen Aguilar, Josefa Aguilar, Luis Moretti, Emilio Cayetano Colazzo, Domingo Tedesco, César Zapponi, José Corace, Sebastián D’Amico, Delmo Bartolenci, María del Rosario Ageret de Benítez, Graciela Ageret de Márquez, Cayetano Troia, Segundo Alvarez, Irma Juana Navone Paiva, Tomás Alarcón, José D’Amico, Francisco Coronel, Elvia Proietto, Rodolfo Proietto, Manuel Viladesau, Rocco Perna de Fornari, Rosa María Turco de Viola, Orlando De Biassi, entre otros.

Hay que citar también a Héctor Ayala, músico de Buenos Aires, que ha compuesto una serie de “aires argentinos”, y el número 5 corresponde al tema “Chamamé”.

Otros nombres como Ireneo Cuevas -de Santa Fe-, y Héctor Farías, de Entre Ríos, han compuesto temas basados en ritmos del Litoral.

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