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Las danzas imitativas en los pueblos primitivos y en la cultura guaraní

Ernesto Grosse, en su obra “Los comienzos del Arte”, afirma que la danza es un arte plástico animado, señalando que entre las tribus primitivas, la danza tuvo una importancia de carácter social, siendo la expresión más inmediata y poderosa del sentimiento estético.

La característica fundamental de la danza consiste en el orden rítmico de los movimientos, por ello se puede afirmar que “no hay danza sin ritmo”.

Una primera clasificación de las danzas primitivas pueden agruparse en los siguientes tipos: a) Danzas Imitativas; b) Danzas Mímicas; y c) Danzas Gimnásticas.

Las dos primeras consisten en una serie de imitaciones rítmicas, de actitudes referidas a animales, en primer término, y de actitudes de los hombres, en segundo lugar.

Por el contrario, en las danzas gimnásticas, no se imita a ningún modelo natural.

Cabe señalar que esta tipificación de danzas existe a un mismo tiempo en la mayoría de los grupos primitivos, es decir, que la naturaleza de las mismas se entrecruzan, empleando códigos gestuales imitativos y gimnásticos al mismo tiempo.

En la cultura guaraní, que lógicamente no es una excepción a esta clasificación, se encuentran estas características en el desarrollo coreográfico de sus danzas originales, predominando las danzas imitativas o mímicas de animales, en las que las aves ocupan el primer lugar. Este hecho posee varias explicaciones. Se debe considerar, dentro del encuadre religioso y de la mitología propia de cada animal elegido.

El ritmo es la cualidad esencial del baile, y con esto, el aborigen expresaba sus sentimientos codificados en un ordenamiento rítmico de movimientos que satisfacía el sentido de identidad tribal y el de la identificación con ideales u objetivos de carácter existencial. Al mismo tiempo, se realizaba una conjunción con la naturaleza toda.

La naturaleza selvática desbordaba los límites de su imaginación, en cuyo seno las aves son un poco las dueñas del espacio que transitan, y viven en libertad.

En segundo término, las danzas mímicas proporcionaban la satisfacción del instinto placentero de imitación lúdica, propio de todo ser humano. Grosse consigna:

“El instinto de imitación es, en verdad, una cualidad humana, pero su fuerza varía según la evolución cultural del hombre que proporciona a ésta un sentido y un simbolismo particular por medio del cual atrapa el espíritu del ave elegida y se siente, en parte, identificado con él”.

Si a estos conceptos se unen las referencias sagradas que el hombre guaraní tiene en cuenta mientras danza, se observa que celebra un ritual religioso solemne. Se está en presencia de una actitud ceremonial que propicia el encuentro con los más puros sentimientos, propios de sus creencias sagradas.

La danza de los guaraníes

En el libro “El maravilloso mundo de la danza”, de Arnold L. Kaskell, se señala que “la forma de bailar de la gente y sus razones para ello nos dicen mucho sobre su manera de vivir y pensar”. Las palabras del autor conducen a varias reflexiones; por un lado, las referidas a todo grupo humano, cuando consigna que el término “danza” y “danzar” proviene de la antigua expresión alemana “danzón”, que significa “estirarse”, y todo baile está compuesto de estiramientos y relajaciones, por ello el baile es un medio para expresar las propias emociones a través de una sucesión de movimientos disciplinados por el ritmo.

También se puede pensar que la danza humana es tan antigua como el primer hombre, que expresaba sus sentimientos de alegría o de miedo por medio de su cuerpo, con pasos, saltos o gestos rítmicamente repetidos.

De esta manera, el hombre tupí-guaraní creaba acciones determinantes de su danza ritual, que incluía en cada acontecimiento de su vida: por un nacimiento, en el crecimiento de un hombre joven, en una boda, para curar a un enfermo, para enterrar a un muerto, para la buena cacería, para la guerra, etcétera...

Nacen, así, rituales con bailes para todos los acontecimientos en la vida de la comunidad. Los más importantes acontecimientos de la tribu son acompañados de una explicación narrada o cantada por parte del “ava paje” (shamán), el “arandu” del grupo, cuyo canto y palabras se desgranan en oraciones que se transforman en mensajes sagrados, y los integrantes del pueblo inician el ritual bailando. Son bailes mágicos de imitación, sugiriendo, a través de pantomimas, las acciones deseadas, lo que los espíritus deben transmitir, para ayudar a los bailarines a consumar sus ideales.

Por lo general, se imita una acción o un hecho acontecido en las tradiciones religiosas, que tienen un significado simbólico. Generalmente se forman círculos alrededor de algo o de alguien que se cree posee un poder especial de tipo mágico-sagrado. El baile es tan absorbente, que los bailarines no sienten fatiga ni dolor y, a medida que giran los intérpretes, creen haberse convertido en espíritus volátiles, etéreos, que pueden alcanzar a volar hacia el espacio.

El círculo formado por los danzantes origina la creencia que el poder sagrado emana del objeto o persona que se halla en el centro del mismo, y que regresa otra vez en forma infinita hacia ellos. Este poder se distribuye entre los participantes y origina un permanente entusiasmo, que crece con el pasar de las horas.

Los bailes de imitación de las aves, por parte de los guaraníes, tienen un papel vital en la vida del cazador, que ofrece el ritual de la danza para propiciar la buena caza o establecer una buena relación con esos pájaros mensajeros celestiales a los que reconoce como “propiciadores de buenas noticias”. En muchos casos, los bailarines se disfrazan o utilizan elementos que configuran una imitación de las aves, copiando sus movimientos, sus costumbres, con el objeto de identificarse con ellas o para lograr ser escuchados o escuchar sus mensajes.

Estas viejas danzas imitativas poseen, en todos los casos, un sentido mágico-religioso y superviven en las tradiciones orales que se expresan en las narraciones míticas que se traducen en gestos y movimientos miméticos y en algunas costumbres nativas que son asumidas por los asistentes al ritual. Pasado el tiempo, muchas de estas danzas son el único medio para conocer un acontecimiento o una creencia sagrada y rememorarla.

Hay que señalar que todas las danzas de origen guaraní tenían un carácter propiciatorio, que reformulaban una estrategia para alcanzar el éxtasis necesario y posibilitar el ascenso espiritual hacia la “Tierra sin Mal”.

Antecedentes miméticos

En el libro “El shamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis”, su autor, Mircea Elíade, hace referencia a la significación que poseen las virtudes que debe portar un “shamán” (brujo-sacerdote-sabio de la tribu), que entre los tupí-guaraní recibe el nombre de “ava paje” (hombre-sabio-sacerdote-guía espiritual).

Señala este autor, en forma exhaustiva, las diferentes costumbres que asumen estos shamanes, según las creencias y los pueblos, y se detiene particularmente en el hecho de aquéllos que tienen relación con aves, a las que denomina “mitos ornitológicos”.

Se han extractado las ideas principales de cuatro fragmentos que se refieren a:

1) El Lenguaje;
2) El Simbolismo;
3) Los Ritos; y
4) El Vuelo Mágico.

Estas referencias explicitan antiguas costumbres guaraníes, que involucran la imitación de pájaros, el sentido y el valor simbólico que poseen y los gestos o movimientos rituales necesarios para lograr el estado de gracia o éxtasis para actuar como un auténtico “ava paje”.

1) El Lenguaje:

“Aprender el lenguaje de los animales y, en primer lugar, el de las aves, equivale, en cualquier parte del mundo, a conocer los secretos de la naturaleza y, por lo tanto, a poder profetizar. Estos animales pueden revelar los secretos del porvenir, porque son considerados como los receptáculos de las almas de los muertos o las epifanías de los dioses.
“Aprender su lenguaje, imitar su voz, equivale a poder comunicarse con el más allá y con los cielos....
“Convertirse uno mismo en ave, o ir acompañado por un ave, indica la capacidad de emprender, viviendo todavía, el viaje extático al Cielo y al más allá”.

2) El Simbolismo Ornitológico:

“...el indumento shamánico tiende a procurar al shamán un nuevo cuerpo, mágico, en forma de animal Los tres principales tipos son: el ave, el ciervo y el oso, pero especialmente el ave.
“El indumento ornitomorfo: en todos lados se encuentran plumas de aves en la descripción de los hábitos shamánicos... la estructura de los indumentos trata de imitar, lo más fielmente posible, la forma de un ave.
“El hábito... puede incluso ser considerado como una perfecta ornitofonía ... entre los shamanes ... se encuentra la forma más amplia y complicada de indumento ornitomorfo; su hábito muestra todo un esqueleto de ave de hierro ... incluso en donde el hábito no presenta una estructura ornitoforma visible, el adorno de la cabeza es de plumas e imita a un ave ... El shamán ... lleva alas en los hombros y se siente transformado en ave, al ponerse su vestido; le otorga un aspecto ornitomorfo; el hábito del ave es indispensable para el vuelo hacia el otro mundo.
“Por la misma razón, en las leyendas, una mujer shamana vuela por los aires tan pronto como consigue la pluma mágica. A. Ohlmarks cree que esta convicción es de origen ártico y que debe relacionarse directamente con las creencias en los espíritus auxiliares, que ayudan al shamán a realizar su viaje aéreo.
“Pero, como ya hemos visto y volveremos a ver más tarde, se encuentra el mismo simbolismo aéreo en todo el mundo, relacionado precisamente con los shamanes, los hechiceros y los seres míticos que éstos, a veces, personifican”.

3) Los Ritos de Ascensión:

“... el simbolismo ornitológico del indumento shamánico y los innumerables ejemplos de vuelo mágico entre los shamanes siberianos, se hallan ideas similares en la India antigua: ‘El sacrificador, convertido en ave, sube al mundo celeste’, afirma la Pañcavimca Brahmana, V. 3, 5...
“La tradición del vuelo mágico está siempre relacionada con la India antigua y medieval, con santos, yoguis y magos.
“La ascensión y el vuelo mágico ocupan un lugar de primer orden en las creencias populares y las técnicas místicas de la India. En efecto, elevarse por el aire, volar como un pájaro, etcétera, son algunos de los poderes mágicos que el budismo y el hinduismo confieren a los arhats, a los reyes y a los magos voladores.
“Los textos búdicos se refieren a cuatro clases de poderes mágicos de traslación, el primero de los cuales, es el volar como el ave”.

4) El Vuelo Mágico:

“Los shamanes siberianos, esquimales, americanos, etcétera, vuelan. En todo el mundo se atribuye a los brujos y a los medicine man, el mismo poder mágico..., tienen la facultad de transformarse en aves, se transmudan en aves, porque el poder de volar los hace semejantes a los espíritus... Estos rasgos nos recuerdan el simbolismo ornitomorfo...
“El poder de volar, según innumerables tradiciones, era patrimonio de todos los hombres de la edad mítica: todos podían llegar al Cielo...
“El simbolismo del vuelo y la mitología del alma-ave, como la identificación del muerto con un pájaro, eran ya conocidas en las religiones del Cercano Oriente arcaico.
“El simbolismo y las mitologías del vuelo mágico pertenecen a la ideología de la magia universal y desempeña un papel esencial en muchos conjuntos mágico-religiosos”.

* Integración:
Luego de considerar estos fragmentos de Mircea Elíade, se puede realizar una síntesis integrativa que posibilite determinar las características propias del ava paje, personaje de mucha importancia en el grupo tribal, quien debe lograr las condiciones óptimas para desarrollar sus potencialidades espirituales y guiar a su pueblo hacia la búsqueda de la “Tierra sin Mal”.

Por ello, lograr el lenguaje que comunica a las aves con Dios -Supremo Hacedor-; conocer los simbolismos propios de los pájaros sagrados, encontrando la manera de adoptar sus virtudes; lograr el ritual de ascensión, que propiciará su vuelo celestial o vuelo mágico, son los ingredientes que pretende alcanzar luego de un largo proceso de ayuno, de privaciones, de sueños dirigidos a comunicarse con el “más allá” y, fundamentalmente, al permanente empleo del canto de textos sagrados y a la danza rítmica que, progresivamente, lo transformará en un ser espiritual, tan liviano, que podrá ascender sin dificultad a las esferas celestes, para encontrarse con la palabra divina que le mostrará el camino de la “Tierra sin Mal” y posibilitar que guíe a su pueblo hacia un destino trascendente.

Esta es, en síntesis, la religiosidad del hombre guaraní, que vive esencialmente una actitud religiosa, una manera de ver y transitar esta vida otorgada por “Ñamandu - el primero, el único hacedor de todo lo que existe”. En suma, una interpretación sacralizada del mundo, donde el canto, la música y la danza son expresiones que utiliza como medios para alcanzar un lugar junto a Dios.

Con respecto a las aves que el shamán o “ava paje” considera sagradas para los rituales específicos que él mismo cumple, existe una referencia muy clara, estudiada por Alex de Montal, en su obra “El Shamanismo”. Al respecto, se ha tomado la clasificación que menciona a los “animales de poder”, es decir, aquellos animales que consideran mágicos, con poderes sobrenaturales, y son un símbolo que encubre un sentido mítico, que se hunde en el tiempo y se traduce en gestos, mímicas y palabras que, unidas, representan un metalenguaje muy difícil de comprender.

Con respecto a los pájaros, el autor citado señala una tipificación que abre un panorama cierto para la adecuada comprensión de estos fenómenos culturales.

La clasificación que establece es la siguiente:

Los pájaros celestes: Son las representaciones aladas de las divinidades. Pueden transformarse en hombres, y ser portadores de bienes o males, que se traducen en castigos o beneficios para los creyentes.
“Pueden dividirse en:
* Pájaro soberano: Es el mensajero de la voluntad de los dioses, capaz de elevarse por encima de las nubes; es el símbolo de los estados espirituales superiores, y lleva el alma del shamán en trance.
* Pájaro solar: De mirada penetrante, fuente y expresión de luz, es la percepción directa, la contemplación, el conocimiento.
* Pájaro tutelar: Que se posa en la cima del “árbol cósmico”, cuna de shamanes; vela paternalmente por todos los males humanos y cura las enfermedades.
* Pájaro iniciador: Padre del primer shamán; primero, revela los secretos de su poder a una mujer, poseyéndola y regenerándola.
* Pájaro maléfico: Cuando su poder se convierte en orgullo, opresión, desmesura y perversión.
* Pájaro victorioso: Al que le asocian virtudes de coraje y nobleza; simboliza el poder excepcional y lo trascendente”.

Estas diversas interpretaciones mítico-ornitológicas, referidas a las actividades que representan para el shamán o ava paje de los guaraníes, el simbolismo de ciertas aves, que fundamentan sus ideas y pensamientos de tipo religioso que, a su vez, se traduce en mensajes, cantos y danzas que transmite a la tribu como un don especial que obtiene por sus cualidades especiales.

Jean Chevalier opina que “los símbolos son las llaves de lo desconocido... Ese vasto campo que lleva en sí presentimiento, intuición o fe, tal vez también ascesis o mítica, sólo posee, sin embargo, una vía de comunicación, para revelar su existencia sin desvelar su misterio ontológico; es la vía de los símbolos. El lenguaje simbólico orienta acerca del misterio mismo de la vida en respuesta a las preguntas de la conciencia”.

Es importante traducir este lenguaje mítico, que representa para el guaraní otro sentido y cuyo simbolismo está, en muchos casos, oscurecido por un hermetismo que solamente es entendido por los “arandu” y los “ava paje”, mensajes que se transmiten oralmente, de generación en generación, en cantos y danzas, que miméticamente, reflejan un nuevo lenguaje, que es la expresión más pura, más auténtica del pensamiento y de la cultura guaraní, y en todos ellos, aparecen las figuras indiscutibles de “pájaros celestes”, como portadores de señales, mensajes, palabras, que son guardadas y cumplidas por el pueblo, como consignas de la divinidad.

Herencia coreográfica arcaica

La aparición constante de melodías con nombres de aves dentro del panorama de la música folclórica de la región guaraní obedece a una herencia arcaica, que proviene de las mismas raíces de la cultura guaraní. Es importante recalcar el hecho de que las danzas más antiguas de Corrientes tengan denominaciones de algunos pájaros que tienen que ver, coincidentemente, con las creencias religiosas del hombre guaraní. El ejemplo más evidente, es el del “mainumby” (picaflor, colibrí).

Pero hay otras danzas que reflejan el proceso de folclorización que sufren sucesivamente las coreografías provenientes del “Viejo Mundo”, y que progresivamente se incorporan a la cultura guaraní, gracias a la obra de evangelización en estas tierras.

Cabe agregar la alternativa coreográfica que involucra la imitación, en ritmos y movimientos, que se evidencian en algunas danzas estudiadas: “El Pavo”, “El Ipecú” (ypekũ: pájaro carpintero), “La Golondrina”, etcétera, entre otras cosas, que obedecen a un rasgo común que las caracteriza: la mímica propia del ave, que el bailarín o los bailarines asumen en la danza.

Se considera que muchas de las figuras de estas coreografías se han perdido en el olvido, por el fenómeno lógico del paso del tiempo y del sincretismo, o a las omisiones que sufren todas las danzas del mundo. Este hecho, que ha sido estudiado por eminentes investigadores, otorga la seguridad que, con el correr de varios siglos, las modalidades coreográficas han sufrido una transformación posible, que conduce a suponer que muchas danzas imitativas hayan ido perdiendo esta rigurosa serie de gestos rítmicos, que al ser recopiladas, se han sintetizado en pocos giros y pasos, que muchas veces están alejadas totalmente de sus formas originales.

Es el mismo pueblo que las creó quien se encarga de transformarlas, de conservarlas y, en otros casos, de deformarlas, con el imperio del uso y abuso, por las interinfluencias de otras modalidades rítmicas, o por el hecho simple de su decadencia que conduce, lógicamente, al olvido.

Así se han perdido, en el camino del tiempo, muchas expresiones coreográficas que alcanzaron, en su momento, una determinada popularidad y que, por la imposición de otra danza más atrayente o más fácil, se superpone a ésta, o simplemente la reemplaza, ocasionando un progresivo desplazamiento en el gusto popular.

Entre 1700 a 1900, se puede observar este fenómeno en varias danzas populares, que en el ámbito rural han pasado de ser aceptadas unánimemente y, luego de un lapso, por imperio de otra “moda” bailable, son reemplazadas, con la misma velocidad con que un día, no tan lejano, se impusieran. Este es un misterio que se entronca en el denominado “gusto popular”, que obedece a reglas incontrolables, y ha otorgado, a través de diversos procesos, la depuración, transformación o recreación de modismos coreográficos que han pervivido, en muchos casos, gracias a la buena voluntad de memoriosos bailarines de esas épocas.

En otras ocasiones, se han encontrado las recopilaciones de estudiosos de la música folclórica, como es el caso de Ricardo Suárez, quien hallara, en viajes al Interior de la Provincia, versiones del “Mainumby” y de “La Golondrina”, danzas cuyas coreografías y partituras fueron pautadas por el citado músico correntino y publicadas muchos años después por su hija, Ofelia Suárez, en revistas de divulgación folclórica.

Las danzas mímicas entre los primeros cristianos

Los primeros cristianos menospreciaban los ritos griegos y romanos. Pero la Iglesia romana adaptó los bailes paganos a su propio culto, adecuándolos a ciertos rituales. Ya que no podía desarraigar las antiguas costumbres, inteligentemente hizo uso de ellas. Un ejemplo es el siguiente:

“Cuando moría un hombre, los griegos bailaban en corro, para marcar, sin peligro, su paso a través del infierno hasta los campos de los bienaventurados”.

Los primeros cristianos tomaron esta idea, interpretando un “baile de funeral” para celebrar el nacimiento a la vida eterna de un hombre muerto. Creían que el difunto se uniría a multitud de ángeles quienes, con movimientos circulares, glorificaban a Dios, el Creador. De esta manera, los bailes en las iglesias empezaron a imitar los anillos de los ángeles.

Fue Clemente de Alejandría, guía de la Iglesia Católica, quien aprobó este tipo de danzas en los templos.

“Entonces bailarás en corro con los ángeles en derredor a El, quien no tiene ni principio ni fin”.

Los bailes sagrados también celebraban los aniversarios de la muerte de los mártires o de los santos. De esta manera, los creyentes daban culto, y al mismo tiempo pedían ayuda para alejar la enfermedad y el demonio. Tales ritos se representaban frente a los altares, o a un costado del mismo, con la participación de uno o varios bailarines; podían ser desde simples pasos ceremoniales, o saltos de alegría, un corro majestuoso o vivaz, o una procesión de muchos integrantes, acompañando con canto coral e instrumental.

Las procesiones fueron, en su momento, el sitio y la oportunidad precisa para desarrollar esta manifestación coreográfica que, unida a coros y orquestas instrumentales, proporcionaban el marco adecuado para el desenvolvimiento del ritual religioso.

Las tradiciones hispanas, especialmente, han brindado muchos elementos para expresar este sentir sacramental que se heredó desde la época de la evangelización. Las danzas y coros acompañaban diversas manifestaciones litúrgicas, especialmente en ceremonias como Misas, procesiones de Santos Patronos, entierros y otras circunstancias, en las que se ponía de manifiesto el culto orientado a glorificar a Dios.

A pesar de la posterior prohibición de la Iglesia Católica, años después estos bailes en los cementerios, por ejemplo, mantuvo vigente una superstición, en la que se afirmaba que estas danzas “eran para y contra la muerte”, “para dar reposo y proteger a los vivos de intentos de la muerte por enterrarlos...”.

Estas coreografías de origen sacro-profanas han alimentado, por mucho tiempo, el espíritu de la gente, propiciando diversas creencias, donde se mezclan lo pagano y lo divino, donde se entrelazan las supersticiones, la magia y el recuerdo arcaico de antiguas costumbres que, con el tiempo, se degradan o se convierten en rituales paganos.

Se observa, de esta manera, cómo también la cultura religiosa, heredada de España, traía consigo costumbres religiosas que incluían manifestaciones coreográficas que se van a integrar, progresivamente, en una comunión de gestos, de signos, de símbolos y creencias y, fundamentalmente, de rituales, que son desarrollados por estos pueblos a través de más de cuatro siglos.

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