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Las reglas gramaticales son intransferibles

Un error común en el que caen quienes hablan guaraní en Corrientes, e incluso en el Paraguay, es el deseo de tildar el guarani aplicando al mismo las reglas de acentuación del castellano, pensando que de ese modo se haría más fácil la escritura. Creemos dejar demostrada la inconveniencia de dicha propuesta.

Este régimen de tildación, que tiene el guarani, responde a su tipología de lengua polisintética y a principios lingüísticos. Responde, además, a la necesidad política de independencia y diferenciación del castellano. Este aspecto también es importante. Alfabeto y acento gráfico son dos elementos esenciales para hacer que una lengua tenga su propia identidad y personalidad. Al leer el rótulo de una calle o el indicador de la ruta, la gente debe darse cuenta que está escrito en guarani, aún cuando no sepa leer el idioma.

Son reglas gramaticales las que establecen el alfabeto, el régimen de tildación, la separación de las palabras, la unión de los afijos a sus regentes y sus disposiciones complementarias. Son conceptos gramaticales: el establecimiento de las categorías léxicas, la clasificación de las mismas y de sus accidentes, tales como los tiempos de los verbos, sus modos, etc.

Reiteramos que la descripción científica de una lengua no puede seguir el esquema de otra lengua. Cómo se comporta el verbo o cómo se transforma el sustantivo, son fenómenos que deben ser explicados tal como se manifiestan en cada lengua.

Reiteramos que las gramáticas de las lenguas son exclusivas e intransferibles. Estas quedan en el idioma Las nuevas generaciones de correntinos deben conocer estos principios lingüísticos universales para romper el colonialismo cultural.

Necesitamos liberar a la lengua materna del sometimiento a las reglas del castellano y dignificarla por el bien de nuestra identidad cultural.

Ninguna lengua es pura

Nada es tan antiacuado como reclamar pureza a una Lengua viva. Los fundamentalistas de la pureza deberían llevar sus ideas a otros campos, porque en el plano lingüístico son estorbos. Frenan el desarrollo de las lenguas, lo paralizan. Con frecuencia esta idea se presenta asociada a las ideas políticas “nacionalistas” y no dista mucho de la “pureza étnica”, “ideológica” o “religiosa” que de cuando en cuando azota con su flagelo a la humanidad.

Los puristas tienen una visión estática de la Lengua. Creen que la misma ya está hecha y completa. No pueden asimilar la idea de que es una creatura cultural viva y dinámica, en permanente y perpetua mutación. O bien, si la admiten, proponen que todos los cambios se realicen dentro de la misma Lengua, con sus propios elementos, libre de todo elemento foráneo, alimentada con su propia carne, como el personaje del viejo mito.

Ninguna lengua es pura. La castellana, por ejemplo, es un amasijo de aproximadamente 14 lenguas, a juzgar por su acerbo lexical. Sostenida sobre sus dos grandes pedestales: el griego y el latín; moldeada por la lengua de los godos; surtida por las lenguas semitas: judía y árabe; nutrida por vocablos de lenguas interiores: el euskera, el catalán, etc., así como de lenguas americanas: el quechua, el nahuatl, el guaraní y otras tantas. Sin embargo mantiene su identidad y personalidad propias mediante la preservación de su sistema morfosintáctico y fonológico.

A los correntinos nos queda por averiguar cuántos vocablos del guarani ya admitió en su diccionario la Real Academia de la Lengua Española.

Para consuelo de los puristas, decimos que el guarani es hoy y ahora una de las lenguas más puras del mundo; incluso el guaraní paraguayo con toda su carga de hispanismos. Sólo necesita que se le preserve su sistema morfosintáctico.

En cuanto al léxico, que vengan todos los barbarismos, que él se encargará de reducirlos a su sistema fonológico y quedarán guaranizados.

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