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La manea

Sobre la famosa manea que fue hecha con una lonja de la espalda de Berón de Astrada se dieron varias versiones sin haberse podido confirmar cuál era la verdadera o si realmente ninguna lo era.

Manuel F. Mantilla relata lo siguiente:

“El inglés Etgoodman (a) García, prisionero durante las invasiones británicas, después mayordomo de Brittain en una estancia de Calá, fue quien cortó la oreja al gobernador de Corrientes y la clavó en el carretón de Urquiza (tradición conservada en Corrientes; me la confirmaron Julián Grané -soldado del ejército de Lavalle y capitán de Garibaldi en San Antonio- y Nemesio González, oficial de la ‘Guardia Republicana de Caá Guazú’).
“Un oficial de apellido Calventos, jefecillo o caudillejo engreído de la costa del Uruguay, de los que servían al paladar de Urquiza y por ende gozaba de una desmedida protección, fue el que sacó o mandó sacar la tira de piel del cuerpo del gobernador sacrificado.
“Hizo de ella Calventos una ‘manea’ con argollas y virolas de plata, la que (según referencias) fue regalada a Urquiza”.

Pero, según Vicente Fidel López, en su “Compendio de Historia Argentina”, fue un jujeño de distinguida familia, el coronel Bárcena, el que fabricó la manea blanca con lonjas de la espalda de Berón de Astrada que hizo secar y sobar y que él mismo entregó a Rosas, quien la expuso “en el salón de los recibos como una maravilla del Arte y del Patriotismo Federal”.

La prensa unitaria de Montevideo, recogiendo el Informe de algunos oficiales que actuaron en Pago Largo, culpó a Urquiza de ser responsable del ultraje del cadáver.

Urquiza habló sobre este asunto, años después, en 1849, con Angel Elías, un viejo unitario compañero de Lavalle, que fue secretario del jefe entrerriano en la campaña de Caseros, y que publicó en 1850 un folleto titulado: “Una visita al general Urquiza”.

Este es el relato de Urquiza:

“En la batalla de Pago Largo, Berón de Astrada halló la tumba y, según mis enemigos, yo se la abrí y fui el autor de lo que se hizo en su cadáver, arrancándole parte de la piel que, a estar a los que escribían en Montevideo, de ella se hizo una presea de caballo para presentarla al general Rosas; ¡mentira abominable!
“De esa piel no se ha hecho ninguna manea, pues no hace mucho que ella se conservaba en Galeguaychú en la casa de D. N. en el cajón de una cómoda.
“Berón de Astrada murió en Pago Largo, como murieron otros en la derrota y en la persecución (...) Respecto a la piel que se le había sacado desde el cuello hasta la espalda, la primera noticia que tuve me la dio un brasileño, el señor Asambulla, comisionado por el general Bentos Gonçalves, cerca del general Echagüe, que estaba conmigo al segundo o tercer día de la batalla, y la adquirí precisamente en el momento que pasaba cerca de nosotros un joven soldado, cuya vista arrancó al señor Asambulla estas palabras: ‘Vea usted eso’.
“Yo me fijé en el soldado, y como no conociera en él nada que pudiera obligar al brasileño a prorrumpir con admiración, me dijo entonces: ‘Eso que lleva ese militar colgado del pescuezo del caballo es la piel del gobernador de Corrientes’.
“Llamé inmediatamente al soldado para informarme del hecho (...)”.
El general Urquiza iba a continuar esta narración cuando ¡coincidencia rara! llegaba en ese momento adonde estábamos un paisano que venía a ver al general; lo llamó inmediatamente diciéndome:
- ‘¡Qué casualidad!, aquí tiene usted al que sacó la piel a Berón de Astrada’. ‘Ven para acá’, le dijo el general;
- ‘¿ Quién sacó la piel al gobernador de Corrientes?’
- ‘Yo, señor’, contestó el paisano.
- ‘¿ Y quién te lo mandó?’
- ‘Yo nomás, señor’.
- ‘¿ Y qué te dije yo cuando te llamé para preguntarte qué era lo que llevabas en el pescuezo del caballo?’
- ‘Que no podía negar que era un asesino y que si no me mandaba fusilar lo agradeciera a que era muy joven’.
“En efecto - dijo el general interrumpiendo el interrogatorio y dirigiéndose a mí- este bellaco era entonces una criatura que no lo hice pasar por las armas en atención a su corta edad, y continuó:
- ‘¿ Y por qué siendo tú el que hiciste eso con Berón de Astrada declaraste en la Banda Oriental que yo te había mandado?’
- ‘Porque el general Núñez -que entonces servía con Rivera- me dijo que si no declaraba que V. E. era el que había sacado la piel al gobernador de Corrientes, me iba a fusilar y yo, porque no me matara, falté a la verdad y dije que V. E. me había mandado’.
- ‘¿Y por qué después en Montevideo volviste a declarar lo mismo?’
- ‘Porque se me dijo que así convenía y yo tuve recelo de que algo podía sucederme’.
- ‘Bien -dijo el general dirigiéndose a mí- pues ha de saber Ud. que este muchacho es un bellaco que ha andado entre los salvajes unitarios hasta que imploró mi perdón, y yo se lo concedí, pues a nadie se lo niego, sólo que sea un pícaro de muy malas costumbres como el salteador, que aunque pasen veinte años lo he de castigar, y seguramente a esto debo el orden que reina en el país y la desaparición casi completa de los crímenes que antes eran tan repetidos’”.

(Provincia de Corrientes. Ley Nro. 732. “Literatura sobre Pago Largo”, pp. 44-46).

Es posible si que Urquiza no tuviera nada que ver con la profanación del cadáver de Berón de Astrada, pues antes habían sido amigos y el entrerriano sintió la muerte del correntino.

Tanto es así que, luego de Pago Largo, ante el avance de las fuerzas entrerrianas, Urquiza quiso proteger a la familia de Berón de Astrada de los posibles vejámenes que pudiera sufrir y la llevó a Entre Ríos, estableciendo en La Paz a las hermanas y al primo, el coronel Antonio E. Berón, que ejerció allí el cargo de Comandante de Frontera.

Más tarde, siendo presidente de la República, concedió a la familia una subvención y al coronel Berón seis mil leguas de campo.

Como se puede apreciar, por las versiones encontradas, la fértil imaginación de los enemigos de Rosas elucubró tanto que al final hizo más confusas las cosas y lo más claro que tenemos es la versión del principal damnificado por la especie: Urquiza.

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