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El Gobierno correntino pide reducir la recluta a un nuevo regimiento de caballería

23. IV. 1825.- El Gobierno de Corrientes observa la disposición que ordena formar en su territorio una fuerza veterana, arguye razones políticas y expresa estar de acuerdo en reducir la recluta a un nuevo regimiento de caballería.

Corrientes, Abril 23 de 1825

El Gobierno de Corrientes ha recibido la comunicación que, con fecha 16 de Marzo, le ha pasado el señor ministro de Guerra y Marina, he impuesto de las razones que se le expresan para justificar la resolución de crear en esta provincia uno o más Escuadrones de Caballería de Línea, se ve obligado con este motivo a considerar el proyecto con toda la gravedad e importancia que él demanda y a manifestar con un lenguaje de franqueza y sinceridad que el Exmo. Poder Ejecutivo Nacional, al concebir el proyecto, no se ha colocado sobre las verdaderas observaciones que debieron darle el conocimiento necesario para fijar el resultado de esta determinación.

Se trata de levantar una fuerza en Corrientes que consulte su seguridad interior, que la ponga al abrigo de las aspiraciones de los portugueses y paraguayos y ha cubierto de las incursiones de los bárbaros del Norte. Se le indica la remisión de un jefe, oficiales, sargentos y cabos para la creación de esa tropa y que el todo de los Gastos saldrá de la Caja Nacional, pero no se le acerca al verdadero conocimiento del peligro que pudo dictar esta resolución para llevarla a cabo con éxito y feliz resultado, pues los temores que se expresan son bastante generales para decidirse por ello a adoptar una medida de difícil ejecución en las circunstancias del país.

Desde que un orden general y sostenido hizo desaparecer las facciones que envolvían el territorio, su seguridad fue mayor a proporción que una política previsora hizo descubrir la marcha que debía adoptarse en precaución de los males experimentados.

Desde entonces, la provincia de Corrientes ha gozado de la más perfecta tranquilidad, fundada en el principio que si en la época del desorden y compromiso no se había visto insultada por unos enemigos poderosos y a quienes se les incitaba a ello, con una conducta diametralmente opuesta no podía esperar probablemente ningún riesgo.

Sin embargo, desde los momentos de su organización se contrajo el Gobierno a ponerla en un pie de respetabilidad capaz de responder a la Nación de su existencia política, siempre y cuando le fuera pedida esta cuenta.

Se creó un escuadrón de dragones; se organizaron las milicias y con esta fuerza el Gobierno tiene la satisfacción de haber conservado el orden interno y alejado los peligros que de otro modo pudieran presentarse.

No hay duda que si el Gobierno consultara sólo el bien y felicidad de los pueblos que le están encomendados, él no debía sostener por más tiempo una fuerza veterana cuya existencia y conservación causa la ruina de la provincia.

Para convencerse de esta verdad, es necesario no fiar el cálculo a noticias inexactas o a revelaciones de sujetos cuyos intereses estén en contradicción con los que reclama la felicidad del territorio. Basta saber que el país no puede sufragar la manutención de las diferentes guarniciones que se han creido precisas para su seguridad, y la resistencia impulsada por la escasez y miseria, que oponen los vecinos a prestar el auxilio de ganado necesario para la conservación de aquéllas, es una prueba dolorosa de esta verdad y cuyo conocimiento lo prestan los oficios de los Comandantes Militares de Campaña, que originales conduce el enviado que se destina cerca del Poder Ejecutivo Nacional.

Este mismo conocimiento ha fijado desde los principios la atención de este Gobierno y le han obligado a proyectar la compra de ganado del otro lado del Uruguay, aminorar los destacamentos en aquellos puntos en que su existencia no es de una imperiosa necesidad y adoptar otras medidas que calmen el clamor general a que la miseria incita a los habitantes de la provincia.

Hasta ahora, el Gobierno de Corrientes se ha contraido a hacer ver la imposibilidad en que se halla el país de atender a la subsistencia de la tropa que se le manda levantar y de paso quiere hacer una observación que a su juicio es de alguna entidad y consideración.

A los portugueses no puede ocultárseles el verdadero origen que da impulso al aumento de la fuerza veterana en esta provincia, tanto porque lo discurren diariamente, cuanto por la iniciativa que hacen los papeles públicos de esa capital. Es pues probable que fijen su espectación sobre este paso y que conciban algún proyecto cuya idea les sea remota por ahora.

Si el peligro que descubre la anterior observación no hubiera de ser otro que el de ser destruida la fuerza, podría tal vez justificarse la resolución, pero no es así; la disipación de la fuerza pondría en sus manos el territorio con el doble título que harían valer para ocuparlo.

No parece, pues, prudente poner en peligro la suerte de unos pueblos que, aunque gozan los derechos de la libertad nacional, padecen todavía la desolación que causó la anarquía y guerra civil y esta provincia que -como las demás- ofrece aún los vestigios desde aquella época turbulenta, se halla por su localidad expuesta a ser de las primeras que sufran las consecuencias de una medida que deba acelerar su ruina, tanto más pronto cuanto no siendo general y progresivo ese estado de respetabilidad, correría sola los conflictos sin la esperanza de ser auxiliada oportunamente por los demás pueblos hermanos.

Quedan expresados los fundamentos en que el Gobierno de Corrientes se apoya para hacer ver al Poder Ejecutivo Nacional que al adoptar la resolución que se indica en oficio del 16 de Marzo no se ha colocado sobre los verdaderos conocimientos que debieron darle la localidad práctica del país, sus recursos y su población, con las demás relaciones que no deben esconderse a una autoridad destinada a guiar a las demás.

Sin embargo, el Gobierno de Corrientes, dispuesto a llenar en cuanto le sea posible los objetos que demande el interés general de los pueblos de la Unión, está resuelto a practicar todo aquéllo que se crea convenir en beneficio o seguridad de la comunidad y muy particularmente de la creación de un escuadrón más de caballería, todo a la vez que el Ejecutivo General, por ignorarse donde exista esa Caja Nacional, le facilite cuantos recursos sean precisos al efecto y muy especialmente con qué atender a su subsistencia y en cuyo caso debe omitirse la remisión del jefe y oficiales que se le indica por la probabilidad de que no surta efecto el reclutamiento voluntario ni forzado y se pierda la oportunidad, contrayéndose sólo a los sargentos o cabos de instrucción, mientras el país poco a poco se desimpresione de la experiencia que le han dado sus anteriores desgracias.

El Gobierno de Corrientes tiene el honor de saludar al señor ministro de Guerra y Marina del Ejecutivo Nacional y ofertarle su más alta consideración.

P. FERRE

Al señor ministro de la Guerra y Marina del Gobierno de Buenos Aires, Encargado del Ejecutivo Nacional.

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