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El comercio exterior de la Corrientes autónoma

La ubicación geográfica de la provincia había favorecido el desarrollo de sus actividades mercantiles. Situada su capital sobre el Paraná, prácticamente frente a la confluencia con el río Paraguay, unió a las posibilidades que podía ofrecerle su zona de control político las ventajas de su vecindad con el Paraguay y las buenas cualidades de su puerto para el calado de las embarcaciones de la época.

Asimismo, la red fluvial del Interior de la provincia, especialmente los ríos Corriente -con sus afluentes Batel y Batelito- y Santa Lucía, contribuyó a facilitar la salida de los “frutos del país” hacia sus puertos exportadores.

La Ley de Aduanas de Enero de 1825 habilitó los puertos de Goya y Esquina, además del de Corrientes, para el comercio exterior: el de Goya -próximo a la desembocadura del Santa Lucía- y el de Esquina, junto a la del río Corriente. Unos meses después, en Mayo del mismo año, se añadió el puerto de la recientemente fundada población de Bella Vista, al norte de Goya(1).

(1) Ley de Arancel y Reglamento General de Aduanas, del 26 de Enero de 1825, en el “Registro Oficial de la Provincia de Corrientes”, tomo I, p. 354; ley del 17 de Junio de 1825 -que habilitaba al puerto de Bella Vista para las operaciones de carga y descarga- en el “Registro Oficial de la Provincia de Corrientes”, tomo I, p. 375. La exclusividad de esos tres puertos volvió a ser ratificada por decreto del 17 de Diciembre de 1829, también en el “Registro Oficial de la Provincia de Corrientes”, tomo II, p. 328. El puerto más importante -luego del de Corrientes- era el de Goya, sobre el que explicaba d’Orbigny:
“Goya no creció realmente hasta 1812 porque, esperando que las leyes provinciales se sancionaran, ese lugar empezó por servir de puerto a las mercaderías extranjeras y para la exportación de los numerosos productos de estas comarcas, lo que determinó que, en 1823, se le diera el título de Ciudad y fuera el segundo puerto de la provincia.
“El comercio es allí tan libre como en Corrientes. Gran número de comerciantes se establecieron para embarcar los cueros del abundante ganado que cubre las orillas de los tres grandes ríos vecinos y debido a la concentración de los productos de los tabacales, en medio de los bosques de palmeras yataís, que se extienden desde allí hasta Caacaty (...).
“Todo anuncia que Goya será muy importante por su comercio siendo, por derecho, la salida de todos los productos de las regiones australes de ese país, tan ricas en establecimientos donde se cría ganado (...).
“Hay numerosos negocios atendidos por extranjeros e indios”.
Alcides d’Orbigny. “Viajes por la América Meridional” (1946), tomo 1, p. 374. Ed. Futuro, Buenos Aires. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

El comercio por el río Uruguay, con los vecinos Estados del Brasil y el Uruguay, fue de casi imposible regulación dada la falta de control político de la provincia sobre su despoblada franja oriental, en la que sólo existían restos de algunos ex pueblos guaraníes que habían sido parte de las misiones jesuíticas.

Recién en 1830 se efectuó un intento de controlar el tráfico por aquella zona, mediante el establecimiento de dos rutas obligatorias: una, por el Paso de Itaquí y el camino a Curuzú Cuatiá; la otra, por el Paso de los Higos y su respectivo camino a la misma ciudad del sur correntino, en la que se había establecido una Receptoría de Rentas en 1821, y en Diciembre 1830 se habilitaba el Paso de Santa Ana -sobre el Uruguay- para el comercio con las Misiones Orientales(2).

(2) Decreto del 30 de julio de 1830 y ley del 11 de Diciembre de 1830, en el “Registro Oficial de la Provincia de Corrientes”, tomo II, pp. 393 y 381, respectivamente. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Luego de los efectos destructivos de las luchas civiles, el comercio exterior de la provincia se habría de recuperar, aunque no en la medida que deseaban los correntinos. Para una evaluación de ese comercio en el período que nos ocupa, sólo tenemos cifras a partir de 1825 (véase Cuadro 1). 

Cuadro 1
Comercio Exterior de la Provincia de Corrientes (1825-1841)
(en pesos plata)

Año Importaciones Exportaciones Balanza
1825 357.624 172.232 - 185.392
1826 391.074 258.322 - 132.752
1827 385.411 286.879 - 98.532
1828 196.801 206.550 9.749
1829 626.448 411.203 - 215.245
1830 462.934 241.967 - 220.967
1831 349.008 322.287 - 26.721
1832
426.243  332.325  - 93.918 
 1833  407.147 374.832  - 32.315
1834 394.953 334.733 - 60.220
1835 540.279  455.809  - 84.470
1836 399.967 435.387 35.420
1837 502.511 350.183  - 152.328
1838 308.640 213.088 - 95.552 
1839 96.779 64.221  - 32.558
1840 387.991 202.987 - 185.004
1841 397.076 314.175 - 82.901

Fuentes: años 1827 y 1829, en el Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, tomo II, pp. 219 y 233. El resto de los años, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Expedientes Administrativos, planillas sueltas (se trata de planillas anuales, intercaladas generalmente entre los expedientes administrativos de los primeros meses del año siguiente, cuyo título que, con ligeras variantes, se mantiene durante todo el período, es: “Estado General que manifiesta las Entradas y Salidas que ha habido en la Caja General y Receptorías de la provincia, con distinción de ramos, capitales de importación y exportación en todo el año de...”).

En una primera lectura, lo más llamativo de este Cuadro es el permanente déficit de la Balanza Comercial que constituyó una de las raíces de los conflictos de Corrientes con Buenos Aires y de su política global del período.

La expansión del comercio libre había penetrado también su economía al punto que las importaciones componían ya parte del consumo popular. Los registros comerciales no permiten distinguir el origen -fuese rioplatense o ultramarino- de las mercancías importadas, como para lograr una estimación discriminada de esas importaciones.

Textiles ingleses y franceses y ferretería inglesa sobre todo, así como artículos suntuarios de diverso origen figuraban -junto a productos sudamericanos y de otras provincias rioplatenses, como el tabaco brasileño, los ponchos cordobeses y el aguardiente cuyano- en el consumo de los habitantes de Corrientes.

Las mercaderías importadas, comentaba d’Orbigny,

“consisten principalmente en paños ingleses y franceses, sobre todo de estos últimos, porque son muy baratos; en franelas de todos colores, que sirven para hacer o forrar los ponchos o para fabricar chiripás; en indianas y, particularmente, en vestidos de muselina, en bordados verdes o rojos, de producción inglesa; en sombreros de lana, etcétera”(3).

(3) Alcides d’Orbigny. “Viajes por la América Meridional” (1946), tomo 1, p. 320. Ed. Futuro, Buenos Aires. Del mismo autor:
“Se fabrica en Córdoba la mayoría de los ponchos de lana usados en Corrientes; son más o menos finos y generalmente grises con rayas rojas y azules. Hay también de otros colores y de distintas telas.
“Los colores más usados son el azul, el rojo y el verde. Las mujeres hacen en Corrientes ponchos de lana, adornados de vivos colores y que son de una gran solidez. Se emplean como mordentes el alumbre y los orines putrefactos.
“Ellas tejen también ponchos de algodón, de un tejido muy cerrado y casi impermeable, rayado alternativamente de blanco y azul”, en Alcides d’Orbigny. “Viajes por la América Meridional” (1946), tomo 1, p. 355. Ed. Futuro, Buenos Aires. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

El consumo de las importaciones textiles era abundante hasta en las capas populares. Así lo muestran las listas de mercaderías enviadas desde los puertos a lugares del Interior y aún las mismas cuentas de peones que comentamos en otro lugar: lienzo, bramantes, “sarasa”, hachas, bayetas, pañuelos casimir, pañuelos de seda, chales casimir, figuran -las cuatro mencionadas en primer término con frecuencia- en las cuentas de los peones del establecimiento de Spalding, junto a tabaco, sal y otros productos de origen correntino y rioplatense.

Importaciones ultramarinas, por ejemplo, enviadas de Buenos Aires a Goya en 1833, incluían tijeras, cuchillos, estribos de metal, agua de Colonia, peines de marfil, papel, té, peinetas, jabón americano, aceite, arroz, vinagre, vino Carlón, Málaga, fideos, muselinas, crisoles, limas y alambres para plateros(4).

(4) Cuentas de León Spalding. Cuentas de Peones, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Papeles de Particulares, Legajo Unico; “Razón (...) de los efectos que introdujo con Guía de Buenos Aires don Baltasar Forman”, Goya, 20 de Marzo de 1833, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Expedientes Administrativos, 1833, Legajo 38. Este documento, representativo del conjunto, permite distinguir con seguridad el origen de cada producto, pues lo clasifica a los efectos de aplicarles los distintos aranceles correspondientes a mercancías rioplatenses y extranjeras. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Sin llegar, entonces, a la situación subrayada por Parish para Buenos Aires donde, según el diplomático inglés, salvo las botas de potro y boleadoras, el resto de lo que utilizaba el gaucho en su vida cotidiana era de origen europeo, el consumo de productos importados estaba bastante extendido en la provincia de Corrientes.

Contribuía a ello no sólo la falta o la insuficiencia de la producción local, sino también el menor precio de algunas importaciones textiles con respecto a las producidas en la provincia. Como recuerda Mackinnon:

“Debe decirse que los vestidos, casi todos de fabricación regional, aunque comparativamente toscos, estaban hechos a mano muy acabadamente y, por lo tanto, eran mucho más caros que las ropas femeninas europeas de la misma calidad”(5).

(5) L. B. Mackinnon. “La Escuadra Anglo-Francesa en el Paraná. 1846” (1957), p. 119. Ed. Hachette, Buenos Aires. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

En ese consumo de importaciones existen, evidentemente, productos que podemos considerar de lujo, lujo modesto y esporádico, pero al que no eran reacios los paisanos del Río de la Plata cuando disponían de algún recurso. Aunque también en esto privaba la ventaja de la baratura de algunos productos importados:

“De los géneros que Ud. me ofrece -le escribe al importador un comerciante del Interior- si hay pañuelos de lanilla de bonitos colores y buen gusto podrá mandarme una 1/2 docena y otra 1/2 docena de los de puntos blancos; 2 docenas de muselina de 4/4 con cenefa color y, sin ella, una docena de espumilla, si son medianos y baratos; o de seda medianos de buen gusto baratos; si hay algunas 3 ó 4 medias piezas de linón estampado de colores que, si es posible, no sea el fondo blanco y que su precio no sea caro; algunas docenas de cuchillos de cabo blanco, medianos, como de 2 $ docena y ordinarios de 10 a 12 rs.; 4 docenas de vainas de cuchillos, diferentes tamaños; dos cajitas de zarcillos de diferente gusto que los que me mandó; y una de sortijas; y alguna otra chuchería si tiene siendo barato para estos destinos”.

La insistencia en la baratura concuerda con el rechazo de otros artículos:

“Debo decirle que los 4 velos de punto son enteramente inútiles para estos destinos; si a Ud. no le sirve de inconveniente se los devolveré muy bien acondicionados. Los pañuelos de espumilla ha hecho bien de no mandarlos, pues son muy caros”(6).

(6) Correspondencia de José Cayetano Fernández con José Fontenau, Septiembre de 1834 a Noviembre de 1835 (pago de efectos diversos, hecho en parte con metálico y en parte con productos ganaderos de San Antonio del Palmar -Enero 1ro. y Enero 20 de 1835- al comerciante residente en Corrientes) en: “Fernández, José Cayetano, Concurso”, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Expedientes Administrativos, Sección Judicial, 1835, Legajo Nro. 83, Expediente Civil 2.253.. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

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