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Mercados limitados en la primera mitad del siglo XIX

Las informaciones de diversas fuentes respecto del carácter lucrativo de la producción agropecuaria, así como los cálculos respecto del valor de las propiedades y de sus ganancias, no indican que existiese en Corrientes un mercado de tierras generalizado. Las noticias dispersas que se encuentran sobre el particular más bien muestran que la tierra entraba en circulación dentro de condiciones limitadas.

En primer lugar, como es lógico, estaban las tierras con cierto mínimo de extensión, una adecuada ubicación respecto de las posibilidades de transporte de los productos y ciertas características de aptitud para la explotación agropecuaria -terrenos no anegadizos, buenos pastos, zonas no expuestas a riesgos de bandidos o de incursiones indígenas, entre otras-. Pero, junto a los testimonios de ventas de campos para explotación agropecuaria, agrícola o mixta, consta la habitual ocupación de tierras sin ocupación mercantil ni título legítimo. La abundancia de tierras públicas, por una parte, y la de tierras de propiedad privada con explotación extensiva, unida a las situaciones tradicionales semejantes al colonato, por otra, facilitaba el asentamiento de la población sin título alguno.

Así, la facilidad con que se reproducían la producción doméstica para autoconsumo y la pequeña producción mercantil conspiraba contra el desarrollo del mercado de tierras, como también del mercado de mano de obra. Ambos mercados eran hipotéticamente libres. La tierra no estaba vinculada a privilegio alguno y la mano de obra -a excepción del corto número de esclavos, cuya participación en actividades productivas iba en acelerado declive- carecía de lazos de sujeción personal.

En lo que respecta a la tierra, el Estado correntino iniciaría y llevaría adelante con tenacidad una política de poblamiento y de regularización de la tenencia por medio de una abundante legislación cuyas características hemos ya detallado, que respondía, por una parte, a cánones doctrinarios de los economistas italianos y españoles del siglo anterior y cuya justificación remitía a la libertad e igualdad de derechos que establecía el Reglamento Constitucional de la Provincia.

En cambio, respecto de la población trabajadora -o potencialmente tal-, desarrollaba una firme política de restricción de su libertad de movimientos y de su posibilidad de subsistencia al margen de formas legalizadas por el Estado provincial. La tendencia fue constreñir a la población al trabajo productivo, y facilitar un acceso a la tierra legalmente ordenado, en la esperanza de acrecentar así los excedentes comerciables.

Ante esa política, la respuesta de buena parte de la población que debía haber estado interesada en regularizar su situación en aprovechar las facilidades concedidas para convertirse en propietaria, muestra que, o bien juzgaba innecesarios tales procedimientos dada la facilidad con que se podían ocupar gratis terrenos públicos o privados, o bien carecía del mínimo de recursos necesarios para llevarlos a cabo.

Dadas las reiteraciones de los ofrecimientos gubernamentales, incluido el de gratuidad en ciertos casos, y las sucesivas ampliaciones de los plazos establecidos, es posible partir del citado juicio vertido en uno de esos documentos públicos -en el que se califica esa actitud como “apática e indiferente” hacia la oportunidad de asegurarse la propiedad de la tierra poseída-, y reinterpretarlo en el sentido de la primera de las dos hipótesis recién anotadas; esto es, de la falta de interés en el esfuerzo necesario para garantizar la propiedad de un bien relativamente abundante y cuyo usufructo era prácticamente gratuito.

Las limitaciones de los mercados de tierra y mano de obra se correspondían con las del mercado de dinero. Las dificultades de la economía y del Fisco provincial vinculadas a la creciente escasez de metálico contribuían a ello pues, como en todo el Río de la Plata, los tiempos posteriores a la Independencia habían conocido un continuo flujo del metálico hacia el exterior.

Al agravamiento de la escasez de plata a comienzos del período, y la consiguiente depreciación de las mercancías, debe haber concurrido también un refuerzo de la tendencia a la tesaurización derivada de la inseguridad vivida por la población correntina luego de la Independencia. D’Orbigny advertía que en Corrientes el dinero “se echa a tierra” -hábito que, unido al déficit de la balanza, le hacían parecer razonables las medidas oficiales de prohibir la exportación de metálico(1).

(1) Alcides d’Orbigny. “Viajes por la América Meridional” (1946), p. 334. Ed. Futuro, Buenos Aires. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

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