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Las estancias correntinas

Desde mediados del siglo XVIII se afirmó en Corrientes la estancia como unidad productora de la ganadería, dejando atrás definitivamente al primitivo y ya exhausto régimen de las vaquerías.

Las tierras incorporadas en este período -y sobre todo el Paiubre- contribuyeron de modo positivo a la expansión y al aumento de animales vacunos. Por otra parte, la real cédula de 1778 de comercio libre y la posibilidad de exportar cueros por el Puerto de Buenos Aires permitieron consolidar la importancia económica que había alcanzado la ganadería.

Las tierras incorporadas eran aptas para ese desarrollo. El Paiubre constituye una planicie levemente ondulada y abierta, sin lagunas ni bajos, con buen drenaje y regada por gran cantidad de arroyos. Estos, a su vez, forman rinconadas, en donde es más fácil mantener los rebaños sin que se dispersen.

Pastizales bajos se alternan con zonas de pastos altos y cubren toda su extensión cortada de tanto en tanto por montes de ñandubay, grupos de algarrobos y espinillos. Estos árboles constituyeron un auxilio indispensable para la edificación de los ranchos, los corrales y la provisión de leña para las estancias(1).

(1) Sobre el paisaje del Paiubre y bajos del río Corriente, véase Enrique D. Bruniard. “Bases Fisiogeográficas para una División Regional de la provincia de Corrientes” (1966), en “Nordeste” Nro. 8, pp. 33-37. Asimismo una buena descripción del paisaje correntino en el siglo XIX, en Zacarías Sánchez. “Notas Descriptivas de la provincia de Corrientes” (1894), Corrientes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Los campos de Corrientes, sin llegar a las posibilidades de la pampa bonaerense, eran muy superiores a los paraguayos para el mantenimiento del ganado, ya que estos últimos se agotaban con rapidez y el clima aplastaba a los animales sin favorecer su incremento. Ello permitió que Corrientes actuara, desde antiguo, como abastecedora permanente del Paraguay con remesas de ganado en pie(2).

(2) Juan Francisco Aguirre. “Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomo II, Primera Parte, pp. 383-384, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La estancia correntina no era diferente en lo fundamental de la rioplatense pero, en un principio, sus dimensiones y características la ubican más cerca de las estancias paraguayas con las cuales estuvo siempre vinculada. Ello fue así hasta que la expansión hacia el Sur le permitió un desarrollo más amplio y un mercado en constante crecimiento.

Dada la complejidad del tema y la falta de documentación específica sobre las estancias, resulta difícil precisar todos sus rasgos así como su funcionamiento. A pesar de ello, se pueden inferir algunos datos respecto de su ubicación geográfica, extensión de las estancias, dimensión de los rodeos y equipamiento, que contribuyen a mostrar con más claridad los perfiles de estos establecimientos ganaderos.

En el primer caso hay que partir del hecho de que es imposible determinar la superficie ocupada por las estancias y las disponibilidades de tierras realengas hacia 1800-1814, época en que concluye la expansión de la frontera Sur.

Pero dada la dirección que tomó el movimiento poblador, puede estimarse que durante todo ese lapso se habían ocupado ya las mejores tierras del triángulo fluvial y la Cuenca del Iberá y que sólo parcialmente pudieron ser utilizadas las vastas regiones del Paiubre, Curuzú Cuatiá y los bajos del río Corriente y Guayquiraró(3).

(3) Ante la falta de un catastro para la época o las actuaciones y libros útiles, las fuentes disponibles para seguir este proceso son, desde luego, incompletas e indirectas. Entre ellas figuran, en primer lugar, la nómina de mercedes en depósitos otorgadas por el Cabildo hasta 1779, extractadas de las Actas Capitulares; el Informe de Francisco de Salinas, de 1772; las ventas realizadas entre particulares, consignadas en los Protocolos de los escribanos locales; los testamentos y cartas dotales, incluidas en la misma fuente; y las ventas de realengos por remate, seguidas en Buenos Aires ante el Juez Subdelegado. Aquí son usadas, prioritariamente, las cuatro primeras, pero un expurgue completo del último rubro podrá arrojar aún mayores datos sobre el tema. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Es evidente que la zona del triángulo fluvial enmarcado por el Paraná y el Santa Lucía poseyó las estancias más antiguas de la jurisdicción, a pesar de los vaivenes operados en esa zona en 1718 y 1739 y las posteriores repoblaciones. Pero eran también las más reducidas, en comparación con las estancias que se fundaron después.

Según Juan F. Aguirre, en Paraguay “una legua de frente y 3 de fondo es una estancia corriente para cría de 4.000 cabezas de ganado”(4).

(4) Juan Francisco Aguirre. “Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomo III, Primera Parte, p. 189, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Si se toman en cuenta los datos aportados por las mercedes en depósito otorgadas por el Cabildo y las ventas realizadas entre particulares se percibe que los Partidos de Ensenadas, Empedrado, Muchas Islas, Ambrosio, San Lorenzo e Itatí poseían estancias de las que sólo una pequeña parte tenía un frente de una legua o poca cosa más; que el 20 % alcanzaba frentes de media legua; y que el resto -un 65 %- poseía aún menos de media legua de frente.

Otro tanto ocurre con las estancias de los Partidos de Caá Catí y Zapallos, al Oeste; y de Saladas y Mburucuyá, al SSE(5).

(5) Las noticias consignadas en las Actas Capitulares apenas añaden datos fuera del lugar de ubicación de la merced en depósito. Las ventas, en cambio, son más precisas, pero su número fue escaso ya que entre 1775-1810 sólo se documentaron 86 en los Registros de Corrientes. El 63 % de las ventas se refiere a estancias ubicadas en el triángulo fluvial. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Protocolos, passim. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

En cambio, la región ubicada entre los ríos Santa Lucía y Corriente -de poblamiento más moderno- acusa ya estancias de mayor extensión. Allí los establecimientos poseían frentes de 1, 2, 3 y hasta 6 leguas(6).

(6) Las estancias más extensas documentadas eran -en este sector- las de Antonio Luis Poyson, en la costa del río Corriente, de 6 leguas de frente por 14 fondo, en testamento del 11 de Noviembre de 1788; la adquirida por Ziprián de Lagraña, el 3 de Diciembre de 1776, de 41/2 leguas de frente, “lindera de otra que ya poseía”; la adquirida por José Rodríguez, el 26 de Octubre de 1785, de 2 por 3 leguas; la de José Verón de Astrada, entre el Batel y río Corriente, de 2 por 4 leguas, citada en testamento del 26 de Octubre de 1795; la de María Isabel de Casajús, en igual sitio y de 23/4 por 3 leguas, en carta de donación y patrimonio del 16 de Enero de 1799. Todas en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Protocolos.
En el Informe de Salinas ésta es la zona mejor documentada. En él constan las estancias de Juan Fernández Chávez (3 x 4 leguas); Juan García de Cossio (5 leguas); Sebastián de Casajús (2 x 4 leguas); Juan Esteban Martínez (21/2 x 2); Tomás Ortiz (2 x 2 leguas); Pedro Pérez Serrano (2 x 4); y otras 30 de menores dimensiones. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 18 (1771-1773). Todos, menos el primero, estaban ya confirmadas entre 1767 y 1771.

Año Propietario Número de vacunos Dimensiones de la estancia
en leguas
1774 José Godoy 1.500  
1777 Domingo Sotelo 1.100 1 x 1
1780 Juan de Bergara 300  
1785 Antonio T. Martínez de Ibarra 6.000 1 x 2
1786  Antonio Arze   1.960  
1786  Dionisia Monzón  2.000  3/4 x
 1787 José Valenzuela  1.500   
1788 Antonio Luis Poyson 10.000 6 x 14
1789 María Carmen Cano 800 1/2 x 1
1790 Juan Cruz Silva 2.798  
1792 Francisco Vilela 15.000  
1794  Antonio Insaurralde   4.500  
1795  Fulgencia Báez  5.910  3 x
 1795 José Verón Astrada  10.000  2 x 4
 1796 José Obregón  3.015   
1796 Francisco León Pérez 1.800  
1798 Juan Antonio Pérez 6.000 3 x
1799 María Isabel Casajús 3.000 3 x 3
1799 Fernando Soberón 1.000 l 1/2 x l
1800 Urbano de Araujo 600 1 x 2
1800 Domingo Portillo 1.470 1 x 1
1800 Nicolás Esquivel 1.465 1 x 2
1802 Miguel G. Gramajo 6.280 1 x 2
1808 Leandro Encinas 3 x 5

// Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Por fin, en las regiones en vías de ocupación -como el Paiubre, Curuzú Cuatiá y los bajos del río Corriente- pese a que la información es mucho más escasa las estancias parecen haber sido igualmente extensas aunque mucho menos concentradas que en la región anterior(7).

(7) Algunos ejemplos de las dimensiones de las estancias en la zona, las de Francisco Díaz Moreno (3 x 5 leguas); Domingo Merino (2 leguas); Juan de la Granja (10 x 5 leguas); todas en el Archivo General de la Nación, Tribunales, Libro 15, Expedientes 16, 26 y 24. El 29 de Diciembre de 1796 se litiga por una extensión de 33/4 x 61/4 entre Pedro Cano y José Ignacio Taivo; el 25 de Febrero de 1801 hay una venta a Félix de Llanos, de 2 x 10 leguas. Estas últimas en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Protocolos. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Otro aspecto que interesa también determinar y que se halla en relación directa con la superficie de las estancias es la magnitud y variedad de los animales que poseían. Algunas referencias ocasionales de Aguirre y de Azara -ambas de 1784- aluden a vecinos que poseían rebaños de 40.000 y 11.000 cabezas, respectivamente, lo cual sugiere existencias individuales muy considerables(8).

(8) Juan Francisco Aguirre. “Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomo I, Primera Parte, p. 377, Buenos Aires; y Félix de Azara. “Viajes inéditos de D ... desde Santa Fe a la Asunción, al interior del Paraguay y a los pueblos de Misiones” (1873), p. 45, con una noticia preliminar por el general Bartolomé Mitre y algunas Notas por el doctor Juan María Gutiérrez, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Si bien hubo propietarios de cierta magnitud la regla general fue la posesión de rodeos mucho más reducidos, ya que todos los datos provenientes de los documentos antes citados y de las guías llevan a pensar de esta manera.

Así, por ejemplo, un estado de los embargos trabados en 1766 a los comuneros correntinos revela que, sobre un total de 54 hacendados, 28 poseían estancias, pero todos ellos no alcanzaban a reunir ni 8.000 vacunos(9).

(9) El documento en el Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 3, Armario 3, Nro. 7. Si bien es posible que dichas cifras y el detalle de los restantes bienes puedan ofrecer reparos por eventual ocultamiento de las haciendas, no hay duda de que las existencias ganaderas de la época estaban resentidas. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

En años posteriores y a través de testamentos e inventarios se pueden ofrecer otras cifras correspondientes a la época del auge ganadero.

Aunque los testimonios ofrecidos sólo representan una reducida parte de los establecimientos, los rodeos de mayor magnitud oscilan entre las 10.000 y 15.000 cabezas de vacunos(10).

(10) Todos los datos están tomados del Archivo General de la Provincia de Corrientes, Protocolos y Tribunales, en los años correspondientes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Pero aún si se tomaran en cuenta las cantidades de animales que cada uno vendió entre 1780 y 1797, registradas en las guías, las cifras amplían la lista de los ganaderos pero no llevan a pensar en rodeos excesivamente grandes.

La cría de animales no se reducía, por supuesto, a los vacunos, sino que incluía equinos, mulares y ovinos. Había, así, bueyes para la tracción y la molienda; caballos útiles y mansos para las tareas del campo; abundante yeguada y potros para amansar; en algunos casos se practicaba la cría de mulas y casi nunca faltaba una majada de ovejas, generalmente bastante numerosa.

Otro aspecto de interés para considerar es el relativo al equipamiento de las estancias. La descripción de Juan F. Aguirre, hecha sobre la base de la estancia paraguaya, es en gran medida aplicable a la estancia correntina:

“El primer cuidado del poblador es hacer la casa que particularmente llaman estancia: un rancho de una sala y dos calacas cerradas es la vivienda principal, y si vive el amo, unos dos más para capataz y peones.
“Una silla rota, una mesa del propio tenor, un catre de cuero o correas y dos tinajas, con una estampa ordinaria, es todo el ajuar de casa y capilla. Algunos tienen su poco de decencia más y están cubiertas de teja; cueros, guascas, palos y cuerdas para colgar los equipajes de camisa y calzoncillos, arreos de montar, lazos y alguna guitarra, etc., están abundantes. Los perros es también género de abundancia”.

En cuanto el equipamiento de las estancias, agrega:

“El segundo cuidado son los corrales, dos chicos para mudas de caballos y encierros de lecheras, y otro grande que llaman rodeo para ganado. Todos se forman de palmas o palitroques con estantes y traviesas. Son bajos y el rodeo necesita de 200 á 300 varas de largo, con poco menos de ancho para que esté desahogado y haya lugar para los apartes”(11).

(11) Juan Francisco Aguirre. “Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomo III, pp. 189-190, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

En este caso corresponde señalar que los inventarios de Corrientes registran, en todos los casos, los corrales aludidos y añaden también los ranchos para peones y esclavos. Hay también frecuentes indicaciones de huertas o chacras, con arboleda o frutales; trapiches, se mencionan en casi todos los casos; tahonas “corrientes y molientes”; carretas; y, en alguno que otro caso, galpones extensos, hornos y hornallas(12).

(12) Inventarios de Antonio de la Trinidad Martínez de Ibarra del 20 de Agosto de 1785; Antonio Luis Poyson, del 11 de Noviembre de 1788; Antonio Insaurralde, del 23 de Enero de 1794; y José Verón de Astrada, del 26 de Octubre de 1795, particularmente detallados, aunque no los únicos tomados en cuenta. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Protocolos. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Los trabajos de la estancia se manejaban con muy poco personal. Un capataz y 8 a 10 peones bastaban para los apartes, arreos y yerras en una estancia de 5.000 a 10.000 cabezas, según el juicio de Aguirre(13).

(13) Juan Francisco Aguirre. “Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomo III, p. 189, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Sobre estas faenas, Aguirre añade también interesantes comentarios:

“El primor de una estancia es enseñar al ganado que venga de por sí al rodeo, lo cual se consigue trayéndole al principio todas las tardes, y de cuando en cuando, o dos veces a la semana lo mas tarde cuando ya esta aquerenciado. Esto llaman parar rodeo.
“Si la estancia es buena, puede hacerse; si principalmente le falta agua, no. Entonces se derrota o redota, como ellos dicen; se van lejos a las aguadas, se entripula con los ajenos, se alza y es casi tal ganado no hubiera. De mes a mes se hace la recogida y nada se adelanta, porque se vuelve a ir”.

El trabajo es rudo, pero se realiza con intervalos de poca actividad:

“En los rodeos, y a fuerza de lazo, se hacen los apartes del ganado, ya de mita, esto es para el gasto, o ya de venta; también el terneraje para desagusanar con frecuencia después de la parición que sucede por Agosto hasta Diciembre, y para la hierra o marca, una vez al año, con terneras del pasado. Se necesitan lo menos 100 caballos útiles. En estancias aquerenciadas los más días no hay que hacer y es la peor faena la de las recogidas, porque duran mucho y son a la inclemencia del tiempo. Al capataz se le entregan por número y responde por él y con marca las muertes”(14).

(14) Juan Francisco Aguirre. “Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomo III, pp. 189-190, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La vida rural en la campaña correntina entrañaba muchos peligros y limitaciones para los campesinos, que se hicieron sentir nítidamente en este período. Con la expansión de las fronteras aumentó el aislamiento y la decadencia de los hábitos y costumbres tradicionales, así como también aumentó la delincuencia.

Estas circunstancias ya habían sido advertidas en las visitas pastorales de los obispos Fray Sebastián Malvar y Pinto y Benito de Lué y Riega, en 1779 y 1805. Ello se debía también al retraso con que se trazaron las parroquias, se formaron los pueblos y se proveyó de Justicia y de escuelas a la región, instituciones destinadas a encauzar la vida social en el orden y la cultura vigentes.

Un Bando del 9 de Enero de 1784 señalaba la preocupación de las autoridades por esta descomposición social, y la necesidad de “buscar a los delincuentes, castigar a los pecadores públicos, blasfemos, amancebados públicos, ladrones ... vagamundos, rufianes y gente de mala vida”.

Las demandas ante la Justicia registran esa situación en la campaña con notorio predominio de delitos por abuso de autoridad, lesiones, heridos y asesinatos, raptos, bigamia y estupro. No pocas veces los inculpados son indios o pardos, lo cual indica el grado de mezcla racial existente entonces en la campaña. Se observa también la presencia de “gauderíos”, cuya boleadoras fueron alguna vez objeto de secuestro(15).

(15) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Tribunales, Expedientes Judiciales (15 legajos sin numerar desde 1790 a 1806). Sobre las visitas del obispo Benito de Lué y Riega a Saladas y San Roque hay testimonios insertados en los Libros de Bautismos (Saladas, 19 de Julio de 1805) que aluden a la bigamia, el juego y las costumbres poco arregladas de los campesinos como “el intolerable abuso de traer públicamente desnudos los niños y de la desnudez de pecho de las mujeres, como igualmente el disimulo y tolerancia de los juegos de envite, velorios y penitencias públicas”. El Bando aludido es de Quesada, del 9 de Enero de 1784, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 25 (1785). El caso de los gauderíos, en Acta del Cabildo del 24 de Noviembre de 1790, Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Pero donde el problema se acusa con mayor frecuencia y nitidez es en los robos de hacienda y cueros. Este mal, ya advertido por el Cabildo en 1779 y 1786, se tornó endémico desde la década de 1790 en adelante(16).

(16) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 25 (1776-1782); y 26 (1783-1789). Actas del 15 de Enero de 1779 y 13 de Noviembre de 1786. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Por una parte se hizo notorio que tanto capataces como peones solían abusar de la falta de residencia de sus patrones en las estancias y vendían a changadores y mercaderes lotes de cueros y otros derivados(17).

(17) Hay testimonios de ello en documentos del 19 de Diciembre de 1788; 27 de Mayo de 1795; 3 de Enero; y 3 de Junio de 1803, todos en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Tribunales, Expedientes Judiciales 1790, Actas Capitulares 27 (1790-1799); y en el Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 3, Armario 4, Nro. 3 y Sala IX, Cuerpo 4, Armario 6, Nro. 4. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Otras veces son facinerosos que se internan en los campos a robar lo ajeno. Así, por ejemplo, en la denuncia que hace Francisco Galarza -estanciero de Mburucuyá- se refieren algunos detalles del problema y las condiciones imperantes en el trabajo rural de entonces:

“Sus animales orejanos no los pudo marcar por su muchedumbre ... y escasez de peones que quieran sujetarse a vivir conchabados y subordinados a las estancias de la jurisdicción, ya por las muchas montañas que en aquel continente abrigan a los ganados sin poder ser vistos, ni extraídos de ellas con facilidad moral, ya por los oyales con espartillares de que se haya cubierta aquella campaña ... el indicado perjuicio de matanza de mis ganados orejanos executados por algunos changadores que no queriéndose sujetar a una vida regular han tomado por oficio faenar y vender cueros de garra sin poseer haciendas de que hacerlos”(18).

(18) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Tribunales, Expedientes Judiciales 1796. Denuncia contra Domingo Miño y Mariano Jara, del 15 de Marzo de 1795; otras veces son vecinos que se aprovechan de la hacienda ajena, como consta en la denuncia del 3 de Agosto 1798 contra Leandro Encinas, en Documentos de Gobierno 35 (1798-1800); y del 3 de Marzo de 1804, de Pedro Cano contra Félix Aldao, en el Archivo General de la Nación, Cuerpo IX, Sala 3, Armario 4, Nro. 3. No faltó tampoco algún abuso de autoridad como se desprende del Acta del 11 de Enero de 1808, Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 41 (1808). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Otras veces, las discordias aparecían por uso indebido del campo ajeno o por mezcla de las haciendas sin marcar(19).

(19) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Tribunales, Expedientes Judiciales 1791. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El problema residía, en buena medida, en la necesidad de un mayor control judicial y fiscal de la campaña pero también en la falta de ocupación estable de la población rural, empobrecida y sin propiedad.

Ya el Cabildo de Corrientes había propuesto, en 1787, que los que vivían agregados a las estancias se reunieran en pueblos, pero ni ello era fácil ni resolvía la cuestión de fondo(20).

(20) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 26 (1783-1789). Acta del de Junio de 1787. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El 27 de Julio de 1795 el Cabildo resuelve establecer la papeleta de conchabo, a fin de distinguir a quienes poseen ocupación de las “gentes de servicio que dedicadas a la haraganería sin querer conchabarse, al paso que no tienen cosa propia que cuidar, ni de qué mantenerse, viven ociosos ... causando daños, escandalizando al público de que resultan perjuicios irreparables, en cuyo remedio se acordó que precisa e indispensablemente tenga en su poder cada uno de los conchabados papel del amo a que sirve”(21).

(21) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799). Acta del 27 de Julio de 1795. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Ya sea por no haberse aplicado eficazmente la medida o porque no iba a la médula de la cuestión es que, en 1804, el Comandante de Armas Pedro Fondevila vuelve a proponer remedios de tipo disciplinario para corregir los abusos.

Al hablar de la ociosidad de la gente de la campaña la atribuye a la tolerancia de muchos estancieros “donde no hay escrúpulos en admitirlos y dejarlos vivir en plena libertad de conciencia entre el tropel de chinas y otras mujeres mal inclinadas, que también se mantienen ociosas y al abrigo de dichas casas”.

El motivo de esa tolerancia era, según Fondevila, “el solo interés de que ayuden tal cual vez en las recogidas, encierros y yerras de sus ganados, sin sueldo ni gratificación alguna, con cuio atractivo no quieren sujetarse en las demás estancias honradas y en que hay temor de Dios, aún cuando se les paguen sus conchabos excesivamente”.

Como remedio proponía hacer una matrícula de esta “gente vagamunda que infesta la campaña y repartirlas en las estancias y casa de campo a proporción de los peones que cada uno necesite, bajo la estipulación del respectivo salario, siguiendo las mujeres casadas a sus respectivos maridos y los hijos a sus padres”(22).

(22) Carta del 20 de Mayo de 1804. El virrey aprobó la medida de Fondevila pero recomendándole “suavidad y moderación en la ejecución”. Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 3, Armario 4, Nro. 3. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Esta medida era inaplicable y los hechos de los años posteriores demostraron que el mal persistía. El problema, en definitiva, se había agravado. El crecimiento de la población, la expansión rápida de la campaña, la falta de ocupación estable y la imposibilidad de acceder a la tierra habían empujado a la población rural a condiciones de vida que, sin duda, eran peores que las existentes en la primera mitad del siglo XVIII.

Se había empezado a formar así una masa rural sin hábitos sociales consolidados, desarraigada y mísera, cuya inestabilidad y rudeza de costumbres se harán visibles con el estallido de las guerras civiles del Litoral en la segunda década del siglo XIX.

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