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El abastecimiento urbano

El crecimiento de la ciudad y la demanda constante de carne y grasa -alimentos básicos de la población criolla- llevaron al Cabildo, en el último cuarto del siglo, a organizar el abastecimiento de Corrientes en forma regular. Este pequeño mercado interno atrajo, indudablemente, una parte de la producción ganadera local.

El problema fue encarado por el Cuerpo municipal con especial atención. El 18 de Abril de 1777 se acordó que durante los meses de invierno, en los que se dejaba sentir la escasez de frutos, se hiciera una lista de criadores de ganado para que éstos, a su turno, trajesen a la ciudad un promedio de 10 reses diarias. Todo ello, sin perjuicio de los que se abastecían de sus propias estancias.

Las “mitas” o turnos funcionaron desde entonces con regularidad como lo atestiguan, por ejemplo, las Actas del quinquenio 1785-1789. Aunque no se conservan las listas ni los detalles del mecanismo es muy probable que respondiera al antiguo sistema asunceno descripto por Juan Francisco Aguirre:

“Antes que corriese la moneda sellada, la ciudad obligaba por lista a los vecinos principales estancieros a que tragesen mita a su corral, llamado de la ciudad, pero padecía el público muchos trabajos. Después fueron minorando y hoy (1793) la plaza es abundantísima de carne”.

Señalaba además Aguirre

“generalmente son novillos los que sirven al abasto y se traen de los mejores y asi sucede que cuando en la ciudad no se halla buena carne, no se halla en el campo. Los meses de Septiembre y Octubre son, por lo general, los de peor estación”(1).

(1) Juan Francisco Aguirre. “Diario del capitán de fragata de la Real Armada D ...” en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires” (1949-1951), tomo II, primera parte, p. 419, Buenos Aires. Es útil la comparación de este problema con las conclusiones a que ha llegado Hernán A. Silva en “El Cabildo, el Abasto de Carne y la Ganadería (Buenos Aires en la Primera Mitad del Siglo XVIII)” (1967), en “Investigaciones y Ensayos 3”, Academia Nacional de la Historia, pp. 393-462, Buenos Aires; y “La Grasa y el Sebo, dos Elementos Vitales para la Colonia” (1970-1971), pp. 39-53, en la “Revista de Historia Argentina y Americana”, Nros. 15-16, del Instituto de Historia de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Fue necesario, igualmente, organizar la matanza y limpieza de la ciudad ante un consumo en constante aumento. El crecimiento urbano y de la población radicada en ella lo hacían preciso.

De las 10 reses diarias que se pedían en 1785 se pasó a 30 en 1801. Las planillas de recaudación de los corrales comunales dejan ver, sin embargo, que la cifra de animales entrados oscilaba entre 7.000 y 8.000 cabezas por año, entre 1808 y 1810, para una población próxima ya a los 4.000 habitantes.

En lo que se refiere al consumo, la comparación con Asunción se impone nuevamente. Según Aguirre, esta ciudad consumía, en 1785, unas 4.745 reses anuales y, en 1793, 6.570. El pueblo de Itatí, con una población próxima a los 800 habitantes, faenó 1.530 cabezas en 1796.

El promedio -por supuesto que aproximado- da en los tres casos unas dos reses por persona en el año que -tratándose de novillos- proporcionaban un kilo de carne diario(2).

(2) La comparación con Asunción se impone a través del cuidadoso “Diario del capitán de fragata de la Real Armada D ...”, de Juan Francisco Aguirre, citado, tomo II, primera parte, p. 420; y Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas del 3 de Agosto de 1785 y 11 de Agosto 1801, Actas Capitulares 26 (1783-1789) y 28 (1800-1806); el Acta del Cabildo de Itatí del 15 de Octubre de 1796 en Documentos de Gobierno 32 (1792-1793). Acuerdos inéditos de ese Cabildo. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El desorden acompañó inicialmente la faena de la carne, en gradual transición desde la economía puramente doméstica hasta las carnicerías organizadas.

En 1797, el Procurador de la Ciudad reclamó del Cabildo medidas para encauzar este aspecto, ya que “por falta de carnicerías y mataderos ... los vecinos y residentes ... dejan en medio de las mismas calles que les sirven de mataderos los despojos y desperdicios, cuia corrupción, a mas de ser asquerosa e indecente, sirve al mismo tiempo ... de varias pestes contagiosas”.

Pedía, asimismo, que se prohibiera matar los animales para las curtiembres cerca de la ciudad así como la introducción de arreos en los días festivos, pues “concurriendo a la iglesia patrullas de mujeres solas, se encuentran repentinamente en las angosturas de las calles con vacas y novillos bravos...”, de que sucedían sustos, corridas y apuros tomados frecuentemente en solfa por los ociosos(3).

(3) Acuerdo del 18 de Marzo de 1797; la falta de orden e higiene se reiteró con motivo de un nuevo Bando del 18 de Mayo de 1805; ambos en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799) y 28 (1800-1806). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El comienzo de la solución de estos problemas, que ya molestaban a la pequeña ciudad, ocurrió cuando a pedido del Cabildo el virrey Sobre Monte autorizó, el 13 de Septiembre de 1805, la construcción de un galpón en las afueras y de cuatro corrales para encierro de los animales de consumo, todo ello sin perjuicio de la venta diaria de carne en la plaza mayor y no en otro lugar, para evitar los desórdenes conocidos y estimados por el propio virrey como prácticas indeseables “en un pueblo civilizado”.

En breve plazo fue construido el recinto y desde el 16 de Noviembre de 1805 se comenzó a prestar ese servicio en el abasto urbano(4).

(4) Sobre Monte le autoriza a recaudar un real por cabeza. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 39 (1805) y Acta Capitular del 30 de Septiembre de 1805; los Libros Capitulares guardan, desde esa fecha, las cuentas correspondientes a los corrales de la ciudad. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

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