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La producción agrícola

En la economía del Litoral la agricultura desempeñó durante mucho tiempo un papel fundamental en la subsistencia de las pequeñas ciudades y pueblos.

Durante los siglos XVI, XVII y gran parte del XVIII sus chacras proporcionaron la base de la alimentación así como también fibras textiles y sustancias tintóreas, estimulantes, medicinales e industriales como consecuencia de un aprovechamiento cada vez mayor de los recursos naturales y cultivados disponibles.

El estrecho contacto con las poblaciones indígenas permitió que se conjugaran los conocimientos agrícolas de los aborígenes con la tradición labradora española y se enriquecieran así la variedad y el número de los cultivos y huertos, mejorara la dieta y aumentara el aprovechamiento múltiple de plantas y árboles.

Pero los inconvenientes naturales derivados de las plagas, las sequías, el agotamiento de los suelos así como la falta de cercos eficaces y baratos para resguardo de los rebaños de ganado mayor y menor, la escasez de mano de obra, las largas distancias y, sobre todo, la pequeñez del mercado interno y la falta de estímulos para una salida adecuada, impidieron que la agricultura cobrara un verdadero desarrollo fuera del abastecimiento local.

Esta limitación de la producción agrícola -que por otra parte fue general en el Río de la Plata- ofrece en Corrientes algunos matices que, si bien no modifican la prioritaria ubicación de la ganadería desde mediados del siglo XVIII, permiten apreciar mejor el importante papel cumplido por la agricultura hasta ese momento.

Junto con ello, las posibilidades que tempranamente se anuncian para algunos cultivos subtropicales, como el algodón y el maní, que alcanzaron a comercializarse fuera de Corrientes.

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