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La agricultura de subsistencia. Desarrollo inicial y evolución de los cultivos

Junto con el establecimiento de la ciudad, la asignación de las primeras chacras permitió que pobladores pudieran aplicarse, de inmediato, al rozado de las tierras y a sembrar. La zona destinada a esa actividad estaba limitada al N y al O por la costa del Paraná, el Riachuelo al S y Las Lomas al E.

El paisaje de esta región se caracteriza por la presencia de suaves ondulaciones, lagunas de aguas limpias con fondo de arena, isletas de árboles y palmares, un régimen de lluvias superior a los 1.000 milímetros anuales, con precipitaciones en Primavera y Otoño y períodos de escasez en invierno y verano, clima de tipo continental y temperaturas subtropicales.

Salvo las zonas donde los ríos se alargan en bañados y bajos, la tierra posee aptitudes sobresalientes para el desarrollo agrícola.

Las chacras suscitaron desde temprano los mayores esfuerzos para lograr una producción que hiciera frente a las necesidades de la población. Los vecinos se dedicaron a la labranza y vivieron en ellas, en una vida rural que dio el tono de toda una época.

Los testimonios para reconstruir esta etapa inicial son las Actas Capitulares y los remates de diezmos. A través de estas fuentes se advierte que ya hubo producción agrícola desde 1588 y que el ámbito inicial de los cultivos abarcó los Partidos del Riachuelo y La Loma.

En la década de 1660-1669 se agregó el Partido de Santa Catalina, ubicado en la desembocadura del Riachuelo aunque, desde 1690, desapareció de la nomenclatura de los remates(1).

(1) Probablemente fue absorbida por el pago del Riachuelo. Los remates de diezmos indican dichos pagos -al menos desde 1613- aunque es probable que la división sea de fecha anterior. El pago de Santa Catalina, ubicado en la desembocadura del Riachuelo, fue prestigioso por sus vides. Manuel Florecio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (Notas biográficas de Angel Acuña” (1928-1929), tomo I, p. 62, Buenos Aires. Pero desaparece de los remates en 1690. “Actas Corrientes. Academia Nacional de la Historia. Actas Capitulares de Corrientes” (1941-1946), tomo II. pp. 77, 173; y tomo III, pp. 295-296, Buenos Aires. Las costas del Paraná y parte del Riachuelo eran bajas y, según el Cabildo, “tierras estériles y barriales que no producen frutos ...”. “Actas Corrientes. Academia Nacional de la Historia. Actas Capitulares de Corrientes” (1941-1946), tomo III, pp. 393-404. Los Bandos que desde Agosto de 1664 se dictaron para prohibir los animales sueltos en las chacras y el cercado de los potreros resultaron poco eficaces ya que su reiteración en 1665, 1666, 1671, 1681, 1687, 1700 y 1708 habla elocuentemente del problema. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Esa fue la única región agrícola de Corrientes hasta el primer tercio del siglo XVIII en que los remates ponen en evidencia que los Partidos de Saladas, Mburucuyá, Caá Catí y Zapallos ya diezmaban su producción.

Un cuadro trazado en base a las cifras recaudadas por diezmos muestra la proporción con que contribuyó cada Partido en agricultura y su relación con otras producciones. La falta total de referencias a las cantidades de granos o frutos recogidos en los testimonios de los remates obliga a señalar sólo las proporciones que alcanzaba el sector.

De las cifras transcriptas surge con toda evidencia que la producción agrícola significó, entre 1588 y 1719, nada menos que el 62 % al 88 % del valor de todos los bienes diezmables, incluso la ganadería.

Que la agricultura era la base de la economía lo corroboran también múltiples testimonios del Cabildo, no sólo las Actas ya citadas del siglo XVII sino también de 1716, 1738 y 1742.

En ellas se mencionan prohibiciones para extraer granos de la jurisdicción y reiteraciones acerca de que el maíz y el trigo “constituyen el único mantenimiento de esta ciudad”(2).

(2) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 16 (1719-1722). Acta del 6 de Julio de 1716; Actas del 22 de Febrero de 1738 y 2 de Abril de 1742 en 20 (1737-1749). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Con todo la producción era, sin duda, pequeña y sólo alcanzaba a los propios cultivadores, dejando escasos márgenes para el rudimentario intercambio de unos frutos por otros.

                 Proporción cultivada en cada Partido

Decenios Lomas Riachuelo Santa Catalina Valor de la producción agrícola sobre el total de diezmos
1588-1599
1600-1609
1610-1619 45 % 55 % 62 %
1620-1629 50 % 50 % 78 %
1630-1639 53 % 47 % 67 %
1640-1649
1650-1659
1660-1669 41 % 30 % 29 % 86 %
1670-1679 38 % 45 % 17 % 76 %
1680-1689 46 % 41 % 13 % 81 %
1690-1699 51 % 48 % 1 % 81 %
1700-1709 53 % 47 %   81 %
1710-1719 57 % 43 % 88 %

Las chacras de “trigo y maíz” sólo producían un volumen apreciable en la medida en que la mano de obra de los indios de encomienda o los esclavos añadían brazos para la siembra y la siega y aseguraba la posibilidad de un cuidado permanente para el algodón.

Pero esclavos había pocos y la tarea descansaba primordialmente en los propios vecinos. El Inventario efectuado en 1643, aunque limitado a los portugueses que vivían en Corrientes, deja traslucir esa realidad, que sus chacras sólo ocupaban de 4 a 7 negros. La situación de Manuel Cabral de Alpoin era excepcional, ya que contaba con 12 negros, los indios de encomienda pertenecientes a su mujer -Irene Arias de Mansilla- y, con ellos, mantenía su chacra, un cañaveral y una viña de diez mil cepas(3).

(3) Los Autos y diligencias sobre registro y desarme de los portugueses de la jurisdicción de Corrientes en la “Revista del Archivo General de Buenos Aires” (1871), tomo III, pp. 229-250, Buenos Aires. La existencia de viñedos en Corrientes aparece confirmada en el mismo siglo en Asunción, donde Juan Francisco Aguirre encontró documentos que lo atestiguaban. Agrega luego: “Hoy -por 1790- no se coge ni gota y se perdieron todas las viñas en los últimos del siglo pasado”. Corrientes parece haber seguido idéntico camino. Juan Francisco Aguirre. “Diario del capitán de fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomo II, segunda parte, pp. 365-367. Respecto del elevado número de cepas, Aguirre da noticia de dos viñedos en el Guairá, con 7.000 y 6.000 cepas, respectivamente, ob. cit., p. 337, Nota 1. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El testimonio de un jesuita anónimo describe, en 1620, la producción agrícola de la región en términos que muestran tanto las bondades del suelo como la adaptación al medio de los labradores españoles:

“Es esta tierra fertilissima para todo genero de bastimentos: tiene dos cosechas de mais y lo común es dar de una hanega ciento; una cosecha de trigo, y si se siembra a su tiempo en tierra bien labrada suele dar a treinta y cuando menos a dies. Dase muy bien la caña dulce y hacese buen azúcar; las viñas se dan muy bien y hacese mucho y buen vino, pero es menester cocerlo por lo menos el tercio: no aprueba aquí sino un uva blanquilla. Dase la mandioca con grande facilidad y muchos géneros de rayces muy buenas y legumbres que duran todo el año. Los montes están llenos de unos cardos que hechandolos a pudrir en agua se hace cáñamo como el de España, que acá llaman garabatá. Fuera de esto están llenos de unas raices que llaman zipos y guambé, que sirven de sogas; y de muchos arboles que desollándolos sacan ibirá, de la qual y del guambé se hacen cables y cuerdas como del cáñamo, aunque no tan buenos”(4).

(4) Se titula “Relación en que se da cuenta de las ciudades de la governacion del Paraguay y de sus indios”, en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, “Manuscritos da Coleçao De Angelis”, tomo I, p. 164. Si bien la relación describe principalmente el distrito de Asunción, incluye también al Guairá, el Itatín y el Paraná con alusiones a Corrientes y Concepción del Bermejo. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)”.

Entre 1720 y 1759 los cultivos se extendieron a otros Partidos tales como Ensenadas, Empedrado, San Lorenzo, Ambrosio, Caá Catí y Zapallos, Saladas y Mburucuyá cuyos límites llegaban hasta las orillas del Santa Lucía. Sin embargo, los Partidos próximos a Corrientes son los que continúan manteniendo la mayor proporción de la producción agrícola.

                     Proporción cultivada en cada Partido

Decenios

Lomas

Riachuelo

Ensenada

Empedrado

San Lorenzo

Ambrosio 

Caá Catí

Saladas

Mburucuyá

Valor de la producción agrícola sobre el total de diezmos
1720-1729 70 % 16 % 14 % 77 %
1730-1739 57 % 22 % 21 % 73 %
1740-1749 72 % 7 % 21 % 47 %
1750-1759 75 % 10 % 15 % 35 %

La producción agrícola, al menos hasta la década de 1730-1739, siguió ocupando una proporción del 77 % al 73 % con relación al valor total de los diezmos pero, a partir del decenio siguiente, se produjo un cambio sustancial y su importancia comenzó a decrecer, no como consecuencia de la disminución de los cultivos sino frente al ascenso vertiginoso de la ganadería.

En ese sentido, Hernán Gómez ya supo advertir este cambio fundamental en la producción, aunque lo situó en 1779, treinta años después de los indicados por los remates de diezmos:

“Mientras los productos de la ganadería no fueron objeto de comercio, la agricultura fue la preocupación de los vecinos ... Pero en cuanto los permisos de intercambio y el contrabando abren las puertas, queda la agricultura relegada a un plano subalterno, definiéndose la índole pastoril de la sociabilidad correntina”(5).

(5) Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes desde la fundación de la Ciudad de Corrientes a la Revolución de Mayo” (1928), p. 163, Corrientes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

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