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La agricultura entre 1760-1810. El algodón y el maní

Las condiciones ecológicas y las tradiciones culturales españolas y aborígenes fueron decisivas para el arraigo de ciertos cultivos que, a mediados del siglo XVIII, aparecen ya consolidados mientras que otros han desaparecido.

Si se toman en cuenta las descripciones que desde 1760 hasta 1810 se refieren a la producción agrícola es posible, pese al diverso carácter de los textos y de los informantes, obtener una nómina muy completa de los vegetales cultivados.

De entre ellos, López Luján brinda, en 1760, el Informe más prolijo y extenso:

“Produce el espresado terrunio grano de maíz con abundancia, pudiéndose coger muchos años (dos) cosechas, una en verano y otra en invierno, que es el mas abundante y regular mantenimiento que se usa; produce asimismo el trigo, como también la cebada; cuando se siembran se producen judias o porotos de varias layas y especies, alberjas, garbanzos chicheros, como también el arroz como se hizo la experiencia en el año pasado de 1759; dan asimismo el maní con abundancia, la mandioca de dos layas y la batata; cógese también otra semilla cuya flor, por la semejanza que tiene, llámase azafrán; cógese asimismo el algodón bastantemente y con abundancia el año que es fértil, como también la caña dulce, de que se fabrica la miel, y azúcar, aunque poca, por no dedicarse a beneficiarle; de verduras produce asimismo de todas clases, si se tiene la curiosidad de sembrarlas”(1).

(1) Bernardo López Luján. “Descripción Histórica y Geográfica de la Ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes” (Nro. 129 - Colección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional (Archivo General de la Nación), p. 159. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Los datos de Azara (1784), Juan F. Aguirre (1784), Juan Manuel Salcedo (1800), Diego de Alvear (1801), “El Telégrafo Mercantil” (1801-1802), Juan V. López (1803) y “El Correo de Comercio” (1810), confirman esta nómina y sólo agregan a los frutos mencionados, ajos y pimientos(2).

(2) Félix de Azara. “Viajes inéditos de D ... desde Santa Fe a la Asunción, al Interior del Paraguay y a los Pueblos de Misiones” (1873), con una noticia preliminar por el general Bartolomé Mitre y algunas Notas por el doctor Juan María Gutiérrez, p. 45, Buenos Aires; Juan Francisco Aguirre. “Diario del capitán de fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), tomo I, p. 377, en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomos XVII - XX, Nros. 43-50, Buenos Aires; Juan Manuel Salcedo. “Descripción...”, cit., en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, 1.7.1.14; Diego de Alvear, en “Diario de la Segunda Subdivisión de Límites española entre los dominios de España y Portugal en la América Meridional por el segundo comisario y geógrafo, don Josef María Cabrer”, en Melitón González. “El Límite Oriental del Territorio de Misiones” (1882-1886), tomo III, p. 358, Montevideo-Buenos Aires, tres volúmenes. El editor atribuyó este texto de Alvear a Cabrer; “El Telégrafo Mercantil”, tomo I, pp. 365-366; “El Correo de Comercio”, pp. 186-190. El texto de Juan V. López, en el Archivo General de la Nación, Consulado, Correspondencia Corrientes. 1794-1810, Sala IX, Cuerpo 4, Armario 6, Nro. 4. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

En orden a los frutales, la lista es también abundante:

“Hallanse asimismo en la jurisdicción de Corrientes muchos árboles frutales de naranjas dulces y agrias, limas dulces y agrias, toronjas, sidras y limones reales y sutiles, higueras, granadas, duraznos, melocotones, manzanas, parrales, pacobus, pifias y guayabas, con otros muchos árboles silvestres de diferentes layas”(3).

(3) Bernardo López Luján. “Descripción Histórica y Geográfica de la Ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes” (Nro. 129 - Colección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional (Archivo General de la Nación), p. 158. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

A esta nómina hay que agregar los zapallos, sandías y melones -confirmados a través de varios testimonios- así como el agua’i y el kurupi(4).

(4) El 12 de Febrero de 1761, el cura Martínez de Ibarra señala que el diezmo de los Partidos de Saladas, Mburucuyá, Zapallos y Caá Catí se reducía a “algún maíz, sandías, zapallos, algunas rayces como mandioca, batatas, algún maní, como 30 arrobas de algodón, otro tanto de miel que cogen los diezmeros cuando el año es fértil”. En el Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 13, Armario 4, Nro. 5. Otro texto, de 1801, confirma la existencia de esos frutos. Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 13, Armario 3, Nro. 7. Los duraznos y manzanos no fructificaban en Corrientes, como lo dice Martín Dobrizhoffer. “Historia de los Abipones” (1967-1970), traducción de E. Werniche y Clara V. de Guillén, bibliografía de Guillermo Furlong S. J., advertencia de Ernesto J. A. Maeder, tomo I, p. 477, Resistencia. Universidad Nacional del Nordeste, tres volúmenes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Aunque este repertorio de cultivos y de frutales habla muy claramente de la adaptación de plantas europeas y del amplio consumo de las autóctonas, se carece de datos precisos sobre la extensión de los cultivos y las cantidades producidas, pero si se acude, una vez más, a los testimonios de los diezmos, es posible inferir, aunque indirectamente, la expansión de las áreas de producción y la importancia relativa que cada uno de los Partidos posee en este aspecto.

Dado que los remates, por su misma naturaleza, constituyen sólo una estimación de la producción total, graduada conforme al valor de cada fruto en ese momento y la expectativa favorable o desalentadora de la cosecha en ciernes, hay que renunciar a conocer mayores detalles sobre las variedades y cantidades recogidas.

Pero como los márgenes de salida de los frutos a otras plazas eran escasos, resulta razonable pensar que esa producción estaba destinada nada más que al consumo local o doméstico y que su aumento se halla en relación directa con el crecimiento demográfico de la zona.

Con referencia al período 1760-1810 los remates distinguen con claridad entre “frutos” o producción agrícola general, algunos rubros especiales que abarcan maderas, tejas, adobes, etc., y que llega hasta 1780, y tres sitios que se conocen como “casas excusadas” de la Matriz, Saladas y el Rincón de Luna.

En estas últimas el diezmo engloba todo tipo de producción. Tomando los resultados de los diezmos por quinquenios y dejando sin considerar estos sectores especiales (que sólo representan un 10 % del total) resulta que la producción agrícola aumentó desde el quinquenio 1760-1764 hasta el de 1790-1794.

Con posterioridad a 1795, como puede observarse en el Gráfico VIIb, las cifras declinan sensiblemente llegando a niveles muy inferiores(5).

(5) En la declinación de las cosechas -a fines del siglo XVIII- parecen haber incidido tanto las condiciones adversas del clima como las plagas. Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 13, Armario 3, Nro. 7. Las siembras también sufrieron la falta de brazos por la movilización de las milicias en 1801 y 1806. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 28 (1800-1806) y Archivo General de la Nación, Sala IX, Cuerpo 13, Armario 3, Nro. 7. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Desde el punto de vista de la distribución regional de los cultivos los gráficos muestran que los cuatro Partidos próximos a la ciudad continúan produciendo la mayor cantidad de los frutos agrícolas en una proporción que fue siempre superior al 50 % del total.

                               Proporción cultivada en cada Partido

Quinquenios % % % % % % % % %

Valor de la producción agrícola sobre el total

%

1760-1764 31 23 22 9 13 21
1765-1769 51 12 8 13 14 21
1770-1774 32  16 15 8 0,9 10 12 2 22
1775-1779 28 21 8 7 7 11 8 7 25
1780-1784 20 14 9 11 10 13 9 10 17
1785-1789 27 16 11 9 5 9 7 13 20
1790-1794  25  12   17 12   5   7 8  10 29
 1795-1799  20  12  15 8  4  21  6  11  27
1800-1804 21 16 18 13  2 12  6 5 3 41

Partido: 1.- Lomas; 2.- Riachuelo; 3.- Ensenadas; 4.- Riachuelito; 5.- San Lorenzo y Ambrosio; 6.- Caá Catí y Zapallos; 7.- Saladas y Mburucuyá; 8.- San Roque; 9.- Río Corriente y Yapeyú.

La carencia de datos impide también precisar las dimensiones del consumo y abasto local. Sólo las Guías proporcionan -desde 1775 en adelante- datos sobre la cuantía de la salida de algunos productos tales como el maíz (1781-1786), trigo (1781), porotos (1781-1787), batatas (1785), etc. Sin embargo, la venta externa de estos vegetales es esporádica y sólo reviste importancia la extracción del algodón y el maní(6).

(6) Las Guías en el Archivo General de la Provincia de Corrientes. Las Guías que acompañaban las cargas fueron establecidas por Acuerdo de la Real Hacienda de Buenos Aires del 20 de Octubre de 1770 y aprobadas por real cédula del 30 de Septiembre de 1772. Conforme a ello, se fue haciendo cada vez más riguroso el control del tráfico penándose con decomiso la falta de Guía. Otro Acuerdo de la Real Hacienda bonaerense, del 18 de Abril de 1771, estableció la obligación de extender Guías a los barcos que añadieran carga en Corrientes. En 1780 se uniformó y regularizó el sistema en Libros de Registro y en otro paralelo donde se anotaban las fianzas extendidas por el Tesorero de la Real Hacienda en cada puerto. En Corrientes se conservan Guías fluviales desde 1771 hasta 1779 y desde 1780 los Libros completos de Registros y Fianzas hasta 1797, con la sola excepción de 1792, que no se redactó. Desde 1798 en adelante no se conservan más Registros de Guías, salvo fragmentos correspondientes a 1807. No obstante, la información pudo ser suplida para el período 1805-1809 merced a un prolijo resumen del Tesorero Manuel Mantilla y los Ríos. La conservación de los Libros es buena, aunque existen ejemplares deteriorados, de difícil lectura (1782, 1784, 1789, 1790). Todas las Guías están en el Archivo General de la Provincia de Corrientes. Los de 1771-1779, en Documentos de Gobierno 17; 1780, en Documentos de Gobierno 22; 1781, en Documentos de Gobierno 23; 1782, en Contaduría 2; 1783, en Contaduría 3; 1784, en Contaduría 5; 1785, en Contaduría 7; 1786, en Contaduría 10; 1787, en Contaduría 12; 1788, en Contaduría 14; 1789, en Contaduría 16; 1790, en Contaduría 17; 1791, en Contaduría 20; 1793, en Contaduría 25; 1794, en Contaduría 27; 1795, en Contaduría 28; 1796, en Contaduría 30; 1797, en Contaduría 33. El Informe aludido, en Expedientes Administrativos 1 (1810-1812). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El algodón era conocido en el NO argentino y cultivado también por los guaraníes del Paraguay, Misiones y Corrientes, que lo llamaban “mandiju”(7).

(7) Lorenzo R. Parodi. “La agricultura aborigen argentina” (1966), pp. 39-40, Buenos Aires; Raúl Martínez Crovetto. “Notas sobre la agricultura de los indios guaraníes de Misiones (R. A.)” (Octubre de 1968), en “Etnobiológica” Nro. 10, Corrientes, passim. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Su importancia está claramente indicada por su valor textil, que los españoles apreciaron debidamente y que permitió que el Cabildo correntino lo utilizara habitualmente como valor de cambio entre los siglos XVII y XVIII.

Dobrizhoffer describe esta planta y la forma en que era cultivada, señalando que

“el campo destinado al cultivo de algodón exige un cuidado especial. Es preciso ararlo varias veces y limpiarlo prolijamente de malezas y otras hierbas ... los surcos o fosos en que cada vez se colocan 3 ó 4 semillas de algodón nuevas, deben tirarse en una línea recta, y estar entre sí a una distancia tal que entre dos surcos pueda pasar arando una yunta de bueyes”.

En cuanto a la cosecha y almacenaje dice que “el algodón cosechado diariamente se extiende en el patio de la casa, sobre cueros vacunos, y se coloca al sol para secarse”(8).

(8) Martín Dobrizhoffer. “Historia de los Abipones” (1967-1970), traducción de E. Werniche y Clara V. de Guillén, bibliografía de Guillermo Furlong S. J., advertencia de Ernesto J. A. Maeder, tomo I, pp. 493-495, Resistencia. Universidad Nacional del Nordeste, tres volúmenes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Es muy posible que, al igual que en el Paraguay, sólo una pequeña parte se destinase a la venta externa(9).

(9) Juan Francisco Aguirre. “Diario del capitán de fragata de la Real Armada D ...” (1949-1951), tomo II, primera parte, p. 378, en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires”, tomos XVII - XX, Nros. 43-50, Buenos Aires; Félix de Azara. “Viajes por la América Meridional” (1923), tomo I, p. 150, Madrid. EC, dos volúmenes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Las Guías registran la salida de algodón en rama, sin desmotar, tanto hacia Buenos Aires como hacia los pueblos de Misiones donde se lo hilaba y tejía.

El maní es originario de América del Sur y constituye un alimento rico en proteínas que los guaraníes ya habían ofrecido tempranamente a los conquistadores en sus primeros contactos con el nombre de “manduvi”(10).

(10) Alvar Núñez Cabeza de Vaca. “Comentarios”, capítulo XXXI; Martín Dobrizhoffer. “Historia de los Abipones” (1967-1970), traducción de E. Werniche y Clara V. de Guillén, bibliografía de Guillermo Furlong S. J., advertencia de Ernesto J. A. Maeder, tomo I, p. 530, Resistencia. Universidad Nacional del Nordeste, tres volúmenes; y Félix de Azara. “Viajes por la América Meridional” (1923), tomo I, p. 153, Madrid. EC, dos volúmenes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

De sus bondades había en Corrientes noticia clara, si se juzga por la amena divulgación que de ellas hizo el diputado al Consulado Angel Fernández Blanco en “El Correo de Comercio”. En esa oportunidad, lo describió como

“uno de los frutos que mas producen sus terrenos, por ser acomodados; es un alimento éste que conocido aliviará sobremanera las necesidades de sus habitantes. Además del ordinario, que nosotros conocemos, que es el comerlo tostado y a veces crudo, lo que proporciona que tenga un regular expendio, tanto que se consume todo el que viene a esta ciudad anualmente ...”.

La siembra del maní era sencilla y el rendimiento satisfactorio, ya que “este fruto se coge con tanta facilidad que mientras un hombre recoge una fanega de aceytunas, puede coger otro 40 de maní; pues como la tierra se halle en sazón, en tirando la mata, sale todo el fruto, sin caerse una sola calabacita. Luego que estén recogidas las matas se deben dexar secar con todo el fruto que no se ha de separar hasta que estén secos del todo”(11).

(11) “El Correo de Comercio”, pp. 189-192, del 18 y 25 de Agosto de 1810. Una breve monografía sobre el maní, en Guillermo Furlong. “Gaspar Juárez SJ y sus Noticias Fitológicas (1789)” (1954), pp. 102-108, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Describe también el procedimiento para extraer el aceite a través de prensas muy sencillas, así como también sus aplicaciones en la cocina y la repostería.

Aunque se desconocen las cifras de las cosechas y del consumo local, las Guías ponen en evidencia una exportación regular de maní con destino a Buenos Aires que, dentro de la producción agrícola, constituyó un renglón de cierta consideración.

Las cifras expuestas en el Gráfico VII c manifiestan un ascenso muy significativo en las salidas de algodón y maní desde 1779 a 1783 en que alcanzaron un pico máximo de 5.600 y 16.000 arrobas, respectivamente, absolutamente excepcional en el caso del maní.

A pesar de ciertas lagunas informativas (faltan las Guías de 1798-1804), el algodón alcanzó otros momentos favorables entre 1788-1796 y 1806-1809, mientras que el maní lo experimentó entre 1789-1790; 1795-1797 y 1805-1809, con cifras que no sobrepasaron las 3.800 arrobas anuales.

Cuando Angel Fernández Blanco escribe su elogio del maní, ello coincide con el ciclo favorable de este producto entre 1805-1809.

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